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Todas estas diferencias de edad, grupo y sexo plantean preguntas legítimas sobre cuándo y cómo se recoge la información, y a quién se pide que la dé. La mayor parte de lo que sabemos sobre la primera conciencia sexual se deduce de una única pregunta, en la que se pide la edad de la manifestación de esa con- ciencia, y sólo a personas que se identifican como homosexuales. El hecho de que baje la edad en que se sienten los primeros deseos se puede atribuir a que hoy los investigadores formulan estas preguntas a jóvenes, cuando los encues- tados sólo distan más o menos una década de la auténtica primera aparición de su atracción por personas de su mismo sexo, y a que esa atracción es hoy menos tabú que en los años cincuenta del siglo pasado, cuando a las personas que la vivían se las tachaba de adoptar una conducta ilícita, patológica y pecaminosa. Investigaciones recientes estudian a personas que son menos proclives a sufrir un sesgo retrospectivo y más a recordar una temprana conciencia de su sexua- lidad.

Además, ni siquiera podemos estar seguros de que los diversos estudios se refieran a lo mismo. Uno de ellos preguntaba por la atracción y las fantasías sexuales y la excitación con la lectura de literatura erótica, todos ellos factores que los investigadores utilizan habitualmente como indicadores de la primera conciencia de la atracción por personas del sexo propio. Sin embargo, esos tres factores raras veces se daban simultáneamente y, como término medio, se dis- 111 La atracción por personas del mismo sexo

16nBAUMEISTER, CATANESEy VOSH, 2001; KNOTH, BOYDy SINGER, 1988; SAVIN-WILLIAMSy DIAMOND,

tanciaban casi dos años entre síi17; una discrepancia sustancial, que indica que

determinar cuándo se produce la primera excitación sexual depende de la pre- gunta que se haga, la cual también ha cambiado.

En los primeros estudios se preguntaba al encuestado cuándo “te diste cuen- ta por primera vez de que eras gay o de algún modo diferente”, o cuándo “fuiste consciente por primera vez de que te atraían sexualmente los hombres/las muje- res”. El hecho de percatarse y la conciencia de ser homosexual son procesos cognitivos que tienden a provocar más respuestas que incluyen edades posterio- res, que preguntas que analicen emociones y sentimientos. Es probable que el hecho de percatarse de la diferencia no emergiera hasta que fuera posible esta- blecer comparaciones con los iguales.

Tampoco estoy seguro de que los encuestados entiendan por “atracción sexual” lo mismo que entienden los investigadores. Pocos de éstos dan definicio- nes claras de tal atraccióni18. Es posible que la excitación sexual mediante la lec-

tura de literatura erótica no sea cómo experimentan algunos sus primeros de- seos. Cabe suponer que chicas y chicos difieran mutuamente. Es posible que las primeras lo relacionen mejor con preguntas sobre fantasías sexuales o atraccio- nes amorosas, y que los segundos lo hagan con la excitación física o la porno- grafía. Una persona puede tener un recuerdo que para ella sea singular, por ejemplo el apego cuando era niña a su mejor amiga y que no tenía con nadie más. Es posible que no etiquetara ese sentimiento como indicador de una atrac- ción por personas de su mismo sexo en el momento en que lo sentía, pero tal vez más adelante reconozca que tiene un significado que trasciende de esa amiga particular.

En un caso como éste, ¿qué debería contar? ¿Cuándo la persona sentía ese apego o cuándo se impuso el reconocimiento de su significado? A la pregunta “¿a qué edad sentiste la primera atracción por personas de tu mismo sexo?” Un joven al que entrevisté contestó: “¿Se refiere usted a qué edad supe que era una atrac- ción sexual? o ¿a qué edad reconozco ahora que me sentía atraído por otros chi- cos?” Hacía una distinción importante: las atracciones sexuales existen antes de que se entienda lo que significan. Si en el proceso de recogida de datos en el momento de la experiencia no existe una intervención del cerebro para imaginar de qué puedan tratarse, ni atención específica alguna, es prácticamente imposi- ble saber con certeza cuándo aparece por primera vez la atracción por las perso- nas del sexo propio en un determinado individuo. Incluso es posible que los mis- mos encuestados no lo sepan. Tal vez los investigadores se acercarían un poco más a la verdad si añadieran a esa pregunta la advertencia: “No es necesario que en su momento interpretaras que se trataba de una atracción sexual”. Por ejem- plo, yo suelo preguntar lo siguiente:

Describe tus primeros recuerdos de sentirte atraído por los chicos/las chicas. ¿Qué edad tenías y qué es exactamente lo que recuerdas? No es necesario que en su momen- to interpretaras que se trataba de una atracción sexual. ¿Hasta dónde te puedes remon- tar en el recuerdo de tal experiencia? ¿Qué significaban para ti aquellas atracciones en su momento? ¿Qué importancia tenían? ¿Influyeron en otros aspectos de tu vida?

112 La nueva adolescencia homosexual

17nROSARIOy cols., 1996. 18nSAVIN-WILLIAMS, 1990.

Si el entrevistador tiene paciencia, puede conseguir información adicional, ya que los encuestados revisan sus respuestas, y un recuerdo lleva a otro anterior. Una joven negaba al principio tener recuerdos sexuales de su infancia a excep- ción, quizá, de una vez cuando tenía 5 años. “Quería poner mi cama junto a la de las niñas más listas, y cuando nos íbamos a la siesta deseaba estar ya dormida a su lado, que me abrazaran o abrazarlas, tocarlas. Ésos eran los sueños que recordaba al despertarme de la siesta”. Después, le sobresaltó otro recuerdo que le hizo caer en la cuenta de más cosas. Recordaba algo de dos años antes, cuando tenía 3: “Siempre quería colorear las niñas que aparecían en los cuader- nos, y no coloreaba nada más. A los chicos los dejaba en blanco y negro”. Hoy, plenamente comprometida, recuerda con excitación que estaba en casa de su abuela y miraba a la nueva esposa de su tío: “Pensaba que era la mujer más guapa del mundo: con tal gracia y elegancia, tenía que ser actriz. La asociaba con la canción Letʼs Get Physical, de Flashdance. Era la conexión física con los sentimientos”i19.

Esta actitud paciente de escuchar a los que entrevistaba rebajó en un año o dos la media de edad a la que apuntaban los encuestados. Esto puede explicar perfectamente la edad más temprana de la primera conciencia sexual de que hablaban, en comparación con la de participantes en otros estudios anterioresi20.