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hombres mueren” (A.23).

In document Ideario de Francisco P. Moreno (página 137-139)

Nada se sabe de lo que se debe saber (...) con lo que cualquier iniciativa que no sea local (...) si no se dificulta hasta hacerla imposible (...) fracasa ape- nas principiada. Insumimos millones y millones en obras que, basadas en esa investigación científica previa, poco esfuerzo y dinero hubiera exigido para que sirviera a sus fines (...). Cuánta obra iniciada y cuánta inconclusa (...) atendiendo, en la gran mayo- ría de los casos, las conveniencias locales no políticas y económicas sino de políticos y de negociantes (...). En cambio, si la investigación previa hubiera exis- tido, cuánto beneficio sin mayor gasto recogería la nación, pero la luz del gigantesco faro metropolitano ofusca y con frecuencia enceguece a sus directores y es por esta causa, que (...) busqué soñar con la gran institución (...) para estudiar, resolver y utilizar los problemas complejos que esta requiere (...).

Felizmente tengo la impresión de que (...) el examen metódico de las conveniencias nacionales en todo cuanto se refiere al usufructo territorial. Empleo esta palabra usufructo en el sentido de usar sin destruir, porque la Nación Argentina no pertenece a ninguna generación sino a la sucesión de ellas y los hombres de cada presente, no pueden considerar como cosa propia sus recursos que en ningún caso pueden ser destruidos. La nación vive mientras los hombres mueren y da de vivir a los que suceden, lo que olvidamos los argentinos, que con tanta frecuencia decimos: ‘el que venga detrás que arregle’ (…) hará entrar a la República en una era que prosperará sobre cimientos levantados por la verdad científica (...).

¿No le parece extraordinario al lector que olvi- demos que la República Argentina no es una isla, que tenemos vecinos que deben estar en continuo contacto con nosotros y que nuestra existencia, y la de ellos, estarán cada vez más vinculadas?”.

Moreno, F. P., 1906-1919: 426-509.

A.24. Explicación final de las motivaciones

de toda su vida. Fragmento de la introduc-

ción a un manuscrito inédito.

“Si mis actuales circunstancias no me obligaran a hacerlo, no escribiría lo que sigue, y si lo hago, es solo después de haber pasado revista a casi medio

siglo de acción, persiguiendo propósitos imperso- nales que no podré alcanzar a hacer efectivos si es- tas circunstancias no se modifican en la forma que de tal acción se desprende. Prolongar una obligada inacción, hasta desaparecer del todo, sin haber con- seguido aplicar al bien general todas mis experien- cias y el conocimiento que me han dado, sería faltar a mi deber y cometer una cobardía impropia de mis antecedentes.

A igual que otros trabajadores argentinos, que con frecuencia he tomado por ejemplo, he incu- rrido en el grave error de despreocuparme de mis intereses personales para entregarme del todo a servir los intereses nacionales y de este error ha resultado que ya no disponga de medios para con- tinuar procediendo como lo hiciera antes, lo que me obliga a solicitarlos de quien pueda dármelos: la nación, que es la que se ha beneficiado de todos mis esfuerzos.

Debo, y por lo tanto tengo derecho, a reanu- dar cuanto antes mis trabajos dentro de esos viejos ideales porque siento que mis fuerzas empiezan a decaer con pensar que cuanto guardo en mi cabeza y la mayor parte del material que he reunido para servir esos ideales, se perderá si no se utiliza du- rante mi vida, desde que solo yo puedo ordenarlo y orientarlo, lo que puedo hacer aún, pues a pesar de mi edad, 66 años, y algún achaque resultante de actividades en medios hostiles, no han disminuido mis capacidades.

Las tareas que culminaron en el desarrollo del Museo de La Plata, institución en la que tantas es- peranzas fundé bien al crearla y considerarla como una verdadera fuerza nacional, y en la solución de las dificultades que, lógicamente, debían surgir durante la determinación de nuestra frontera con Chile, como otras de menor labor, entre estas la realizada en el año último, sin interés particular alguno, complaciendo deseos del señor ministro de Agricultura y de la dirección de Tierras y Co- lonias, lo fueron ejecutadas todas persiguiendo un fin común; el de cooperar sin descanso al estudio del suelo argentino y al de sus diversas potenciali- dades, relacionándolo con el de los países vecinos, para que ese estudio sea fuerza principal de cohe- sión, bienestar, prosperidad continua, defensa y na- tural expansión nacional, y la República Argentina

constituya, tanto con el conocimiento y aprove- chamiento de sus condiciones físico-geográficas y económicas, como con el de los elementos étnicos y sociales que aquellas naturalmente desarrollarán, la gran nación americana austral, que entrevieron nuestros mayores y a cuyo servicio me consagré en mi adolescencia y quiero servirla hasta la termina- ción de mi vida”.

Moreno, F. P., 1918-1919: 1-2.

A.25. Despedida y destino de sus restos.

Carta a Frey del 16 de noviembre de 1919.

“Estimado Frey: Le ha de preocupar el telegra- ma que le he hecho llegar hoy al Doctor Maza pi- diéndole me envíe mi cámara fotográfica porque me voy al Sur. Esta es la verdad. Desencantado de promesas que no se cumplirán, pues arriba nada se quiere saber conmigo aun cuando el Doctor Maza se empeña en que se cumpla lo prometido, me es- toy procurando recursos míos para hacer lo que tantas veces hemos hablado. Pensé esperar su re- greso, pero el doctor Maza me dijo hoy que tardaría usted dos o tres meses en regresar.

Mucho siento ir a Huechulafquen, al Lacar, al Nahuel Huapi, a Huahuechageyen, etc. etc., sin us- ted. Los dos hubiéramos hecho obra grande para el país, pero estas cosas no se comprenden aquí. Há- game, pues el favor de escribirme cuanto usted crea conveniente ver. El tiempo no me preocupa, ni el gasto, quiero hacer lo que pensé siempre realizar, aun cuando deje los huesos allí, a morir aquí en un conventillo. Déme presentaciones e indicaciones sobre todo para Nahuel Huapi, en todos sus rinco- nes. Espero salir de aquí a fines de mes o principios del entrante. ¿Cómo van sus trabajos? Suyo siem- pre. Francisco P. Moreno”.

Moreno Terrero de Benites, 202-203.

A.26. Escritos finales de 1918-1919, trans-

criptos por su nieta.

“No puedo dormir, pensando en lo que hay que hacer para la mayor grandeza y defensa del país, y mi falta de recursos y de vida para hacerlo com-

prender en esta Capital tan extranjera para los na- tivos... ¡Cuánto ven mis recuerdos! ¡Qué duro es saber que la vida se acorta tan ligero! Pero, ¿no es más duro vivir sin servir? ¡Cuánto quisiera hacer por la patria! Pero ¿cómo, cómo? ¡Tengo sesenta y seis años y ni un centavo... cuánto valen los centa- vos en estos casos! Yo que he dado mil ochocientas leguas a mi patria y el parque, donde los hombres del mañana, reposando, adquieran nuevas fuerzas para servirla, no dejo a mis hijos un metro de tierra donde sepultar mis cenizas.

Yo que he obtenido mil ochocientas leguas que se nos disputaban y que nadie en aquel tiempo pudo defender sino yo y colocarlas bajo la sobera- nía argentina, no tengo donde se puedan guardar mis cenizas: una cajita de veinte centímetros de lado. Cenizas que, si ocupan tan poco espacio, es- parcidas, acaso, cubrirían todo lo que obtuve para mi patria, con una capa tenuísima sí, pero visible para los ojos agradecidos.

¿Cuál es la causa principal de mi triste situación pecuniaria? Haberme excedido en mi consagración desinteresada a la prosperidad y defensa de mi pa- tria. Si hoy lamento este exceso, lo es por mis hi- jos. Me voy tranquilo de la vida, desde que en mis ya largos años no he hecho nunca daño a nadie y sí mucho bien a la colectividad y a algunos de sus miembros”.

Moreno Terrero de Benites, 201-202.

“Me voy tranquilo de la vida,

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