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Visión de la ciudad de Buenos Aires Fragmentos de la nota al Dr F Gowland,

In document Ideario de Francisco P. Moreno (página 166-170)

Carta al ministro E Civit El porvenir de nuestro Norte, sensaciones de estadista y

A.83. Visión de la ciudad de Buenos Aires Fragmentos de la nota al Dr F Gowland,

presidente del Club Local de San Cristóbal,

en la que acepta la candidatura a diputado

nacional, 15 de febrero de 1904.

“Me es grato contestar su amable comunicación (...) que me participa que mis convecinos (...) del Club Local de San Cristóbal Sud (...) han resuelto sostener, en los próximos comicios, mi candidatu- ra para el cargo de diputado (...), considerando que mi incorporación al cuerpo legislativo de la Nación será beneficiosa para los intereses generales nacio- nales y en particular para los de la sección de esta Capital en que vivimos.

Pido a Ud. quiera interpretar mi agradecimien- to por esta confianza en mis capacidades, y decirle al club que preside que acepto la candidatura que me ofrece (...). Creo que es deber de todo hombre que se estima no excusar su concurso cuando con- sidera que favorecerá intereses de la colectividad a que pertenece cualquiera sea el esfuerzo que se le asigne en la labor común del engrandecimiento nacional, y siempre que ese esfuerzo esté dentro de sus aptitudes.

Lo que he hecho basta ahora con este fin dentro y fuera del país, y que usted tiene la bondad de recor- dar (...) me exime de exponer cuáles son mis móviles al aceptar esta candidatura. Bien lo ha dicho Ud. todo progreso en el ordenamiento nacional importa un beneficio para nuestra localidad, como todo el que obtenga esta aprovechará a la colectividad nacional. Así, habiendo dedicado tantos años de mi vida a pro- pender a que el argentino llegue a ser un gran pueblo (...) no haré otra cosa que continuar mis anteriores tareas, pero con mayores facilidades, dado el medio en que actuaré, si allí me lleva el voto popular.

Sin embargo (...) creo que es conveniente decir lo que a mi modo de ver nos conviene iniciar: ideas generales que probablemente han de ser también las de todos los vecinos interesados en el progreso de su hogar.

La ciudad de Buenos Aires como capital de la gran nación del futuro debe ser uno de los más fuertes instrumentos del sólido progreso que exige esa idea nacional. La vida argentina debe irradiar desde este gran foco de la civilización, hacia el dila- tado horizonte del Atlántico y del Pacífico transpo- niendo las montañas (...) y las llanuras (...) y atraer hacia sí, los pueblos vecinos cuyas conveniencias generales (...) están orientados hacia esta metrópoli austral, situada a la salida del comercio interior de medio continente. Consciente de su (...) destino, debe darse cuenta de las grandes responsabilidades que trae aparejadas su futuro y procurar la armonía de un organismo económico, social y político, re- solviendo temas complejos (...).

El medio ambiente en que se desenvuelve la Ar- gentina hace que su capital sea una entidad econó- mica peculiar. Dentro del perímetro de la Nación actual, si bien sus productos naturales no tienen las condiciones que necesita un país para ser verdade- ramente manufacturero, son colosales sus posibili- dades ganaderas y agrícolas, desde que su posición geográfica en este hemisferio, le permite producir el máximum cuando el hemisferio norte, que es el gran mercado consumidor, produce el mínimum, pu- diendo así llegar un día a regular, en beneficio propio el sustento de medio mundo. Además, por razón de las mismas condiciones geográficas y de la densidad de la población y la cultura presente, los países veci- nos no podrán durante largo tiempo, desarrollar en

vasta escala industrias similares a las nuestras, por falta de ambiente económico, y Buenos Aires será durante ese tiempo el emporio principal, no solo de las más grandes transacciones en las materias pri- mas citadas, (mientras Montevideo, Rosario y Bahía Blanca no adquieran el crecimiento que a su proxi- midad con los centros productores corresponde na- turalmente), sino que constituirá un vasto campo de experiencia de la industria local (...).

Pero nuestra ciudad no está aún coordinada para satisfacer las necesidades de tan grande ac- ción. La clase de productos explotados hasta hoy en la República y la forma de las transacciones (...), ha producido la centralización del bienestar del país y con ella los grandes adelantos de la industria (...) el Puerto y las obras conexas han concentrado en ella la mayor parte de la actividad nacional; (...) y así se ha convertido en centro de la cultura social austral; pero reducida atención se ha dado aún a la distribución de la industria en relación al papel que la Capital del sur debe desempeñar en sus rela- ciones sudamericanas. Los talleres, las fábricas que existen, se han levantado con frecuencia sin medi- tación suficiente (...), casi al acaso y sin preocupa- ción del porvenir. Hasta las mismas grandes obras del puerto sufren de la falta de lógica económica, desde que la gran masa de la ciudad se antepone al puerto, entre la procedencia de los productos de embarque y la de desembarque (...) creando (...) se- rias dificultades y el encarecimiento del transporte, que tanto hay que tener en cuenta en la producción nacional. Tenemos grandes usinas colocadas donde su existencia tiene que ser necesariamente precaria, mientras la zona donde deberían lógicamente estar permanece abandonada. Sin embargo, la geografía del distrito federal señala el destino de cada una de sus secciones, destino que constituiría la armonía que corresponde buscar entre el trabajo, el comer- cio y el placer. Las playas bajas del norte, hacen poco apropiada (...) la implantación de grandes industrias que exigen transporte económico, y hay que destinar esa sección a población pudiente y a los grandes parques (...) la central corresponde por sus condiciones de densidad al comercio, mientras que la del sud, baja, casi al nivel del Río de la Plata, limitada por el Riachuelo, un pequeño Támesis del futuro, está admirablemente dispuesta para ser el

Buenos Aires industrial. Nada se opone a que los grandes buques lleguen un día al pie de la barranca que bordea por el norte (...) esa gran bahía cegada. ¡Cuántas veces en los últimos cuarenta años he ob- servado el vasto bañado cubierto por las aguas!; ¡y cuántas veces me he dicho que esas inundaciones destructoras podrían cambiarse en provechosas, empleando (...) excavadoras en esa tierra blanda para construir (...) la red de canales (...) que le da- rían la vida que merecen (...)! Cuando muchacho, recorrí más de una vez el pie de las barrancas (...), coleccionando conchillas de las que dejara el agua salada del estuario antiguo al batir contra ellas, y hoy me pregunto por qué los hombres que han te- nido bajo su dirección los intereses de la comuna (...), no se han preocupado asiduamente de utili- zar las indicaciones de la naturaleza, en el terreno y distribuir hasta esas barrancas las aguas que bajan del Riachuelo, mezclándolas en canales con las del Río de la Plata (...) así será fácil construir dársenas de cabotaje en las escotaduras del pie de esas ba- rrancas (...). Sendos millones se han votado últi- mamente para obras menos útiles, en el Congreso Nacional, mientras que la gran obra de la transfor- mación de este barrio aguarda aún. (…).

Indudablemente, la canalización de los terrenos bajos del sur, que son la mayor parte de esta parro- quia, y las obras complementarias necesarias (...) y la fácil comunicación con el resto de la Capital, radicando las grandes industrias, solucionará más de un problema económico y social. La canaliza- ción realizada ya hasta Puente Alsina y la concesión a una empresa particular para construir un canal desde los Nuevos Mataderos, son un empuje que no hay que detener, y es indispensable que nues- tro vecindario se una en una sola preocupación: la de atraer hacia esta localidad las grandes fábricas y con ellas al industrial (...), y sus pequeñas industrias familiares, que son las de arraigo para el obrero que quiere formar hogar suprimiendo el conventillo.

Hemos sufrido más de treinta años las pestilen- cias y demás incomodidades de la quema de basuras, y creo que tenemos derecho a aprovechar de sus re- siduos para levantar el suelo que sería drenado por canales. Así también los barrios de La Quema y de Las Ranas, mal afamados, se transformarán y sur-

girán sobre sus barreales infectos, fábricas y escue- las prácticas, con lo que el medio actual cambiará. Es sabido que donde el trabajo y la escuela reinan, la cárcel se cierra. ¡Y, entonces cuánto movimiento, cuánto cambio! Las grandes curtiembres, las grandes fundiciones y herrerías, las fábricas de útiles para la agricultura, los telares, etc. Y con ellas las vastas cons- trucciones y las avenidas, a los costados las casas de los obreros, cómodas alrededor de las escuelas indus- triales y de la biblioteca práctica, atrayéndolos hacia la vida del hogar, desconocida hoy para ellos (...).

Es necesario insistir en que Buenos Aires no será la gran capital que debe ser mientras que no cuente con el progreso industrial de sus bañados del sud. La capital debe tener en la calle Rivadavia su Sena, su Támesis. Al norte el comercio y el pla- cer, al sud el trabajo (...).

Con estas ideas y con el propósito de empeñar- me en que ellas se realicen algún día, acepto la can- didatura ofrecida. El fomento de la parroquia, en la forma que corresponde, debe ser a mi entender la base del programa de cualquiera de las candida- turas que muevan a su vecindario. El Club Social se ha constituido principalmente para procurar ese fomento, y adhiriéndome a su programa, haciendo a un lado intereses de candidato, aconsejo a ustedes que procuren agrupar alrededor del núcleo ya exis- tente, el mayor número de vecinos y constituyan un centro permanente en local apropiado, donde reunidos discutamos desde ya los intereses de la parroquia, tanto industriales como educacionales y edilicios, y con decisión nos empeñaremos en ser escuchados y en obtener lo que en proporción a nuestro valer nos corresponde en las mejoras que se lleven a cabo en esta ciudad”.

Moreno Terrero de Benites, 165; Ludueña, 29-33.

Mapa topográfico y geológico de la provincia de Buenos Aires, 1908. Carátula. Biblioteca del Museo de La Plata.

A.84. Confección del mapa topográfico y

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