• No se han encontrado resultados

Problematización y metodología

2. AUGUSTE COMTE (1798-1857): “ORDEN Y PROGRESO”

2.3. Los tres estadios: progreso hacia al pensamiento positivo

2.3.3. El estado científico o positivo

Por fin, en el estado positivo, el espíritu humano, reconociendo la imposibilidad de

obtener nociones absolutas, renuncia a buscar el origen y el destino del universo208, y a

conocer las causas íntimas de los fenómenos [las causas primeras y últimas], para

dedicarse [aplicarse] únicamente a descubrir, por el uso bien combinado del

razonamiento y la observación, sus leyes efectivas, es decir, sus relaciones invariables

de sucesión y de semejanza. La explicación de los hechos, reducida ahora a sus términos

reales, no será de ahora en adelante más que la ligación establecida entre los diversos

fenómenos particulares y algunos hechos generales, cuyo número el progreso de la

ciencia tiende a reducir más y más209.

Retomando la explicación de los estadios, en Discurso sobre el espíritu positivo, escribe Comte: “Es, en éste [estadio positivo], único plenamente normal, donde radica, en todos

207 Ibíd.

208 Los destaques de este párrafo son míos.

209 A. Comte, Cours de Philosophie Positive, op. cit., 1869, pp. 9-10: “Enfin, dans l’état Positiv, l’esprit

humain, reconnaissant l’impossibilité d’obtenir des notions absolues, renonce à chercher l’origine et la destinación de l’univers, et à connaître les causes intimes des phénomènes, pour s’attacher uniquement à découvrir, par l’usage bien cambiné du raisonnement et de l’observation, le surs lois effectives, c’est-à- dire le surs relations invariables de succession et de similitude. L’explication des faits, réduite alors à ses termes réels, n’est plus désormais que la liaison établie entre les divers phénomènes particuliers et vuelques faits généraux dont les progrès de la science tendente de plus en plus à diminuir le nombre.”

los géneros, el régimen definitivo de la razón humana”210. En este estado positivo - “evolucionado” - el espíritu renuncia a buscar los fines últimos y a responder a los últimos “porqués”. La noción de causa es substituida por la noción de ley (recordando Kant). En este estadio basta con describir cómo suceden los hechos buscando, a partir de ellos, descubrir las leyes, según las cuales se encadenan unos fenómenos con otros211. “El conocimiento de las leyes positivas de la naturaleza nos permite en efecto, cuando se ha dado un fenómeno, prever el fenómeno que vendrá a continuación y, eventualmente, transformar a este último actuando sobre el primero: ‘Ciencia, por tanto, previsión; previsión, por tanto, acción’. Para concluir la idea: “tal es la fórmula muy simple que expresa, de una manera exacta, la relación general de la ciencia y del arte, tomando esas dos expresiones en su acepción total.”212

. Original francés:

En résumé, science, d’ou prèvoyance; prèvoyance, d’où actión: telle est la formule très

simple qui exprime, d’une manière exacte, la relación génerale de la science et de l’art,

en prenant ces deux expressions dans leur acepción tatale.213

Así, el verdadero espíritu positivo consiste sobre todo en ver para prever, en estudiar lo

que es, a fin de concluir de eso lo que será, según el dogma general de la invariabilidad

de las leyes naturales [cursivas mía]214.

Debemos decir, además, que para Comte, la ley de los tres estados no es aplicable sólo para la historia de nuestra especie; lo es también para el desarrollo de cada individuo:

210

A. Comte, Discurso sobre el espíritu positivo, Buenos Aires, Aguilar, 1965, p. 42.

211 Huisman, op. cit., p. 280.

212 A. Comte, Curso de Filosofía Positiva, en: Os pensadores, op. Cit., p. 23.

213 A. Comte, Cours sur l’Esprit Positif, in: Oeuvres Choisies, Paris, Aubier Édition Montaigne, 1939 p.

102. Anoto la observación del párrafo subsecuente: “Sean cuales fueren los inmensos servicios prestados a la industria por las teorías científicas (aunque, según la expresión enérgica de Bacon, la potencia sea proporcional al conocimiento), no debemos olvidar que las ciencias poseen, ante todo, destinación más directa y más elevada, es decir, la de satisfacer a la necesidad fundamental, sentida por nuestra inteligencia, de conocer las leyes de los fenómenos”. Ibíd., p. 23. Si continuamos leyendo esta lección II del Curso…, nos sorprendemos, e incluso “espantamos”, percibiendo que la negación que hace de la especulación caracterizada en el segundo estadio no es coherente en todos los textos comtianos. Dice que el arte de la navegación no tenía alcanzado el grado que se tiene hoy (en su época) sin los trabajos tan puramente teóricos astronómicos de Arquímedes y Apolonio. Tomando de Condorcet, ilustra Comte: “El marinero, capaz de prever un naufragio por una observación exacta, debe su vida a una teoría conocida hace dos mil años, por hombres de genio que tenían en vista simple especulaciones geométricas”. Ibíd., p. 24.

214

A. Comte, Discurso sobre o espírito positivo, en: Os Pensadores, op. cit., p. 50; Dice A. Comte,

Discours sur l’espirit Positif, Paris, Union Générale D’éditions, 1963, p. 47: “Ainsi, le véritable esprit Positiv consiste surto uht à voir pour prévoir, à étudier ce qui est afin d’en conclure ce qui sera, d’après le dogme général de l’invariabilité del lois naturelles”. A propósito de este aforismo, cita su amigo inglés

Stuart Mill - “par mon éminent ami” y pide para verificar A system of logis, ratiocinative and inductive,

Esta revolución general del espíritu humano, puede además ser fácilmente constatada hoy día de una manera muy sensible aunque indirecta, considerando el desenvolvimiento de la inteligencia individual. Siendo necesariamente el mismo el punto de partida en la educación del individuo que en la de la especie, las diversas fases principales de la primera se deben representar las épocas fundamentales de la segunda. Ahora bien, ¿no se acuerda cada uno de nosotros, contemplando su propia historia, que ha sido

sucesivamente, en cuanto a sus nociones más importantes, teólogo en su infancia,

metafísico en su juventud y físico en su virilidad? Esta verificación es fácil hoy día para

todos los hombres al nivel de su siglo215.

El niño da explicaciones teológicas imaginativas; el adolescente es metafísico; el adulto tiene una concepción “positivista” de las cosas. ¿Cuándo llegará la virilidad positiva? Nos queda claro que Comte quiere llevar progresivamente la constancia de las leyes, a partir de los fenómenos observados y apreciado sistemáticamente, a los diversos ámbitos de la vida del individuo, con su inteligencia emancipada, y de la sociedad, o sea “a su estado definitivo de positividad racional” no alcanzado en los estados precedentes, sino solamente en preparación a ellos, renunciando a las indagaciones vagas, arbitrarias propias y absolutas de las formulaciones filosóficas , tanto teológica como metafísica (de la infancia que más imagina que observa). De este modo progresará de la infancia, pasando por la adolescencia hacia la vida adulta que es este tercer estado positivo. Circunscribe de esta forma el esfuerzo del dominio (como quería Bacon) de la verdadera observación de los hechos hasta llegar al más simple enunciado (en oposición a la lógica especulativa prolija y compleja de los abstractos, por su vaga y restringida observación de la realidad, según Comte) para un conocimiento real, verdadero, accesible y adaptado a nuestras necesidades. Remitámonos a lo que dice Comte, dentro de lo que hemos planteado, al basarnos en el Discurso sobre el espíritu positivo.

En una palabra, la revolución fundamental que caracteriza la virilidad de nuestra inteligencia consiste esencialmente en sustituir toda la inaccesible determinación de las

causas propiamente dichas, por la simple averiguación de las leyes, o sea de las

relaciones constantes que existen entre los fenómenos observados. Trátese de los menores o de los más sublimes efectos, del choque y del peso lo mismo que del pensamiento y de la moralidad, nosotros no podemos conocer verdaderamente más que las diversas relaciones mutuas propias de su cumplimiento, sin penetrar nunca en el

misterio de su producción216.

Las constataciones generales del inicio del Curso de Comte, más nos parecen una indicación historiográfica, haciendo un preconcebido relato de los acontecimientos y dados como hechos a sus discípulos, atribuyendo un rol protagonista muy exclusivo a la

215

A. Comte, Curso de filosofía positiva, en: Os pensadores, cit., p. 5.

inteligencia humana (“la razón”), aunque en Espíritu… procura profundizar lo que anunciara. Hizo falta a Comte una enumeración criteriosa y que respaldase empíricamente los enunciados de los tres estadios. El trabajo científico esmerado cupo a inventores como Gauss, Riemann, Maxwell, Mendel, citando algunos de los más destacados. Haber hecho esta cisión tan demarcada de estadios o fases - pienso yo - empobreció enormemente el diálogo de las ciencias naturales o positivas con las “ciencias del espíritu” (Dilthey), “ciencias de la vida” (Bergson). Que no se nos escape la pregunta: ¿son progresistas los hombres del estadio científico (o positivo) de la modernidad en relación a los de las dos fases precedentes, o son evolucionados ellos, al depararnos con la tremenda explotación, del dominio técnico-científico instalado desde F.

Bacon? Desconfío que, cuando propuso Bergson la evolución vital creadora, hacía pregunta semejante a ésta y otras tantas. Caso contrario, no me atrevería proponer el rescate de la vitalidad en un proceso de “dupla evolución”, hacia atrás y hacia adelante.

2.4. “Segunda instauratio magna”: el pensamiento y método positivos

El positivismo del siglo XIX, fundado por Auguste Comte, se configuró, en términos de movimiento intelectual reformista, en el más agitado y dominante en la segunda mitad de ese siglo. Tal vez, por los persistentes – incluso, yo atrevería decir, por los obsesivos – mensajes concisos en formas de divisas (del complejo al simple), resaltando temas claves de su doctrina. Basta acordarnos del flamante: “Ordem e Progresso” (en portugués) que quedó como la más visible y simbólica divisa de su doctrina. Las nuevas ideas del “orden y progreso” fueron defendidas por entusiastas positivistas, discípulos de Comte en Sudamérica y América Central (algunos habían estudiado en Francia en su época o inmediatamente después) en el campo de la ciencia, también en lo político- social y religioso217 (en este, como “profesión de fe”) diseminándose en las mentalidades, creyendo, por los avances técnico-científicos, en un progresismo ilimitado.

Veremos pronto que, para Comte, lo que llamamos aquí progresismo o evolucionismo, es parte de la propia evolución de la historia del pensamiento humano. Lo que hizo fue dar cuerpo teórico a esta constatación demarcando este progreso en sus tres estadios, para culminar en el que llama ciencia positiva. El progreso se basa en una larga historia del conocimiento, de los pre-socráticos (“impulso originario”) a la edad moderna.

217

No olvidemos que algunos de estos positivistas habían estudiado en Francia, en la época de Comte o inmediatamente después de ella.

Relacionado con el tema de tres estados, ya visto antes, procurando entender mejor el intento metodológico de Comte, veamos ahora, con sus palabras, una explicación curiosa de ellos218.

[…] Por su naturaleza, el espíritu humano emplea sucesivamente en cada una de sus indagaciones tres métodos de filosofar cuyo carácter es esencialmente diferente e incluso radicalmente opuesto: primeramente el método teológico, a continuación el método metafísico, y finalmente el método positivo. De lo cual resultan tres sistemas de filosofía, o sistemas generales de concepciones sobre el conjunto de los fenómenos, que se excluyen mutualmente: el primero es el necesario punto de partida de la inteligencia humana; el tercero, su estado fijo y definitivo; el segundo está únicamente

destinado a servir de transición219.

En rigor, los estadios (o estados) de desarrollo de la civilización humana se resumiría en dos solamente. De ahí, surge la pregunta: ¿Cómo es posible comprender esta relegación de una tradición de siglos del pensamiento clásico y esta religación al religioso de la fase primera? Los textos – Curso de filosofía positiva y Espíritu positivista – está traspasado de la insistente idea de abolición y desmonte de aquella que es la filosofía primera, la Metafísica, sobremanera, según él, innecesaria. Bacon dos siglos antes de Comte, percibió que esta filosofía no aportaba teórica al pensamiento positivo, pues hace parte de una. En la fase moderna de la humanidad, desde Bacon, se comienza realmente a formarse el pensamiento positivo para la ciencia, y la acción (actividad) de una fase política, reforma y reorganización de la sociedad220. Tanto es así que, una vez mencionados los tres estadios históricos (el teológico, el metafísico y el positivo o científico), trata de enfatizar un nexo inmediato del tercer estadio con el primero, siendo el segundo solamente “destinado a servir de transición” para el estadio positivo o científico. Reitera que el estado metafísico, “en el fondo, no es más que una simple modificación general del primero”. En su fijación por un estado religioso (tomado en varios sentidos), como plenitud de la Humanidad, Comte se propone y crea al final de su vida (en la “cuarta fase de su vida - 1848 a 1857), una religión idealizada – una vez que no surge ni de una experiencia mística representativa (como de varias religiones existentes) ni de práctica religiosa de una o más comunidades -, con un cierto utopismo,

218

Quizás lo haga por tratarse de un curso con asistencia presencial, no descuidando, de este modo, del

cómo enunciarlo didácticamente.

219 A. Comte, Curso de filosofía positiva, Madrid, Edición Magisterio español, 1987. Veamos la versión

original en francés, A. Comte, Cours de Philosophie Positive, 1869, op. cit., p. 9: “(…) l’esprit humain,

par sa nature, emploie sucesivamente dans chacune de ses recherches trois méthode philosopher, don´t le caractére est essentiellement différent et méthode métaphysique et en fin la méthode positive. De là, trois sortes de philosophie, ou de systemes généraux de conceptions sur l’ensemble des phénomènes, qui s’excluen mutuellemen: la première est le point de départ nécessaire de l’intelligence humaine; la troisiè, et son état fixe et définitif; la seconde est uniquement destinée à servir de transición”.

aunque sistematizada y estructurada - que vendría a ser un sucedáneo de la religión predominante – dentro, además, de una marco ideológico que caracteriza el positivismo, distinto de otros ismos (idealismo, naturalismo nihilismo etc.). También hace un rescate natural racional del estado teológico (primer estadio), pero sin la metafísica enmarcada en la filosofía del segundo estadio221 ni una mística, o sea, una religión sin trascendencia y revelación positiva divina, una deidad llamada Humanidad (tema a ser retomado en 4.2.2).

Queda claro que la tarea metodológica y científica del positivismo de Comte está destinada a la proscripción de toda metafísica (Teología o filosofía primera, rescatada en la Edad Media, principalmente por Santo Tomás y, siglos posteriores, por los neo- tomistas), ateniéndose a la exigencia rigurosa de los hechos, a la realidad, en cualquier género y disciplina de investigación que amerite ser llamada disciplina. De ahí nos viene la pregunta: ¿qué hechos? Hace una teorización de la necesidad del rescate de los hechos, pero Comte mismo no hace ciencia con los hechos reales. No podríamos decir de otros que se siguieron (Durkheim, por ejemplo, con el conocido estudio de los hechos fenómenos - sociales - de los suicidios, registrados, después de una cuidadosa investigación, en su obra El suicidio). Comte insiste en que el método válido para el conocimiento seguro, real y positivo es el de las ciencias, incluyendo la sociología (ciencia general, la “nueva metafísica”).

Bien constata Calvés222 que las referencias al conocimiento positivo y al método de las ciencias naturales son constantes, pero nunca se fija de forma rigurosa en qué consiste este método. En rigor, se trata más de restructuración social que un método para las ciencias, ya desde F. Bacon. No hay una precisión metodológica, sino una teorización sobre la convergencia al estado y un método positivos, ateniéndose en la negación, más que en la afirmación de una opción metodológica. Sin embargo, Comte da algunas definiciones terminológicas que es conveniente explicitar y subsidiaron el postcomtismo en el campo investigativo científico y cientificista. La principal es precisamente el término positivo. Sigamos lo que plantea Comte223:

221 Se percibe, más intensamente en la segunda fase de la vida de A. Comte, una obsesión antimetafísica y

antiaristotélica, pero esto podría llevarnos a otro estudio (sicológico) relacionado con su personalidad. Lo que hemos procurado presentar en esta parte es algunos elementos nos ayudarán a comprender sus intensas motivaciones en implantar el estado positivista, y, como culminación o planificación, la religión inmanente Humanidad.

222 Cfr. El positivismo, ideología de la sociedad industrial, op. cit., p. 3.

223 A. Comte, Discurso sobre o espírito positivo, en: Os Pensadores, Sao Paulo, Abril Cultural, 1978,

Primera Parte del discurso, cap. VII, pp. 61-63. Situé cada distinción en un párrafo distinto. Las cuatro primeras vienen en un único párrafo y la quinta separada, en el texto de esta cita.

Como todos los términos vulgares elevados así gradualmente a la dignidad filosófica, la

palabra positivo ofrece, en nuestras lenguas occidentales, varias acepciones distintas,

mismo alejando el sentido grosero, que de inicio se vincula a ella entre los espíritus mal cultivados [sic] (…). Sería preciso ver en eso, al contrario, uno de los principales ejemplos de esa admirable condensación de fórmulas que, en las poblaciones avanzadas, reúne, bajo una única expresión usual, varios atributos distintos, cuanto a razón pública llega a reconocer su ligación permanente.

Considerando de inicio en su acepción más antigua y común, la palabra positivo designa

real, en oposición a quimérico. De esta óptica, conviene plenamente al nuevo espíritu filosófico, caracterizarlo según su contante dedicación a pesquisas verdaderamente accesibles a nuestra inteligencia, con exclusión permanente de los impenetrables misterios de que se ocupaba, sobre todo en su infancia.

En un segundo sentido, muy vecino de lo precedente, aunque distinto, ese término

fundamental indica el contraste entre útil y ocioso. Recuerda entonces, en filosofía, el

destino necesario de todas nuestras especulaciones sanas para perfeccionamiento continuo de nuestra verdadera condición individual o colectiva, en lugar de la vana satisfacción de una curiosidad estéril.

Según una tercera significación usual, esa feliz expresión es frecuentemente empleada

para calificar la oposición entre la certeza y la indecisión. Indica así la aptitud de tal

filosofía para constituir espontáneamente la armonía lógica en el individuo, y la comunión espiritual en la especie entera, en lugar de esas dudas indefinidas y de esos debates interminables que debía suscitar el antiguo régimen mental.

Una cuarta acepción ordinaria, muchas veces confundida con la precedente, consiste en

oponer lo preciso al vago. Este sentido recuerda la tendencia constante del verdadero

espíritu filosófico a obtener en toda parte el grado de precisión compatible con la naturaleza de los fenómenos y conforme a las exigencias de nuestras verdaderas necesidades; en cuanto la antigua manera de filosofar conducía necesariamente a opiniones vagas, comportando apenas una indispensable disciplina, basada en una represión permanente y apoyada en una autoridad sobrenatural.

El único carácter esencial del nuevo espíritu filosófico, no aún indicado directamente por la palabra positivo, consiste en su tendencia necesaria a sustituir, en todos los lugares,

absoluto por relativo224. Mas ese gran atributo, al mismo tiempo científico y lógico, es

224 “Ninguna ciencia puede poner de manifiesto mejor que la astronomía esa naturaleza necesariamente

relativa de todos nuestros conocimientos reales, puesto que, al no poder realizarse la investigación de los fenómenos más que con un solo sentido [la visión], es muy fácil apreciar las consecuencias especulativas

de su supresión o de su simple alteración”. A. Comte, Discurso sobre el espíritu positivo, op. cit., p. 56.

Explicita, en esta misma obra y p., esta distinción (relativo), la dificultad de fijar conocimientos

definitivos (absolutos), “reconociendo, en este doble aspecto [absoluto y relativo], la imperfección necesaria de nuestros medios especulativos, [cuando] se ve que, lejos de poder estudiar completamente ninguna existencia efectiva, no podríamos garantizar, en modo alguno, la posibilidad de comprobar

de tal modo inherente a la naturaleza fundamental de los conocimientos reales que su