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Una mirada a la leche

La sustitución de la leche materna por la de vaca fue un paso más en el proceso de sustitución de la naturaleza, la ma- dre, pordiversos sucedáneos. El abandono casi to tal de la lac- tancia natural ocurrido a mediados del siglo pasado se debió a varios factores, además de las prácticas hospitalarias: el apoyo de la lactancia artificial por la comunidad científica, la incor- poración de la mujer al trabajo, la disponibili dad de grandes cantidades de leche de vaca debido a la industrialización de la ganadería y la astuta inter vención de la industria en busca de su oportunidad, que encontró el equívoco pero eficaz térmi- no de «maternizada» para calificar a su producto.

Pero la leche materna es un alimento vivo, perso nalizado y perfecto. Además de los nutrientes en una proporción ade- cuada para las necesidades del bebé, la leche materna contie- ne enzimas para facilitar su digestión y una variedad de cé- lulas defensivas que la convierten en un alimento de primer orden desde el punto de vista inmunitario. La leche materna contie ne inmunoglobulinas A, que tapizan la permeable y de- licada mucosa in testinal del bebé, para evitar la penetración de gérmenes noci vos. Los anticuerpos de la leche, diferentes

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de una madre a otra y de un bebé a otro, son personalizados. En caso de infección del bebé, la leche cambia su composi- ción y aporta los anticuerpos necesarios para combatir esa infección. Pero además es un alimento económico, ecológico, siempre listo, que se toma recién hecho y con la más atractiva de las presentaciones.

Pero qué duda cabe que una de las preocupaciones de las madres lactantes y los pediatras es que el bebé aumente de peso de forma adecuada. Y ese es precisamente uno de los motivos por los que el biberón adquirió tanta popularidad: los niños engordaban más deprisa. No obstante, eso que en otras décadas podía ser un argumento de peso a su favor, hoy en día ya no lo es. La obesidad es un serio problema de salud, y uno de los factores preventivos de obesidad infantil es, pre- cisamente, la lactancia materna.

Proteínas.La cantidad de proteínas de la leche de vaca es casi cuatro veces mayor que la de la leche materna. Pero la propor- ción de proteínas de la leche de cada especie está en relación directa con el peso final que alcanza en la edad adulta. Dado que la vaca termina alcanzando tres o cuatro veces el peso de un ser humano, una mayor proporción de proteínas parece muy adecuada para el ternero, pero no para el bebé.

Por otra parte, la proporción de proteínas de la leche de cada especie está directa mente relacionada con la velocidad de crecimiento de sus individuos: A mayor velocidad de cre- cimiento, mayor proporción de proteínas. El bebé duplica su peso en seis meses, y el ternero lo duplica en cuarenta y siete días, momento en el que alcanza los 100 kilos.

La velocidad de crecimiento, por otra parte, no es un bien en sí mismo, sino que está relacionada con la longevidad de la especie: cuanto mayor es la velocidad de crecimiento, menos longeva es la especie. El bebé pertenece a una especie mucho más longeva que la vaca, y eso hace que su aumento de peso sea más lento. En diversos experimentos, cuyos resultados fue- ron publicados en el informe «Rapid growth-shorter life», se constató que las dietas hiperproteicas administradas a anima- les de laboratorio tenían el efecto de acortar su vida

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Grasas. La cantidad de grasas es ligeramente superior en la leche materna. Pero lo más importante es el tipo de grasa pre- sente en una y otra. La leche ma terna es muy rica en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, en comparación con la leche de va ca. La grasa de la leche de vaca, y espe cialmente si es de granja industrial, es casi toda saturada.

Los ácidos grasos poliinsaturados juegan un papel esen- cial en el desarrollo cerebral del bebé. La leche materna es el único alimento, excep tuando la onagra, la espirulina y la bo- rraja, que con tiene el ácido gammalinolénico. También tiene otros ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, de vital importancia en el desarrollo del cerebro y sistema nervioso del bebé. El aporte de estos nutrientes por la leche materna es importante, ya que el organismo del bebé no dispone todavía de las enzimas necesarias para elaborarlos a partir de los áci- dos grasos insaturados.

El tipo de grasa contenida en la leche de cada especie guar- da relación con el grado de desarrollo cerebral que alcanzan sus individuos. La diferencia entre la calidad de las grasas pre- sentes en la leche de vaca y en la leche de mu jer está sin duda relacionada con el diferente grado de desarrollo que alcanzarán el cerebro del ternero y del bebé. Mientras que a los dos años el cerebro de un niño pesa aproxi madamente 1,2 kilos (un 10 por ciento de su peso total), el cerebro de una vaca puede pesar unos 350 gramos (menos del 1 por ciento del peso total). Por tanto, el ti po de grasa contenida en la leche de vaca puede ser muy indicado para el exiguo crecimiento cerebral de la vaca, pero no para el desarrollo cerebral y nervioso del bebé.

La calidad de la grasa de la leche materna parece ser uno de los factores por el que los niños amamantados presentan unos índices de inteligencia superiores a los bebés que no lo han sido. En un estudio realizado en el marco de una tesis doc- toral en el Hospital Universitario Reina Sofía y en la Facultad de Medicina de Córdoba, los resultados ponían de manifiesto que los niños que se habían beneficiado de la lactancia mater- na presentaban a los 18 meses de edad entre 9 y 10 puntos más de inteligencia según la escala Bayley que los niños que no habían sido amamantados.

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Por otra parte, el cuerpo de la madre lactante tiene inte- ligencia propia y regula la composi ción de la leche de acuer- do con las necesidades del lactante, en función de su edad e incluso del mo mento. Por ejemplo, la leche del final de la toma contiene más ácidos grasos poliinsaturados que la del principio, y la composición de la leche de las ma dres de bebés prematuros es más rica en estos ele mentos que la de las ma- dres de bebés nacidos a tér mino. Este es un motivo más para ofrecer a todos los bebés prematuros la posibilidad de ser in- cubados por sus madres con el método madre canguro.

Hidratos de carbono. La cantidad de hidratos de carbono de la le che materna es más del doble que la de la leche de vaca. La glucosa es el principal nutriente del cerebro, por lo que una mayor proporción de hidratos de carbono es coherente con el hecho de que el cerebro del bebé es más grande y cre- ce a mayor velocidad que el del ternero.

El calostro