A.1. Significación de algunas prioridades
populares. Fragmento de una carta a su
padre del 27 de septiembre de 1875.
“El Azul está lo mismo que antes; ¡lo único que tiene a este pueblo en excitación es la trampa que hubo ayer en las carreras! (...). Desgraciado el pue- blo que se ocupa en estas zonceras en vez de tratar siquiera de expulsar a los ladrones de levita”. Moreno, E. V., 1942, 56-57.
A.2. El bienestar de dormir al aire libre en
parajes solitarios. Fragmento de escritos
del 14 de diciembre de 1876.
“Cada vez que el viajero, lejos del hogar, en- cuentra algo que le sugiere un recuerdo de él, expe- rimenta un bienestar indefinible y con sentimiento se aleja de donde su espíritu lo trasporta a puntos queridos. Meditar y reposar una noche sobre esa tupida hierba salvaje teniendo por techumbre las hojas oscuras de los olvidados guindos y manzanos, hijos de la civilizada tierra, y por almohada el pór- fido de la quebrada hubiera sido para mí un placer inmenso. Hay algo de sibaritismo en esos deseos de cómoda holganza mental que se experimentan en los parajes solitarios, lejos del bullicio humano. ¡Cuánto más noble y cuánta más impresión cau- sa al ánimo del naturalista el descanso durante la noche, al aire libre, teniendo por todo resguardo el espectáculo grandioso de la naturaleza, por más árida que sea esta, que el permanecer encerrado en un camarote donde, si tiene más comodidades, en cambio las emociones son casi nulas!”.
Moreno, F. P., 1879: 144.
A.3. Significado de la Navidad. Fragmento
de un escrito del 24-25 de diciembre de 1876.
“La fiesta de Navidad atrae hasta a los llamados ‘descreídos’; por más diversas que sean las creencias
religiosas que profesemos, tomemos unos a Cris- to Hombre, otros a Cristo Dios, el aniversario del hecho o idea que se venera tiene, para todos, un significado tan elevado en la historia de la humani- dad y la civilización, que no se olvida. En el palacio del grande, en la choza del pobre, en la cámara del marino, en el fogón del soldado, en el polo, en el trópico, en la celda del religioso o en el estudio del filósofo, se la recuerda, sea cual sea la importancia que a cada uno le señale su criterio”.
Moreno, F. P., 1879: 182.
A.4. El mate en los viajes de exploración.
Fragmento de un escrito del 31 de diciem-
bre de 1876.
“No se crea que el mate, para el viajero andarie- go, es el mismo mate que favorece la ociosidad (...) de nuestros paisanos (...). Para él tiene una gran im- portancia moral: el mecanismo de sorberlo da una tregua a su agitación intelectual y haciendo esta operación, en rueda en el pequeño campamento, se olvida la mala noche anterior y los sufrimientos que trae consigo”.
Moreno, F. P., 1879: 198.
A.5. La isla de los Leones, Santa Cruz, re-
licto de erosión. Fragmento de un escrito
del 31 de diciembre de 1876.
“… nada resiste a la ley que quiere que todo, por más inerte que parezca, no permanezca inactivo y participe del incansable trabajo del progreso, pues la estabilidad, aun en los cuerpos inorgánicos re- presentaría el retroceso, que es desconocido en la naturaleza, ha pagado por fin su tributo a ella. El deterioro que le ha causado esa necesidad fatal que para la existencia requiere la evolución en un todo, aun cuando sea en una aglomeración de cuerpos orgánicos e inorgánicos como los que forman este cabo”.
A.6. Reflexiones al terminar un año. Frag-
mento de un escrito del 31 de diciembre de
1876.
“Este es el último día del año 1876 (...). En el trascurso del año, no nos preocupamos del tiempo que se aleja con los días. Solo recordamos los que dan motivos, según los sucesos que en ellos se desa- rrollan, sin fijarnos en el papel que han desempeña- do en esa parte de nuestra existencia. Pero llega el último, igual en su esencia a los demás, y un impul- so que no se explica nos lleva involuntariamente a hacer el examen del año que concluye en esas pocas horas que van a agregar uno más al número de los que se han extinguido.
Los despreocupados no ven en esto sino el cum- plimiento de una de las leyes fatales, la evolución del tiempo, en un plazo imaginado por el hombre, apoyado en su ciencia. Un año para ellos solo es una medida de tiempo, medida astronómica, to- mada de la división del eterno movimiento del cuerpo celeste que habitan; el tiempo, sin principio ni fin, no implica nada más para ellos. Pero el que observa, el que piensa, ve algo de muy solemne en esos últimos instantes; analiza esos días aparente- mente llegados y pasados sin dejar ningún rastro, y encuentra tiempo ganado o perdido, consuelo o desconsuelo, y obtiene con ese examen provecho- sas lecciones para los venideros (…).
La claridad de la noche, pues la tormenta pre- vista se ha disuelto, me incita, y envuelto en mí quillango trepo al cerro inmediato y más elevado de los alrededores, que domina la región. Desde él se abraza el panorama del cielo, del continente y del océano. Es el modo más digno de principiar un nuevo año, corta etapa de nuestra vida.
Aquí, el viajero, dominando esas inmensidades, goza y saluda en este lejano rincón su feliz estrella que le permite agregar uno más, quizás no infruc- tuoso del todo, a los años que, juntos, deben com- pletar su evolución física y moral (...).
El espectáculo es espléndidamente bello, pero triste; predispone a la contemplación de la natu- raleza y arrastra hacia ella el pensamiento. Este se siente libre aquí; la noche, al extender su velo sobre esta porción de tierra, ha rasgado el que la oculta-
ba; durante el día, la vida animal lo ha absorbido todo, el bullicio del trabajo lo ha contenido, pero en estas horas de soledad, cuando creemos que la na- turaleza terrestre duerme, cuando parece que solo los cuerpos celestes son los que velan siguiendo su inmutable carrera, el espíritu despierta, se diría que se desprende y se siente conmovido. Ante las su- blimes manifestaciones de la creación (...) créense escuchar voces que le revelan vida en esas otras tie- rras, y los recuerdos que ese espectáculo desarrolla en su alma se agolpan y llegan a ser tan innumera- bles como los puntos luminosos que irradian (...) los grandes grupos estelares, núcleos de mundos. Aquí los sentidos se desligan de las impresiones materiales (...). Al dirigirme a este cerro, solo lle- vaba la idea del análisis de mi año concluido; pero nosotros ignoramos casi siempre lo que buscamos, nada rige nuestra mente caprichosa y, a la primera intención del examen de mi vida, se sucede aquí, ante este panorama, la admiración por lo infinito. Abandono mi revista humana para contemplar el espectáculo del universo que lo hace olvidar todo. El sentimiento del infinito es el mayor don que la naturaleza ha podido hacer a su mejor obra.
Al principio todo me confunde; reina el caos en mi ser, lo produce la violenta transición que he expe- rimentado trasladándome desde mí mismo, y de los míos, hasta el Todo donde modestamente evolucio- namos. No encuentro palabras con qué expresar lo que pasa en mi interior; esa sensación ha abatido mi espíritu (...). Hay gran vaguedad en las sensaciones de este momento y en él las ideas se chocan, pero ni siquiera se bosquejan. No dejan impresión en el cerebro, se borran con la misma facilidad que se es- tampan y no dan tiempo a transformarlas en pala- bras. No me permiten decir lo que pienso.
Es necesario descansar y esperar que de las ti- nieblas intelectuales brote siquiera vaga luz y que la calma suceda a la exaltación mental que produce a esta hora la soledad de la meseta patagónica. La intensidad luminosa de los astros llega por fin al es- píritu, que despierta, y el infinito del pensamiento trata de igualarse al infinito del tiempo y del espa- cio, que en un principio lo abruma.
Lo mismo que ciertas nebulosas son embriones de mundos, esta situación del alma (...) es el em- brión del pensamiento.
“En mi corta vida de viajero jamás he cazado por mi mano el más insignificante animal cuando no ha sido necesario para las colecciones o para el alimento. ¿Qué más gozo puede encontrarse que verlos libres sin temor de uno, cuando la lucha por la vida no nos obliga a destruirlos? No debemos ha- cer aún más grande y triste el desierto destruyendo o alejando sus escasos habitantes”.
Moreno, F. P., 1879: 262.
A.8. Significación de la ciencia. Fragmento
de un escrito del 26 de febrero de 1877.
“La ciencia que engrandece al hombre, que hace que su pensamiento revista de vida lo que carece de ella, que reconstruye la historia de las edades en que la humanidad no existió probablemente y en las que la fuerza vital que la produjo fluctuaba sin reducirse en otros elementos de la naturaleza, proporciona al hombre un grandioso telescopio in- telectual. Sus lentes mentales hacen aparecer lo que ya no existe…”.
Moreno, F. P., 1879: 401.
A.9. Ideas científicas: sus diferencias y re-
soluciones. Fragmento de una carta a F.
Ameghino del 28 de noviembre de 1877.
“Siento no encontrarme acorde con V. en algu- nos puntos, pero el estudio detenido de los objetos que ambos tenemos, vendrá con el tiempo a dar la razón a uno de los dos. Todos los que estudiamos la tan ardua cuestión del hombre americano, debemos traer ideas propias, sean más o menos hipotéticas, y haciéndolas conocer prestaremos un servicio a la ciencia. Otros, más capaces, y tenedores de mayor cantidad de elementos, aprovecharán nuestros gra- nos de arena y los reunirán dándoles el lugar que les corresponda”.
www.arigorpolys.com.ar/ameghino/documentos/ correopolem1.htm
Sin esos puntos casi indefinidos no habría ar- monía en el espacio sideral; sin ellos el equilibrio universal se resentiría; lo mismo sucede con las ideas: sin las irreductibles que flotan sin fijarse en el cerebro no se llegaría a las que se graban en él y se comprenden. Todo necesita combinarse, eslabo- narse; las nebulosas son la base de los mundos, la monera preparó el camino al hombre. Las mismas leyes que rigen los cuerpos celestes y los animales que en ellos viven, rigen el espíritu humano; todo responde a la sublime ley de la armonía. El mismo génesis, la misma evolución que rige la materia, rige la inteligencia. Sin el desarrollo gradual del cerebro no se explica el desarrollo gradual del pensamiento, ni puede negarse la influencia de este sobre aquel. La fuerza que lo engendra condensa todas las de la naturaleza; estas, múltiples en sus manifestaciones, se unifican en el genio (...).
¡Fantaseo sugerido por el espectáculo que tengo presente! El brillo de los astros del cielo austral que en la gigante faja celeste se aglomeran, no al capri- cho, sino donde deben estar, es tal que parece que sus luces chispeantes se reflejan y hacen inclinar la imaginación ante esos soles insumables, y entre los cuales el que nos da vida es como un simple átomo de los que existen. Las enormes manchas magallá- nicas resaltan en el fondo del firmamento; parecen alborotadas por las tempestades y traen el recuer- do, del gran navegante cuyo nombre inmortalizan, cruzando los tenebrosos mares del sur.
Es imposible dejar de pagar tributo a la belleza y variedad de este cielo, donde esas nubes, que se reúnen para formar mundos, recuerdan las nebu- losas del espíritu humano afanándose por alcanzar la ciencia que debe darle aliento. La espléndida Vía Láctea parece ronda gigante de agradecidos genios que veneran la fecunda creación. Nosotros, aquí abajo, pagamos también humilde tributo a la na- turaleza cuya esencia no nos explicamos, que nos es desconocida y que, sin embargo, presentimos en todas las manifestaciones de lo que vemos”. Moreno, F. P., 1879: 213.
A.7. Protección a los animales. Fragmento
de un escrito del 18 de enero de 1877.
A.13. Las exposiciones científicas. Frag-
mento de una conferencia en la Sociedad
Científica Argentina, 15 de julio de 1882.
“Puede ser que se nos tache de haber dado (...) demasiado vuelo a nuestra fantasía, pero sírvanos el saber que la ciencia siempre es el resultado de la inducción y que muchas veces no hay una gran distancia entre una realidad y lo que se cree a priori una quimera. Casi todas las nebulosas se reducen; es simple cuestión de anteojos”.
Moreno, F. P., 1882: 130.
A.14. Representaciones gráficas en compa-
ración con descripciones. Fragmento de la
Introducción al Catálogo de los pájaros fó-
siles de la República Argentina.
“Una buena representación gráfica vale muchas veces más que la mejor de las descripciones. La lá- mina exacta permite al observador juzgar con su propio criterio y hemos de poner empeño en que la ejecución de las nuestras responda al objeto”. Moreno y Mercerat, 1891: 14.
A.15. Razones para un balance parcial de
vida. Fragmento de un escrito del 26 de ju-
lio de 1893.
“Cuando termina un año es costumbre de las sociedades y de los individuos, hacer su balance. Con esta operación se dan cuenta de lo realizado durante un determinado lapso (...), y encuentran en ella elementos para continuar el desenvolvimien- to de sus propósitos. Si hay pérdidas, se procuran buscar sus causas para hacerlas desaparecer en lo venidero; si hay beneficios, se investiga de donde proceden para aumentar sus fuentes. Creo que ha llegado para mí el caso de aprovechar esta costum- bre y hacer público mi propio balance. Cuando se ha persistido durante (...) años en una idea que se considera útil, hay derecho para exponer cómo se ha desenvuelto, cuál es el fin que se persigue y cuánto es lo adelantado hacia ese fin. Si del examen
A.10. Anticipo de la teoría de la deriva con-
tinental. Fragmento de una conferencia en
la Sociedad Científica Argentina, 15 de ju-
lio de 1882.
“… creemos que casi todas las tierras del he- misferio austral (...), separadas hoy por largas dis- tancias y grandes profundidades marinas, son los restos de aquel gran continente…”.
Moreno, F. P., 1882: 104.
A.11. La elevación de las costas de Chile.
Fragmento de una conferencia en la So-
ciedad Científica Argentina, 15 de julio de
1882.
“En todo esto notamos la ley del equilibrio uni- versal, que rige hasta las más insignificantes (en apariencia) manifestaciones cósmicas…”.
Moreno, F. P., 1882: 105.
A.12. Ante el océano. Fragmento de una
conferencia en la Sociedad Científica Ar-
gentina, 15 de julio de 1882.
“El océano impresiona siempre. Su superficie inestable, alborotada u ondulada suavemente ocul- ta un misterio que intimida al hombre. Rara vez averigua este si la masa líquida mide diez metros o algunos miles; no calcula su hondura al primer sen- timiento que produce su vista, sentimiento que casi siempre persiste en la generalidad humana, para la cual el mar no tiene fondo (...). Para muchos, la tie- rra cesa donde baten las olas marinas. Parece que creyeran que más allá del alcance del ojo, las tierras que se elevan de las aguas no tuvieran relación de continuidad con las que ocupan (...). Pero si mira- ran con calma el Océano vecino y relacionaran su profundidad con las alturas de la pampa en que vi- vimos, encontrarían que no es el gran fondo lo que impresiona, sino la capa líquida que lo cubre y la falta de horizonte terrestre”.
del trabajo hecho resulta tiempo perdido, conviene saberlo para recuperarlo; si por lo contrario se han obtenido beneficios, conviene no contentarse con ellos. Y como creo que esto último resulta de mi balance, quiero hacerlo conocer y buscar al amparo de este (...) mayores elementos para no interrumpir propósitos y aprovechar hechos, que reputo benéfi- cos para el medio donde he ejercitado mi actividad en pro de la idea a que he consagrado mi vida (...).
(...) Al exponer lo que sigue, protesto que no me lleva ningún interés ni vanagloria personal. Hago con frecuencia el examen de mi conciencia; no tengo la presunción de ser más de lo que realmente soy: un hombre que persigue un ideal que considera útil y que se empeña en realizarlo, aprovechando circuns- tancias favorables o luchando contra las adversas, sin más aspiración que la de servir a su patria, como es su deber, en la forma que su modalidad le permite. Pienso que cuando el hombre trabaja, no hay mal en decir como lo hace, pues con ello enseña, y lo que necesita la humanidad para progresar es enseñanza por más humilde que sea (...).
En las largas marchas, necesariamente muy lar- gas, dado el fin que me proponía al hacerlas y que no es este momento de exponer, tuve tiempo de reco- rrer mi pasado. En aquellas alturas, las mayores que el hombre alcanza con su planta; en el silencio impo- nente que le rodea; donde no hay más manifestación de la vida que la suya; donde pudiera creerse estar en otro planeta, tan distinto, es el paisaje en que la humanidad se mueve, pude ver lo que no había vis- to hasta entonces con claridad: e1 camino recorrido sin cejar desde la niñez hacia un fin que se acercaba. Imposible es mirar atrás cuando la voluntad se ejer- ce en perpetua tensión hacia adelante, marchando con la firme resolución de no reconocer obstáculos ante un propósito que se considera útil; estado del espíritu que no reconoce ayer sino mañana; incon- ciencia momentánea de lo hecho y conciencia de lo por hacer; estado que tiene un límite que es peligro- so forzar, y estado que me obligaba a hacer aquellas marchas. Reposando en tan altos paisajes, pude ver nítida la feliz evolución de la idea esbozada en mi infancia (...). Comprendí la magnitud de los esfuer- zos realizados, y tuve entonces entera confianza en la revista de mis fuerzas y en el deber cumplido. Y en aquel teatro solitario, ajeno a la influencia del triste
medio en que en el presente se desenvuelve la lla- nura; en las alturas donde el hombre no cuenta sino con sus propias fuerzas, y las ve, desnudas, grandes o pequeñas, me prometí escribir (...) las sensaciones de mi pasado, para alentarme en el presente y para continuar, ayudado por esa medicina moral, la lu- cha diaria, que deseo duradera, para ir adelante en mi empeño, hasta que mis hijos crezcan, y, como mi herencia, continúen sirviendo a la patria en la forma en que lo hacía su padre (...). Obra como la que he iniciado no se termina durante la vida de un hom- bre, y feliz debe considerarse este cuando cree que sus hijos puedan continuarla. ¡Es esta la mayor com- pensación a que puede aspirar en sus fatigas! (…).
Cuando niño, muchas veces vi en el Bajo, en Buenos Aires, un músico ambulante que tocaba varios instrumentos al mismo tiempo: bombo, pla- tillos, gaita y algún otro. Hoy, me imagino ser algo como ese músico. La realización de mi ideal me obliga a imitarlo, pero sé que si no toco bien todos los instrumentos de mi murga, pongo el mayor em- peño en conseguirlo. Ténganlo presente los que me escuchen y básteles la buena intención que me lleva al relatar cómo he llevado a cabo la empresa en que