Moore (2007) considera que hay cuatro pasos que se pueden seguir para llevar a los hijos a la madurez. En lo que resta de este capítulo, se considerarán estos cua- tro aspectos. Será de beneficio tomar en cuenta la siguiente declaración de Kuzma (2008). “El camino mas rápido para fomentar la independencia en vuestros hijos, es
la atención total a las necesidades de ellos en sus años de dependencia”.19
Primer paso: un ritual de transición
Ayudará en el proceso de maduración que los hijos sepan que hay un momento específico en el cual se le haga la diferencia entre la infancia y la edad adulta. “Ex- perimentar un ritual de transición permite a los jóvenes superar la conducta infantil y comenzar a asumir responsabilidades de adultos y las consecuencias resultantes”.20
Se considerarán, a continuación, algunas costumbres:
En África. En una comunidad sudafricana, a los cuatro años se le enseña al niño
a recoger leña, aprenden a escoger el tamaño y la clase de leña que les producirá mejores resultados al encender el fuego. Los niños realizan esta actividad de reco- ger hasta los seis años, entonces comienzan a aprender a apilarla al estilo propio de la tribu para que, al encenderla, el aire pase a cada leño y el fuego sea más completo. Cuando el niño cumple ocho años, recibe un obsequio especial: fósforos que le permiten encender la hoguera por primera vez. A partir de entonces, se sabe que el muchacho tiene toda la habilidad para escoger, amontonar y encender una excelente fogata.21
En Israel. Barclay comenta: Entre los Judíos la edad era muy importante, los jóve-
nes alcanzaban la mayoría de edad a los doce años. Entonces llegaban a ser hijos de la ley, y tenían que cumplir con todas las obligaciones que imponía la ley. 22
En Panamá. En ciertas culturas, como la “emberá”, las niñas suelen casarse a los
doce años, no tienen, ni celebran ninguna ceremonia de boda, lo que tienen es un ritual definido de transición. Como entre los doce y catorce años, cuando dos jovencitos se quieren casar, la prueba de que ya están listos para este paso es que tienen que construir su propia casa. La pareja, antes de casarse, deben trabajar diariamente en la construcción de su propia casa de madera, deben buscar todos los materiales que se requerirán en la selva. Durante el período de construcción van juntos a buscar materiales para construir su casa, pero deben regresar cada día cada uno por separado a la casa de sus padres; al terminar la vivienda, se mudarán a vivir juntos a la casa que construyeron. Una vez que la casa ha quedado termina- da, la tribu los ve como casados, y también los ve como adultos. De este modo, la construcción de su propia casa llega a ser la señal de transición de niños a adultos.23
En Latinoamérica. Entre las mujeres, al menos en teoría, la ceremonia de los quince
social que con la madurez.
Segundo paso: asignar tareas trascendentales
Desde muy pequeños los niños perciben y entienden si la tarea que se les asignan es importante o se les están pidiendo que hagan algo para mantenerlos ocupados, o si realmente es algo que se debe hacer. Se les debe permitir, y apoyar a los hijos, que tengan la satisfacción de adquirir lo que les gusta con el producto del esfuerzo en su trabajo.24 Algunas ideas para lograrlo son las siguientes:
1. Enséñele al niño desde muy pequeño a ser útil
• Asígnele tareas en casa de acuerdo a sus fuerzas y capacidad. • Anímele a ayudar a sus padres en las tareas de la casa.
• Promueva la abnegación y el dominio propio. • Enséñele a anteponer la felicidad ajena a la suya.
• Aliéntelo a que anime a sus hermanos y compañeros de juego a ser bondadosos con los ancianos, enfermos e infortunados.25
• Asígnele trabajos de responsabilidad. Hasta casi la mitad del siglo pasado, los hijos eran enseñados a trabajar. En realidad, tener hijos, significaba apoyo para las familias. Visto de cierta manera, los hijos eran como un patrimonio. Esta situación comenzó a cambiar, las familias comenzaron a trasladarse a las ciuda- des en busca de oportunidades de trabajo. More (2007) dice que los gobiernos establecieron leyes para proteger a los hijos, a fin de que éstos ahora asistieran a las escuelas. Sin duda que, en algún momento, estas leyes se establecieron y sirvieron para proteger del abuso que algunos padres hacían de los hijos. Lo que ocurrió es que algunos padres no comprendieron que ese trabajo duro era lo que ayudaba al muchacho a avanzar hacia una edad adulta, capaz y respon- sable. De pronto, el muchacho que una generación atrás era considerado un adulto responsable, ahora estaba en el aula de clase y sin ninguna otra respon- sabilidad, escuchando de parte de todos que es un “niño”.26 A diferencia de las
décadas pasadas, cuando hacen trabajo útil, los “adolescentes contemporá- neos son mucho más, a menudo, un desagüe económico”.27
2. Trátelos de acuerdo a la edad que tienen
Los hijos deben ser tratados de acuerdo a la edad que tienen. Deben asignárseles responsabilidades y darles privilegios que se relacionen con su edad. El Dr. David Alan Black… dice, respecto a la adolescencia: “Es evidente que la adolescencia
ha alterado el proceso de crianza de hijos en Estados Unidos. Cuando la escuela, la iglesia y la familia tratan a los chicos de dieciséis años como niños jóvenes, los adolescentes actúan en maneras que justifican ese trato. Poco asombra que los jóvenes de hoy padezcan confusión de roles. No saben quiénes son, de dónde vie- nen, a dónde se dirigen. Están a la puerta del inicio de la vida sin un lugar a dónde ir.28
• Ayúdelos a madurar. Barna (2006) menciona que los hijos necesitan ayuda en, por lo menos, cuatro aspectos:
1. Que se les ayude a identificar su propósito en la vida, pues aún entre los adultos el 50% no sabe cuál es, y entre los adolescentes dos de cada tres tampoco lo saben, y están buscando sentido y dirección.
2. Que se les aclaren las perspectivas centrales de su vida. Es tiempo de ayudarlos a confiar en Dios y en la Biblia.
3. Que se les otorguen las condiciones y recursos básicos que necesitan para crecer de manera saludable.
4. Que se les describa con claridad el desempeño de actividades específicas, que les permitan llevar vidas significativas y productivas.29
Faber y Mazlish (1980) comentan que, para ayudar a los hijos a madurar, es nece- sario lo siguiente:30
• Deje que los niños hagan elecciones.
• Demuestre respeto hacia los esfuerzos del niño. • No haga demasiadas preguntas.
• No se apresure a dar respuestas.
• Anime a los niños a emplear recursos fuera de su hogar. • No les quite la esperanza.
• Deje que sea dueño de su propio cuerpo.
• Manténgase alejado de las minucias de la vida de su hijo.
• No hable de un niño enfrente de él, no importa lo pequeño que sea. • Deje que el niño responda él mismo.
• Demuestre respeto a las actitudes de su hijo. • Cuídese de decir demasiados no.
Cultive el sentido de competencia. Cultivar en nuestros hijos el sentido de que son competentes, de adquirir confianza en sí mismos, de hacerlos sentir que son valio- sos para Dios y para nosotros como sus padres, es un esfuerzo que lleva tiempo,
que demanda pensar y planear mucho. McDowell (2001) señala que, cuando esto se hace, se logra lo siguiente:
• Son más fuertes para resistir las tentaciones sexuales. • Con menor frecuencia se rebelarán a los padres. • Cederán menos a la presión de los amigos. • Tendrán más éxito en sus estudios y su carrera.31
Tercer paso: consecuencias lógicas
En el proceso de aprendizaje para convertirse en adultos los hijos, con frecuencia, se equivocarán. Entonces, es oportuno aplicar el consejo de Luis Pasteur: “No les evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”. Por el amor que los padres tienen por sus hijos, con frecuencia se les hace muy difícil verlos sufrir, pasar por privaciones o dificultades. Aunque sea doloroso, dice Kuzma (2009): “Los padres firmes y tiernos enseñan a sus hijos con eficacia a ser responsables, dejándolos sufrir las consecuencias”. Ella define lo que son las con- secuencias naturales: Es lo que sucede automáticamente si el niño continúa con su propio camino de “destrucción”.32
Los padres sabios e inteligentes reconocerán que uno de los mejores métodos para que los hijos aprendan a modificar sus conductas negativas, es dejarlos que sufran las consecuencias. Kuzma (2009) continúa: “Es la manera más rápida y, a la larga, la menos dolorosa para estimular al niño a que tome decisiones correctas”. Sin embargo, no debe ser el único método que el padre aplique. Debe recordarse y tomarse muy en cuenta que, si se usa siempre un solo método, cada vez éste se volverá menos efectivo. Se debe tomar en cuenta el siguiente principio en la aplica- ción de este método. Las consecuencias lógicas son impuestas por los padres, y “es efectiva cuando no hay una consecuencia natural, o la consecuencia natural no es peligrosa” 33
Cuarto paso: depósitos de gracia
1. Ver los errores como factores de aprendizaje
A medida que los hijos van creciendo es necesario que se les vaya animando a to- mar decisiones. Ocurrirá con frecuencia que en este proceso, más de una vez se equivocarán y cometerán errores, pero esos errores no deben verse como aspec-
tos en los cuales se ha perdido tiempo y tal vez dinero. Sin duda, el hijo, si ha sido bien guiado, habrá aprendido lecciones de gran importancia para su vida futura. 2. Dar nuevas oportunidades
Un aspecto muy importante en el desarrollo de un hijo es que sepa que cuenta con nuevas oportunidades. Es más, los padres necesitan sabiduría y mucho tacto para que, al mismo tiempo que guíen al hijo para que no cometan los mismos errores, él debe saber que seguirá contando con el apoyo de sus padres.
3. Perdonar y olvidar las equivocaciones
Los hijos no solo suelen cometer errores que los lastiman a ellos mismos, muchas veces también lastiman a otros, especialmente a los padres. Es allí donde los padres necesitan mostrar un espíritu perdonador. También se requiere que las equivocaciones pasadas sean olvidadas y todo resentimiento sea eliminado.
Los padres disponen de un periodo de tiempo para instruir al hijo sobre como se conducirá, pero llega el momento en el que a él le corresponde tomar sus propias decisiones. El cuadro ideal que se ha presentado, no siempre se logra plenamente. Los padres deben hacer todo lo que tienen a su alcance para preparar a sus hijos, pero, finalmente, ellos no pueden hacerlo todo. “Cuanto más asuman los padres la responsabilidad por la felicidad de sus hijos, más garantizan su eventual desdicha”.34
Aun después de haber hecho todo, los hijos, al crecer tienen la última palabra con respecto a su vida, bien se aplican los siguientes versos de Amado Nervo.
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida; Porque nunca me diste una esperanza fallida,
Ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; Porque veo, al final de mi rudo camino, Que yo fui el arquitecto de mi propio destino. Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, Fue porque en ellas puse hiel, o mieles sabrosas; Cuando sembré rosales, coseché siempre rosas.
1 John Maxwell, Relacionándose mejor con los demás (Colombia: Peniel, 2000), 117.
2 Gilda Moreno, La inteligencia emocional en la educación; disponibl en http://alfarache.wor-
dpress.com/2010/03/29/inteligencia-emocional/, accesada el 20 de octubre de 2011.
3 José Luis Diez Pascual, La madurez emocional, disponible en http://www.ecojoven.com/cin-
co/07/madurez.html, accesada el 10 de septiembre de 2011.
5 Padres e hijos; disponible en http://es-es.facebook.com/notes/wawasana/mas-sobre-la-
relaci%C3%B3n-padres-hijos-importante/257018327651693?ref=nf, accesada el 13 de sep- tiembre de 2011.
6 Daniel Goleman, 42.
7 Mis citas preferidas; disponible en http://www.lcc.uma.es/~ppgg/html/citas.html, accesada el
13 de octubre de 2011.
8 Rita María Romero Romero, Adolescencia, disponible en http://www.monografias.com/traba-
jos5/ adoladol.shtml, accesada el 10 de septiembre de 2011
9 Walker Moore, 11.
10 El papel de la sabiduría; disponible en http://www.watchtower.org/s/200806/article_03.htm,
accesada el 10 de septiembre de 2011.
11 Walker Moore, 125. 12 Ibíd., 13.
13 Ibíd.,36. 14 Ibíd., 8.
15 Benjamín Alvarez, El aprendizaje de las Naciones, disponible en http://www.rieoei.org/oei-
virt/rie08a06.htm; accesada el 14 de septiembre de 2011.
16 Daniel Goleman, 105. 17 Walker Moore, 26.
18 Ibíd., 27. 19 Kay Kuzma, Obediencia fácil (Argentina: Asociación Casa Editora Sudamerica-
na, 2008), 175.
19 Ibíd.
20 Walker Moore, 14. 21 Ibíd., 112.
22 William Barclay, Comentario bíblico de William Barclay. 23 Moore, 15.
24 Un regalo excepcional (México: Editorial Edamex, 1991), 75.
25 Elena de White; Ministerio de curación (Argentina : Asociación Casa Editora Sudamericana,
1971), 311, 312.
26 Moore, 12. 27 Ibíd., 72. 28 Ibíd., 26.
29 George Barna, Cómo transformar a los niños en campeones espirituales (Florida: Casa
Creación, 2006), 61.
30 Adele Faber y Elaine Mazlish, Cómo hablar para que los hijos escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen (México: Edivisión, 1980), 171.
31 Josh McDowell, El padre que yo quiero ser (Canadá: Mundo Hispano, 2001), 39.
32 Kuzma, 241. 33 Ibíd., 34 Ibíd., 243.