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Problematización y metodología

1.7. El entusiasmo del saber y el dominio de las ciencias

La novedad que caracteriza la filosofía de Bacon no se agota solamente en el método, sino que afecta a la naturaleza misma de la filosofía, que se encuadra en una finalidad práctica y se somete a ella. El fin al que se dirige la ciencia es el regnum hominis (el reino del hombre), es decir, al dominio de las fuerzas naturales mediante la inteligencia que sabe (intelecto) y la voluntad que puede y potencia (domina) en reversión al Regnum Dei (el Reino de Dios). Por lo tanto, la ciencia no puede ser como las vírgenes consagradas a Dios, estéril e infecunda, sino que debe conectarse íntimamente con la acción143.

Con la capacidad de dominio inmanente, paulatinamente el hombre se distancia y prescinde de la transcendencia estéril e infecunda divina. La obediencia al orden sobrenatural es también instrumental, es decir, obedecer para después apropiarse y dominar. La razón, antes limitada e impotente, por el trabajo, “gana” (apodera) el (del) mejor regado: el poder sobrenatural que trasciende esta capacidad limitada e impotente, su labor y empeño rompen estos límites y sumisión, y el resultado será: la fecundación, reproducción y crecimiento de lo regalado y apoderado. El ejemplo, que contrasta fecundidad y fructificación humanas con la esterilidad e infecundidad de las vírgenes consagradas (que une y representa, o señaliza la naturaleza transcendente divina) es más que una ilustración, sino una significación y significado que parte de las concepciones iniciales enmarcadas por el pensador y reformador Bacon y la indicación de un rumbo a la instauración configurada y proyectada para el progresismo del presente y del porvenir de la humanidad que Comte (siglo XIX), en el “estadio positivo” o “científico”, asumió como plenitud y culminación de esta reforma iniciada en el siglo XVII. La religión Humanidad será la señal de la unidad final y de esta plenitud (retomamos en los ítems 4.2.1 con Bacon y 4.2.2 con Comte).

La instauración (instauratio) regnum hominis - fin más elevado del hombre moderno - va a depender de la capacidad mecánica (técnica), con la capacidad humana ilimitada de numerar, pesar y transportar en el espacio, propia de su naturaleza. El nuevo mundo industrializado, como máxima concreción de los frutos y resultados de la ciencia, era el mayor entusiasmo de F. Bacon. Sólo un mundo que se pueda descomponer en relaciones espaciales y mecánicas puede caer bajo el pleno dominio de la inteligencia humana. Descartes144 (al menos inspirándose en Bacon), llevó en serio el planteamiento de Bacon

143

Diccionario de los filósofos, op. cit., p.112-113.

en la finalidad de la ciencia, con la fija idea de mejorar las condiciones del hombre. No todos los pensadores y científicos, por supuesto, estaban de acuerdo con el pensamiento asumidos por ellos. Basta citar Galileo, este científico abnegado, indulgente y creyente, ajeno a un pragmatismo progresista que trataba de instaurar con dominios de los medios para fines cuestionables, para no apresurar y decir que eran ilícitos.

El método inductivo señalado por Bacon concurriría para ello. Será incomparable el esfuerzo investigativo apasionado de Descartes en la matemática, contribuyendo fuertemente para el desempeño instrumental de la ciencia. Sabemos que Descartes va a divergir al colocar primeramente la necesidad de tener reglas (regulae) claras racionales, y la matemática está para él en el orden racional. La aplicación en reglas será una consecuencia de esta capacidad racionalista.

A su vez el iluminismo vive con Condorcet145 la hipótesis optimista del progreso146 y el socialismo gana forma con Marx por la urgencia revolucionaria, quizás pensando utópicamente en la posibilidad de una escatología intramundana (del Reino en el mundo), en la perspectiva de un futuro secularizado. El conflicto de los reinos estaba en un estadio volcánico, hirviendo para estallar en el nivel de la razón, del espíritu y de la acción, pues Europa estaba marcada profundamente por la fe cristiana que siempre apuntó la plenitud del Reino, del “más allá” de la Tierra, y, por otra una ola inmanentista: “El deseo revolucionario de realizar el reino de Dios es el punto elástico de toda la cultura progresiva y el inicio de la historia moderna”147

, corroborando en esta conclusión lo que decíamos en el primero párrafo de esta temática: la analogía contrastiva de fecundidad e infecundidad (esterilidad).

Galimberti148 ha tenido unas percepciones en varios puntos que me parecen interesantes, las cuales mencionaremos en el capítulo cuatro, sobre la “segunda redención” de la ciencia como religión, basándose en el Novum organum de Bacon. En su texto, afirma que en el Occidente, de hecho, el sentido de la revolución no está en los contenidos que a veces su historia ofrece, pero en el haber tomado como parámetro, ni las revoluciones

regulares de los cuerpos celestes, como habían hecho en la antigüedad (quizá, con los magos medos y babilonios), sino la propia historia proyectada en un futuro y conducida con la moral cristiana del deber y del poder crearla por sí. Si el hombre, con efecto, es

imago Dei, entonces, del mismo modo que Dios creó el mundo, así el hombre, primero

145 A mi juicio, inspirador, con Hume, de la religión natural comtiana, a quién es objeto de gran

admiración por el padre del positivismo francés.

146 Condorcet es compatriota y contemporáneo de Comte. Cfr. U. Galimberti, op. , nota 17, p.27.

147

Citado en Galimberti, nota 18, op. cit., p.27.

por orden de Dios y después sin Dios, crea su mundo, esto es, el saeculum, su historia149. A ese entusiasmo, reflejo de una suerte de gnosticismo inmanentizado, está el rechazo del regalo sublime, actitud prevista en Bacon, según ya hemos referido. Se trata no de un Reino sobrenatural, más de la desfiguración de Él para una nueva configuración: el

regnum mundi, incorporando así la escatología a la historia.

Antes de exponer algunos precedentes baconianos presentes en A. Comte, concluimos esta parte sobre el autor de Instauratio Magna citando un aforismo que nos ayuda a concluir los temas que hemos estudios precedentemente.

[…] vale la pena tomar nota de la fuerza, la virtud y las consecuencias de los inventos, especialmente manifestados en aquellos tres inventos desconocidos de los antiguos y cuyo origen, aunque reciente, es oscuro e ignoto; me refiero a la imprenta, la pólvora y la brújula. Estas tres cosas han cambiado la faz del mundo y las condiciones de la vida humana: la primera en el campo de las letras, la segunda en el ámbito de la guerra y la tercera en la navegación. Ellas han causado innumerables cambios, de forma que ningún imperio, ninguna secta, ninguna estrella parece haber ejercido mayor eficacia y mayor influjo sobre las cosas humanas del ejercido por estos inventos mecánicos.

Además, podemos distinguir tres géneros y casi grados de la ambición humana. El primero es el de aquellos que desean ampliar su poder personal en su patria […]. El es el de quienes se esfuerzan por ampliar el poder y el dominio de su patria entre el género humano […]. Pero si alguien se esfuerza por restaurar y ampliar el poder y el imperio de todo el género humano sobre el universo, es indudable que esa ambición (si es lícita llamarla así) es más sana y más noble que las anteriores. Sin embargo, el imperio humano sobre el universo reside solamente en las artes y en las ciencias […].

Además, si la utilidad de algún invento particular ha impresionado a los hombres de tal manera que estimaron sobrehumano a quien fue capaz de proporcionar a la humanidad algún beneficio, ¿cuánto más excelso no parecerá descubrir aquello por lo que todo lo demás puede ser descubierto con facilidad? Y, sin embargo (para decir toda la verdad), de la misma forma que disfrutamos del beneficio de la luz, por la cual poder caminar, ejercitamos las artes, leemos, nos reconocemos a nosotros mismos y, no obstante, la misma visión de la luz es algo mucho más digno y hermoso que los múltiples usos de la misma […].

Finalmente, si alguien nos pone la objeción de la depravación de las ciencias y de las artes en la dirección de la maldad, la lujuria y vicios similares, que nadie se preocupe, pues lo mismo se pude decir de todos los bienes mundanos: del ingenio, de la fortaleza, de las fuerzas, de la belleza, de las riquezas, de la luz misma, etc. Recuperó, por tanto, el

género humano el derecho suyo sobre la naturaleza que le compete por donación divina

y désele poder. La recta razón y la santa religión gobernarán su uso.150

1.8. Algunas consideraciones sobre influencias del pensamiento de Bacon en