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La cuestión limítrofe con Chile

In document Ideario de Francisco P. Moreno (página 39-46)

En septiembre de 1896, Moreno fue “honrado por el Gobierno de mi patria con el delicado cargo de perito, por parte de la Argentina, en la demarcacion de límites con la República de Chile, para dar cumplimiento a las disposiciones del tratado firmado entre las dos naciones en 1881” (Moreno, 1898a: 201).

Las funciones de perito argentino en la cuestión limítrofe con Chile lo llevaron, en las postrimerías del siglo xix, a efectuar numerosos viajes a Santiago de Chile. Así, en enero de l897, junto con su esposa e hijos cruzó la cordillera a lomo de mula, y fue allí en Chile que murió, a los 29 años, su leal compañera María Ana Varela de Moreno, a la que la sociedad chilena rindió con hidalguía sentido homenaje (Riccardi, 1989: 21). Pero quedaron en la mente de Moreno las palabras pronunciadas por ella un mes antes de morir, cuando ya se encontraba gravemente enferma: “No abandones nuestra causa (…) sigue adelante y lucha hasta vencer. Con tu triunfo evitaremos la guerra” (Bertomeu, 1949: 356). Habían contraído enlace en 1885 y tuvieron seis hijos, de los cuales solamente sobrevivieron cuatro.

Las tareas de la Comisión de Límites, desarrolladas entre 1892 y 1898, estuvieron a cargo de nueve subco- misiones, y los estudios realizados abarcaron toda la región andina comprendida entre la Puna y el extremo sur de la provincia de Santa Cruz. Estas tareas fueron complementadas por mar, por el transporte Azopardo

y el aviso Golondrina, que reconocieron zonas extensas de la costa patagónica entre los paralelos de 42º y 52º de latitud sur (cf. Riccardi, 2008: 118).

María Ana Varela de Moreno y sus hijos Francisco R. (izq.), Juana María (der.), Eduardo V. (sentado adelante) y Florencio, c. 1894. Tomado de A. Moreno Terrero de Benites, 1988.

Moreno sentó las bases para el encuentro que los presidentes Roca y Errazuriz mantuvieron el l5 de febrero de l899 en el Estrecho de Magallanes (cf. Riccardi, 1989: 21), y en pocos años reunió una abundante informa- ción que significó el descubrimiento de numerosos lagos, varios ríos, canales, islas, cerros y cordones monta- ñosos, que eran hasta entonces totalmente desconocidos. Baste recordar que el lago Pueyrredón fue bautizado por el Ingeniero L. von Platten de la Comisión Argentina de Límites pocos meses antes que una expedición de la Universidad de Princeton, de los Estados Unidos, lo bautizara lago Princeton. En el campo de la anécdota entran las caricaturas de las que Moreno fue objeto en forma casi permanente en publicaciones de la época.

Su teoría de que el límite con Chile debía ajustarse a la línea de las altas cumbres fue sustentada por un detallado estudio en el terreno a lo largo de toda la región limítrofe; estudio que no pudo ser igualado por los expertos chilenos.

En 1899 se trasladó a Londres como asesor geógrafo del representante argentino y allí tuvo que luchar contra la incomprensión de otros representantes argentinos que pretendían imponer argumentos legales por sobre los geográficos. Desde allí escribió al Presidente Roca: “Necesitamos hacer conocer el país en todo sentido. No tenemos aún el puesto que nos corresponde como nación americana y es un deber nuestro tratar de conseguirlo. Una vez que nos conozcan bien, seremos mucho más apreciados (...). Tengo tanta confianza en el valor económico de nuestra patria, convicción arraigada con el conocimiento personal de su suelo (...). Hablamos de aridez, de desiertos, de dificultades para las comunicaciones, etc. etc., y no averiguamos si países que tenían regiones de peores condiciones las han modificado radicalmente, engrandeciéndose con ello...” (Moreno E. V., 1942: 212-213).

Zona explorada por la Comisión de Límites, 1892-1898. Moreno, 1902a, p. 342.

En 1901 acompañó al comisionado del Tribunal Arbitral, Coronel Sir Thomas Holdich, en el reconoci- miento que se realizó desde el lago Lacar hasta el seno de la Última Esperanza, y en l902 participó, con Hol- dich, de los trabajos de fijación de los hitos limítrofes de acuerdo con el laudo arbitral firmado en ese año por Eduardo VII de Inglaterra (cf. Riccardi, 1989: 21).

Esta ciclópea labor significó que, en ese laudo arbitral, el país retuviera 42.000 km2 de territorio y, como

dijera Thomas Holdich, a Moreno se debe todo lo que la Argentina obtuvo al oeste de la divisoria de aguas continentales. Por ello nada se puede reclamar a quien dijera: “Las generaciones venideras han de pedir cuen- ta a las presentes de lo que fue argentino y que hoy ya no lo es...” (Moreno, 1893: 71).

Moreno, al recorrer con Holdich toda la región, logró demostrar cabalmente sus propuestas, en especial en lo relacionado con el hecho de que la línea de las altas cumbres no siempre coincide con la divisoria de aguas. Así hay ríos que nacen al este de las altas cumbres, pero cuyo recorrido natural en dirección al Atlán- tico fue modificado por las acumulaciones de sedimentos glaciales, de manera tal que hubo ríos que cortaron transversalmente la línea de altas cumbres y pasaron a descargar sus aguas en el Pacífico. Estas circunstancias hacían posible que, con muy poco movimiento de tierra, se pudiese modificar el curso de un río para que en lugar de dirigirse al Pacífico se dirigiese al Atlántico.

Un ejemplo emblemático en tal sentido fue el del río Fénix, en la región del lago Buenos Aires, el cual nace al este de las altas cumbres, pero que, luego de unas vueltas, desaguaba en el lago que vuelca sus aguas en el Pacífico. Allí Moreno hizo que una cuadrilla de hombres, a pala y pico, modificase el curso del río, de manera tal de hacerlo también afluente del río Deseado, que desagua en el Atlántico.

En el entendimiento de que Holdich y el Tribunal Arbirtral no solamente considerarían la geografía, sino que además les darían importancia a las preferencias nacionales de los residentes en cada lugar, Moreno pro- movió la radicación en determinados lugares de pobladores que se reconocieran como residentes de la Argen- tina. Así Moreno hizo radicar en la margen sur del lago San Martín a unos ingleses, los hermanos Lively, que vivían en la región de Punta Arenas. Esto llevó a que la mitad oriental de este lago, que desagua en el Pacífico, fuese otorgada a la Argentina.

En otro caso similar, un natural de Riga, J. Koslowsky, colaborador de Moreno que había trabajado en el museo y en la Comisión de Límites, se estableció en un afluente del río Aysén y se reconoció como residente

F. P. Moreno (segundo desde la derecha), con hijos e institutriz, en viaje, 1898-1899. Archivo del Museo Dr. Francisco P. Moreno, San Carlos de Bariloche.

de la Argentina. Como consecuencia en el laudo arbitral, al otorgarse a Chile toda la cuenca de ese río, que corre hacia el oeste y desagua en el Pacífico, se excluyó el lugar donde estaba radicado Koslowsky, el cual se otorgó a la Argentina.

Sir T. Holdich (centro izq.) y F. P. Moreno (centro der.) en salida del Danube para Europa, 4 de Julio 1902. Caras y Care- tas, N.° 197, del 12 de julio de 1902. F. P. Moreno (centro) en la salida del Danube para Europa, 4 de julio de 1902.

Caras y Caretas,

N.° 197, del 12 de julio de 1902.

Una situación parecida se presentó en la zona de Esquel, donde ya había establecidos galeses de la colonia del río Chubut. Holdich se reunió con ellos y concluyó que se consideraban residentes argentinos, y a ello se debe que esa región haya sido otorgada a la Argentina.

Llegada de Moreno a Buenos Aires en el Thames, 26 de diciembre de 1902. Caras y Caretas N.° 222, del 3 de enero de 1903.

Llegada de Moreno (sentado der.) y de Holdich (sentado izq.) a Buenos Aires en el Thames, 26 de diciem- bre de 1902. Caras y

Caretas N.° 222, del 3

Pero la defensa territorial de Moreno no se agotó en sí misma. Decía: “… si es cuestión de honra nacional defender la integridad del suelo nativo, también debe ser cuestión de honor nacional darle a este suelo todo su valor, con lo que se evita que llegue el caso de tener que defender su integridad”. Y agregaba: “Nunca he podido comprender cómo una nación viril que se dice dueña de extensísimas zonas, desde el trópico hasta el polo antártico, no se empeña en estudiarlas para utilizarlas, que es lo que justificará su dominio sobre ellas” (Moreno, 1893: 70). Ya en l879, en su viaje al valle del río Negro, decía Moreno: “… discurría sobre el medio de inyectar patriotismo práctico a los anémicos estadistas, generalmente apáticos por todo cuanto no tiende al provecho político inmediato, entreviendo lo que esos pretendidos dirigentes no quieren ver: la fuerza del ara- do que abre la tierra sedienta. Esta era la única arma necesaria para conquistar el valle, capaz de dar bienestar a millones de hombres, una vez estudiadas sus tierras (...). En cambio, se habían vendido por una bicoca a los favoritos y a los potentados holgazanes, retardando la lógica expansión nacional” (Moreno E. V., 1942: 101).

Final de laudo arbitral con la firma del Rey Eduardo VII y el sello real. Caras y

Caretas N.° 222, 3 de enero

de 1903.

Es importante destacar que las exploraciones de Moreno, en especial en la región patagónica y cordillerana, implicaron fundamentalmente ampliar las fronteras universales de la civilización y de la ciencia, y que la afirma- ción de lo nacional, hecha sobre tales bases, tendió a esclarecer, sin lugar a dudas, y con ello a eliminar toda proba- ble fuente de desavenencias y luchas con los habitantes de la vertiente occidental de los Andes. Su afán era dirimir la controversia pacíficamente, y sobre tal base lograr la integración de pueblos hermanos (Riccardi, 1989: 26).

Estas facetas de la personalidad de Moreno subyacen a toda su acción como explorador y defensor de la soberanía nacional en las regiones australes y como perito en la cuestión limítrofe con Chile, aunque estas últimas aparezcan, al observador poco avezado o tendencioso, como excluyentes de aquellas.

En pos de esas ideas Moreno no se dedicó, desde su oficina, a declamar creencias abstractas que todo lo igualan, sino que trató de conocer lo que lo rodeaba hasta donde se lo permitió la duración de su vida, aman- do los hechos en la medida de ese mismo conocimiento. Por ello es natural que haya tendido a amar más lo que tenía cerca y lo que mejor conocía.

In document Ideario de Francisco P. Moreno (página 39-46)