Expresar su voluntad salvífica y de demanda
DE LA BIBLIA DEBE CONSIDERAR SU
DOBLE PATERNIDAD
Por ser originada en Dios, la Biblia debe respetarse como la autoridad divina última para la vida en todas sus dimensiones. Debe honrarse, creerse, vivirse.
Por estar dada en el lenguaje, cultura e historia humana, la Biblia requiere para su estudio, de que se respete la distancia: histórica, de lenguaje y cultural y se le atienda, para respetar su mensaje y entenderlo.
norma de vida, que abre una nueva relación con Dios y un nuevo fundamento para la vida. El kanón especifica lo que se debe hacer, rechazar o aceptar; establece una nueva escala de valores. Es una norma que se aplica a la vida moral, para conformar una nueva humanidad (Gál. 6:15). Pablo utiliza kanón en el sentido de la norma que Dios mismo le ha asignado como medida para su oficio apostólico.
3. La Iglesia posterior utilizó el concepto de kanón para agrupar la lista de los escritos reconocidos por ella como los documentos que encierran la revelación divina. El judaísmo definió el canon del Antiguo Testamento en el sínodo de Yamnia (cerca del año 100 d.C.); el del Nuevo Testamento se concretó después de un desarrollo que va desde mediados del siglo segundo hasta el siglo cuarto después de Cristo. Fue hasta el siglo cuarto que llegó a ser determinante el concepto de Canon como norma, y los libros inspirados bajo la guía del Espíritu Santo, pasaron a ser denominados “libros canónicos”. (Valerio Mannucci. La Biblia como Palabra de Dios. Pág. 184).
B. Los principios de la canonicidad de los libros.
1. En cuanto al canon hebreo. La formación del canon hebreo tuvo un largo período (su historia escapa al espacio limitado en este estudio); algunos libros tuvieron dificultades para ser admitidos o aceptados entre los libros reconocidos, entre ellos: Ester, Eclesiastés y Cantar de Cantares. El grupo de libros autorizados quedó completado hacia el año 90 d.C. poco antes del sínodo de Yabneh o Yamnia. Los hebreos no utilizaron el término canon, ni apócrifos (oscuros), ni deuterocanónicos (segundo canon), o pseudoepígrafes (nombres falsos), sino que para distinguir entre los libros religiosos auténticos y los que no lo eran. A los libros canónicos que eran considerados como sagrados, les llamaban: ―libros que contaminan las manos‖, pues por ser tan santos, comunican su santidad, la contagian. Los libros que no eran considerados sagrados o canónicos, les llamaban: guenuzim, derivado de ganaz: guardar, esconder; guardados, ocultados o almacenados; no eran libros para lectura general, mucho menos para la sinagoga. Y se les llamaba ―libros de afuera‖ (exteriores, extraños) a los propiamente apócrifos. Abundaron los escritos no canónicos.
Los criterios principales que adoptaron los rabinos para declarar un libro como sagrado son los siguientes: 1) Estar escrito en hebreo o arameo; 2) Haber sido escrito en el periodo comprendido entre Moisés y Esdras, periodo exclusivo de la inspiración profética, según el concepto rabínico; 3) Estar asociado con algún personaje notable de la historia judía (Moisés, Salomón, David, así como los profetas); 4) El requisito principal era haber sido aceptado generalmente como de autoridad divina. El cierre del canon de Yamnia o Yabneh, el número de libros sagrados quedó fijado para siempre.
2. Aparte del canon hebreo, se formó hacia el año 150 a.C. el canon griego, llamado septuaginta, pues se presume que 72 ancianos, en 72 días,
trabajaron por separado, y produjeron una versión unánime; se le conoce también como la ―versión de los setenta (LXX). Esta versión incluía algunos libros que no fueron considerados sagrados, pero que sí eran de interés histórico, tradicional y nacional, para los judíos y se les leía con esa distinción; más tarde, en el siglo quinto después de Cristo, Jerónimo tradujo del hebreo y griego al latín, lo que se llamó: ―Vulgata Latina‖, incluyó aquellos libros de la septuaginta, que no eran reconocidos como sagrados; el sentir de Jerónimo y la Iglesia antigua era de mantener como canónicos los libros ya reconocidos en la tradición judía; no así, los otros libros, considerados como apócrifos.
3. El canon del Nuevo Testamento tuvo tres etapas en su formación. Gonzalo Baez Camargo plantea: LA ETAPA APOSTÓLICA, LA ETAPA PRECANÓNICA Y LA ETAPA CANÓNICA. La primera es la de su formación, etapa durante la cual,
aun no habían terminado de escribirse los textos del Nuevo Testamento. La segunda etapa consiste en la lucha que tuvieron los creyentes por definir qué libros llevaban el sello divino; durante ese tiempo, las Iglesias leían otra literatura que más tarde fue considerada apócrifa. La tercera etapa fue la del reconocimiento final que le dio la Iglesia a los 27 libros del Nuevo Testamento. (Gonzalo Baez Camargo. Breve Historia del Canon Biblico. Sociedades Bíblicas Unidas: México, 1983. Págs. 56 – 76).
Los principios para la canonización son prácticamente los mismos que implementó el judaísmo para la canonización del Nuevo Testamento. Una cita de Baez Camargo, ayudaría a entender este punto:
―Como factor determinante principal en la formación del canon figuraba el consenso de las Iglesias manifestado en la opinión y práctica de los escritores cristianos de más autoridad, y sobre todo en el uso de unos libros y la exclusión de otros en el culto, la catequesis y la apologética. Influyeron mucho también las controversias con los judíos, los filósofos paganos y los herejes, pues la defensa del cristianismo que se consideraba genuino tenía que basarse en documentos considerados con autoridad emanada, en última instancia, de Dios mismo‖. (Baez Camargo, pág. 69).
CONCLUSIÓN.
Al observar los puntos propuestos, llegamos a la conclusión de que, es fundamental que los líderes, maestros, pastores, predicadores, evangelistas y miembros en general, tengan el conocimiento básico sobre el valor divino, pero también humano de las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, viéndola en conjunto como: La Palabra escrita de Dios. Este conocimiento debe desarrollar en cada uno , un aprecio profundo por la Biblia, un interés más fuerte por su lectura y estudio de sus verdades; un compromiso de vida con sus enseñanzas, de manera que a nivel de Iglesia experimentemos los cambios constantes que la Palabra de Dios produce en los hombres y las mujeres de fe.
10.
LA EXPIACION (3 clases)Recopilado por Byron Mazariegos. BASE BÍBLICA: Isaías 53:3-5¨. Romanos 6:6-8
OBJETIVOS.
1. Comprender las bases bíblicas y teológicas de la doctrina de la expiación.
2. Apreciar el valor que tiene la muerte y resurrección de Jesucristo para nuestra salvación.
3. Enseñar esta verdad a todos los grupos de personas en la Iglesia y en todas las formas posibles para enseñar.
INTRODUCCIÓN.
La muerte de Jesús ha tenido interpretaciones diversas; la mayoría de las cuales consideran alguna fase de verdad de la misma, por ejemplo, su sentido político – social, o religioso; pero dejan de lado, el elemento central de dicha muerte, o sea: su sentido expiatorio. La importancia decisiva de este tema reside en que: “La muerte de Jesús en su significado expiatorio constituye el fundamento central de la salvación y la conformación de la Iglesia como Nuevo Pueblo de Dios”. Sin esta verdad que está empalmada con la de la resurrección, simplemente la Iglesia no sería real. Pero es esta verdad doble la que es la razón de ser de la Iglesia, de su misión, de su vida transformada y de su mensaje desafiante para todo ser humano.
I. FUNDAMENTOS DEL TEMA.
A. ¿La teología o la cristología o la doctrina del pecado?
La doctrina bíblica – teológica guarda una relación lógica de desarrollo, de manera que un tema conduce necesariamente a otro; unos van antes que otros, así que no se puede tratar un tema aislado de los anteriores ni de los posteriores. La doctrina de la expiación debe ser puesta en relación con los temas que le sirven de fundamento.
En este caso, hay que poner en relación la doctrina de Dios con la doctrina del hombre o antropología; Dios como creador y sustentador de todo, como soberano y Rey del Universo y el ser humano en su condición de grandeza y miseria. Grandeza porque lleva la imagen de Dios y eso lo hace digno; y miseria porque el pecado vino a separarlo de Dios y a ponerlo en conflicto con sus semejantes.
Algunos estudiosos ven la doctrina de la expiación como consecuencia de la necesidad de redención que tiene el ser humano debido al pecado. Pero, si se coloca el pecado como presupuesto de la expiación, la consecuencia es que le atribuimos a Dios que actúa por necesidad, lo cual contradice su carácter de libertad absoluta; pues Dios actúa libremente. Por otro lado, no se puede saltar de la doctrina del hombre y del pecado a la doctrina de la salvación, sin explicar primero la doctrina de la persona de Cristo. La doctrina de la cristología es el verdadero presupuesto para el problema del ser humano con el pecado y de la salvación; pues él es el mediador entre Dios y el ser humano.
Esto mismo nos lleva a declarar que la doctrina debe integrarse correctamente para que no exista contradicción en los planteamientos. Por eso insistimos que la doctrina de la expiación hay que tejerla con la cristología (la doctrina que se refiere a la persona de Jesucristo como Dios – Hombre y de su función como Redentor); tratarla aisladamente por razones de estudio, debe advertir de la responsabilidad que tenemos de no aislarla definitivamente; pues crea confusión. El siguiente esquema ilustra cómo debe entretejerse la doctrina.
En este esquema, la relación Dios – Hombre está afectada por el pecado; la cristología es la respuesta al problema del ser humano bajo el dominio del pecado y con el riesgo de la condenación. La cristología no surge circunstancialmente por una necesidad humana; más bien obedece al plan anticipado de Dios, lo cual indica que la decisión divina, si bien es cierto va en función del problema humano; es no obstante, una decisión libre de su amor y su gracia. Pedro se refiere al Plan de Dios cuando en su primera carta afirma: “El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. Cristo, a quien Dios escogió antes de la creación del mundo, se ha manifestado en estos últimos tiempos, en beneficio de ustedes” (1 Pedro 1:18b – 21).
Así que es conveniente que la doctrina de la expiación no se trate como una necesidad lógica por el problema del pecado; es la cristología la que debe englobar la doctrina de la expiación como parte integral del plan del Señor, que es amplio. A la doctrina de la expiación debe preceder la fundamentación de la persona de Cristo como Dios en la humanidad. Si el que muere por nosotros no es Dios en su realidad total, ni humano en su realidad total, no podemos afirmar nada sobre la doctrina de la expiación. Por eso es un error metodológico saltar de la doctrina del pecado a la doctrina de la expiación, dejando para después la cristología.
II. EL CONCEPTO DE EXPIACIÓN. .