La literatura y el cine de calidad, fuente de poder de discernimiento
2. Exigencias de este método de análisis
2.1.1. Captar los niveles de realidad en las obras literarias
Para acostumbrarnos a distinguir al vuelo estos dos ni- veles de realidad y los diversos sentidos que puede presen- tar un texto hemos de realizar una vez y otra análisis de fra- ses en las que se entrecrucen ambos niveles5. Sirvan de ejem-
plo las siguien tes:
5. Gabriel Marcel, celebrado dramaturgo y profundo pensa dor, nos pone alerta acerca de la diversidad de sentidos que un texto ofrece a los distintos tipos de lectores: «(...) Bajo la materia lidad objetiva de un texto que está ahí para
todo el mundo, pueden esconderse sentidos jerarquizados que se revelarán sucesi vamente al lector si está dotado de un poder de penetración sufi ciente». «Lo propio de un sentido es no revelarse sino a una conciencia que se abre para acogerlo». Interpretar un texto lite rario implica una verdadera creación,
como sucede con el intérpre te musical que quiere descubrir el sentido profun- do de una obra más allá del significado inmediato que cualquier conoce dor de la escritura musical puede ver en los signos de la partitu ra. Esta interpretación creadora es una «participación efectiva en la inspiración misma del composi- tor» (cf. Présence et immortalité, Flammarion, París 1959, págs. 23-24).
«
1. Un solo ser os falta y todo queda despoblado». Este verso de las Premières Meditations Poétiques del poe- ta romántico Alphonse de Lamartine carece de sentido en el nivel 1 –pues, obviamente, aunque perezca un ser, permanecen millones sobre la tierra–, y se muestra sobremanera sugestivo y realista en el nivel 2, ya que el sentido de la vida de un hombre brota en el encuen- tro con seres que, a través de una relación de trato, se han convertido para él en únicos en la tierra, polos de imantación de toda su vida. Al faltar dichos polos, que constitu yen la meta de su obrar y el sentido de su existir, el mundo en derredor se convierte en un desier-
to, entendido este vocablo de forma simbólica, como
imagen del grado cero de creatividad6.
Asediado por la conciencia de haber asesinado a su 2.
amigo el rey Duncan, Macbeth siente la fiebre del deli- rio. Su mujer le sugiere que busque agua y limpie sus manos. Macbeth replica con infinita tristeza: «¿Todo el
océano inmenso de Neptuno podría lavar esta sangre de mis manos? ¡No! ¡Más bien mis manos colorearían la multitudinosa mar, vol viendo rojo lo verde!»7. La
fuerza expresiva de esta frase arran ca del entrecruza- miento de los niveles 1 y 2 en la palabra «sangre». La sangre, como elemento físico, puede limpiarse con un poco de agua, pero, como signo de un acto crimi nal, no puede ser borrada por toda el agua del océano. El valor simbólico brota de un entreveramiento de ámbitos. La
6. Véase el comentario dedicado a El principito de Saint-Exupéry en Cómo for-
marse en ética a través de la literatura, págs. 210 ss.
7. W. Shakespeare, La tragedia de Macbeth, acto II, Aguilar, Madrid 1943, 1225; traducción de Luis Astrana Marín.
sangre derra mada por un acto violento con voluntad de asesinato es el testimonio viviente, sensible, de un
entreveramiento colisional de dos ámbitos de realidad:
el del agresor y el del agredido. Si se trata de dos per- sonas amigas, una de las cuales reviste la dignidad su- prema de representante máximo del pueblo, la colisión presenta un carácter especialmente agudo, y el simbo- lismo del elemento que le da cuerpo –en este caso, la sangre– se acrecienta sobremanera.
Analicemos la frase y veamos con qué habilidad saca partido Shakespeare de la posibilidad de situar, a la vez, ciertos términos en el nivel 1 y en el 2. Al comen- zar diciendo Macbeth: “¿Todo el océano inmenso de Neptuno podría lavar...?”, parece que responde a su esposa en el mismo nivel en que ella había hecho su propuesta: el nivel 1, al que pertenece el “agua”, vista como un elemento material capaz de eliminar la sucie- dad. Pero, al agregar, como complemento de la frase, “esta sangre de mis manos”, difracta súbitamente nuestra atención y la sitúa en dos niveles a la vez: el ni- vel 1 y el –3, porque esa sangre concreta se halla en sus manos debido al asesinato que acaba de cometer. Esa sangre sigue siendo una realidad biológica –indispen- sable para vivir y susceptible de análisis científico–, y pertenece por tanto al nivel 1, pero en este momento presenta un carácter sumamente negativo en el aspecto ético pues delata una actividad criminal (nivel –3). En el conjunto de la frase, el verbo lavar conserva su sig-
nificado cotidiano de limpiar (nivel 1), pero adquiere
Por eso afirma seguidamente que todo el agua del mundo no puede lavar (en sentido de purificar) ese ti- po singular de sangre que ensucia sus manos asesinas, antes, al contrario, esas manos mancharán –en el as- pecto ético– cuanto toquen (nivel –3). La segunda fra- se “¡No! ¡Más bien mis manos colorearían la multitu- dinosa mar, volviendo rojo lo verde!” debemos verla también en los dos niveles, para que muestre toda su impresionante expresividad. El autor quiere que nos imaginemos, en el nivel 1, que un poco de sangre tiñe de rojo los inmensos océanos y, al mismo tiempo, nos indica que esa trasmutación se ha realizado de hecho en el nivel –3 porque un hombre, con sus manos, ha subvertido el orden ético de forma tan grave e irrever- sible como es un homicidio.
En el acto IV de la obra de Victor Hugo Hernani, Don Carlos se halla ante el sepulcro del emperador Carlo- magno y exclama: “¡Aquí reposa Carlomagno! (...)
¡Haber sido más grande que Aníbal, que Atila, tan grande como el mundo... y que todo quepa aquí! ¡Con- quistad arteramente un imperio, y ved el polvo que hace un emperador!”8. La sobrecogedora expresivi-
dad de este texto la consigue Víctor Hugo instando al lector a situar en el nivel 1 ciertas realidades relevantes –Carlomagno, Atila, Aníbal...– que pertenecen al nivel
2. Veamos con qué astuta pericia nos hace pendular
del nivel 1 al 2, y viceversa.
8. O. cit., Librairie Larousse, París 1971, págs. 127, 130. Versión española:
Comienza con una indicación relativa al
v nivel 1:
“¡Aquí reposa...!”. Pero inmediatamente indica el
sujeto de la frase: “Carlomagno”. Nos conmueve pensar que todo un emperador –honrado con el tí- tulo de “magno”– esté encerrado en la angosta oquedad de un sepulcro. Tras la primera sorpresa, advertimos que la grandeza de este emperador pro- cede de las instituciones que creó, los proyectos que diseñó y en parte realizó; en una palabra: del
ámbito de vida personal y social que supo configu-
rar. Este ámbito pertenece al nivel 2. Y descubri- mos que el autor, de propósito, nos ha hecho pasar, subrepticiamente, del nivel 1 al 2.
Seguidamente recorre el camino inverso para hacer v
explícito el contraste y provocar un mayor asombro en el oyente: “¡Haber sido más grande que Aníbal,
que Atila, tan grande como el mundo... y que todo quepa aquí!”. Nos invita el autor a imaginarnos el
ancho mundo reducido a las dimensiones de una tum ba. Hemos descendido abruptamente al nivel 1. Concluye el texto de forma irónica:
v “¡Conquistad
arteramente un imperio, y ved el polvo que hace un emperador!”. De nuevo nos eleva al nivel 2, para
suscitar en nuestra imaginación toda la red de ac- tividades que supone la conquista de un imperio y derrumbar súbitamente ante nuestros ojos ese cas- tillo de naipes, con el simple recurso de mostrarnos que tamaña gloria se ha reducido a un puñado de cenizas (nivel 1).
El autor sabía bien que Carlomagno, visto como emperador –nivel 2–, no yace en el sepulcro –nivel 1–, ni siquiera ha muer- to del todo, ya que pervive en las estructuras políticas y en la cultura de Occidente (nivel 2). En la tumba sólo se hallan sus “restos corpóreos” (nivel 1). Un emperador no se convierte en polvo. Si tuvo una personalidad relevante, fue debido a su po- der creativo, y éste presenta unas condiciones de espacio y tiem- po distintas y superiores a las que afectan a la materia corpó- rea, que es la que se convierte en polvo. Todo ello lo dejó el au- tor de lado tácticamente para confundir los niveles de realidad y provocar en el lector una especial conmoción.
Si desean los lectores participar en el comentario de los textos de V. Hugo y W. Shakespeare, pueden contestar a las preguntas siguientes:
¿Presentan tales frases un poder expresivo? En caso v
positivo, ¿a qué se debe?
¿Están bien construidas, con perfecta lógica, o bien se v
cometen en ellas extrapolaciones y encabalgamientos de diversos planos de la realidad? ¿Son aceptables es- tos cruces y extrapola ciones a) en el plano filosófico, b) en el plano literario?
2.1.2. Descubrir los niveles de realidad en obras cinemato-