• No se han encontrado resultados

“Sin ciencia propia no hay na ción fuerte; para su prosperi-

In document Ideario de Francisco P. Moreno (página 132-134)

dad, lo mismo que para su de-

fensa, se requiere la aplicación

comisiones seccionales argentinas; 3.° Por corres- ponsales (...). [La] Comisión Central propondría un plan de trabajos (...) para los siguientes estudios: A. Fisiografía del hemisferio austral (...), en cuanto se relacione con los movimientos de la costa terrestre y el clima (...). B. Fenómenos físicos que han dado su fisonomía actual al territorio (...). C. Organismos que se han desarrollado o vivido en la extensión A y B y su distribución (...). D. Desarrollo del hombre y sus relaciones con la naturaleza (...). F. El hombre precolombino y su cultura (...). G. Exploraciones geográficas que han dado lugar al conocimiento de los territorios (...). H. Hechos político-económicos que condujeron (...) a emanciparse de España. I. Época de la Independencia (...) entre 1810 y 1828. J. Época de transición hasta la organización de la Re- pública (...). K. Fisiografía actual (...).

Todos los materiales deberán encontrarse en la Capital en febrero de 1910 (...) en el Museo Nacio- nal (...). Como la Asociación Argentina trataría de obtener con su programa la mayor utilidad para la ciencia en general y en particular para la Repúbli- ca Argentina (...) podría anunciar (...) a los hombres de estudio (...) de todo el mundo que se interesen por las investigaciones que abarcan ese programa que recibirá con placer su visita entre los meses de mayo y octubre de 1910 (...). Conocido el número de personas que acepten estas invitaciones y la cla- se de investigaciones a que se dedican, la Comisión Central resolvería si (...) esta Asociación Argentina ocasional se convierte en permanente que investigue todo cuanto se relaciona con el pasado, el presente y el futuro de esta Nación para contribuir a hacerla grande y fuerte y a llenar los anhelos de los hombres de 1810…”.

AGN, Archivo F. P. Moreno, Leg. 3099, fs. 14-21.

A.22. Remembranza de sacrificios en sus

exploraciones de 1898 y la significación de

los sufrimientos de la infancia y la juven-

tud en la formación de hombres cabales.

Fragmento de escritos de 1918.

“… Como siempre me ha sucedido cuando las ilusiones de mi acción me empujan, me adelanté solo

ese día, y si bien fue dura la marcha a pie y peor la noche pasada bajo un espinoso calafate, aterido de frío, vestido como estaba de veranillo sin más abri- go que un casco de pita y medio periódico, los que durante largas horas alternarían de posición entre la cabeza y los pies, haciendo cama con el cuerpo entre la arena y el pedregullo suelto a la manera de un perro veterano, aquella soledad vino bien a mi espíritu. Así vuelve a presentárseme transcurridos veinte largos años desde aquella noche, al mezclar la poesía del pasado en aquellos ambientes tan na- turales, y la melancolía en el bullicio de la capital despreocupada con que el anciano, ante el recuerdo de lo tanto vivido, siente que se acerca el momento en que las visiones de los ideales que lo guiaron se nublaron del todo. En mis sesenta y seis años de recuerdos vuelvo a algunos rinconcitos en los que me he reconcentrado, como en aquella noche don- de moviendo espaldas y caderas arrollándome en- contré en la madre tierra descanso para el cuerpo y altura para mi espíritu, hasta ahora poco tiempo, al cruzar una esquina próxima al basural del sud de esta ciudad algunas ralas matas de paja, muchas veces recordé ocasiones viejas de cuarenta, treinta, veinte años, en las que esperé el día, hambriento y con frío por fuera, ardiendo y saciado por dentro con la confianza en la realización de lo que por allí me llevaba. Ese sitio, perdido entre los tugurios de la miseria metropolitana, que cruzaba casi a diario en mi camino a uno de mis centros de experiencias sociales, cuando apenas retirado de la acción en el vasto trato donde, geógrafo-sociólogo, resultante de la interacción del hombre y del suelo, procuraba encontrar el medio de preparar tanto ser abando- nado, vagabundo, para la vida de trabajo en aque- llos desiertos tan prometedores. Solo la población que se estableciera en suelos y climas propios para combatir la molicie de lujo y la miseria, en aquellos medios físicos tan favorables al esfuerzo propio, salvará la conciencia de la nacionalidad de la marea del cosmopolitismo inconsciente. En mi entender recurso precioso, para desarrollar las potencialida- des de esos desiertos, la preparación de hombres, que habiendo sufrido durante la niñez miserias fí- sicas y morales, crecieron, educados en una escuela aprovechadora de todo cuanto para la generalidad

pudiente es desperdicio. Aquella idealidad no ca- recía de base; más de una vez había encontrado niños y adultos que viviendo en el abandono más completo, más, en la mayor criminalidad, habían sido regenerados por una palabra, por un aliento de verdad, seres que de esos ambientes de decadencia moral, habían pasado a ser pioneros de avanzada, elementos de singular progreso nacional, mientras el ‘bien nacido’, el crecido en la holganza, se desli- zaba hacia el atorrantismo de levita, empujado por las vanidades del dinero debido al esfuerzo ajeno. Y en la iniciación de esa escuela- experiencia, a que dedicaba esos afanes lógicos en la marcha de mi ideal, en la que el niño vago, peligroso, se prepara- ba a ser útil obrero, verdadero ciudadano, creador de hogar, no poca intervención tenían las evocacio- nes de aquellos hechos, de aquellos procedimien- tos, en que me había adaptado a las circunstancias, sin perder tiempo en buscar cómo adaptar estas a mis conveniencias, para lo cual había de llegar el momento con la experiencia; y a esas ralas matas de paja, entre el basural, asociaba esa modalidad de mi espíritu de pioneer, donde quiera que me en- cuentre al egoísta cariño de mí mismo, al pensar que allá lejos, aunque tan próximo por el recuerdo, en aquellos revolcaderos bajo las ramas espinosas, y sobre el pedregullo, no tan duro como se le ve desde lejos, en la amplitud de tales horizontes si- guió su curso invariable la idea directriz de mi ac- ción sintetizada en la armonía dentro de la tierra y el hombre. A aquellos lugares había ido en 1874, y (...) allí en 1876, había vuelto para defender esa tie- rra diciendo a mis cómodos conciudadanos cuánto peligraba la soberanía argentina; también allá, bajo mata semejante, que el hacha de los marineros de la Beagle había herido, y quizás bajo la cual durmiera Darwin, en 1834, hubo de terminar mi vida, cuan- do por arrastrar tanto el bote con que ascendiera el potente río y navegar el gran lago, que pronto bau- tizaría, dentro del agua helada y bajo el sol del seco desierto, sufrí tanto que aún me quedan vestigios de ese sufrimiento…”.

Moreno, F. P., 1918-1919: 80-81.

A.23. Reminiscencias. Fragmentos de pá-

ginas preliminares de sus Reminiscencias.

“Tan escasa es mi educación literaria que no acierto con un título apropiado para estas pági- nas de las ‘Reminiscencias’ de mi ya larga vida. El preámbulo, prologo, prefacio o introducción de un libro, lo escribe su autor una vez terminada la tarea, pero, quizás mi inexperiencia en la que emprendo y la forma que he adoptado sobre el mío, me llevan a proceder a la inversa. Me parece que, sin estas con- fidencias e impresiones preliminares, no me orien- taría bien entre la multitud de tantas evocaciones que surgían al mojar la pluma para relatarlas.

En las muchas noches sin sueño, hijas de mi casi inactividad presente, he revistado con frecuencia hechos observados y mi acción en el pasado, y me he dicho que de unos y de otra debiera dejar cons- tancia en letra de molde en cuanto se relaciona con los intereses generales de mi país; y si me abstenía de hacerlo hoy lo era por el carácter personal que necesariamente tendría el libro que los contuviera pero al fin el consejo de personas, a las que con- fié estas dudas y que me han recordado un dicho de Belgrano que creo aplicaría en mi caso (‘nada importa saber de la vida de ciertos hombres, cu- yos afanes se han limitado a servirse a sí mismos, despreocupados por completo de los demás, pero la vida de los hombres públicos debe presentarse y difundirse para que sus virtudes sean un ejemplo que seguir, y aun sus defectos una lección que nos evite repetirlos’) me han decidido a referir con la sencillez de la verdad lo observado y hecho durante el medio siglo que he caminado tras un ideal aún no alcanzado (...).

Me encuentro entre los que creen haber nacido para servir a la patria, con lo que se sirven a sí mis- mos. Con esa creencia (...), desde la niñez, que mis servicios fueran algún día los más útiles, propósito

“Me encuentro entre los que

In document Ideario de Francisco P. Moreno (página 132-134)