El énfasis operacional
3 Fue Cloé Madanes quien sugirió que en el tratamiento de estas familias
conviene poner el acento en la “comunicación digital” más que en la “analó gica”.
Lande: Creo que, en parte, lo que ahora estamos decidiendo se rela ciona con eso.
Atina (mientras la madre comienza a llorar): Llora, llora, tú puedes hacerlo. En serio, de las viejas del hospital aprendí que ya no les bro taban las lágrimas, porque las contuvieron durante demasiado tiempo cuando querían llorar.
Madre: Yo también voy a estar contenta de que vuelvas a casa.
Anna: Hay mujeres de tu edad que no pueden soltar lágrimas, mamá. Las he visto.
Tan pronto el terapeuta inquiere por los sentimientos, la madre empieza a llorar. La respuesta de la hija es curiosa: se conduele de su madre y la alienta a que siga llorando, a la vez que la clasifica junto a las “viejas" del hospital que ya no pueden llorar. Aparentemente, por algo que dirá la hija más adelante, a la madre le preocupa no ser joven, de modo que está en. una posición difícil Las condolencias de su hija le resultan inaceptables porque la sitúa en la clase de las “vie jas”, pero al propio tiempo no puede reaccionar airada frente a ese comentario, ya que la hija se está condoliendo de ella. Fue el tera peuta, al inquirir por lo.s sentimientos, el que posibilitó esta “ligadu ra” [fand]. En el intercambio que sigue, el terapeuta empieza a cam biar de táctica y a aliarse con la madre.
Lande (a la madre): Seguramente fue para usted un período bastante tenso, ¿no?
Anna: Sí, claro, sin mi ayuda.
Madre: Vea, para mí fue un período triste, bien triste. Anna: Fue un período de presiones.
Lande (a la madre): ¿“Período de presiones” es una buena descrip ción? ¿Cómo lo llamaría usted?
Madre: Triste. Lande: Triste.
(Más adelante, en la misma sesión.)
Madre: ¿Nos dará el hospital alguna recomendación sobre lo que más conviene hacer, una vez que lo hayan estudiado? ¿Sobre cuál sería la mejor situación?
Lande: No. En un plano importante, ya hicieron una recomenda ción, y es por eso que ustedes están hoy aquí.
Madre: Aja.
Lande: De modo que esta es su derivación básica. La semana pasada hablé en varias oportunidades con el médico y la asistente social que atendieron a Annabelle. Hemos estado en estrecho contacto. Así que ya nos hemos formado la idea básica en cuanto al seguimiento y to do eso. Pero restan cosas muy importantes, referentes a los estudios y otras cosas por el estilo.
T
(Más adelante, en la misma sesión.)
Padre: Hay un par de grandes decisiones que tenemos’ que tomar, o que tendrían que tomarse, antes de que Anna vuelva a casa. Una es lo que hará respecto de la escuela.
Lande: Coincido con usted.
Padre: Y lo que va a pasar con ella y Arnold. Quiero decir, particu larmente, las horas que van a estar juntos y cosas como esa. Yo pien so que ella necesitará mucho tiempo de descanso, sin estar sometida a ninguna presión.
Si un terapeuta pretende que la familia tome ciertas medidas, a veces lo mejor es expresar lo que él desea que suceda como si la ini ciativa partiera de la familia. De esa manera manifestará su acuerdo con ellos. En un momento inmediatamente posterior de la sesión, el terapeuta concordará con la idea de que los padres deben fijarle cier tas normas a la hija, según -dirá- ellos propusieron, aunque ellos no propusieron eso.
Lande: Creo que todo el mundo está trayendo un montón de cosas importantes. Pero de lo que estamos hablando, me parece, es de cuándo Anna volverá a casa, que es algo que le interesa a todos; y de algún modo ustedes están diciendo que se deben establecer ciertas clases de normas, y yo coincido con eso. En otras palabras, ¿quién decidirá en qué momento puede volver Annabelle a casa, qué días puede salir de noche, y cuáles serán sup demás responsabilidades? Creo que debemos llegar a alguna decisión, porque hasta que eso su ceda su vuelta a casa será...
Anna: Un momento. ¿Puedo hacer un pedido, o una sugerencia? ¿O formular una pregunta?
Lande: ¿Se refiere a esta idea, Annabelle?
Anna: Sí. Mamá, mira, estás usando mis zapatos, ¿no? Madre: ¿Sí?
Anna: Y es porque estás tratando de volver a ser joven. (Risa general.) Hablo en serio.
Madre: Me puse tus zapatos porque pensé que eran los que mejor combinaban con este vestido.
Anna: Vean ustedes, vean ustedes.
Madre: Bueno, confío en que estés equivocada. Pero dejemos eso por un instante.
Por lo que luego se pudo averiguar en la terapia, la muchacha pro bablemente tenía mucha razón en lo que decía de su madre. Sin em bargo. en este punto del tratamiento eso no viene al caso. Si el tera peuta se pusiera a explorar por qué la madre quer ía ser más joven, la ba jaría de rango en la jerarquía y encumbraría a la hija loca, cuando las
Anna: Está bien, mamá, está bien.
Lande: Creo que tendríamos que llegar a algún entendimiento con usiedes tres, de manera que yo pueda recomendar al hospital en qué momento, aproximadamente, Anna debería dejarlo.
(Más adelante, en la misma sesión.)
Lande: Sospecho que en este período de convalecencia de Annabelle y de su retorno a su normal manera de ser, ustedes dos van a tener que adoptar muchas decisiones.
Madre: Sí, yo pienso lo mismo. En el pasado, nuestra experiencia al respecto no ha sido buena. En otras palabras, Annabelle ha pretendi do más libertad, mucho más libertad, de la que quizá pueda manejar una persona de su edad. Y yo siempre, durante mucho tiempo... Dick estaba en el extremo opuesto, se puso muy restrictivo y no quería ni oír hablar sobre mucho de lo que ellos querían hacer realmente... Y yo estaba en el medio, por así decir.
Desde el punto de mira de una investigación o de una terapia orientada hacia la patología, se tomaría en cuenta esta declaración de la madre y se indagarían más a fondo las discrepancias de los pa dres en torno de la joven problemática. No obstante, lo típico es que tales indagaciones hagan fracasar la terapia. Cualquier indagación so- bre los sentimientos negativos o los problemas entre los padres, por bienintencionada que sea, les impedirá resolver sus dificultades mutuas haciéndose cargo del hijo problemático. Tal vez la madre saca a relucir este tema porque ha tenido experiencias terapéuticas. Si el terapeuta pone en claro que no le interesan las dificultades mutuas de los padres, sino más bien las soluciones, la madre se orientará en esta dirección. Un proceso similar tuvo jugar entre el terapeuta y el supervisor: cuando aquel notó que el supervisor apuntaba primordialmente a los aspec tos positivos y las soluciones, tomó esa orientación.
Lande: Ahora bien, el problema es que ustedes no tienen por qué to mar en este momento decisiones para los próximos tres meses, o para el mes que viene, o para dentro de uno o dos años. Estamos hablan do acerca de lo inmediato: el regreso de Annabelle a su casa esta semana. ¿Qué noches podrá salir, y qué otras noches deberá quedar se en casa? ¿A qué hora debe volver cuando salga? Si yo pudiera, ahora mismo. . .
Padre: Muy bien, hablemos sobre eso. Yo entiendo que las noches en que tengan colegio, en que tengan que ir al colegio al día siguiente... ¡Lande: ¿Podría usted dirigirse a su esposa? (Alentando asi el diálo go entre ambos.)
El terapeuta aspira a que haya una comunicación más directa en tre el padre y la madre, y por ello les pide que se dirijan uno al otro.
Esto pone de relieve la tensión y los desacuerdos entre ellos. Cuando se cuenta algo al terapeuta, los problemas no se manifiestan del mis mo modo que cuando las personas dialogan entre sí. El terapeuta debe ser lo suficientemente hábil como para ocupar en ciertos mo mentos el lugar central, de modo que todos se dirijan a él, y en otros momentos un lugar periférico, para que los miembros de la familia se vean obligados a enfrentarse.
Padre: Bien. Hemos llegado al entendimiento de que esas noches de ben estar de vuelta entre las diez y las once, mientras que los fines de semana pueden pasar fuera todo el tiempo que quieran.
Madre: ¿Y yo no opino? (El padre no procuró dirigirse a ella, como lo había sugerido el terapeuta.)
Padre (a la madre): Estoy hablando, simplemente. Cualquiera puede decir lo que opina. ¿Escuchaste lo que dije?
Madre: ¿Qué es lo que estás recomendando ahora?
Padre (airado): Estoy tratando simplemente de contar lo que, según yo creía, habíamos acordado hacer antes de que ella viniese aquí. Madre (en actitud paciente): Está bien, pero, ¿y ahora, que ella está por volver a casa?
Padre: Ya llegaré a eso. No creo que si ella hiciera eso, fuera un gran problema. No sé qué cosas le permitirán hacer los médicos. Pero, en primer lugar...
Lande: Creo que lo importante... Permítanme que trate de ayudarlos. Creo que lo importante es lo que ustedes dos decidan ahora. En otras palabras, qué planes tienen para cuando Annabelle vuelva a casa el miércoles, jueves, viernes o el día que sea, y diga: “Quiero salir esta noche. ¿A qué hora debo regresar? ” Ustedes dos tienen que decidir qué respuesta darán a esa pregunta..
Es muy probable que la hija presente objeciones ante esta alianza del terapeuta con los padres para definirlos como autoridades com petentes respecto de ella. El arte de esta modalidad de terapia reside, en gran parte, en lograr sumarse a los padres pero sin provocar en la hija un antagonismo tan grande que se rehúse a cooperar con la terapia. Lo mejor es que el terapeuta aclare estos dos factores: que él no;está desestimando los intereses de la hija sino que su proceder
hacia ella es benevolente, y que lo que él hace es ayudar a los padres, que es también lo que la hija desea que se haga.
Anna: ¿Por qué no puedo dar yo esa respuesta?
Lande: Creo que tus padres están bastante metidos en esto, durante este período de tu regreso a casa, hasta que reinicies los estudios y vuelvas a la normalidad.
Anna: Oiga, yo ya soy una adulta.
Padre: Mire, hemos tenido un grave problema. En esta época los jo- vencitos piensan que su vida es c osa de ellos. Está bien, quizás deba
permitírseles que den su opinión, en mayor medida de lo que yo se los permití, pero es una batalla continua.
En esta clase de terapia no se discute la filosofía pedagógica ni se examina en qué consiste ser un buen padre o una buena madre. La terapia está agudamente focalizada en tomo de la situación inmedia ta con el vastago.
Lande: Sí, me doy cuenta. Ahora no estamos debatiendo lo que va a ocurrir dentro de un año, sino mañana o en los dos próximos días. Ustedes necesitan una suerte de plan de batalla.
Madre: Sí, un plan de acción. Lande: Un plan de acción.
(Más adelante, en la misma sesión.)
Madre: Creo que ni siquiera sé qué cosas puedes manejar tú en la primera semana.
Anm: Pero ese no es problema tuyo, mamá.
Lande: Annabelle, ese es un problema de tus padres. Discrepo conti go. Creo que este período de tu reunión con ellos es.. . en gran me dida un problema de tus padres.
Cuando comenzaron las desavenencias entre los progenitores, el padre presentó el problema al médico. El terapeuta se lo restituyó. La hija entró en la liza para sostener que ella debía decidir por si misma sobre sus asuntos. El terapeuta tenia que dejar de lado esa afirmación y restituir la responsabilidad a los padres. El padre quiso iniciar una discusión filosófica, y el terapeuta la convirtió de nuevo en cuestiones o fragmentos de problemas específicos y precisos, acortando el lapso a los pocos días venideros y pasando por alto un enfoque pedagógico para toda la vida. La hija quiso otra vez sacarles la responsabilidad a los padres y asumirla ella, y el terapeuta otra vez se la concedió a los padres. En esta primera etapa de la terapia, gran parte de la tarea del terapeuta consiste en desplazar pacientemente hacia los padres la responsabilidad y la autoridad.
Una de las maneras de abordar la cuestión de la autoridad paren-' tal es que en la segunda sesión estén presentes únicamente los padres. En la primera, es de suma importancia que estén todos presentes, para ver cómo es la familia y quiénes están involucrados dentro de ella, así como para que todos escuchen cuál será el plan terapéutico. Si luego se atiende a los padres a solas, se define una jerarquía en la cual son ellos los que están a cargo y los que toman las decisiones ejecutivas privadas.
Antes de la segunda sesión, terapeuta y supervisor comentaron lo que debía hacerse en su trascurso.
Lande: ¿Hoy tú querrías limitar a los padres a que examinen, princi palmente, qué “toque de queda” se impondrá, qué hará la chica y quién estará en la casa?
Haley: Creo que debes hacer que fíjen ciertas reglas. Lande: Para el próximo período.
Haley; Mira, en apariencia trabajarás en las normas que se fijarán a la chica; en realidad, estarás trabajando para llegar a un acuerdo en la vida conyugal de los padres, pero necesitas formularlo en términos de la chica.
(Más adelante, en la misma conversación.)
Haley: Una de las maneras de solucionar esto es sugerirles que fijen normas, no sobre el modo en que ella debería conducirse, sino sobre lo que sus padres están dispuestos a tolerar. Haz esa distinción. No se trata de decidir hasta qué hora puede estar ella afuera de su casa. Se trata de que la madre se siente inquieta si no vuelve a las once. Si pasadas las once ella está fuera y su madre se siente inquieta, entonces ella debe volver antes de las once. Lo importante es cómo se siente la madre, no cómo se siente la chica. El hecho de que la chica quiera o no quiera volver al colegio debe pensarse en términos de qué es lo mejor para los padres. Estos se sentirán mejor si su hija termina su escuela secundaria; por lo tanto, debe terminarla.
(Más adelante, en la misma conversación.)
Haley: Una vez que ella pierde la chaveta, los padres tienden a so- brecompensar siendo más bondadosos y cordiales, precisamente en el momento en que tendrían que mostrarse más firmes con ella. Y si tú les dices que deben mostrarse firmes, te contestan que no piensan lo mismo, porque la chica está enferma, etc. Pero tú debes argumen tarles que sí ellos adoptan una posición clara, su confundida hija también podrá adoptar una posición clara; mientras que si ellos están confundidos, la chica también lo estará. Entonces, los padres tienen que elaborar algo entre ambos, algo sobre lo cual puedan ponerse de acuerdo. Por ejemplo: ¿podrá la chica salir de noche el mismo día en que vuelva del hospital? Deben tenej un plan: o la dejan o no la dejan salir. No se trata de que para ella sea bueno salir, sino de que sus padres se queden tranquilos. Esa es la distinción.
Lande: ¿Esta es una regla general para toda las familias?
Haley: No, para estas familias y en esta época... Tienes que instarlos a tomar con la chica una posición normal, como lo harían con otros jovencitos. Eso va a ser lo mejor para la muchacha. Porque, como has visto, ellos no saben qué hacer con ella cuando pierde la chaveta.
Padre: Sospecho que estamos aquí para reafirmar, digamos, lo que te nemos que hacer con Anna cuando estemos en casa con ella, ¿no? Lande: Suena como que eso va a ser algo muy importante.
Padre: Pienso que lo es, y hemos charlado mucho sobre esto desde la última vez... en diversas oportunidades... No creo que lleguemos real mente a nada en firme, porque pienso que no sabemos aún qué es bueno para ella y qué no lo es.
Estos comentarios iniciales son un índice de que la primera sesión tuvo éxito. Si en la segunda sesión los padres empiezan defendiéndo se de ideas que surgieron en la primera, el terapeuta erró el tiro. Si persiste en ellos el afán de corregir malentendidos y absolverse de responsabilidades, es porque se los ha culpado. Si, en cambio, inician esta segunda sesión poniendo manos a la obra, como en este caso, el terapeuta lo aceptará y seguirá adelante. Posteriormente, se verá que el terapeuta aclara la cuestión del retorno de la chica a la casa y de la consecuente preparación de los padres.
Lande: Permítame que me refiera a algo que usted dijo. Porque creo que la vuelta de Annabelle al hogar dependerá mucho de que ustedes lleguen a un acuerdo, y, como usted dijo, para eso concertamos esta sesión, para establecer una serie de reglas y normas. Pienso que cuan do ustedes dos hayan llegado a un acuerdo que los haga sentir cómo dos, ella estará en condiciones de ir. Porque esto es algo que ella ne cesita mucho. Así que...
Padre: Pienso que lo necesita, pero no entiendo exactamente qué quiere usted decir. ¿Cree usted que ella piensa que lo necesita? Lande: No estoy seguro de que eso tenga"tanta importancia. Lo deci
sivo es que ustedes concuerden acerca de lo que los hará sentirse có modos cuando ella regrese a casa.
Madre: Creo que lo que usted quiere decir es que uno de los proble mas puede ser que nosotios dos tal vez no estemos unidos en lo to cante a Annabelle, y que para ella eso sería importante en este mo mento.
La madre vuelve a presentar un problema entre ella y su marido, que el terapeuta no acepta considerar.
Lande: Lo que estoy diciendo es que va a ser importante, cuando ella vuelva a casa...en otras palabras, si al término de esta sesión... Madre: Ella sabrá a qué atenerse.
Lande: Exacto. Al término de esta sesión ustedes dos tienen que es tar de acuerdo, digamos, sobre las horas en que ella debe volver o cualquier otra cosa, en los próximos dos o tres días, y sentirse cómo dos con esa decisión. No me parece importante lo que Annabelle pue da pensar sobre esto, porque ella tiene dieciocho años y ustedes son sus padres.
Madre: Ajá.
Lande: Sí al final podemos llegar a un acuerdo y ustedes se sienten cómodos, tal vez ella esté en condiciones de volver a su casa mañana. Ella estará en condiciones de volver a casa cuando todos hayamos alcanzado ese acuerdo.
Padre: Muy bien. Tengo algún temor de que no resulte tan sencillo, pero confío en que usted tenga razón. Porque cuando Annabelle no quiere hacer algo, puede ingeniárselas de una manera realmente in fernal.
(Más adelante, en la misma sesión.)
Lande: Ella está por salir del hospital, y pienso que en este momento necesita normas muy firmes.
Padre: Está bien, aunque se la pasa diciendo cosas como esta: “Yo soy adulta. No necesito que la gente me diga lo que tengo que hacer. No me gusta este hospital porque siempre me están diciendo qué de bo hacer”. Y sé que ella precisa que la dirijan.