Cuando se trata de recuerdos en los que les gustaban los deportes de equi- po y los juegos bruscos, los chicos heterosexuales obtienen la mayor puntuación, seguidos de las chicas atraídas por su mismo sexo, los chicos atraídos por su mismo sexo y, por último, las chicas heterosexuales. Las chicas heterosexuales son quienes más afirmaban tener recuerdos en los que jugaban con muñecas, a mamás o a visitas, y a tocar el piano seguidas de los chicos y las chicas atraídos por su mismo sexo, y los chicos heterosexuales. La Tabla 5.1 muestra los resul- tados de un estudio sobre las puntuaciones masculinas/femeninas en actividades lúdicas, e ilustra las tendencias señaladas (en el original no se detallan las distin- tas actividades)i34.
98 La nueva adolescencia homosexual
31nBAILEYy ZUCKER, 1995. 32nH
OCKENBERRYy BILLINGHAM, 1987, pág. 485. 33nGRELLERT, NEWCOMBy BENTLER, 1982. 34nIbid.
Los investigadores, basándose únicamente en informes sobre actividades lúdicas, sostienen que entre el 70 y el 90% de todos los adultos se pueden asig- nar a su grupo adecuado de orientación sexuali35. Las puntuaciones sobre la
feminidad normalmente se distribuyen de forma más amplia que las puntuaciones masculinas, de ahí que sirvan mejor de indicadores. Por lo tanto, se dice que los chicos heterosexuales son los más fáciles de predecir, gracias a su extrema aver- sión por la conducta femenina y su decidida preferencia por los juegos de chicos. En el otro extremo del espectro, las chicas atraídas por su mismo sexo son las más diversas y, por consiguiente, las más difíciles de situar en el grupo correc- toi36. En general, parece que los niños y niñas heterosexuales (en especial los pri-
meros) adoptan una conducta de tipo sexual “culturalmente apropiada”, más que los chicos y las chicas atraídas por su mismo sexo.
Es fundamental recordar que estas predicciones basadas en la conducta lúdi- ca de la infancia distan mucho de ser perfectas. Además, normalmente derivan de lo que dicen los gays y las lesbianas adultos que se identifican como tales, y no la población mucho mayor de personas no identificadas o no destapadas que se sienten atraídas por las de su mismo sexo. Para complicar aún más estas reservas, el solapamiento entre los agrupamientos por orientación sexual es aún más pronunciado cuando las dos categorías se amplían a tres, para incluir a los bisexuales. El debate sobre si las personas de orientación bisexual se encuentran en el punto medio de su expresión de género, o si se asemejan más a los gays o a los heterosexuales, no está cerrado, ni mucho menos. Las escasas pruebas de que se dispone indican que los bisexuales de ambos sexos son más diversos y, por lo tanto, se los “clasifica erróneamente” con mayor frecuencia que a los hete- rosexuales o a los gays y lesbianas, a partir de sus asociaciones con el juego y la conducta de su infanciai37. Kenneth COHENaporta unos curiosos datos que dan
una solución parcial a este dilema. COHENseparó las puntuaciones de la mascu- linidad de las de la feminidad. Descubrió que los varones universitarios bisexua- les estaban a medio camino entre los varones gays y heterosexuales en su gra- do de feminidadi38. Para el caso de las mujeres, se necesitan datos similares.
99 Sentirse diferente 35nBAILEYy ZUCKER, 1995. 36nS INGHy cols., 1999. 37nPHILLIPSy OVER, 1992, 1995. 38nCOHEN, 2002.
Tabla 5.1.NResultados sobre las actividades lúdicas
Agrupamiento por orientación sexual Chicas heterosexuales Chicas homosexuales Chicos heterosexuales Chicos homosexuales Resultados femeninos 17,6 11,8 6,2 10,0 Resultados masculinos 7,5 11,3 12,9 8,3
Otro tema digno de atención, basado en las diferencias de orientación sexual en la atipicidad de sexo, es la teoría de “lo exótico se convierte en erótico” (exo-
tic becomes erotic, EBE), de Daryl BEM. Dice el autor que las diferencias biológi- cas entre los niños disponen a algunos a participar en actividades lúdicas más típicamente femeninas, y a otros en otras más típicamente masculinasi39. Nor-
malmente, estas preferencias son acordes al sexo biológico de la persona, pero no siempre. Según BEM, los niños cuyos juegos no son coherentes con su sexo biológico se convierten en “pre-gays”. Los críticos de la teoría EBE se han cen- trado principalmente en que no se puede aplicar a la vida de las mujeresi40.
Los datos que se exponen en este capítulo sirven de poco para respaldar la atipicidad sexual exclusiva de las chicas que acaban por identificarse como les- bianas. Si conociéramos toda la variedad de atracciones por el sexo propio entre los chicos, creo que lo mismo se podría decir de las chicas. Los jóvenes y las jóvenes a las que entrevisté no daban pruebas que avalaran la teoría EBE. Pocas de las jóvenes lesbianas fueron la clásica niña con gustos y conducta masculinos en sus amistades y sus actividades lúdicas, y sólo una minoría de los jóvenes homosexuales se ajustaban al clásico estereotipo del afeminado.
Veamos, en primer lugar, el caso de las chicas. Sólo una de cada tres practi- caba deportes de equipo e individuales y tenían por amigos principalmente a niños. De niñas, sólo se metían con algunas por ser lesbianas o masculinas. Una de cada dos decían que no participaban en actividades que el estereotipo deter- mina como masculinas, y que tampoco tenían amigos niños. Preferían mucho más a las niñas como amigas. Como mucho, tal vez un tercio de las chicas corro- boraría la teoría de EBE. Está claro que la mitad de ellas no lo haría.
Los chicos atraídos por personas de su mismo sexo se ajustaban un tanto mejor a la teoría EBE. La mitad de ellos prefería a las niñas como amigas. Lo habitual era que todos los días o todas la semanas se metieran con ellos por su expresión de género o, con menor frecuencia, por su orientación sexual. Además, a la mayoría de ellos no les gustaban las actividades ni los deportes típicamente masculinos. En contra de la teoría EBE, sin embargo, esos chicos no se divertían con actividades típicamente femeninas, y uno de cada cuatro tenía a otros niños como amigos. En el mejor de los casos, quizá la mitad de los chicos avalarían la teoría EBE. Y está claro que una cuarta parte de ellos no lo haría.
La mayoría de las jóvenes con las que hablé no se veían ni como marimacho ni como lesbianas que se comportan al estilo convencionalmente femenino; algo que ha demostrado ser especialmente difícil de aceptar para quienes se adscri- ben a alguna forma de teoría de inversión de género o sexual. Son muchos los que ignoran alegremente la abrumadora diversidad de expresiones de género entre los niños y los adolescentes orientados a su propio sexo. La variación den- tro del grupo para cada agrupamiento por orientación sexual es tan pronunciada que eclipsa cualquier otra consideracióni41. La perspectiva de las trayectorias
evolutivas diferenciales reconoce esta diversidad.
100 La nueva adolescencia homosexual
39nD. B
EM, 1996, 2001. 40nPEPLAUy cols., 1999. 41nBAILEYy ZUCKER, 1995.