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Capítulo VI. Los extensionistas y las instancias de trabajo

3. Las interacciones

3.2. Capacitaciones

Junto con la visita a la chacra, las capacitaciones constituyen la otra de las dos instancias de encuentro entre técnicos y agricultores que está presente en todos los proyectos analizados y, de acuerdo con los exten- sionistas, ocupa un lugar central en cuanto a la estrategia de interven- ción planificada. Respecto a lo que se desprende de sus testimonios podemos plantear algunos elementos comunes a todos los proyectos acerca de las visiones en torno a estas actividades y sus metodologías.

En principio se señala la necesidad de trabajar siempre en forma prácticalo que se quiere transmitir desde el punto de vista teórico. Hay una alta valoración respecto a que los participantes “usen las manos” en las capacitaciones, que aprendan haciendo.

También se plantea como una estrategia válida el que las capacita- ciones se realicen en alguna de las chacras. En este sentido, se valora mucho el hecho de que los agricultores vean en otros que son como ellos

algo que pueden replicar en sus chacras ya sea como adopción de una innovación o como abordaje de un problema. En línea con ello suele recurrirse a la utilización de “productores demostradores” o bien se plan- tea un esquema de rotación en las chacras de los distintos productores del grupo. Si bien no se logra hacerlas en todas, se plantea que esta me- todología genera un plus que tiene que ver con el fortalecimiento grupal. Cada familia agricultora va abriendo las puertas de su casa al técnico y al grupo, generando una situación propicia para la construcción de con- fianza mutua. Además actúa como motivación para la propia familia que generalmente se esmera por mostrar el trabajo realizado en la propia chacra, ya que muchas veces es una de las pocas instancias simbólicas que tienen los agricultores de reconocimiento social por su trabajo:

también en esos momentos uno ve la sorpresa de los otros, de cómo cada uno de los integrantes va avanzando y cómo también le van fe- licitando, y eso también es un estímulo importante (…) ahí entra en juego todo el tema de la solidaridad y el compañerismo que nosotros siempre tratamos de remarcar (RP).

En lo que hace a los aspectos metodológico-formales de la capacita- ción, hay consenso en considerar que grupos de entre 10 y 15 agricultores funcionan bien, especialmente para garantizar la participación de todos,

aunque muchas veces las capacitaciones deben ser realizadas para grupos más numerosos. La duración es variable en función de la temática y los objetivos de la misma, aunque la mayoría señala la necesidad de que sean breves, no más de una hora y media o dos.

Finalmente, hay coincidencia en señalar que las capacitaciones deben integrarse en marcos más amplios de trabajo, no ser acciones ais- ladas. Todo esto juega también en relación con la propia visión y moti- vación del extensionista y choca muchas veces contra lo que los extensionistas perciben que se les pide desde la institución:

Si hay un problema real y la capacitación se organiza sobre la base de ese problema real se tiene que resolver, salvo que no tenga respuesta técnica… el tema es cuando al técnico lo evalúan y el técnico tiene que dar 10 capacitaciones por año, entonces inventa 10 capacitaciones… entonces, la gente por ahí va, le gusta, escucha algo lindo, pero des- pués… el tema es cómo la capacitación se va anclando a acuerdos, a necesidades reales, por ejemplo yo estoy convencido que el tema fru- tales es una salida, pero no se lo puedo imponer a los tipos (VP).

Donde surgen diferencias que son asimilables a los distintos enfo- ques extensionistas es en la elección de las temáticas para abordar en las capacitaciones. En principio existe consenso en señalar en primer lugar que debe tratar “problemas reales”, esto es, que se corresponda con la realidad del territorio y no que esté planteada siguiendo algún tema de moda o simplemente porque el técnico está más capacitado en alguna temática que en otra.

A partir de allí varía la interpretación de acuerdo a qué son los “pro- blemas reales” en línea con los distintos enfoques. Así, para quienes están en línea con la modernización agrícola, de lo que se trata es de poder ubicar y trabajar sobre los problemas tecnológicos más influyentes en la eficiencia y la rentabilidad del sistema productivo del agricultor. Para ello el técnico tiene que hacer un buen trabajo de observación y escucha de la realidad de los agricultores, pero debe hacer valer sus pro- pios criterios técnicos para diagnosticar adónde se debe reforzar en cuanto a capacitaciones.

Por su parte, quienes están en línea con la agricultura participativa, plantean que las temáticas no deben ser definidas por el técnico, sino por el propio grupo que debe ir planteando en qué necesita capacitarse;

de esta manera se deben ir trabajando las capacitaciones “en función de la demanda”; y de lo que veíamos que se planteaban como las “necesi- dades sentidas” del grupo.

Finalmente, bajo el enfoque reivindicativo, se reconoce la necesidad de trabajar capacitaciones tecnológicas para abordar problemas produc- tivos puntuales, identificadas en diagnósticos colectivos. La particulari- dad es que aquí se agrega la necesidad –en cuanto a las temáticas– de abordar la formación en elementos que permitan la comprensión de la realidad social y económica en la que se encuentran los pequeños agri- cultores. En este sentido, la definición de los contenidos para trabajar estos análisis que tienden a promover la formación de una conciencia colectiva crítica le corresponde a los propios técnicos.