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2. LAS FLUCTUACIONES ECONÓMICAS Y SUS EFECTOS EN EL TURISMO

2.3 Los ciclos económicos y su relación con el turismo

En este apartado serán sintetizados algunos estudios que tratan de las relaciones entre los ciclos económicos y el turismo.

Wong (1997) realizó uno de los primeros trabajos publicados sobre las relaciones entre los ciclos económicos y la actividad turística. El autor afirma que al estar considerado como un bien de lujo (es decir, con elasticidad-renta mayor que la unidad), el turismo es extremadamente dependiente de la renta disponible de los consumidores, que a su vez está vinculada a la situación económica. Así, una situación económica positiva (o la perspectiva de tal situación) favorece la realización de viajes, mientras que un recorte en el gasto con viajes sería una respuesta natural al empeoramiento de las condiciones económicas.

Guizzardi y Mazzocchi (2010) afirman que los ciclos económicos afectan la demanda turística, pero que los efectos de las contracciones y expansiones económicas en el turismo no son inmediatos ni directos pues los consumidores tienen la opción de elegir entre destinos turísticos sustitutos (dando preferencia a un destino de menor precio, por ejemplo), y porque hay un período de tiempo entre la toma de decisión de viajar y la realización del viaje. A través del estudio del caso italiano, los autores confirman la influencia de los ciclos económicos sobre la demanda turística y la existencia del desfase de tiempo entre el ciclo económico y el turístico. Este desfase de tiempo posibilitaría elaborar con cierta antelación, políticas contra los efectos negativos del ciclo económico en la demanda turística. Debido a la sensibilidad de la demanda a precios, destacan que la disminución del impuesto sobre el valor añadido (IVA) puede ser efectiva para aumentar la competitividad del turismo italiano, y que el aumento de demanda que se generaría podría compensar las pérdidas resultantes de la disminución del valor del impuesto.

Gouveia y Rodriguez (2005) identificaron los fondos y cimas del crecimiento de la demanda turística de la región portuguesa del Algarve, proveniente de Reino Unido, Alemania, Países Bajos y Portugal. Sus resultados demuestran la existencia de sincronización creciente entre los ciclos de la demanda turística de los cuatro países, incluso mayor que la sincronización existente entre los ciclos económicos de cada país. Además, hay un desfase de tiempo entre los ciclos económicos y los ciclos de la demanda turística de estos países.

En otro estudio sobre el Algarve, Andraz, Gouveia, y Rodrigues (2009) afirman que la vulnerabilidad del turismo a los ciclos económicos y sus fluctuaciones debe ser tomada con atención en el caso de Portugal, debido a la importancia económica de la actividad en el país. Los autores identifican que el crecimiento de la demanda turística de británicos hacia el Algarve es influenciado, en primer lugar, por fluctuaciones en los precios relativos (donde los

tipos de cambio tienen un papel fundamental), y en segundo lugar, por cambios en la economía, especialmente sus efectos en la renta. Estas variables pueden ser utilizadas como indicadores adelantados de cambios en la evolución de la actividad turística.

Leon, Filis, y Eeckels (2006) estudian los ciclos de los ingresos provenientes del turismo receptor internacional de Grecia y los comparan con los ciclos económicos del país ocurridos entre 1976 y 2004. Los ciclos económicos, medidos por el Producto Interno Bruto (PIB) griego tienen duración media de cerca de 9 años, mientras que los ciclos turísticos duran aproximadamente 7 años. La volatilidad de los ingresos turísticos internacionales, según los autores, es tres veces superior a la del PIB del país. Por fin, indican que los movimientos de la renta turística y del PIB no son simultáneos, pero que los ingresos turísticos internacionales constituyen una variable anticíclica que puede ser utilizada como indicador adelantado del PIB griego.

Haywood (1998) presenta un trabajo más descriptivo, buscando una mejor comprensión de las relaciones entre el turismo y los ciclos económicos. En su opinión, esto permitiría explorar las relaciones temporales entre la economía y el turismo, el turismo y otras actividades económicas, y entre las distintas actividades que componen el turismo; identificar y saber cómo utilizar en el turismo las fuerzas que actúan en las diferentes fases del ciclo económico; conocer los puntos de giro del turismo; y desarrollar estrategias de gestión y marketing adecuadas. Para él, los ciclos económicos no dictan los períodos de crecimiento y de retracción del turismo, pero los exacerban. Datos preliminares presentados por el autor sobre el ciclo del turismo en Canadá entre los años de 1985 y 1995 muestran que la producción y el empleo turístico crecieron más que la economía en general. El turismo receptor internacional tuvo papel más importante en la expansión del turismo que la demanda doméstica, pese a esta representar una parcela mayor de la actividad total. Se identificaron marcados ciclos en el turismo, muy relacionados con variaciones en la economía del país. Los ciclos económico y turístico estaban sincronizados, pero había un desfase en el ciclo de la demanda doméstica de entre dos y tres trimestres después del ciclo económico medido por el PIB. Haywood (1998) considera importante comprender cada subsector del turismo, pues hay significativas diferencias en sus ciclos. El autor da especial atención a la fuerte relación de la actividad de alojamiento turístico con el sector de construcción e inmobiliario. Expone que el fuerte crecimiento del sector de alojamiento en un período de gran crecimiento económico general lleva a un aumento expresivo de las nuevas construcciones con fines hoteleros, que a su vez generan descensos en la tasa de ocupación de los alojamientos existentes, lo que aumenta el riesgo de las inversiones en el sector. Según el autor, la mayor participación de los

mercados de capital y el aprendizaje de lo ocurrido en burbujas anteriores ayudaría a estabilizar y disciplinar el sector, muy susceptible a especulaciones.

Con el objetivo de mejor comprender el ciclo de los subsectores del turismo, Choi, Olsen, Kwansa, y Tse (1999) estudian los componentes cíclicos del alojamiento turístico en Estados Unidos y establecen diversas conclusiones con base en los puntos de giro del sector entre los años de 1966 y 1993, a partir de los ingresos del sector hotelero. Para los autores, seguir y prever los ciclos sectoriales ayuda a conocer mejor una parte del ciclo económico, las relaciones temporales entre sectores de la economía y permite al empresariado conocer los puntos de giro de su actividad.

En los 28 años estudiados fueron identificados tres ciclos (de cima a cima o de fondo a fondo), con una duración media de 7,3 años. A partir de la datación de los puntos de giro del período, pudieron indicar cuando ocurriría que el próximo ciclo (entre 1996 y 1997). Los períodos de expansión presentan una duración media de 5,7 años. Después de atingir la cima, el sector decae bruscamente, y sus contracciones duran una media de 1,7 años. Estos hallazgos son contextualizados con la descripción textual de los períodos de contracción y expansión del sector en el período, que coinciden que los resultados calculados.

Otro resultado reseñable del estudio es la relación temporal entre el ciclo del sector y el ciclo económico general. Los ciclos económicos tienen efectos que se difunden por la economía, pero no necesariamente afectan a todos los sectores, al mismo tiempo o con la misma fuerza. Los autores indican que el alojamiento se adelanta a las cimas del ciclo económico por cerca de 0,75 años (es decir, nueve meses), y que sus fondos ocurren 0,5 años (seis meses) antes de los fondos del ciclo económico. Esto significa que el sector reacciona antes que la economía en general a las fluctuaciones del ciclo económico. La implicación de este hallazgo sería que al revés de esperar una “señal” de la economía para reaccionar, los resultados del sector de alojamiento constituyen un indicador adelantado de cambios económicos. Se trata de un resultado importante para planificar las medidas del sector ante crisis económicas, ya que el turismo podría sufrir los efectos de una contracción antes que los demás sectores económicos. Se puede interpretar este resultado considerando que los potenciales turistas reaccionan a las señales de disminución de la actividad económica recortando gastos con actividades no esenciales, como el turismo. Los viajes cortos podrían ser lo primero a ser cortado, como indica Frechtling (1982), pese a que cada vez haya una tendencia más amplia entre los consumidores a mantener el consumo turístico, aunque con viajes de menor gasto.

Aún en el sector hotelero, Chen (2010) analiza los efectos de la situación económica sobre algunos indicadores de desempeño de hoteles en Taiwán, entre los años de 1997 y 2008. Los autores concluyen que factores económicos y sectoriales (específicos del sector turístico) inciden positivamente en el resultado total de los hoteles, pese a que no todos los indicadores considerados son igualmente afectados. Además, los factores económicos tienen un poder de explicación ligeramente mayor que los factores sectoriales en relación con el desempeño hotelero. Se considera el sector hotelero de alta sensibilidad a la situación económica, debido a los altos costes fijos que estas empresas asumen. Esto porque la imposibilidad de bajar los costes fijos en momentos de contracciones de la economía, mismo con reducciones de su nivel de producción y ventas, hace los hoteles más sensibles a las condiciones económicas. Como consecuencia de esta característica, el volumen de ventas – dependiente de la situación económica – tiene una influencia muy pronunciada en los beneficios hoteleros.