• No se han encontrado resultados

Incidencia de la edad en que se produce la identificación

Es difícil determinar cuántos del total de adolescentes que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo se identifican como homosexuales y a qué edad, porque los investigadores evalúan la identidad sexual de múltiples formas, entre ellas, las siguientes:

Admiten que son homosexuales. Se consideran homosexuales. Se describen como homosexuales. Se dan cuenta de que son homosexuales. Tienen una identidad de ser homosexual. Se etiquetan como homosexuales. Saben que son realmente homosexuales.

Los adolescentes se deben identificar como gays antes de poder participar en investigaciones sobre los jóvenes homosexuales, de ahí que casi todos los estudios manifiesten que el cien por cien de los encuestados tienen ya una eti- queta sexual. Evidentemente, de estos datos no se debe concluir que todos los adolescentes que sienten deseos por los de su mismo sexo se etiquetan de homosexuales, ni que el adolescente que no se identifica como persona a la que atraen las de su mismo sexo no haya aceptado su sexualidad. Así lo demuestra un estudio realizado por Internet sobre más de 800 jóvenes que no

142 La nueva adolescencia homosexual

Tabla 8.1.NContenidos que intervienen en el auto-etiquetaje

Contenidos

Apego emocional, encaprichamiento, enamora- miento

Atracción en general, fascinación

Libros, películas, cursos, programas facilitadores Amigos

Pensamientos, sueños, excitación sexuales Admiración o reconocimiento de la belleza física Ausencia de interés por el otro sexo

Contacto sexual con personas del propio sexo

Chicas 25% 20% 20% 10% 19% 18% 16% 12% Chicos 15% 18% 19% 13% 26% 10% 17% 13%

debían cumplir el requisito de tener una etiqueta sexual para poder responder el cuestionarioi17.

Si se consideran únicamente a quienes colocan una etiqueta sexual a su identidad personal, destacan dos tendencias. En primer lugar, parece que la edad a la que las personas se identifican como homosexuales por primera vez es con- siderablemente más baja en la actual generación de jóvenes que en grupos ante- riores. Ha descendido como mínimo cinco años (más en el caso de las mujeres) respecto a los que se iban haciendo mayores en las décadas de 1960 y 1970. Pasar de los 21 años a los 16 es un descenso significativo: se pasa de los últimos años de universidad o los primeros en el mundo laboral, al primer curso de Bachi- llerato; de vivir fuera del hogar paterno, a vivir aún en él.

Una segunda tendencia es que han desaparecido en una gran medida las diferencias entre los dos sexos en lo que se refiere a la edad en que se produce la auto-identificación. Antes, se podía calcular cómodamente la media de edad en que los varones se identificaban como gays por primera vez: bastaba con tomar la media de edad en que eso mismo ocurría entre las mujeres y restarle uno o dos años. Ya no es así. La media de edad de la auto-identificación en un grupo de 2.000 adolescentes son los 16 años para las chicas, y los 15,6 para los chicosi18.

¿Por qué ese equilibrio entre los sexos? Quizá la revolución sexual ha facilitado que el reconocimiento e identificación de la sexualidad de una joven sean hoy mayores que en generaciones anteriores.

Sin embargo, esta revolución no ha afectado por igual a todos los aspectos de la sexualidad. Hasta hoy al menos, siguen existiendo diferencias entre hombres y mujeres en lo que se refiere a la secuencia del sexo y el etiquetaje. Tradicional- mente, el contacto con personas del propio sexo se producía un año o dos antes de que el chico se identificara como gay, mientras que la chica era más propensa a tener el primer contacto con otra mujer después de identificarse como lesbia- nai19. Tal diferencia se atribuía a que la actividad sexual se daba más por supues-

ta en los chicos que en las chicas. Si ésta es la razón, entonces parece que esta diferencia también se difumina a medida que las chicas se preguntan con mayor frecuencia por su sexualidad y tienen relaciones sexuales con otras chicas a una edad más temprana. La tendencia temporal también actúa en sentido contrario. A medida que los chicos se identifican antes como gays, son más los que lo hacen antes de tener relaciones sexuales. Sin embargo, sigue habiendo una diferencia general entre chicos y chicas. Como ocurre con sus iguales heterosexuales, las chicas a las que atraen las de su propio sexo están más influidas que los chicos en su desarrollo psico-sexual por factores interpersonales y situacionalesi20.

La etnicidad también puede afectar a la historia evolutiva, aunque no se sue- le abordar la cuestión de por qué es así. Los chicos blancos y los afroamericanos estadounidenses no difieren en la edad a la que se auto-etiquetan, sin embargo, los segundos son menos propensos a etiquetarse de homosexuales y a desvelar que lo son a amigos y familiares. Quizá ser gay sea una afrenta a su identidad 143 La identidad

17nKRYZAN, 2000. 18nIbid.

19nD

IAMOND, 1998; HERDTy BOXER, 1993; ROSARIOy cols., 1996; SAVIN-WILLIAMSy DIAMOND, 2000. 20nDIAMOND, 2003c; DUBÉ, 2000; PEPLAUy cols., 1999; SCHNEIDER, 2001; UDRYy BILLY, 1987;

étnica, algo que no experimentan los jóvenes blancos. Los jóvenes latinos de la muestra se auto-etiquetan y destapan como homosexuales varios años antes que los afroamericanos y los blancos. ¿Por qué? Quizá por la naturaleza selecti- va de los latinos que se prestaron voluntarios para el estudio: chicos afeminados a los que se había marginado por su no conformidad de géneroi21.

El tiempo que media entre que la adolescente toma conciencia de su sexua- lidad y se auto-etiqueta casi siempre es más corto que el del adolescente. En un estudio, la chica sólo tardaba como media algo más de tres años en pasar de la primera conciencia al primer auto-etiquetaje. El chico lo hacía como media en cin- co años. Esta diferencia entre sexos, como otras muchas, disminuyen en los gru- pos recientes. No obstante, incluso en el caso de los adolescentes actuales, el tiempo entre los diversos hitos para un determinado adolescente puede ser extenso o no existente; de más de una década o instantáneoi22.

Pese a mi complicidad al publicar estas conclusiones, soy consciente de que esta investigación plantea varios problemasi23. Muchos estudios confunden las

evaluaciones de la identidad sexual con la orientación sexual, a una de las cua- les la llaman de una manera, y a la otra la miden. Cuando los entrevistadores empiezan, sin más, con la pregunta: “¿Eres homosexual?”, ésta resulta demasia- do vaga. Luego, seguir con las preguntas: “¿Cuándo lo supiste?” y “¿Qué te llevó a ello?” agudiza la confusión. Cada una de las personas a quienes se dirigen tales preguntas pueden entender que significan cosas distintas: identidad, orien- tación sexual o conducta sexual. En estas circunstancias, tanto la interpretación de los datos como la comparación entre los individuos, los grupos y los estudios son tareas difíciles, si no imposibles.

También es un problema que muchas muestras son escasamente represen- tativas. Cabría suponer que los primeros estudios, que se basaban en granujas y chicos que se prostituían, están más sesgados que los actuales, que se basan en alumnos de secundaria que se han “destapado”. ¿Pero es así? Es probable que ambos grupos se identifiquen como gays a la misma edad. Pero otro problema es que algunos de los primeros estudios incluían una amplia variedad de participan- tes: no era infrecuente que la edad de éstos estuviera entre los 18 y los 60 años. De modo que en un mismo estudio pueden existir diversos grupos, a los que raras veces se distingue.

Se suele subestimar la importancia de este hecho, un tema que normalmen- te se pierde en los estudios que aparecen en los medios de comunicación sobre jóvenes que se identifican sexualmente a edades más tempranas. Si, por ejem- plo, una muestra actual está compuesta de personas menores de 25 años, es casi seguro que la edad a la que se auto-identifican sea notablemente menor que la que se señala en estudios anteriores, que incluían a grupos de adultos de entre 18 y 60 años. La primera muestra no incluye a aquellos del grupo que no se iden- tifican hasta una edad superior a los 25 años, mientras que la segunda sí incluye a estas personas. Si todas estas identificaciones post-adolescentes se sumaran al total del estudio contemporáneo, es muy probable que la media de edad aumentara significativamente.

144 La nueva adolescencia homosexual

21nD

UBÉy SAVIN-WILLIAMS, 1999; EDWARDS,1996.

22nDʼAUGELLI, 1998; DʼAUGELLIy GROSSMAN, 2001; DʼAUGELLIy HERSHBERGER, 1993; SEARS, 1991. 23nSAVIN-WILLIAMS, 2001a.

Menos se sabe aún sobre la importancia o la evaluación del auto-etiquetaje. Debido, quizá, a que casi todos los modelos de identidad sexual contienen algu- na versión del “orgullo por la identidad” que sigue a la “aceptación de la identi- dad”, los investigadores generalmente interpretan este hito como la necesidad de “sentirse positivo” sobre la propia sexualidad.