Según un estudio realizado por el Ministerio de Salud ca- nadiense, cuando la mujer es atendida por una matrona, el aho- rro para el sistema sanitario es de entre 800 y 1.800 dólares. El gerente del Hospital de Ottawa calculó que cuando el parto es atendido por una matrona, el ahorro para el hospital ronda los 950 dólares. En esos casos, además, la tasa de satisfacción de las madres es del 98,7 por ciento. En el año 2003, en Canadá se dio una falta de matronas similar a la actual situación espa- ñola, lo que originó un gasto extra en los hospitales de Onta- rio de 2,8 millones de dólares. El programa «Cuidados a Largo Plazo», llevado a cabo por el Ministerio de Salud para evaluar los cuidados a las embarazadas de bajo riesgo por matronas y por médicos, puso de manifiesto que las matronas tuvieron un 38 por ciento menos de cesareas, un 62 por ciento menos de partos instrumentales, la mitad de la tasa de episiotomías, más del doble de mujeres dadas de alta antes de cuarenta y ocho horas, menor porcentaje de reingresos de madres y bebés y una mayor tasa de lactancia materna a las seis semanas.
Las mujeres son cada día más conscientes de que ambos profesionales —matronas y ginecólogos— tienen su ámbito de acción bien diferenciado y de que el parto normal progresa mejor cuando es atendido por una comadrona. Por ello, en los últimos cuatro años, en Canadá la demanda por parte de las mujeres de ser atendidas por matronas ha aumentado en un 125 por ciento (datos ministeriales).
La recuperación de la matronería en el mundo corre pa- reja con el desarrollo del concepto de prevención y, aún más, del de promoción de la salud. La matrona como persona que atiende a la mujer desde una perspectiva fisiológica, preventi- va y de normalidad se perfila cada vez más como un elemento clave del sistema sanitario. No porque vaya a aplicar la «me- dicina», sino precisamente de cara a evitar en lo posible que partos normales y saludables generen iatrogenia innecesaria física, psicológica y social.
Qué dice la OMS
Por lo que se refiere a la atención, en sus «princi- pios acerca del cuidado perinatal», la OMS incluye entre las «formas de cuidado que deberían ser aban- donadas», el «hacer participar a los médicos en la atención de todas las mujeres». Ya en sus primeras recomendaciones se afirmaba: «Los sistemas infor- males de atención perinatal (como las parteras tra- dicionales) deben coexistir con el sistema oficial, y se ha de mantener un espíritu de colaboración en beneficio de la madre. Tales relaciones pueden ser muy efectivas cuando se establecen en paralelo».
Para saber más:
Artículos:
«Continuidad de la atención.» José Ignacio Matute. «Comadronas ante la decisión ¿qué camino es el
mejor?» Mireia Marcos, Carina López Ballester, Rafael Andrés. www.elpartoesnuestro.org
Documento sobre «Continuidad de los cuidados a largo plazo», en la web de la Asociación de Ma- tronas de Ontario (www.aom.on.ca).
«La humanización del nacimiento es una obligación legal.» Francisca Fernández. www.elpartoesnues- tro.org
Libros:
Parto seguro. Beatrijs Smulders y Mariël Croon. Me- dici, 2002.
Women and doctors. J Smith. The Atlantic Monthly Press, 1992.
Nurses, midwives and witches. Barbara Ehrenreich y Deirdre English. Feminist Press, 1972.
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Método madre canguro
Si los bebés niños nacidos a término tienen necesida des ur- gentes, los prematuros las tienen en mayor intensidad. Naci- dos antes de plazo, la maduración de sus sistemas requiere de un cuida do aún más exquisito que la de los que han nacido a término: calor, contacto, seguridad emocional, lactancia ma- terna.
De todas estas necesidades, la incubadora solamente satis- face una: el calor. El bebé mantiene una temperatura estable, pero al mismo tiempo un aisla miento total del mundo exte- rior. Separada de su bebé, para la madre, establecer la lactancia se convierte en una misión casi imposible, y ambos progenito- res son limitados al papel de espectadores tras los cristales de la sala de prematuros.
La necesidad de contacto del bebé es más que emocio- nal. Un recién nacido total mente privado de abrazos y caricias puede acabar por morir, lo que ocurría a gran parte de los niños abandona dos en las inclusas en siglos pasados. Si no está to talmente privado de esos estímulos, el bebé crece, pero más despacio y disfuncionalmente que los be bés normales.
En unos experimentos llevados a cabo hace años, se com- probó que los bebés prematuros que eran acari ciados por una enfermera durante cinco minutos va rias veces al día aumen- taban de peso más deprisa y eran más robustos que los del grupo de control. Cuando años más tarde se repitió el mismo experi mento utilizando a las madres en lugar de la enferme ra, el resultado fue aún más sorprendente. Cuatro años después, los niños prematuros que habían sido acariciados por sus ma- dres regularmente durante su permanencia en la incubadora no solamente habían creci do mejor, sino que obtenían una
media de 15 puntos más en los tests de inteligencia que los niños que no habían sido tocados. Antes de esto, en los años cuarenta, se había comprobado que cuando se emitía una gra- bación de latidos car díacos en una sala de prematuros, más de la mitad de los niños dejaba de llorar.
Estos son unos pocos de los muchos experimentos que demuestran lo impor tante que es para el bebé la presencia de su madre. Por ejemplo, en alguna maternidad «progresista» de Es- tados Unidos, llegó a introducirse en la incubadora un pedazo de tela impregnado del olor de la madre, el primer olor que los bebés reconocen al nacer, porque se comprobó que eso los tranquilizaba.
Todos estos estudios dan vueltas y más vueltas en torno a la cuestión fundamental —la importancia del factor afectivo y del contacto con la madre— pero evitan cuidadosamente to- carla. En Colom bia, a finales de los años setenta, una crisis de recursos en la que a la escasez de incubadoras se vino a unir la abundancia de nacimientos prematuros obligó a repensar la neona tologia. El modelo fue la propia naturaleza. El méto do, el del canguro.
El método fue ideado por el doctor Edgar Rey Sanabria, del Instituto Materno Infantil de Bogotá, y desarrollado con- juntamente con los doctores Héctor Martínez y L. Navarrete. Los prematuros y recién nacidos de peso inferior a 2 kilos eran enviados a casa, si el examen clínico previo era satisfacto- rio. La consigna era culminar una gestación tipo «canguro»: cada bebé permanecía día y noche con su madre en con tacto piel con piel, colocado en posición vertical en una bolsa espe- cialmente diseñada para ello y en una habitación bien caldea- da. Las madres amamantaban a su bebé a demanda. El estudio comprendía cuatrocientos sesenta y siete bebés de peso in- ferior a los 2.000 gramos, de los que siete pesaban menos de 1.000 gramos y noventa y seis entre 1.000 y 1.500.
Solamente un 4 por ciento de los casos requirió hospi- talización por hipotermia, y se registró un 3,5 por ciento de mortalidad, cifra que contrastaba con el 60-70 por ciento ante- rior a la puesta en marcha de este plan. Concretamente, la tasa de supervivencia de los bebés nacidos con menos de 1.000
gramos de peso pasó del 0 al 72 por ciento; mientras que la de los bebés que pesaron entre 1.000 y 1.500 gramos pasó del 27 al 89 por ciento. Ade más, los bebés ganaban peso más rá- pidamente, estaban más tranquilos, mantenían una temperatu- ra más estable y presentaban menos problemas respiratorios cuando eran «incubados» por sus madres.
Aparte del indudable beneficio del contacto piel con piel de madre y bebé, una parte de estos excelentes resultados se debió a una reducción del riesgo de infección. Estar ingresado en un hospital supone estar expuesto a gérmenes extraños y potencialmente peligrosos, lo que no ocurre cuan do la in- cubadora es la madre, para cuyos gérmenes el bebé tiene las defensas desarrolladas en el útero y las que le proporciona el calostro y la leche materna.
El método madre canguro ha evolucionado y se ha perfec- cionado desde entonces, obteniéndose resultados aún mejo- res. Sin embargo, lo esencial del mismo es muy sencillo: con- tacto piel con piel con la madre, lactancia materna exclusiva y a demanda y apoyo a la díada madre-bebé y a la familia. El papel del padre es igualmente importante. El método madre canguro no intenta sustituir a la madre, sino apoyarla para que ella pueda incubar a su bebé.
En España, algunos grandes hospitales han incorporado el método madre canguro en su servicio de neonatología, por ejemplo, el hospital Valme de Sevilla, el Juan XXIII de Tarragona o el Doce de Octubre de Madrid. En esos hospitales, los padres «incuban» a sus bebés y las puertas de las salas de prematuros están abiertas día y noche. Sin embargo, la mayoría de los hos- pitales continúa todavía con el procedimiento convencional, esto es, mantener al bebé en incubadora y limitar las visitas de los padres a horas preestablecidas. La lactancia, en estos casos, se complica considerablemente.
La maternidad de Pithiviers ha encontrado en la combi- nación de ambos métodos, la incubadora y el canguro, una fórmula muy operativa. Los niños prematuros o de bajo peso que no presentan una patología asocia da no son trasladados a los servicios de neonatolo gía, a no ser que sea imprescindible, lo que ocurre en tan solo un 1,5 por ciento de los casos. Para
los que precisan de incubadora, pero no están en situación de emergencia, se instala una en la mis ma habitación de la madre. Esta va alternando el sis tema del canguro con la incubado- ra, de modo que las madres cuidan de su hijo, lo amamantan y pron to aprenden a tener suficiente criterio para avisar al personal si detectan cualquier anomalía. La habita ción se so- brecalienta, de manera que la madre puede tener al bebé piel con piel contra su cuerpo, o tenerlo con ella en el calor de su cama, hasta que puede prescindir de la incubadora to talmente. Los bebés de menos de 2,5 kilogramos cuidados de esta forma en Pithiviers no solo prospe ran más rápidamente, sino que en ningún caso han precisado de hospitalización secundaria pos- terior. Los excelentes resultados obtenidos con esta forma de tratar a los prematuros han llevado a muchos pediatras a de- ducir que muchas de las alteraciones metabólicas que sufren los bebés prematuros no se deben al hecho de serlo, sino a la privación de contacto amoroso y de estimulación.
Los prematuros y nacidos con bajo peso tratados de ese modo adquieren una autonomía comparable a la de un naci- do a término mucho más rápidamente que los tratados con métodos convencionales. Al mismo tiempo se evitan las innu- merables conse cuencias de todo tipo que la separación de la madre puede infligir en un recién nacido, además prematu ro, como la privación de contacto amoroso, seguridad emocional y lactancia materna.