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El cerebro no puede realizar varias tareas a la vez

Alerta roja

3) El cerebro no puede realizar varias tareas a la vez

Cuando de la atención se trata, la idea de que podemos hacer varias cosas a la vez no es más que un mito. El cerebro se enfoca en los conceptos de manera secuencial, no simultánea. Al principio, esto puede parecer confuso; a un determinado nivel, el cerebro si es capaz de hacer varias cosas a la vez. Usted puede caminar y hablar

al mismo tiempo; mientras lee un libro, el cerebro controla su ritmo cardíaco; los pianistas pueden tocar una pieza con la mano derecha y con la izquierda al mismo tiempo. Por supuesto que eso es hacer varias cosas simultáneamente. Pero yo me refiero a la capacidad del cerebro para poner atención, el recurso al que necesariamente acu­ dimos cuando tratamos de atender a una clase aburrida en el cole­ gio. Esa misma actividad que colapsa cuando el cerebro deambula durante una presentación tediosa en el trabajo. Esta capacidad de atención no puede hacer varias cosas a la vez.

Hace poco accedí a ayudar al hijo de un amigo con una tarea de la secundaria y creo que nunca olvidaré la experiencia. Eric llevaba cerca de media hora trabajando en su portátil cuando me hicieron pasar a su habitación. El chico tenía un iPod que le colgaba del cuello, y mientras de sus audífonos salía música de Tom Petty, Bob Dylan y Green Day, él llevaba el ritmo, dando golpecitos sobre la mesa con la mano izquierda. En el portátil tenía por lo menos once ventanas abiertas, entre ellas dos pantallas de mensajes instantáneos en las que seguía simultáneamente conversaciones con amigos de MySpa- ce. Otra ventana estaba descargando una imagen de Google. Detrás de esta, una cuarta ventana mostraba los resultados de alguna grá­ fica que Eric estaba modificando para el amigo No. 2 de MySpace, y detrás de esta había otra con un juego de ping pong en pausa.

Enterrado debajo de toda esta actividad, había un documen­ to de Word con los contenidos del documento con el que yo debía ayudarle. “La música me ayuda a concentrarme", dijo Eric mientras respondía una llamada a su teléfono celular. “Por lo general hago todo en el colegio, pero estoy bloqueado. Gracias por venir". Vaya si estaba bloqueado. Eric avanzaba una o dos frases, escribía un men­ saje en MySpace, después revisaba si la descarga había terminado, luego volvía al documento. Claramente no estaba concentrado en su texto. ¿Le suena familiar?

Para decirlo sin rodeos» las investigaciones muestran que no

podemos realizar diversas tareas a l mismo tiempo. Somos biológica­ mente incapaces de procesar de manera simultánea informaciones que exijan mucha atención. Tanto Eric como el resto de nosotros tenemos que saltar de una cosa a la siguiente.

Para entender esta conclusión fundamental, es necesario ahon­ dar un poco más en el tercer elemento de la trinidad de Posner: la red ejecutiva. Veamos lo que hace la red ejecutiva de Eric cuando su trabajo es interrumpido por un e-mail de su novia, Emily.

P

rimer paso

: A

lertadecambio

Para empezar a escribir el documento desde cero, la sangre co­ rre rápidamente a la corteza anterior prefrontal de la cabeza de Eric. Esta región del cerebro, que forma parte de la red ejecutiva, funcio­ na como un conmutador que le avisa al cerebro que está a punto de cambiar su foco de atención.

S

egundo paso

: A

ctivacióndereglaparalatarea

#1

Dentro de la alerta hay un mensaje, compuesto de dos partes, que envía electricidad a través del cerebro de Eric. La primera parte consiste en buscar las neuronas capaces de ejecutar la tarea de escri­ bir un documento. La segunda parte codifica una orden que activa las neuronas una vez han sido detectadas. Este proceso se llama “ac­ tivación de regla0 y tarda varias décimas de segundo. Eric empieza a escribir su documento.

T

ercer paso

: D

esconectarse

Mientras escribe, los sistemas sensoriales de Eric perciben la alerta de correo electrónico de su novia. Debido a que las reglas para escribir un documento son diferentes de las reglas para escribirle a Emily, el cerebro de Eric tiene que desconectarse de las reglas que

guian la redacción de documentos si quiere responderle a su no­ via. Esto es lo que sucede a continuación: se consulta al conmuta­ dor y con ello se le avisa al cerebro que pronto cambiará de foco de atención.

C

uarto paso

: A

ctivación dereglaparalatarea

#2

Se emite entonces otro mensaje compuesto de dos partes para buscar los protocolos necesarios para mandarle un mensaje electró­ nico a Emily. Como en el caso anterior, la primera es una orden para encontrar las reglas para escribirle a Emily y la segunda es la orden de activación. Eric ya puede abrirle su corazón a su novia. Igual que en la primera activación, la simple operación de este cambio tarda varias décimas de segundo.

Aunque parezca increíble, estos cuatro pasos tienen que darse de manera secuencial cada vez que Eric pasa de una tarea a otra. Es un proceso que consume mucho tiempo. Y es secuencial. Por esta ra­ zón, no podemos hacer muchas cosas simultáneamente. Y por esta misma razón, la gente se descubre perdiendo el hilo de lo que estaba haciendo y tiene que “volver a empezar” cada vez que cambia de ta­ rea, mientras probablemente refunfuña cosas como: “¿Qué estaba haciendo?”. Lo máximo que podemos decir es que la gente que pare­ ce ser capaz de hacer varias cosas al mismo tiempo en realidad tiene una muy buena memoria, que le permite poner atención a distintas informaciones una por una.

Esto es muy importante, pues diversos estudios han demos­ trado que cuando una persona se ve interrumpida se demora un cincuenta por ciento más de tiempo para terminar una tarea. No solo eso, sino que comete hasta un cincuenta por ciento más de errores.

Algunas personas son más hábiles para pasar de una tarea a otra, en especial los jóvenes. Cuando alguien está familiarizado con

una tarea, necesita menos tiempo para concluirla y comete muchos menos errores que cuando no lo está. Aun así, someter su cerebro secuencial a un ambiente de varias tareas simultáneas puede ser como tratar de ponerse el zapato izquierdo en el pie derecho.

Un buen ejemplo de esto es conducir hablando por teléfono celular. Antes de que los investigadores empezaran a medir bajo condiciones controladas los efectos de las distracciones causadas por el uso del celular, nadie tenia idea del profundo efecto que podían tener sobre un conductor. Es como conducir ebrio. Recuer­ de que cada vez que el cerebro pasa de una tarea a otra transcu­ rren largas fracciones de segundo. Una persona que está hablando por celular tarda medio segundo más en hundir el freno en caso de una emergencia, se demora más en retomar la velocidad nor­ mal después de la emergencia y respeta menos la "distancia” que debe guardar con el vehículo que va delante. En medio segundo, un conductor que va a ciento diez kilómetros por hora recorre quince metros. Dado que el ochenta por dentó de los choques ocurren de uno a tres segundos después de cualquier tipo de distracción del conductor, al aumentar la cantidad de cambios de tarea se incre­ mentan las probabilidades de un accidente. Más del cincuenta por ciento de las señales visuales observadas por un conductor atento pasan desapercibidas para alguien que va hablando por celular. Así que no resulta extraño que sean estas las personas que más acci­ dentes tienen, superadas únicamente por los conductores muy ebrios.

No se trata sólo de hablar por celular; también de maquillarse, de comer o quedarse observando un accidente. Un estudio conclu­ yó que el simple hecho de tratar de alcanzar un objeto mientras se conduce multiplica por nueve el riesgo de una colisión. Si tenemos en cuenta lo que ya sabemos acerca de la capacidad de atención del cerebro humano, estos datos no resultan sorprendentes.