envuelto hasta ahora, ocultaba un extenso territorio fértil, en vez de la región árida que creíamos. Miles de leguas aguardan a la civilización en los valles que- brados (...) lo mismo que en las faldas y valles de la cadena que precede a los Andes (...). Esa cadena que me permito llamar ‘Montes Rivadavia’ dominará en el porvenir nuevas ciudades argentinas. Las tierras son fertilísimas (...) los bosques inmensos, los ríos y lagos permanentes, las lomas y sierras de menor elevación, abundantes en pastos para el ganado (...) estas tierras formarán una rica provincia”.
Diario La Nación, 4 de febrero de 1880, 1. “… el porvenir del extenso territorio del Chu- but está asegurado. Las ricas regiones del interior compensarán los pocos recursos, conocida su costa oceánica. A la cadena montañosa de cumbres ahora nevadas (...), que voy a continuar a explorar ahora, en cuyas faldas y valles se elevarán algún día ciuda- des populosas la he denominado ‘Monte Rivadavia’. Ese nombre que honrarán todos los argentinos ser- virá de guía al emigrante futuro”.
Moreno, E. V., 1942: 196.
A.55. Visión del puerto San Antonio. Frag-
mento del informe al ministro Zorrilla del
5 de enero de 1880.
“La oficialidad del Vigilante y algún miembro de mi comisión, examinaría las costas y estudiaría detenidamente el ‘Puerto San Antonio’, para tener la seguridad de que sus condiciones lo indicaban como futuro puerto de una comunicación entre el Atlánti- co y las provincias chilenas del Sur, lo cual contribui- ría a la población argentina de las tierras intermedias y del triángulo del Limay y Neuquén (...).
(...) dispuse que el Vigilante recorriera la costa entre el río Negro y la Península Valdés en busca de los mejores puertos y tratando de hacer pozos don- de el agua potable corriente faltara, como ser en San Antonio y San José, puntos que una vez bien conoci- dos, considero de mucha importancia para la coloni- zación y que servirán de puertos de embarque para los productos del extenso territorio del Chubut”. Moreno, E. V., 1942: 97, 187.
A.56. Visión sobre el futuro del lugar don-
de hoy se encuentra la ciudad de Esquel,
informe al ministro Zorrilla del 5 de enero
de 1880. Fragmento.
“Es uno de los más lindos parajes que he visto en la Patagonia como punto probable; los campos se extienden en las lomas hasta largas distancias, y los bosques que ocupan las rocas de la cadena oeste destacan una avanzada hasta la planicie ondulada y en las orillas de la laguna la frutilla crece con lujosa fuerza (...). Una ciudad argentina ha de reemplazar algún día el paradero del indio nómade”.
Moreno, E. V., 1942: 195; Ygobone, 154.
A.57. Bautismo del cerro López, 18 de ene-
ro de 1880. Fragmentos.
“…en el fondo sudoeste, están las bellas mon- tañas de cumbre aguda como una cuchilla inmen- sa, cubierta de hielos eternos, a las que he dado el nombre de Vicente López, el inmortal autor de la canción nacional argentina”.
Moreno, F. P., 1898: 263.
“En unas líneas a Lucio López, le decía que ha- bía dado el nombre de su abuelo, una de nuestras glorias patrias, al cerro nevado que dominaba mi campamento en el lago”.
Moreno, E. V., 1942: 150.
A.58. Bautismo del lago Gutiérrez, 23 de
enero de 1880. Fragmentos.
“Cuando yo era niño, el anciano que llevaba ese nombre me encantaba con sus descripciones ma- gistrales de la naturaleza americana, que tan bien sentía y de la que él era una de las más bellas y más fecundas emanaciones; más tarde su amistad me fue preciosa y sus palabras de aliento nunca me fal- taron; tributo fue de admiración y gratitud dar su nombre a ese lago tranquilo y bello como su espíri- tu: el lago Gutiérrez, bautizado así en memoria del venerable y nunca olvidado rector de la Universi-
dad de Buenos Aires, filósofo, literato, poeta, sabio, figura desde ese día en la carta del mundo”. Moreno, F. P., 1898: 267.
“Descubrí el 23 de enero de 1880 un nuevo lago, al que allí mismo bauticé con el venerado nombre del Dr. Juan María Gutiérrez”.
Moreno, E. V., 1942: 141.
A.59. Visión del lago Nahuel Huapi, frag-
mento de una carta a Bartolomé Mitre del
19 de enero de 1883.
“… un humilde rancho, pajizo en medio del bos- que que se levanta como base de la nueva Ginebra que, en mis sueños de explorador, allá frente a los Andes, he visto levantarse sobre el Leman argenti- no [se refiere al lago Nahuel Huapi] más extenso y más majestuoso que el lago alpino. En mi informe oficial bauticé aquellas regiones con el nombre de Suiza Argentina; no faltan sino los habitantes…”. Moreno, E. V., 1942: 206; Ygobone, 383.
A.60. La fundación de la ciudad de La Pla-
ta. Fragmento de un escrito de 1890.
“La historia de La Plata, a pesar de los pocos años transcurridos, es tan compleja, dado su origen y el medio político y social en que se ha desenvuelto en esta ciudad, que escribirla será tarea del futuro, cuando hayan adquirido formas bien definidas los factores tan variados por los que siguen muy de cer- ca la evolución de la Capital de la provincia, o actúan directamente en ella. Son tan inmediatos los hechos, han colaborado en ellos elementos tan diferentes, sean económicos, sociales o políticos, actuando en formas tan extraordinarias e imprevistas las más de las veces, que creo hay conveniencia en aguardar días más tranquilos para hacer esta historia, cuando el tiempo haga desaparecer lo que no es estable, y que hoy puede figurar como obrando directa y prin- cipalmente en el desarrollo prodigioso de la Capital de la provincia de Buenos Aires. Hasta tanto no llega esa ocasión para persona más autorizada, algunos
datos y unas ilustraciones que caracterizan la actua- lidad de esta ciudad que hemos visto nacer y crecer a la par que a nuestros hijos, tienen lugar señalado en esta publicación, dedicada no solo a contener lo que se refiere al museo, sino también y en primer térmi- no, a dejar constancia de los grandes fenómenos que se presentan en este país argentino, destinado a tan altos fines por su situación geográfica y enormes me- dios de progreso (...).
Con recogimiento vimos asentar la primera piedra de La Plata y no olvidaremos aquel bello y glorioso espectáculo. Estas tierras estriadas por los surcos del arado, cubiertas de líneas de banderas indicando las calles y el sitio de los monumentos que empezarían a levantarse al siguiente día, si hi- cieron sonreír a más de un incrédulo, no pocos tu- vieron ante ellas la visión clara del porvenir grande; sin embargo, no es temerario afirmar que ningu- no alcanzó a la concepción de la grandiosa reali- dad tan próxima. Cuando evocamos ese día, ante el espectáculo presente, sentimos la imposibilidad de abarcar en tan corto espacio de tiempo, esfuerzo como el llevado a cabo por los elementos sociales, políticos y económicos puestos en acción en este caso, pero la tranquilidad respecto al porvenir se impone, sin pretender imaginarlo…”.
Moreno, F. P, 1890d: 1, 3, 8.
A.61. La región de Junín de los Andes. Vi-
sión de 1893. Fragmento.
“Chimehuin es hoy asiento de un puesto mili- tar argentino que servirá de núcleo a un gran cen- tro de progreso, situado como está ese paraje, en proximidad de pasos cómodos a Chile y rodeado de terrenos útiles para la labranza y el ganado. Las hermosas maderas de construcción, reglamentado su corte, serán objeto de industria lucrativa, y no hay por qué dudar, en este caso, de la aseveración de los indígenas de que en las sierras vecinas abun- dan ricos filones metalíferos, cuando la formación geológica es favorable a su existencia, y cuando en la falda opuesta andina los hay de importancia re- conocida desde tiempos remotos”.
A.62. El río Traful, fragmento de remem-
branzas de 1893.
“… crucé el bellísimo Traful, torrente caudaloso que ha de ser citado un día por sus recodos encan- tadores y por sus salmones y truchas, cuando los hijos de esta tierra de promisión abran los ojos a la evidencia y busquen en su propio país las bellezas que tanto les seducen en tierras extrañas”.
Moreno, F. P., 1893: 102-103; Moreno, E. V., 1942:34.
A.63. El reparto de la tierra pública. Visión
en 1893. Fragmento.
“… el museo crecía con las muestras que repre- sentarían en él el suelo de esa región privilegiada, y la mirada la recorría abarcando horizontes geo- gráficos, hasta ese momento apenas indicados en el mapa de la República; y si, como derivado de mi satisfacción, nunca completa, porque quien aspira grandeza para su patria nunca colma la medida, me decía a veces ante aquellas tierras aún desconocidas para los argentinos civilizados, cuánta dejadez hay en quiénes tienen en la mano los elementos para incorporar estos territorios a la civilización, tam- bién reaccionaba mi espíritu, pesimista cuando se ocupa de iniciativas oficiales, y creía ver próximo el aprovechamiento de esas tierras por nuestros esfuerzos nacionales. Sin embargo, qué desespera- ción se apodera del que apartando la máscara de la mentada ‘grandeza nacional’, velo dorado que cubre la pobre patria al que cualquier despreocu- pado arranca un girón, ve el descarnado porvenir que nos espera sino reaccionamos de la atonía que consume al elemento criollo, dominado por el cos- mopolitismo que nos absorbe y que no detenemos por pereza en nuestra misma decadencia.
Mi pesimismo estaba en la verdad; doce años han transcurrido desde que el cacique Ñancucheo fue muerto defendiendo el suelo en que nació, des- de que, con medios violentos, innecesarios, quedó destruida una raza viril, utilizable, y desde esa fecha apenas tenemos uno que otro dato geográfico nue- vo como resultado del paso de las columnas mili-
tares expedicionarias a Nahuel Huapi. La geografía de aquellos territorios está aún por hacerse, pero ya tienen propietario.
Concesiones dadas a granel; cientos de leguas a veces en poder de un solo afortunado. ‘Para qué sirven aquellas tierras’ es la frase consagrada que en no pocas ocasiones hemos oído a no pocos de los que tienen en sus manos la fortuna de la patria. Busque el lector un mapa de aquel territorio y con asombro verá que la región de Nahuel Huapi, ese hermosísimo pedazo de la Suiza argentina, está di- vidido entre dos propietarios por una simple con- cesión y a vil precio. Nuestros gobiernos han distri- buido aquellas tierras sin criterio alguno, y lo han hecho con la conciencia de que los planos emplea- dos para ubicar las concesiones tenían quizás me- nos exactitud que los de los paisajes lunares usados por los colonos selenitas en algunas novelas cientí- ficas. Sin embargo, no se ocultará al menos avisa- do el grande interés nacional que hay en que aquel inmenso triángulo formado por los ríos Limay y el Neuquén y los Andes, sea conocido en todos sus detalles; pero, también grande es entre nosotros la desidia por todo aquello que no representa un be- neficio inmediato en dinero. ¡Hay tanta distancia entre el rápido producido de un ‘pase’ en la Bolsa y el lento aprovechamiento del suelo patrio! Desgra- ciadamente para el común de la población argen- tina de hoy, mayor interés despierta la animosidad entre Pedro y Diego, la lucha por el predominio de las personalidades y de las que no lo son, que el co- nocimiento del suelo en que se desarrolla esa lucha, la que a veces ciega de tal manera, que cuando cesa, los combatientes encuentran disminuida la exten- sión de la arena”.
Moreno, F. P., 1893: 94-98.