RELIGIÓN DEL ORIENTE ANTIGUO (EGIPTO-MESOPOTAMIA)
Krishna 68 , Buda y Kalki, avatar que aparecerá al final montado sobre
99. Bhagavad-Gita, 18, 56 100 Bhagavad-Gita 18, 58.
101. También en el hinduismo ha tenido lugar la especulación en torno a la relación gracia-esfuerzo, a partir de la reflexión de Ramajuna. Para la Vadagalai («Escuela sep-
tentrional»), con su líder Vedanta Desika, las buenas obras y la sabiduría no bastan
para la salvación, aunque ayudan; para la Tengalai («Escuela meridional»), con su líder Pillai Lokacarya, lo único que cuenta es el abandono pasivo en el Señor (cfr: Acharuparambil, D: Op. cit. pp. 181-187).
o un ortodoxo nacido dos veces, se levantarán pronto, antes de la salida del sol, y recitarán la savitri (alabanza al incitador), es decir, al sol, aquel que pone todo en funcionamiento en el mundo: es la smdhya (oración ritual). Si el brahmín tiene tiempo, añade a lo anterior una por- ción de otro texto sagrado. También puede practicar la recitación mur-
murada (japa), por ejemplo la de los ciento ocho nombres de Vishnú,
por lo general con ayuda de un rosario de otras tantas cuerdas.
A continuación viene el devapuja (culto de las imágenes sagra-
das, iconodulía que constituye el aspecto más popular de la vida cultu-
ral hinduista), despertando a la divinidad que duerme en su imagen (murti, pratrima), generalmente la imagen de la divinidad elegida por la familia: Vishnú o una de sus encarnaciones, Shiva103, Ganesha, o
incluso una diosa, Durga, Kali, Lakshmi, etc.
Pero también se inaugura el día rindiendo homenaje a los objetos religiosos presentes en la casa: por ejemplo el linga, emblema procre- ador de Shiva, el shalagrama, amonita sagrada, emblema de Vishnú.
Tampoco se olvidará rendir culto a la planta sagrada denominada
tulasi (albahaca). Finalmente, si la imagen del maestro espiritual se
encuentra presente en la casa, o bien sus paduka (sandalias de made- ra que representan la huella de sus pies), estas cosas serán veneradas como si se tratara de divinidades.
Y el brahmín no olvidará su vaca.
A la imagen se le ofrecen flores, incienso, leche, comida, oraciones y, sobre todo, se le hace la ofrenda de uno mismo. El momento más importante de esta puja es aquel en que se describen círculos de luz en torno a la imagen, rito arati realizado con alcanfor encendido en una lámpara de arcilla o de metal. Aproximando la llama con la mano dere- cha, llevándola después al rostro (especialmente a la frente y a los ojos), se interioriza la luz. Si el esposo y la esposa han realizado juntos la puja, acompañada de cantos religiosos (bhajan) o de mantras, los otros miembros de la familia, niños, ancianos y todos los asistentes, se asocian a los actos y pasan de mano en mano la lámpara que contiene la llama. Comparten igualmente el alimento sagrado (prasada), aquel
103. Tan sólo sobre las dieciséis acciones y fórmulas de invocación a Shiva, cfr. Acharuparambil, D: Espiritualidad hinduista. BAC, Madrid, 1982, pp. 208-211.
que ha sido ofrecido en primer lugar a la divinidad y que regresa a los seres humanos como portador de gracia. Solamente después de la puja matutina, elaborada o mínima, toman su comida los hindúes ortodoxos. Mas no todo concluye aquí. El samdhya de la puesta de sol se lleva a cabo con un ritual más simplificado; por lo general, el cabeza de fami- lia lo practica en nombre de todos.
También, al amanecer o anochecer, el cabeza de familia tiene lugar la ofrenda ritual (homa) de miel, o manteca, o comida al fuego (Agni, protector de la familia y mediador entre los dioses y los hombres), o al viento, orándose por el perdón de los pecados, por la buena marcha de los negocios, y por la felicidad de todos.
La libación de agua para propiciar a los dioses, a los sabios de la antigüedad, y a los antepasados es la tarpana.
Asimismo, el cabeza de familia oficia ritos matrimoniales, funera- rios (cremación del cadáver, con los subsiguientes ritos purificatorios), etc.: «Las obligaciones domésticas varían según la clase, siendo las más complejas las de la casta sacerdotal brahmánica. Muchos reservan una habitación para la puja, con un relicario que contiene una imagen del dios favorito o (en los hogares más pobres) pinturas de dioses. Otros tienen un mandala, representación simbólica (normalmente un cuadro) del universo. El fuego y el agua son empleados para la purificación, y se hacen ofrendas de comida, incienso, flores y polvos de colores (orna- mentación). Los hindúes ‘nacidos dos veces’ (es decir, pertenecientes a las tres primeras clases) realizan sus ritos tres veces al día. Llevan una banda sagrada (sobre el hombro izquierdo y colgando hacia la cadera derecha), de algodón para los brahmines (sacerdotes), de cáñamo para los chatriyas (gobernantes) y de lana para los vaisyas (terratenientes y comerciantes). Además, cada uno lleva un distintivo de la casta en la frente, y a veces en sus brazos y en otras partes del cuerpo. Por la maña- na temprano comienza el culto con la pronunciación del mantra Om, un canturreo con los sonidos de las letras a, u, m. Después el adorador repite el nombre de su dios, recuerda a los sabios (risi) y se identifica con Brahman. Ata su mechón de pelo sobre su cabeza y repite el gaya-
tri mantra del Rig-Veda: ‘Meditamos en la gloria adorable del sol
radiante; que él inspire nuestra inteligencia’. El devoto está desnudo hasta la cintura, y descalzo, sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo, con los ojos mirando hacia la punta de la nariz y su cara orienta- da hacia la salida del sol. Luego sorbe agua, repite el nombre del dios y la esparce alrededor del asiento. Toca seis partes del cuerpo, indican-
do con ello que Dios está dentro, repite sus oraciones, medita y repite las palabras del gayatri. Ofrece agua a las imágenes, repite versos de los Vedas y termina la oración con una ofrenda final de agua y una reverencia. Las devociones de la tarde son similares, pero más cortas. El culto de mediodía puede incluir la consulta a un maestro (guru)»104.
Además de esta puja doméstica, se da en circunstancias más solemnes la puja realizada en el templo (mandira, devalaya). En compañía de otros fieles se cantará la gloria de los dioses y de las dio- sas. Antes de abandonar el templo, al igual que antes de entrar en el mismo, realizarán la pradakshina (circunvalación), darán la vuelta alrededor del templo teniendo a este lugar sagrado a su derecha (es decir, en el sentido de las agujas del reloj). El templo no es un lugar de reunión de los fieles y el frecuentarlo no implica obligatoriedad105. Sin
embargo, el culto adquiere su centralidad en el templo, no en vano a quienes construyen templos se les prometen muchos méritos: «Dijo Agni: Los manes de la persona que construye un templo a Krishna viven en la región de Vishnú, adornadas y libres de las penas del infier- no. La construcción de un templo para una divinidad disipa hasta el pecado del brahminicidio... La construcción de un templo, que asegura el cielo, por un hombre religioso o irreligioso produce los frutos que alcanzan los que caen en el combate emprendido en favor de los celes- tiales. Haciendo un templo se va al cielo; haciendo tres se va a la región de Brahma... Haciendo dieciséis se consiguen todos los objetos de gozo y emancipación. Un pobre, construyendo el más pequeño de los tem- plos, consigue el mismo fruto que un rico que construyera el más gran- dioso templo para Vishnú... Hasta el que siendo niño hace con arena y por juego un templo a Vasudeva va a su región... Inútil es adquirir riquezas si no se emplea el dinero trabajosamente reunido en construir un templo para Krishna. ¿Qué mérito tiene quien, habiendo conseguido sus riquezas por suerte o por propio esfuerzo, no las gasta para realizar una obra gloriosa o en favor de la religión?»106.
En el templo, las necesidades de los dioses han de ser cubiertas por los devotos, que previamente deben purificarse para ello. El culto matu- tino vishnuítico, por ejemplo, incluye al efecto dieciséis operaciones, incluído el lavado de los pies, el enjuague de la boca, el baño, el vesti-
104. VVAA: El mundo de las religiones. Ed. Verbo Divino y Paulinas. Estella- Madrid, 1985, pp. 198-199.
105. Cfr. Hulin-Kapani: Loc. cit. pp. 369-371. 106. Agni-Purana XXXVIII, 1-50.
do, el perfume y la comida. Mientras, se cantan himnos, suenan las campanas, se quema incienso y se tañe música ritual. En lo que al culto mismo se refiere, el acto fundamental consiste en las ofrendas al fuego (Agni), para obtener determinados beneficios, generalmente materia- les, tanto referentes al individuo como a la comunidad. Se ofrece miel, animales, etc., costeados por notables que participan en ellos junto con sus esposas, recitando determinadas fórmulas, y distribuyendo los esti- pendios entre los sacerdotes que participan en la ceremonia, entre cua- tro y diecisiete de distinto rango, bajo la dirección de un brahmín que supervisa en silencio la pureza del ritual. Los cantos son recitados durante el sacrificio realizado con la bebida del soma (del que Indra sacaba la violencia y el ardor con que luchaba contra sus enemigos). Se advierte en ellos una tendencia hacia lo Uno, repitiéndose la pregunta por el origen del mundo y por el dios desconocido, insistiéndose en el poder mágico de los ritos como símbolo de la creación del mundo, e incluyéndose la plegaria de la fe hinduista: «Vivamos en la hermosa gloria del dios Savitri para que él inspire nuestros espíritus».
Por lo que hace a las fiestas, a diferencia de las religiones semíti- cas, el hinduismo no ha establecido un día fijo de la semana para el culto divino y otros deberes religiosos; sin embargo, gran número de fiestas (días sagrados para el hinduista) se suceden a lo largo del año; además, de alguna manera todos los días son sagrados para quien vive en el horizonte de lo sacro: el hinduista no emprende actividad alguna de importancia (viaje, negocio, etc.) sin consultar las estrellas y la dis- posición de los cuerpos celestes; el mismo calendario lunar es el eje de la cronología hinduista107.
107. Algunas de las fiestas más notables son: Krishna jayanti (en torno al naci- miento de Krishna, julio-agosto); Ganesa caturthi (para el nacimiento de Ganesa, el dios de la cabeza de elefante y cuerpo humano, agosto-septiembre); Malahaya ama-
vasya (antepasados difuntos, agosto-septiembre); Navaratra (en algunas regiones
dedicada a la diosa Sarasvati, graciosa consorte de Brahma, diosa de las letras y bellas artes, de la sabiduría y de la belleza; en Bengala, dedicada a la diosa Kali, consorte de Shiva, madre benevolente de sus devotos y terrible enemiga de los demonios; en algu- nas regiones, durante el décimo día, llamado Dasara, se celebra la victoria de Rama sobre Ravana, el raptor de su consorte Sita, septiembre-octubre); Dipavali (conjunto de cinco fiestas, septiembre-octubre); Makara samkranti o Pongal (culto al Dios Sol, enero); Maha sivaratri (en honor de Shiva, enero-febrero); Holi (en el sur de la India se llama Kamanpandikai, y celebra la reducción a cenizas de Kama, dios del amor, por parte de Shiva, febrero-marzo); Onam evocando una leyenda del rey Mahabali, pacífico y próspero, agosto-septiembre). Cfr. Acharuparambil, D: Espiritualidad hin-
En medio de todo esto, no podían faltar las peregrinaciones a algún lugar sagrado, máximo deseo de todo devoto hinduista. No hará falta recordar que, gozando todo de sacralidad (lugares, ríos, ciuda- des, montañas, templos, etc.), todo es igualmente peregrinación o deseo de peregrinación. Desgraciadamente, más puede aquí la escasez de nuestro espacio, que el deseo de narrar tanta alegría108.
5. El sijismo
La religión monoteísta sij («discípulo») fue fundada por el gurú
Nanak como síntesis pretendida de hinduismo e islam. El Adi Granth («libro del comienzo», «protolibro»), libro sagrado sij,
reza así: «Dios es uno. Él es el Verdadero Nombre, el Espíritu crea- dor y omniconservador, no temiendo nada, no odiando a nadie. Un Ser allende el tiempo, preexistente, increado, revelado por la gracia del gurú». La utilización de los modos musicales (raga), de la
métrica (matra), expresándose los gustos o sentimientos estéticos
(rasa) durante la recitación del texto y de los cantos, deviene una poesía religiosa excepcional, elaborada para la celebración del Nombre divino.
Los sijs rechazan el hinduismo. Sus 18 millones de fieles, disper- sos entre la India y el mundo anglosajón109, son mayoritarios –más del
60% de la población– en la región india del Punjab, aunque apenas representan el 2% de la India. Hasta que en 1849 lo anexionan los ingleses, en el Punjab (todos los sijs son punjabíes, pero todos los punbabíes no son sijs) crean los sijs un Estado independiente en 1805 bajo la dirección de su lider religioso y civil Ranjit Singh (1780- 1838). Actualmente luchan por conseguir un estatuto de autonomía religiosa para su región, empleando para ello medios pacíficos y vio- lentos. En 1984 se hicieron fuertes en el Harimandir (Templo Dorado) de Amritsar110, centro principal del culto sij, donde fueron
masacrados por el ejército. Tres meses después, miembros de la guar-
108. Cfr. Acharuparambil, D: Espiritualidad hinduista. BAC, Madrid, 1982, pp. 218-220.
109. El 70% de los indios emigrados a Gran Bretaña son sijs (230.000).
110. Qr. las páginas 83-89 dedicadas por el joven Mircea Eliade a ese templo en La
dia sij asesinaron en represalia a Indira Gandhi, a la cual habían res- ponsabilizado de lo ocurrido en Harimandir111.
Convencido de la bondad radical del hombre, creado por un Dios bueno, Nanak defendió una ideología igualitarista radical, contra cas- tas, razas y sexos, resaltando la importancia de la oración personal, y el servicio activo a la comunidad, a la que los sijs dedican un diezmo de sus ingresos y muchas horas de trabajo sacado del tiempo libre. No la renuncia, sino la acción; no sólo el mero pensamiento recto, sino también la acción recta; no únicamente el bienestar espiritual, también el material ha de promoverse: el fin de la vida es la liberación (mukti), que se alcanza por la entrega al Uno (Ikk) y por la supera- ción del egoísmo112.
111. Desde la partición del Punjab entre India y Pakistán en 1947, el desacuerdo entre los hindúes y los sijs no ha cesado de aumentar, siendo cotidianos los enfrenta- mientos violentos. Cfr. Kapani, L: El sijismo. In Delumeau, J: «El hecho religioso». Alianza Ed, Madrid, 1995, pp. 415-424.
112. Cfr. Macauliffe, M.A: The sikh religion. 3 vol. Delhi, 1968; McLeod, W.H:
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BUDISMO
1. Los tres móviles de la «herejía»