• No se han encontrado resultados

Ejemplo del comienzo de una terapia

Para ilustrar algunos de los problemas que se presentan en una primera sesión, reproduciremos fragmentos de una terapia con una familia en la que había un hijo de veintiún años adicto a la heroína y a las anfetaminas desde hacía cinco años, que fuera sometido en di­ versas oportunidades a tratamientos desintoxicantes. En esos cinco a- ños, el período más extenso que había estado sin drogarse fue de dos meses. Además de sus padres, concurrieron a la sesión dos hermanos varones, menores que él. El terapeuta era Sam Kirschner.

La terapia formó parte de un proyecto de investigación; el tera­ peuta conoció a la familia en una de las entrevistas de este proyecto, y la convenció de que se sometiera a la terapia. En la primera sesión, dio por sentado que había entre ellos un contrato terapéutico, y se sorprendió cuando la madre sostuvo de entrada que ella no asistiría nunca más.

El terapeuta no hizo en un comienzo ninguna aclaración acerca de los horarios de sesión y el objetivo del tratamiento, porque había hablado de ello en la entrevista del proyecto de investigación, y con-

sideraba que no debía repetirlo. Cuando la familia tomó asiento, el padre declaró que eran un grupo familiar triste, y el terapeuta se de­ dicó a indagar acerca de esto, generándose una confusión que en de­ finitiva obligó al terapeuta a impartir a la sesión una nueva orienta­ ción y, en esencia, a empezar de nuevo.

Kirschner: ¿Qué sucede, pues? Padre: Este es un grupo triste. Kirschner: ¿Un grupo triste? Padre: Un grupo muy triste.

Madre: Sí, porque, este. . . yo no voy a venir más. Kirschner (sorprendido): ¿No va a venir más?

Padre: No lo dije por eso. Dije simplemente que es un grupo triste. Hijo: Todos tenemos algo que hacer esta noche.

Madre: Yo no tengo nada que hacer. Hijo: Yo sí.

Kirschner (al padre): ¿A qué se refiere la tristeza?

Padre: Para decirlo con franqueza, es una familia retorcida. Con fran­ queza, una familia realmente retorcida.

Kirschner (a la madre): Y usted no volverá más.

Madre: No, no lo creo necesario. Ante todo, me voy a ir de casa. El (el segundo hijo) se las arregla solo, tiene su vida propia. El (el tercer hijo) vendrá conmigo. El (el hijo problemático) puede hacer lo que le plazca. Va a cumplir veintiséis años, y si no empieza ahora mismo. . . así es. Ya ha cometido un error desde que salimos para aquí.

Kirschner: ¿Quiere decir que se ha drogado?

Hijo: Sí, una vez. Porque hice más dinero que el patrón del negocio, y me dejó ir. (Serie.)

Madre: Quiero decir que no.. . que no es necesario que ellos.. . ellos dos (los otros dos hijos) toleren esto.

Hijo: De acuerdo.

Madre: Quiero decir que yo estoy.. .

Hijo (superponiéndosele): No soy yo el que los molesta, eres tú. Explícaselo al doctor. Yo no molesto en absoluto a estos chicos. Madre: Bueno, ¿y de dónde crees tú que proviene todo? Hijo: De mí. Ha sido así durante cinco años, ¿no es cierto?

(El hijo pretende asumir la culpa del problema, pero también quiere dejar sentado que hace lo mejor que puede.)

Hijo: Lo intento. ¿No sabes acaso lo difícil que es? Madre: No te esfuerzas lo suficiente.

Hijo: ¿Por qué no piensas que lo intento, y que me es muy difícil? Madre: Ni siquiera lo intentas. Pasas el día entero durmiendo.

Hijo: ¡Carajo!, ¿por qué no piensas en lo que estoy pasando, y lo duro que es pasar por esto?

Hijo: ¡Exactamente! ¡Maldita sea, no puedes imaginarlo!

Madre: No, no puedo imaginar que yo le hubiera hecho una cosa así a mis padres. No puedo imaginarlo.

Hijo: ¡Ah, te lo estoy haciendo a ti! ¡Tú crees que te lo estoy haciendo a ti!

Madre: ¿Cuánto tiempo estuviste yendo a la facultad? Hijo: Dos semanas.

Madre: Y ayer no fuiste tampoco. Hijo: Ayer fui.

Madre: Y hoy no vas. Hijo: Estaba nevando.

Kirschner: ¿Podría alguien informarme qué sucedió desde la última vez que los vi? (Al padre.) Por qué no me cuenta.

Padre: Es como le dijeren pocas palabras; es una familia retorcida. Hijo (interrumpiéndolo): Tenía un empleo, lo perdí y me drogué. Padre (continuando): Ella se irá con él, o él se irá conmigo, ella se irá por su lado, yo me iré por el mío. Este chicote/ segundo hijo), creo que es el más. . . ruego a Dios que se quede.

Kirschner: Ustedes dos se quieren separar. Eso es lo que pasa, ¿no? Padre: Bueno, yo. .. yo no sé. Creo que es lo mejor para nosotros. Hijo: Tú crees eso.. . ¡Estás lleno de mierda!

Padre: De veras lo creo.

Hijo: Ustedes se separan a causa. . . a causa de mí. Padre: No.

Hijo: ¿Ah, no?

Lo primero que debe hacer un terapeuta es hacerse cargo de la sesión. No puede permitir que cada cual hable cuando se le antoje, pues de lo contrario la familia seguirá tan desvalida como antes y la terapia fracasará. En esta etapa el terapeuta debe organizar quién de­ be hablar en cada oportunidad, y, en lo posible, sobre qué. Para mo­ dificar la jerarquía, debe degradar al hijo y sosegarlo.

Se parte del supuesto de que los padres se comunican a través del hijo, y si permanecen juntos es por él Cuando el hijo comienza a abandonar el hogar y los padres quedan frente afrente sin su presen­ cia, amenazan con separarse. Entonces el hijo se droga y tiene algún fracaso vital, de modo de seguir atado a ellos. Desde este punto de vista, el hecho de inscribirse para un tratamiento de metadona y de retomar los estudios es un progreso en el hijo; cuando sus padres amenazan con separarse, deja la facultad y se droga.

Kirschner: George, cállate. Hijo: Ahí está la cosa, che. Kirschner: George, cállate. Padre: No, no es por tu causa.

Hijo: No me voy a callar. Cuando... cuando yo quiero decir algo, lo digo.

Kirschner: Tú. . . Todas las personas aquí presentes tienen la oportu­ nidad de hablar. Ahora estoy hablando con tu padre.

Padre (al hijo): ¿Por qué eres tan incoherente?

Hijo: Precisamente porque ustedes hacen esto, porque ustedes están diciendo. . . ustedes. . . ustedes. . .

Padre: No.

Hijo: Tú te irás por tu lado, ella se irá por su lado, porque yo soy un drogadicto.

Madre: Bueno, ¿cómo hemos estado conviviendo?

Hijo (interrumpiéndola}: . . . intento hacerlo, ¿se dan cuenta? . . . Padre: Escucha. . .

Hijo: ... ¿y acaso no saben lo difícil que es? Es como tratar de tirar de un elefante.

El objetivo del terapeuta es sacar al joven de su posición interme­ dia entre los padres. Un primer paso es hacerlo físicamente allí mis­ mo, en el consultorio, y ubicarse él en lugar del joven. Por ende, le pide a este que cambien mutuamente de asiento. El joven se rehúsa. Hijo: Tengo veinticinco años y me siento donde quiero.

Kirschner: Es un pedido, me gustaría que te sentases aquí. Hijo: Está bien, relajémonos. (Cambian asientos.} Kirschner: Gracias.

Hijo: Siéntese y sea feliz. Kirschner: Muy bien.

Hijo: Ellos piensan que me encajo la droga porque los odio. Porque quiero que sufran.

Kirschner: Así es.

Hijo: Están confundidos, están totalmente confundidos.

Kirschner: Muy bien. Déjenme ver. . . Déjenme averiguar qué. . . qué clase de pelea es esta. ¿Qué ha pasado en los últimos, este. . .?

Padre: Ha sido un constante. . . un constante disturbio entre ella y él (madre e hijo).

Hijo: ¿Y yo? Padre: Entre ella y él. Madre: No es cierto.

Padre: Ella no lo soporta, y él no la soporta. Hijo: ¿Te das cuenta que soy un drogadicto?

Esta breve secuencia ilustra el triángulo familiar. Cuando el padre afirma que la madre no puede soportarlo, criticándola y dando a en­

tender que entre él y su esposa hay una discrepancia, el hijo los apar­ ta situándose él como problema. Esta secuencia se presenta en mu­ chas formas en la vida de la familia; una de las formas típicas es que el hijo inicia una discusión con el padre cuando surge un conflicto entre sus progenitores, de modo tal que el problema entre estos no se les vaya de las manos y, a la vez, no sea resuelto.

F

. Kirschner: Aguántate, ya llegaremos a ti. Aguántate,

i Padre (al hijo): No estamos hablando de drogadictos. Tú cometiste el * error. . .

Hijo: ¡Cometí un buen error, viejo!

Padre: Nosotros incurrimos.. . tú incurriste en el error esa vez. Quie­ ro decir que fue muy estúpido de tu parte, muy estúpido.

Hijo: Y sigo drogándome.

Padre: Tu motivo fue . . . primero querías tener una excusa, y te bus­ caste la excusa más barata que podías haber encontrado.

Hijo: No quería ninguna excusa. Padre: Bueno, conseguiste una excusa. Hijo: Lo pasé bien.

Padre: De acuerdo.

Hijo: Fue mi. . . Yo no creía. .. Yo no dije. . .

Padre: Así te irá, seguirás pasándolo bien toda la vida.

Hijo: Yo no dije que fuera a.. . porque quería que mi madre y mi padre rompan relaciones..

Padre: Tú no tienes nada que ver con esto.

Hijo: ¡Ah, cómo me gustaría que se quedasen fritos. . . y morir de un ataque al corazón!

Padre: Tú no tienes nada que ver con esto.

Kirschner: George, tu padre te está diciendo que tú no tienes nada que ver con el hecho de que ellos rompan relaciones.

Hijo: i No? Entonces. . . ¿cómo fue,que lo mencionaron.de entrada? Padre: Tú sabes, nuestra vida no es muy...

Hijo (interrumpiéndolo): Ella los está volviendo locos (a los otros dos hijos} gritándoles por causa de mí.

Padre: No.

Hijo: La dejé hecha una piltrafa de nervios. Padre: Ella grita por cualquier cosa. Kirschner: Continúe.

Padre: Y no hay razón para que no lo haga, porque tú no haces un carajo.

Kirschner: Continúe. Padre: ¿Comprendes?

Kirschner: Continúe. Este. .. . me gustaría hablar con ustedes dos a solas. George, ¿podrías llevar a tus hermanos a la sala de espera?

Ahora el terapeuta se hace cargo, y en esencia comienza la sesión de nuevo. Habla con los padres a solas y establece con ellos un con­ trato y una agenda.

Padre: El seguirá buscando excusas como esta, pequeñas excusas. Co­ mo este incidente de hoy, ahora saldrá y se irá a drogar. Sé que es un i error, que estamos ciento por ciento equivocados. No lo estamos

ayudando.

Padre: El muchacho procura hacer algo para ayudarse, pero nosotros necesitamos tanta ayuda como él, o más. Ahora bien, este no es asunto suyo (al terapeuta). Usted sabe lo que quiero decir. Quiero decir que él le ha traído problemas.

He aquí un punto decisivo: el padre afirma que los problemas de marido y mujer no son asunto del terapeuta. La manera en que este responda determinará el enfoque terapéutico. Podría preguntarle al padre qué clase de ayuda necesita; o bien ofrecer su ayuda a ambos para cualesquiera problemas que tengan; o definir la terapia como dirigida a toda la familia y no únicamente al hijo.

Según el enfoque aquí expuesto, seria un error ofrecerse a ayudar a la pareja con sus dificultades. La meta de la terapia es establecer una jerarquía correcta, en la que los padres estén a cargo de su hijo irresponsable. Cualquier énfasis en los problemas de los padres dividi­ ría a estos en un momento de crisis. Una conducción dividida está destinada al fracaso. De modo que el terapeuta debe concordar en que el problema es el hijo y mantener el foco en su adicción. Podrá ofrecerles ayuda en el futuro pero les manifestará que en este mo­ mento los problemas de la pareja no son el eje de la cuestión.

Kirschner: Exacto, y es para eso que estamos aquí. Padre: De acuerdo.

Kirschner: Bien. Eso es lo que estoy tratando de decir. Ustedes. .. los tres tenemos que trabajar mancomunados para tratar de ayudar a George a que se ayude a sí mismo. Eso es todo. ¿Están dispuestos? Lo fundamental es que nosotros, tres personas adultas, tenemos que enderezarlo, y podemos lograrlo si trabajamos juntos. He tenido éxi­

to con problemas más difíciles, y les digo que si los tres trabajamos juntos venceremos. Cualquier otra cosa que.suija entre ustedes dos es

otro asunto.

El terapeuta ha expuesto su plan. Acuerda con los padres que se­ guirán trabajando con él para tratar de curar el problema de adicción de su hijo. Cuando hace entrar al hijo, ya ha empezado a establecer a los padres como autoridades conjuntas sobre aquel, más que como dos esposos eh conflicto y pugna impotente frente al problema. Está cumpliendo así con la tarea de la primera sesión: aclarar el plan de la terapia y corregir una jerarquía que funciona mal.