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Problematización y metodología

2. AUGUSTE COMTE (1798-1857): “ORDEN Y PROGRESO”

2.3. Los tres estadios: progreso hacia al pensamiento positivo

2.3.2. El estado metafísico o abstracto

En el estado metafísico, que en el fondo no es más que la simple modificación general

del primero, los agentes sobrenaturales son reemplazados por fuerzas abstractas200,

verdaderas entidades [abstracciones personificadas] inherentes a los diversos seres del mundo, y concebidas como capaces de engendrar por sí mismas todos los fenómenos observados, cuya explicación consiste entonces en asignar a cada uno de ellos la entidad

correspondiente201.

Lo que era debido a los dioses pasa a ser atribuido a entidades abstractas. La tempestad, antes causada por la furia de los seres desconocidos (extraterrenales) pasa a ser explicada por la “virtud dinámica” del aire. Según Comte, este estado tiene, entre sus características, la crítica y negación de la explicación teológica precedente202, a pesar de que la teología como la metafísica “tratan sobre todo de explicar la naturaleza íntima de los seres, el origen y el destino de todas las cosas, el modo esencial de producción de todos los fenómenos; pero en lugar de operar con los agentes sobrenaturales propiamente dichos, los reemplaza cada vez más por esas entidades o abstracciones personificadas cuyo uso, verdaderamente característico, ha permitido a menudo designarla con el nombre de ontología”203. Comte piensa que “su parte especulativa se

encuentra aquí al principio muy exagerada, a causa de esa obstinada tendencia a argumentar en vez de observar que, en todos los géneros, caracteriza habitualmente al espíritu metafísico, incluso en sus órganos [instrumentos] más eminentes”204. La tendencia en este estadio fue el empeño que emprendió por la “gradual subordinación de

200 Aunque siendo científicos de la era moderna, situados por el mismo Comte, Galileo, Newton y Kepler

no abandonaron, necesariamente, este estadio tan rechazado por el positivista.

201 A. Comte, Cours de Philosophie Positive, op. cit., 1869, p. 9: “Dans l’état métaphysique, qui n’est au

fond qu’une simple modificación générale du premier, les agents surnaturels sont remplacés par des forces abstraites, veritables entités (abstractions personnifiées) inhérentes aux divers êtres du monde, et conçues comme capables d’engedrer par elles-mêmes tous les phénomenes observés, dont l’explication consiste alors à assigner pour chacun l’entité correspondante.”

202

No coincide con Aristóteles, Metafísica, Libro VI, 1, Buenos Aires, Ediciones Tres Tiempos, p. 90.

Después de escribir sobre las ciencias teóricas, dice: “Pero si existe alguna realidad sustancial inmóvil, la Teología será anterior, y será ella la Filosofía primera, universal y será universal precisamente porque es la primera. Y a ella le corresponderá estudiar el Ser en cuanto tal, su esencia y todo aquello que como a tal le sea inherente”.

203 A. Comte, Discurso sobre el espíritu positivo, op. cit., pp. 49-50.

204 Ibíd., pp. 50-51. No es de extrañarse que en una nota de pie de página Comte haya citado a Molière - y

dice que él no exageró - al decir éste que la rara manera de filosofar como la virtud “dormitiva” del opio, conforme a la revolución decisiva que Descartes acababa de producir en todo el régimen de las entidades (p. 50). ¡Por lo visto, el espíritu marxiano ya pairaba en estos tiempos! “Cualquier semejanza es mera coincidencia”, según el dicho común. No nos extrañemos porque dentro de mismo texto (p. 52) escribe Comte: “Puede, pues, considerarse finalmente el estado metafísico como una especie de enfermedad crónica inherente por naturaleza a nuestra evolución mental, individual o colectiva, entre la infancia y la virilidad”.

las diversas entidades particulares a una sola entidad general, la Naturaleza, destinada a determinar el débil equivalente metafísico de la vaga correlación universal que resulta del monoteísmo”205

.

Decíamos anteriormente sobre los avances sin precedentes de los griegos, y tal vez, en algunas percepciones, difícilmente insuperables. Decíamos también que el propio Comte no pudo negarlos, pues ahí está la historia con sus registros, situándolos como primeros inventores de las ciencias naturales. Ellos buscaron “la permanencia inteligible, impersonal, que subyace en el mundo cambiante”, con formulación abstracta teórica, cuando la astrología y alquimia del estadio preliminar - utilizando la misma terminología - ya no se sostenía, aunque no negándolas, pues fueron indispensables como fase preliminar al estadio abstracto o metafísico. En esta segunda fase del progreso de la humanidad, conforme la división comtiana de los estadios, parecía significar un avance de la humanidad, pero cuando salió de los griegos hacia la Europa Occidental en la Edad Media - resalta Comte -, hubo un retroceso y la humanidad queda entorpecida por la especulación con prejuicios a la ciencia y a la sociabilidad, problema percibido por F. Bacon y expresados en sus obras más destacadas (en el Novum organum y otras más). Nos parecería raro si Comte no considerara los siglos de la filosofía aristotélico- escolástica, toda vez que entre las ciencias más destacadas en su clasificación está la geometría. No hay como contrariar Crombie cuando dice que el paradigma primero explicativo en este estadio abstracto o metafísico era la geometría206, primando por el conocimiento antes que por lo práctico y útil. Los avances subsecuentes no pudieron prescindir totalmente de lo que había logrado la filosofía griega, base especulativa de las ciencias naturales y prácticas posteriores. No nos parece tan diferente la preocupación de los griegos con el orden querido por Comte frente al caos social. En la época de los griegos los conflictos estaban relacionados con la disputa sobre el predominio de los dioses; en la época de Comte por las confusión de las ideas, de los poderes políticos internos y externos en y entre los países, cuando se debatían y disputaban la

205

Ibíd., p. 51.

206 Crombie, v. 1, op. cit., p. 21. Ilustra bien un escritor bizantino ya en el siglo XII, Juan Tzetzes, en su

Libro de Historias sobre el dominio explicativo racional de la realidad, En Crombie, vol. 2, cit., p. 21, frase atribuida a Platón sobre la puerta de la Academia: “No entre aquí nadie sin saber Geometría”, o sea, el conocimiento geométrico como parte esencial de la propedéutica filosófica. En la misma página Crombie, oportunamente, escribe: “Con la recuperación de la tradición completa de las ciencias griega y árabe en el siglo XII y principios del XIII, en especial de las obras de Aristóteles y Euclides, nació de la unión del empirismo de la técnica con el racionalismo de la filosofía y de la matemática una nueva ciencia empírica que intentaba descubrir la estructura racional de la naturaleza”. Del siglo XII al XV todavía no se connota una opción ideológica de la ciencia que se volvía a la práctica técnica moderna en el sistema baconiano, una vez que retomaba y conservaba trazos de la tradición metafísica clásica de la universalidad abstracta de conocimiento expresa en principios. El alejamiento de la ciencia abstracta se da en tiempo de F. Bacon y siguida por aquellos que asimilaron su propuesta.

preponderancia de las ideas, las ideologías y de las naciones europeas. “Constituyó el triunfo del orden aportado por el pensamiento abstracto al caos de la experiencia inmediata, y continuó siendo característico del pensamiento griego el interés principal por el conocimiento y la comprensión, y sólo secundariamente el interés por la utilidad práctica207”.

Los positivistas, en orden a postular un antropocentrismo, con aquella trasmutación baconiana señalada en el capítulo 2 de este estudio, excluyen la prerrogativa de la ciencia sin el conocimiento causal del mundo. Con eso abandona la profundidad del conocimiento acumulado de siglos por una exterioridad metafísica - no una metafísica profunda, aunque sea con connotaciones nuevas (como veremos más adelante con Bergson) -, donde, para Comte, la naturaleza se basta a sí misma, una vez animada y detenedora de un orden causal autosuficiente, significando leyes constantes en la connotación ya desarrollada embrionariamente con F. Bacon.