Los hijos cuyos padres fueron indulgentes, crecen con sentimientos de inseguridad y baja autoestima. Consideran que si ellos no fueron importantes para sus padres, posiblemente no lo sean para nadie más.
1. Crecen emocionalmente deficientes
Las relaciones entre padres e hijos se conforman de pequeños detalles o peque- ños intercambios. Estas pequeñas relaciones van estableciendo el fundamento emocional. Goleman (2010) dice:
Una niña a la que un rompecabezas le resulta frustrante y le pide a su ajetreada madre que la ayude recibe un mensaje positivo si la respuesta es de evidente placer de la madre, y otro muy distinto si escucha un brusco “no me molestes… tengo un trabajo importante que hacer.9
Cuando estos encuentros se convierten en algo típico entre padres e hijos, mol- dean las expectativas emocionales del niño con respecto a las relaciones, puntos de vista que impregnará su manera de moverse en todos los ámbitos de la vida, para bien o para mal.10
Es de suma importancia para el desarrollo sano del niño sentirse amado. Ese amor debe verlo, sentirlo, escucharlo. Bronfenbrenner, profesor de investigaciones fami- liares de la Universidad de Cornell, una vez dijo que los niños necesitan a alguien que los ame irracionalmente para que crezcan psicológicamente sanos.11
2. Tienen un pobre desempeño escolar
Los hijos de padres negligentes comúnmente enfrentan problemas escolares. Diversos estudios respaldan esta aseveración. Goleman comparte el resultado de un informe donde señala que casi todos los alumnos que se desempeñan pobre- mente en la escuela, carecen de uno o más de estos elementos de inteligencia emocional. La magnitud del problema no es menor; en algunos estados, aproxi- madamente uno de cada cinco niños tiene que repetir el primer grado y luego, a medida que pasan los años, se retrasan con respecto a sus pares y se muestran cada vez más desalentados, resentidos y alborotadores.12
3. La relación con los padres es hostil
Los niños, desde muy pequeños, pueden percibir cuan importantes son para sus padres. Este sentimiento, dice Habenicht, tiene fuertes repercusiones en la vida, en el desempeño y en las relaciones padre –hijo. Cuando los niños no se sienten apoyados por sus padres, la relación entre ellos generalmente es hostil. Los padres que dan apoyo están centrados en el niño. Entienden que los niños tienen necesi- dades especiales, por cuanto son inmaduros.13 Goleman (2010) afirma que:
Un niño que no puede concentrar su atención, que es suspicaz en lugar de confiado, triste o airado en lugar de optimista, destructivo en lugar de respetuoso y se siente dominado por la ansiedad, pre-
ocupado por las fantasías atemorizantes y, en general, descontento con respecto a sí mismo… ese niño tiene pocas oportunidades… para no hablar de la igualdad de oportunidades, de reivindicar las posibilidades del mundo como propias.14
4. Crecen rebeldes y con los valores espirituales distorcionados
Es sorprendente que el resultado de una paternidad autoritaria sea similar al resul- tado del estilo negligente. Dona Habenicht declara: “Los hijos que provienen de hogares negligentes reaccionan, a veces, de la misma manera en que lo hacen los que provienen de hogares autoritarios, se rebelan y adoptan valores negativos”.15
Generalmente no son muy religiosos, ni tienen valores firmes, porque sus padres nunca se los enseñaron en forma consistente ni los disciplinaron. Tales hijos tie- nen, a menudo, profundos problemas emocionales relacionados con el abandono de que fueron objeto.
5. La paternidad negligente deja su huella en el cerebro.
Los tormentos más comunes de la infancia, como ser constantemente pasado por alto o privado de atención o ternura de los padres, el abandono, la pérdida de los padres o el rechazo social pueden no alcanzar nunca el grado de trauma, pero sin duda dejan su huella en el cerebro emocional, creando distorsiones y lágrimas y rabia en las relaciones íntimas de la vida adulta.16
6. Características generales
• Mayormente no son muy religiosos.
• No tienen valores firmes, porque sus padres nunca les inculcaron en forma con- sistente, ni los disciplinaron.
• Tienen, a menudo, profundos problemas emocionales relacionados con el aban- dono de que fueron objeto.
• Perciben a Dios como un gobernante distante del universo, que no se involucra en la vida de sus súbditos; alguien a quien verdaderamente no le importa lo que suceda sobre la tierra.17
Oprah Winfrey dijo: “Si no tenemos tiempo, y no se puede apartar ni siquiera una noche o al menos una hora a la semana, para reunirse todos como familia, entonces la familia no es la prioridad.18
Dios concedió al hombre el privilegio de la procreación y sin duda ésta es una de las experiencias más hermosas en la vida del ser humano. Tener a un hijo en los bra- zos, ver que te sonríe, oír que te diga papá o mamá, producen un verdadero placer, pero ésta experiencia tiene un gran costo. Requiere todas las energías, mucho de tu dinero, de tu tiempo y de todo tu ser.
El ser humano nace como el más desvalido de los seres vivos y a menos que los padres le brinden lo antes mencionado y mucho más, el hijo sufrirá graves conse- cuencias que no solo lo afectarán a él, como se ha visto en este capítulo, sino a los mismos padres por el resto de sus vidas.
Por otro lado, los hijos a quienes los padres le brindaron lo necesario estarán me- jor equipados para enfrentar la vida exitosamente, para educar a sus hijos cuando llegue el momento y serán, en la mayoría de los casos, una fuente constante de felicidad.
1 Stephen R. Covey, Los 7 hábitos de las familias altamente efectivas (México: Grijalbo, 1998),
122.
2 Fernando Zabala, No callarás (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 2000), 39. 3 Daniel Goleman; La inteligencia emocional (Querétaro: Vergara, 2010), 230.
4 Donna J. Habenicht, Diez valores cristianos que todo niño debería conocer (Argentina: Aso-
ciación Casa Editora Sudamericana, 2006), 28.
5 Más Ilustraciones perfectas, (E.U.A; Editorial Unilit,2006). 6 Daniel Goleman, 263.
7 Elena de White, Conducción del Niño (Argentina : Asociación Casa Editora Sudamericana,
1971), 207.
8 Ibíd., 229.
9 Daniel Goleman, 230. 10 Ibíd., 230.
11 Kay Kuzma, Los primeros siete años, t.1 (Colombia: Asociación Publicadora Interamericana,
2009), 107. 12 Daniel Goleman, 228. . 13 Donna J. Habenicht, 29. 14 Daniel Goleman, 231. 15 Donna J. Habenicht, 28. 16 Daniel Goleman, 249. 17 Donna J. Habenicht, 28. 18 Stephen R. Covey, 121.