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III. EL CARÁCTER EXPIATORIO DE LA MUERTE DE JESÚS A ¿Consideró Jesús su muerte como muerte expiatoria?
1. ¿Dicen los evangelios algo claro sobre la muerte de Jesús como muerte expiatoria?
Algunos estudiosos del Nuevo Testamento opinan que no hay evidencias claras en los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), sobre el tema de que Jesús le diera a su propia muerte un sentido expiatorio; los textos que hablan claramente de ello, los consideran como agregados posteriores a la muerte y como interpretaciones de los cristianos primitivos; de manera que toda alusión en los evangelios sinópticos a un sentido expiatorio de la muerte de Jesús, resulta siendo agregados interpretativos de la Iglesia primitiva.
En los evangelios sinópticos, el concepto de redención aparece muy poco en algunos contextos. Lucas en 1:68 y 2:38, utiliza este término en dos escenas que
tienen que ver con la esperanza de los piadosos de Israel, quienes esperaban que la venida del Mesías cumpliría la redención de Israel. El concepto está interpretado en sentido de la esperanza política de Israel; lo significativo es que las expectativas sobre el Mesías son que él viene para rescatar a Israel. En el AT, el concepto de rescate implicaba por un lado la sustitución del individuo rescatado por un animal sacrificial u otra forma de pago (Éx. 21:30:12; Lev. 19:20,21; Nm. 18:15; 35:31,32); también se habla del pariente cercano quien tenía el deber de rescatar a algún familiar que se encontrara en el peligro de perderlo todo, (Lev. 25:24 – 25, 51,52). La redención como una actividad de Dios mismo, que ha liberado a su pueblo de Egipto, por su amor y fidelidad se encuentra en (Dt. 7:8; 9:26).
Ahora, el texto básico de Marcos 10:45 ha sido interpretado por algunos como una interpretación venida del cristianismo helenístico; pero autores como Joachim Jeremías y Eduard Lohse observan que el lenguaje del versículo es semitizante, por lo que no hay duda que se remonte a Jesús mismo, constituyendo así en una interpretación propia que Jesús hace de su muerte en sentido expiatorio; el uso de ―muchos‖ en lugar de ―todos‖, es un semitismo bien claro; además, el sentido de Hijo del hombre es un concepto semítico, no helenístico y la idea de rescate responde más bien a una referencia de redención en el AT.
Otro elemento importante para fundamentar la muerte de Jesús como muerte expiatoria, desde Jesús mismo, es la interpretación que Jesús le da a su muerte; aunque no hay alusiones directas de que sea con sentido expiatorio, está implícito en el hecho de que la ve como ―Es necesario que lo maten…‖. En todos los contextos donde aparece la construcción del verbo déo implica obligación, resolución de propósito, algo deliberado en base a un plan; implica la conciencia de una misión; el ―es necesario‖ apunta también a que así estaba escrito proféticamente, de manera que debía cumplirse tal como estaba previsto. La muerte de Jesús, es más que un crimen político, es la deliberación del plan de Dios, así lo entendieron los primeros cristianos, a la luz de la resurrección.
Es curioso que el anuncio de la muerte de Jesús vaya unido al de su resurrección (Mr. 8:31; 10:32; Mt. 16:21; 20:19; Lc. 9:22; 18:33). ¿Qué objeto tendría colocar juntos los dos acontecimientos: muerte y resurrección, si la resurrección no representa la garantía del valor expiatorio de su muerte? Desde un principio, muerte y resurrección circularon juntas. Sin la resurrección, la muerte de Jesús queda en la penumbra, queda en la condición de un mártir por la verdad, queda en el plano de otro profeta más; pero al resucitar garantiza la salvación de quienes creen.
El otro texto significativo para afirmar el sentido expiatorio de la muerte de Jesús, desde Jesús mismo, es la institución de la Cena del Señor. En el texto básico de Marcos 14:22 – 25, Jesús coloca el sentido de su sangre (en este caso, ―sangre‖ tiene sentido metafórico, en la figura de una metonimia, que designa una cosa con el nombre de otra, para referirse a su propia vida entregada a la muerte) es a favor y en lugar de ―muchos” “esto es mi sangre de la nueva alianza que por muchos es derramada…”.
Marcos utiliza la preposición perì = a favor de (utilizado aquí con sentido de relación); Mateo mantiene la misma preposición; Sólo Lucas utiliza las
preposición hýper = a favor de, en lugar de; y lo aplica tanto a la consagración del cuerpo como de la sangre. Joachim Jeremías afirma que este es uno de los textos más seguros de pertenecer al lenguaje original de Jesús, así lo sostienen una buena cantidad de especialistas del Nuevo Testamento; por lo que concluimos que Jesús si interpretó su muerte como muerte expiatoria.
2. ¿Bajo qué criterios entendió la Iglesia neotestamentaria la muerte de Jesús como muerte expiatoria?
La interpretación que la Iglesia primitiva hace, tanto palestinense como helenística, responde a su comprensión de la vida y muerte de Jesús, a la luz de la resurrección. La idea de que fue la comunidad helenística (las fundadas por Pablo y otros) la que interpretó la muerte de Jesús en sentido redentor, está prejuiciada, y no hace justicia a lo implícito que se encuentra en los evangelios respecto a que Jesús mismo ve su muerte en sentido expiatorio, pues si su conciencia mesiánica no era la de un Mesías político, sino Mesías sufriente, entonces, su muerte no podía tener otro sentido menos valioso que este. Fue la resurrección la que le aclaró a los discípulos esta comprensión. Prueba de ello nos la da Lucas, pues, el Pedro que confiesa a Cristo y luego se opone a su muerte, es el mismo que en pentecostés y otras oportunidades, su interpretación de la muerte de Jesús adquiere otro sentido, a la luz de la resurrección (Hechos 2:22 – 40; 3:11 – 26); Lucas también se refiere a este mismo hecho de comprensión post – resurrección, a los dos caminantes de Emaús. No cabe duda que este incidente (Lucas 24:13 – 35), así como el otro (Lucas 24:36 – 49) muestra que, la interpretación de la muerte de Jesús como muerte expiatoria, no surge de ellos, sino de su encuentro con el Cristo resucitado.
Pablo al interpretar la muerte de Jesús lo hace en base a lo que recibió de los primeros cristianos (1 Cor. 15:3,4), pero en Gálatas (1:11,12) afirma también que el evangelio que él predica, lo recibió por revelación directa del Señor. De cualquier manera, Pablo no aplica mitos gnósticos, ni de las religiones de misterio helenísticas, para predicar el evangelio.
Por otro lado, utiliza el término hilasmós = expiación, propiciación, muy poco. Lo utiliza en Romanos 3:25: “Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación…”. Utiliza en cambio, en forma abundante, la preposición hýper para referirse al carácter representativo y sustitutivo de Jesús en su muerte y para beneficio nuestro (Ro. 5:6 – 8; 8:32; 1 Co. 1:13; 2 Co. 5:21) y muchos otros. Pablo trata la muerte expiatoria de Jesucristo desde la analogía de Adán – Cristo. Con este ejemplo destaca el papel redentor y expiatorio de Jesús, en oposición al primer Adán.
Juan utiliza el verbo hilasmós con el sentido de que él es ―la propiciación o el sacrificio por nuestros pecados‖ (1 Juan 2: 2; 4:10). Pedro habla de rescate (1 Pedro 1:18 – 21). La carta a los hebreos es mucho más específica en vincular la función, tanto de los sacrificios, como del sacerdote y sumo
sacerdote en Israel, con la función sustitutiva y representativa de Jesús en su muerte.
3. ¿Es la muerte expiatoria de Jesús limitada o inclusiva?
Quienes interpretan la salvación como dirigida a un grupo específico de elegidos por Dios con anticipación, se ven obligados a interpretar el alcance de la muerte de Jesús, limitada sólo a los escogidos.
La lectura de algunos textos, por ejemplo, de Juan 3:16, es bastante comprometida; pues consideran que Dios ciertamente amó a todo el mundo, pero se salvan sólo los escogidos, que en este caso, son ―los que creen‖. Esta lectura es viciada y no tiene respaldo exegético. El otro texto es el de la Cena del Señor, cuando el texto dice que su sangre es derramada por muchos, entienden el ―muchos‖ al grupo de los elegidos.
Muchos interpretes coinciden en que el adjetivo ―muchos‖ (polloi), es un semitismo que se refiere a ―todos‖, de modo que no hay lugar para una interpretación limitada. Por otro lado, el ―por nosotros‖ que aparece en Lucas, no se debe interpretar como aplicado a los escogidos en exclusiva; leer así el sentido de la muerte de Jesús, distorsiona el propósito redentor de Dios que es universal. Más bien, debe afirmarse que: “La salvación tiene un alcance universal, pero sólo los que confían en Cristo, se apropian de ella”.
CONCLUSIÓN
La doctrina de la expiación debe integrarse para no caer en el error de la parcialidad teológica. Debe también ordenarse de tal manera que tampoco exista contradicción en los planteamientos. El sentido expiatorio de la muerte de Jesús se fundamenta desde sus antecedentes teológicos antiguo testamentarios, pero sobre todo, desde Jesús mismo, su mensaje y su vocación mesiánica. La muerte de Jesús es el fundamento de la expresión de la gracia y el amor de Dios; dicha muerte tiene carácter de sustitución y representación y sobre esta interpretación descansa la fe de la Iglesia.
11.
DIOS (3 clases)Recopilado por Luís Felipe Batres Orozco BASE BÍBLICA: Gn. 1:1. He. 1:1-13. Dt. 3:24. Isaías 44:8, 45:22.
OBJETIVO
Entender que la existencia del Dios verdadero es real, y en base a ello, vivir una vida segura y llena de fe en el Dios vivo y verdadero.
INTRODUCCIÓN
En ninguna parte tratan las Sagradas Escrituras de demostrar la existencia de Dios mediante pruebas metódicas o convencionales. Se la asume como prueba evidente, como creencia natural para el hombre.
En ninguna parte las Sagradas Escrituras enuncian una serie de pruebas de su existencia como condición preliminar para la fe. Declaran el hecho y piden al hombre que se embarque en una aventura de fe. Por esa razón, ―es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay‖. Constituye el punto inicial de las Sagradas Escrituras en lo que respecta a los tratos del hombre con Dios. A ninguno de los escritores del Antiguo o del Nuevo Testamento se les ocurrió tratar de probar o argüir acerca de la existencia de Dios. Es un hecho que se da por sentado siempre y en todas partes de las Sagradas Escrituras.