RELIGIÓN DEL ORIENTE ANTIGUO (EGIPTO-MESOPOTAMIA)
Krishna 68 , Buda y Kalki, avatar que aparecerá al final montado sobre
73. Sobre el shivaísmo y sus numerosas corrientes, cfr Esnoul, A-M: El hinduis-
mo. In Puech, H: «Las religiones en la India y en Extremo Oriente». Ed. Siglo XXI,
mal forman parte del mismo ritmo cósmico y, por consiguiente, huma- no que el pensamiento chino formula por su parte mediante la alter- nancia de los principios yang y yin.
2.4.2. Purana locales
A lo antedicho puede añadirse aquí el género literario fecundo y muy popular de los Mahatmya, especie de puranas locales –más modestos, por lo tanto– que exaltan también las virtudes de tal o cual lugar santo a partir de episodios de la gesta divina allí desarrollados.
2.5. Itihasa (poemas épico-sacros)
Los dharmasastra (tratados de orden universal), que constitu- yen la espina dorsal de la smrti, son los itihasa: el Ramayana y el
Mahabharata, del que forma parte el Bhagavad-Gita.
2.5.1. Poema Ramayana (ss. IV-III. a.C)
El Ramayana (Gestas de Rama), cuyo manuscrito más antiguo data del año 1.020 de la era cristiana, tiene 48.000 versos, que la tra- dición atribuye al sabio Valmiki. Comprende siete libros que giran en torno a su héroe, Rama, tomado más tarde –aunque en este libro toda- vía no– como uno de los avataras de Vishnú y como héroe nacional y arquetipo de todas las virtudes hinduistas, posteriormente deificado. Resumido, el argumento es éste: una intriga palaciega provoca el con- finamiento de Rama (hijo del rey Ayodhya) en la selva, a donde le acompaña su esposa Shita; ésta es raptada por Ravana, rey de los demonios, pero Rama, aliado con los monos y con Anuman, el hijo del viento, vence a Ravana, rescata a su esposa y asciende al trono de su padre, dejando a lo largo de su acción todo un rosario de enseñanzas modélicas.
A lo largo de la vida, como al final de la misma, el nombre de Rama es el nombre que salva, de ahí la recitación de este mantra: Sri
Ram, jai Ram, jai Ram (¡Señor Rama, triunfa!, ¡Oh Rama, triun- fa, oh Rama!). Incluso el simple enunciado hare Ram basta. No por
casualidad, al morir Gandhi (1948) sus últimas palabras fueron: «¡Ah, Rama!». También se le invoca en los cortejos fúnebres.
2.5.2. Poema Mahabharata (ss. VI. a.C-IV d.C.)
Mahabharata significa «gran combate de los Bharatas», des-
cendientes de Bharata, el antepasado de los príncipes del norte de la India. Esta epopeya –compuesta probablemente ya en el siglo VI a.C., y con su actual configuración en el IV d.C.– con sus noventa mil slo-
kas, estrofas de dos o cuatro versos, es la más extensa de la literatu-
ra universal (ocho veces mayor que la Iliada y la Odisea juntas), con- teniendo además muchos elementos religiosos; aunque carece de la autoridad de los Vedas como escritura canónica del hinduismo, se incluye entre las escrituras auxiliares, por lo que se le conoce como el
quinto Veda. Escrito al parecer por el célebre compilador Vyasa,
considerado como la encarnación de Vishnú, narra la guerra civil entre dos familias, los Kauravas y los Pandavas.
El sexto canto del Mahabharata contiene el más famoso episo- dio de la epopeya, el célebre poema Bhagavad-Gita («Cántico del
Señor»), algo así como el evangelio de los hindúes, sin duda el libro
más popular y conocido de los textos sagrados hinduistas, y com- pendio de todas ellas, por ende el libro de cabecera del hindú piado- so, incluído el renunciante, y también el más disputado hermenéuti- camente por las diversas sectas, cada una de las cuales interesada en llevarle a su propio terreno. Lo nuevo de él es que predica a la vez la acción y el desapego de los frutos (afectivos) de la acción, lo que le hace, como ya sabemos, más mundano manteniendo al mismo tiem- po lo transmundano.
Estos son sus hitos más importantes:
a. Dios al fondo
Dios se aparece al héroe del poema, Arjuna, como ser personal creador y animador, distinto del alma, del hombre y del mundo.
b. Yoga de la acción (karma-yoga)
A punto de entrar en una batalla entre los Pandavas, a los que per- tenece el protagonista, y los Kauravas, batalla en la que habrá de dar muerte a sus parientes, Arjuna se resiste, previendo las fatales conse- cuencias que ello le acarreará en el doloroso ciclo de las reencarnacio-
nes: «No lucharé»74. Sin embargo Krishna, para vencer la resistencia de
Arjuna, no sólo le presenta las tres ramificaciones del yoga, el yoga del
conocimiento (jñana-yoga), el yoga de la devoción (bhatki-yoga) y
el yoga de la acción (karma-yoga), sino que además insiste en este último recordándole su indeclinable condición de chatriya, lo que le exige hacer la guerra, cumplir con el deber y prescindir de las conse- cuencias de sus propios actos, pues el cumplimiento por amor y deber de la voluntad de Krishna también es liberación: «si mueres, irás al cielo; si vences, gobernarás la tierra»75. He aquí que ahora, por vez pri-
mera en la historia del hinduismo, los actos quedan transformados en sacrificios, es decir, en dinamismos transpersonales que contribuyen a mantener el orden cósmico, por eso merecen premio, lejos de encade- nar. Hay que insistir en que semejante enseñanza supone un giro total en la religiosidad hindú.
c. Arjuna, avatara o descenso de Vishnú
Con esto, Krishna revela a Arjuna que «el hombre de acción puede salvarse o, dicho de otro modo, sustraerse a las consecuencias de su participación de la vida en el mundo, sin dejar de actuar. Únicamente debe desasirse de sus actos y de los resultados de éstos, renunciar a los frutos de sus actos, actuar impersonalmente, sin pasión, sin deseo, como si actuara por procurador, en lugar de otro. De amoldarse estric- tamente a esta norma, sus actos no conllevarían nuevas potencialidades kármicas, ni le someterían ya al círculo del eterno retorno de lo idénti- co. La gran originalidad del Bhagavad-Gita consiste en haber insisti- do en este yoga de la acción, que se realiza actuando, pero a la vez renunciando a los frutos de los propios actos. Ahí radica también el motivo más importante de su exito sin precedentes en la India. En efec- to, a partir de ahora puede esperar todo hombre su liberación, incluso si se ve obligado por motivos de orden muy diverso a seguir participando en la vida social, a fundar una familia, a atender a sus asuntos, a desem- peñar unas funciones... Como dice Krishna, ‘al mismo tiempo que actúa sin límites, permanece fiel al yoga’. Esta interpretación de la téc- nica del yoga es característica de la grandiosa síntesis de la Bhagavad-
Gita, que pretendía conciliar todas las vocaciones: la ascética, la místi-
ca, o la dedicada a la actividad en el mundo»76.
74. Bhagavad-Gita 1,47 75. Bhagavad-Gita 2, 31-34,37.