Las investigaciones demuestran que el ciclo vital de la memoria ex plícita puede dividirse en cuatro pasos secuenciales: codificación, almacenamiento, recuperación y olvido.
La codificación describe lo que sucede en el momento inicial del aprendizaje, ese instante fugaz cuando el cerebro se encuentra por primera vez con nueva información explícita. También implica una falacia enorme, a la cual el cerebro ayuda activamente. He aquí un ejemplo de esto, tomado, una vez más, de las observaciones clí nicas del neurólogo Oliver Sacks.
El protagonista de este caso es Tom, un niño autista de bajo rendimiento que se ha hecho famoso por ser capaz de “hacer” músi ca (y no mucho más). Aunque nunca recibió una instrucción formal, de ningún tipo, en música, Tom aprendió a tocar el piano al escu char a otras personas. Por sorprendente que parezca, puede tocar complejas piezas musicales con la aptitud y maestría de profesiona les consumados después de haberlas oído una sola vez. Es más, ¡es capaz de tocar la canción “Fisher's Hom Pipe” con la mano izquier da mientras toca “Yankee Doodle Dandy” con la derecha y canta “Dixie” al mismo tiempo! También puede tocar el piano de espaldas, es decir, dando la espalda al teclado y con las manos invertidas. Lo cual no está nada mal para un chico que no puede amarrarse los zapatos.
Cuando oímos hablar de personas como Tom, tendemos a sen tir celos. Este chico absorbe la música como si pudiera “encender” en su cabeza algún dispositivo de grabación neural, y tenemos la sensación de que también tenemos esta grabadora, solo que nues tro modelo no es tan bueno. Esta es una impresión bastante común. La mayoría de las personas cree que el cerebro es algo parecido a un dispositivo de grabación, y que aprender es algo parecido a oprimir el botón de “grabar” (y que recordar es, sencillamente, oprimir el botón de “repetir”). Pero no es así. En el mundo real del cerebro — ya sea el de Tom o el del lector— , no hay nada más lejano a la verdad. El momento del aprendizaje, de la codificación, es tan mis terioso y complejo que no tenemos ninguna metáfora para describir lo que sucede en nuestro cerebro en esos primeros y fugacísimos instantes.
Lo poco que sabemos sugiere que es como una licuadora que se deja funcionando destapada. Al entrar en el cerebro, la informa ción queda literalmente desmenuzada en piezas minúsculas que se desparraman por todo el interior de nuestra mente. En términos
formales, las señales provenientes de distintas fuentes sensoriales son registradas por distintas áreas del cerebro. La información es fragmentada y redistribuida al instante. Si observamos una imagen compleja, por ejemplo, el cerebro aparta inmediatamente las lineas diagonales de las verticales y las almacena en áreas separadas. Lo mismo sucede con el color. Y si la imagen se mueve, será apartada y almacenada en un lugar distinto de adonde iría si fuera estática.
Esta separación es tan violenta y tan omnipresente que tam bién se da cuando percibimos información hecha exclusivamente por humanos, como partes del lenguaje. Una mujer sufrió un de rrame en una región específica del cerebro y perdió la capacidad de usar las vocales escritas. Al pedirle que escribiera una frase sencilla como “El perro persigue al gato", escribiría:
J p_rr_p_rs_g___ lg_t_.
Habría un espacio para cada letra, jpero los espacios de las vo cales estarían vacíos! De este modo, sabemos que las vocales y las consonantes no se almacenan en el mismo lugar, pues el derrame le afectó algún tipo de cableado conector. Es el mecanismo opuesto a la estrategia de una grabadora de video. Y si miramos con deteni miento, el efecto licuadora es mucho más profundo, pues aunque la mujer perdió la capacidad de llenar los espacios de las vocales de una palabra dada, ha conservado intacto el lugar donde debería ir cada vocal. Siguiendo la misma lógica, pareciera que el lugar donde debe ir la vocal está almacenado en un área distinta de la vocal en sí: el contenido es almacenado en un lugar distinto al de su contexto/ contenedor.
Es difícil de creer, ¿no? Uno piensa que el mundo es un todo unificado. Pero si el funcionamiento interior del cerebro nos dice que no es así, ¿cómo hacemos entonces para seguirle la pista a todo? ¿Cómo es posible que unas características que son registradas por
separado, incluyendo las vocales y las consonantes de esta oración, se reúnan para producir percepciones de continuidad? Es una pre gunta que ha inquietado a los investigadores durante años y ha recibido su propia denominación especial: Mel problema de la inte gración", por la idea de que ciertos pensamientos se integran en el cerebro para proporcionar continuidad. Pero no tenemos idea de cómo el cerebro nos da, automáticamente y sin esfuerzo, esta ilu sión de estabilidad.
Lo que si tenemos es algunos indicios. Una revisión detallada de los momentos iniciales del aprendizaje, es decir, la etapa de codi ficación, ha proporcionado pistas, y no solo acerca del problema de la integración sino también sobre el aprendizaje humano en gene ral. Y en esos indicios nos concentraremos ahora.