En el principio
Quienes se encuentran en los lados opuestos de la línea divisoria biológica- cultural referente a la invención de “el homosexual”i1convienen en un hecho: los
adolescentes que se sienten atraídos en sus sentimientos amorosos y eróticos por otras personas de su mismo sexo han existido siempre, en todas las culturas con registro histórico y en cualquier época. Sin embargo, ha sido sólo en los últi- mos tiempos cuando los jóvenes han incorporado esa atracción a su sentido del yo, lo han anunciado públicamente a sus amigos y familiares, y se han formado una identidad personal basada en tales deseos. La adolescencia gay es un inven- to moderno.
Historiadores y antropólogos han documentado la presencia de individuos pre-adultos con deseos orientados a personas de su mismo sexo. En varias cul- turas, para referirse a la amistad intensa y erótica entre chicas se utilizan las expresiones “impacto”, “amistad mami-bebé” y “amistad apasionada”i2. En este
mundo femenino del amor y el ritual, las chicas representaban sus añoranzas emocionales no satisfechas (suponemos). Hoy, estas relaciones se nos antojan muy similares a las amorosas. En su momento y en su mundo, estos mismos idi- lios con personas del mismo sexo se consideraban aceptables, en parte porque pocos podían entender que lo que las chicas hacían tuviera algo que ver con el sexo. ¿Qué podrían estar haciendo? Pero, aun en el caso de que las relaciones carecieran de una actividad explícitamente sexual, había en ellas un deseo apa- sionado de contacto espiritual, emocional y físico. “Siempre estaremos juntas”. “Compartiré mi vida contigo”. “Quiero llenarte de besos”. Emily DICKINSONhabla- ba de esos deseos a su amiga ausente, Susie. También escribió:
[Quiero que] seas mía de nuevo, y que me beses como solías hacerlo... Siento que debo tenerte ahora, que la esperanza de volver a ver tu cara me excita y hace que arda de fiebre, y que se me acelere el corazóni3.
Es difícil ignorar el tono homoerótico de esta carta.
Mejor se han entendido las relaciones de un chico con otro chico, en especial las de orientación explícitamente genital, y se les ha dado un callado visto bueno. Las familias inglesas de clase alta, según una fuente, solían aceptar “la relación homoerótica no sólo como algo natural, sino deseable”, aunque raras veces se reconocieran en público tales relaciones. Algunas de esas vinculaciones evolu- cionaban hacia una relación sexual y amorosa adulta y de toda la vidai4. En la civi-
lización maya, no estaba fuera de lo común que los padres proporcionaran a su hijo varón un compañero, quizá esclavo, para que “atendiera sus necesidades”i5.
Actualmente en algunas culturas nativas de Estados Unidos, los chicos de sexo atípico, de quienes se pensaba que tenían dos espíritus, eran tenidos en gran estima, porque se creía que habían recibido el don de la masculinidad y el de la 53 En el principio... estaba la juventud homosexual
1nFOUCAULT, 1978.
2nDʼEMILIOy FREEDMAN, 1988; DIAMOND, 2000a; FADERMAN, 1981; SMITH-ROSENBERG, 1985. 3nF
ADERMAN, 1977, pág. 214.
4nBULLOUGHy BULLOUGH, 1980, pág. 123. 5nTANNAHILL, 1980.
feminidad. Se les permitía que vivieran como mujeres, de ahí que algunos toma- ran esposoi6. Y en la tribu sambia, de Papúa Nueva Guinea, el hecho de recibir el
semen de un varón de mayor edad se consideraba una condición vital y práctica- mente universal (obligatoria) para llegar a ser un hombrei7. Lo que ocurría, sin
embargo, es que algunos sambianos traspasaban lo límites de lo que era una costumbre, y ofrecían voluntariamente su semen de forma regular.
En Estados Unidos, en las décadas 1940 y 1950, después de que Alfred KINSEY publicara sus estudios, era difícil que alguien afirmara que los adolescentes esta- dounidenses no tenían relaciones sexuales y no se enamoraban de otros de su mis- mo sexo. Algunos adultos admitían que esto les ocurría. Lord Baden-Powell, funda- dor de los boy scouts, en su años de formación tuvo sentimientos y conductas orientadas a personas de su mismo sexo. Según él mismo, fueron unos deseos que acabaron por desaparecer. Baden-Powell escribió sobre el carácter transitorio de la sexualidad “impura” en el manual Escultismo para muchachosi*, de 1908. Para eli-
minar tales impurezas, aconsejaba sumergir el “órgano racial” en agua gélidai8.
Harry Snack Sullivan, eminente profesional de la medicina y la psicología, fue otro adulto de relevancia pública que se entregó personalmente a minimizar las consecuencias a largo plazo del deseo homosexual del adolescente. Concluyó que “la masturbación mutua y otras actividades presumiblemente homosexuales” se producían no entre aquellos que acababan por identificarse como “manifiestos homosexuales”, sino entre quienes (incluido él mismo) acababan por “casarse, tener hijos, divorciarse, y todo, cómo no, dentro de la mejor tradición de la socie- dad americana”i9. Así pues, a las relaciones sexuales entre compañeros de infan-
cia se les daba poca importancia precisamente porque nada implicaban para la futura sexualidad de la persona.
Hasta principios de los años setenta del siglo pasado, la única cara de la ado- lescencia gay fue Lance Loud. Primera estrella de la televisión de los realities, en 1973 presentaba un retrato auténtico de sí mismo en el programa An American
Family de la cadena PBSi10. Su pelo color plateado, su extravagancia y su corres-
pondencia con Andy Warhol coincidían mucho con el estereotipo que el público estadounidense tenía del “invertido sexual”. Lane era el adolescente gay inacep- table pero esperado.
El cambio que el homoerotismo ha experimentado desde 1973 hasta la actuali- dad no deja de ser revolucionario. Hoy es imposible encender el televisor sin que aparezcan personajes gays, insinuaciones gays, temas gays y anuncios gays. Según un artículo de 2001 de la revista American Demographics, los padres que hablaban con sus hijos sobre lo que significa ser homosexual eran más que quienes no lo hacían. Tres cuartas partes de los niños de entre tercero y quinto de primaria se sienten “muy” o “bastante” cómodos al hablar con sus padres sobre lo que signi- fica ser gay. Entre los adolescentes más jóvenes, el porcentaje se acerca al 90%i11.
54 La nueva adolescencia homosexual
16nW
ILLIAMS, 1986, 1996. 17nHERDT, 1987.
*nEditorial Oida, S. A., 1976. (N. del T.)
18nWHETCROFT, 1999.
19nS
ULLIVAN, 1953, pág. 256. 10nRUOFF, 2001.
A continuación expongo una breve exposición de cuatro épocas de la ju- ventud gay. En cada período, los aspectos de la vida de esos jóvenes conside- rados dignos de estudio, y los enclaves de donde los profesionales han obteni- do a los sujetos de sus investigaciones han cambiado. La forma escogida por los profesionales para estudiar a los jóvenes gays ha conducido a sesgos que aún persisten.