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Me permite su atención?

Mientras lee este párrafo, millones de neuronas sensoriales se acti­ van al mismo tiempo en su cerebro, llevando mensajes e intentando captar su atención. Sólo unas cuantas conseguirán penetrar en su conciencia, las otras serán parcial o totalmente pasadas por alto. Aunque parezca increíble, es fácil alterar este equilibro sin ningún esfuerzo; solo basta con atender a uno de los muchos mensajes que habían sido desatendidos. (Mientras lee esta frase, ¿puede sentir dónde están sus codos?) Los mensajes que logran captar su atención están conectados con la memoria, los intereses y la conciencia.

M em oria

La memoria suele ejercer una profunda influencia sobre las cosas a las que atendemos. En la vida diaria, usamos experiencias

previas para predecir hacia dónde debemos dirigir nuestra atención. Ambientes diferentes crean expectativas diferentes. El científico Jared Diamond lo ilustra ampliamente en su libro Armas, gérmenes

y acero, al describir su travesía por las selvas de Nueva Guinea en compañía de aborígenes. Diamond cuenta que los pobladores au­ tóctonos tienden a demostrar muy poca habilidad en varias tareas que los occidentales aprendemos a realizar desde la infancia. Pero difícilmente podrían considerarse como menos inteligentes. Son capaces de detectar los cambios más sutiles en la selva, lo que les permite seguir el rastro de un depredador o encontrar el camino a casa; saben qué insectos evitar, dónde encontrar comida, y cómo levantar y derribar refugios con facilidad. Diamond, quien nunca había estado en un lugar como ese, no tiene la capacidad de aten­ der a tales cosas. Si lo evaluaran en dichas tareas, su desempeño también dejaría mucho que desear.

La cultura también es determinante, aun en condiciones medio­ ambientales similares. Los habitantes urbanos en Asia, por ejem­ plo, prestan mucha atención al contexto de una escena visual y a la relación entre el fondo y los objetos de primer plano. La población urbana de Estados Unidos no lo hace. En lugar de ello, concentra su atención en los elementos focales más que en los fondos, de modo que sus percepciones de contexto son mucho más débiles. Este tipo de diferencias puede afectar la manera como un público percibe una clase en el colegio o una determinada presentación de negocios.

In terés

Por suerte, existen puntos en común independientemente de la cultura. Por ejemplo, hace mucho sabemos que el "interés" o la "importancia” están inextricablemente ligados a la atención, a lo que los especialistas a veces se refieren como "excitación”. Pero la manera exacta como el interés y la importancia se relacionan con

la atención sigue siendo un misterio. ¿El interés da lugar a la aten­ ción? Sabemos que el cerebro explora constantemente el horizonte sensorial, y al hacerlo evalúa de forma continua el interés o la im­ portancia potencial de un acontecimiento. Los hechos más impor­ tantes reciben mayor atención. ¿Es posible que ocurra lo contrario, que la atención provoque el interés?

Así lo creen los profesionales del mercadeo, que saben desde hace años que los estímulos novedosos — lo inusual, lo impredeci­ ble, las cosas bien diferenciadas— son una poderosa forma de usar la atención en favor del interés. Un ejemplo bien conocido en los Estados Unidos es el aviso impreso del tequila “Sauza Conmemora­ tivo’'. En él aparece una sola imagen: un hombre viejo, sucio y con barba se pone un sombrero de ala al tiempo que sonríe, dejando ver su único diente. Sobre su boca hay un letrero que dice: “Este hom­ bre sólo tiene una caries”. Abajo, una frase más larga concluye: “La vida es dura. Su tequila no tiene por qué serlo”. Yendo en contravía de la mayoría de las estrategias de mercadeo del tequila, que suelen mostrar a jóvenes ligeros de ropa bailando en alguna fiesta, este anuncio logra usar eficazmente la atención para generar interés.

Conciencia

Por supuesto que para que algo llame nuestra atención tene­ mos que ser conscientes de ello, y bien podrá imaginarse lo difícil que es investigar un concepto tan efímero como este. No conocemos la ubicación neural de la conciencia, y los mejores datos científicos sugieren que hay varios sistemas dispersos por todo el cerebro. Aún nos falta mucho para entender por completo la biología que subyace a la atención.

Uno de los médicos más reconocidos que ha examinado la conciencia a nivel clínico es Oliver Sacks, un agradable neurólogo británico y un estupendo narrador. Uno de sus casos clínicos más

intrigantes apareció descrito por primera vez en su bestseller El hom­

bre que confundió a su mujer con un sombrero. Sacks describe el caso de una maravillosa señora de edad que estaba bajo su cuidado. Esta mujer, que era muy inteligente, sabía expresar muy bien sus ideas y tenía un extraordinario sentido del humor, había sufrido un fuerte golpe en la región posterior del cerebro que le había provocado una deficiencia completamente inusual: sólo podía percibir los objetos del lado derecho de su campo visual; únicamente podía ponerse lá­ piz labial en el lado derecho de los labios, y sólo comía las cosas del lado derecho de su plato, por lo que solía quejarse con el personal de enfermería del hospital..., ¡pues le servían muy poco! Únicamente cuando giraban la bandeja, y la comida entraba en el lado derecho de su campo visual, podía ver lo que había en el otro lado del plato y comer hasta saciarse.

Los datos como este son muy útiles tanto para los médicos como para los científicos. Cuando el daño se presenta en una re­ gión específica del cerebro, sabemos que cualquier anormalidad que se observe en la conducta tiene que estar relacionada de algún modo con el funcionamiento de esa región. Mediante el examen de una cantidad más amplia de pacientes como la señora atendida por Sacks, los científicos han obtenido una visión acumulativa de cómo el cerebro les presta atención a las cosas. En términos generales, el cerebro puede dividirse en dos hemisferios de fundones desigua­ les, y un paciente puede sufrir derrames en cualquiera de los dos. Marcel Mesulam, de la Universidad de Northwestern, descubrió que los hemisferios contienen "focos” distintos de atendón visual. El foco del hemisferio izquierdo es pequeño y solo puede atender a los objetos del lado derecho del campo visual. El hemisferio dere­ cho, por su parte, tiene un foco global. De acuerdo con Mesulam, sufrir un derrame en lado izquierdo del cerebro es mucho menos catastrófico porque, en condiciones de emergenda, el lado derecho puede auxiliar nuestra visión.

Desde luego, la visión es solo uno de los estímulos a los que puede atender el cerebro. Basta con dejar entrar un mal olor en la habitación por un momento, o hacer un fuerte ruido, para que la gente preste atención sin demora. También atendemos de cerca a nuestro mundo psicológico; reflexionamos sobre nuestros senti­ mientos y los acontecimientos de nuestra vida personal una y otra vez, con gran concentración y sin que haya ninguna estimulación sensorial externa evidente. ¿Qué pasa por nuestra mente cuando nos concentramos en algo?