El confinamiento de los bebés prematuros y de bajo peso en urnas de cristal es una práctica cada vez más cuestionada. Separar a cualquier criatura recién nacida de su madre —con mayor razón si es prematura o de bajo peso— tiene conse- cuencias físicas y psicológicas, no solamente a corto sino tam- bién a largo plazo. Esto es algo verificado de mil formas por científicos de diversas disciplinas.
Las crías mamíferas arrancadas de su hábitat normal (su madre) tienen un comportamiento similar, que los científi-
cos llaman «respuesta de protesta-respuesta de angustia». Esta respuesta fue observada por primera vez en los orfelinatos después de la Segunda Guerra Mundial y confirmada en estu- dios con monos y otros muchos animales. Esta respuesta de protesta, lejos de ser un «capricho», tiene un propósito de su- pervivencia. El bebé internado en incubadora por problemas de salud o bajo peso sufre un considerable aumento de hor- monas del estrés, que le causan bajadas de la temperatura del cuerpo y del ritmo cardíaco. «Llorar es nocivo para los recién nacidos; ello restaura la circulación fetal y aumenta el riesgo de hemorragia intraventricular y diversos otros problemas. La primera violación, lo peor que puede ocurrirle a cualquier re- cién nacido, es la separación de su madre, su hábitat normal.» Así lo afirma el pediatra sudafricano Nils Bergman (ver capítu- lo «A propósito del vínculo»).
La necesidad de contacto amoroso del bebé es tan impor- tante como la necesidad de alimento. El amor nutre al bebé tanto como la leche.
El contacto con el cuerpo de la madre actúa como un «re- gulador de amplio espectro», ya que el bebé tiende a sincro- nizar sus constantes vitales con las de su madre. En contacto con ella, consigue una mejor termorregulación, estabiliza la función cardio-respiratoria y mejora sus niveles de oxigena- ción. También sincroniza su curva de actividad cerebral y los ritmos de sueño y despertar, además de favorecer la produc- ción de leche. Por todos estos motivos, recluir a un bebé en la incubadora y limitar las horas de visitas de los padres puede ser considerado como una forma de maltrato al bebé y a la mamá.
En el marco del II Simposio Internacional de Lactancia Materna celebrado en Bilbao en 2005 y organizado por la Liga de la Leche de Euskadi, la neonatóloga Josefa Aguayo hacía recuento de las recomendaciones y tratados nacionales e in- ternacionales que protegen el derecho de todo prematuro y de toda madre a estar juntos el mayor tiempo posible y de ha- cer todo lo que se pueda para instaurar una lactancia materna exitosa. La declaración de Barcelona ratificada en el V Congre- so Mundial de Medicina Perinatal (2001) en relación con los
derechos de la madre dice: «Toda mujer tiene el derecho a ser informada de los beneficios de la lactancia materna y animada a iniciarla inmediatamente después del parto... Toda mujer tie- ne derecho a un acceso ilimitado a su hijo mientras se encuen- tre en el centro hospitalario y su estado se lo permita».
El método madre canguro tiene casi treinta años de evolu- ción. Sin embargo, en el siglo XXI, en la mayoría de los hospita- les todavía suceden estas cosas:
La primera vez que los vi estaban en incubadoras contiguas en la UVI, llenos de cables, con un tubito en la boca, los ojos tapados, un gorrito y patucos. Y un pañal enorme, sin ajustar, que les llega- ba a las axilas. Me eché a llorar abrazada a las incubadoras. Eran mis hijos y no podía tocarles, no podía verles la cara.
No es de extrañar, pues, que la OMS recomiende: «Al igual que la mujer debe te ner derecho a elegir conscientemen- te lo que se hace con su cuerpo, los padres deben elegir consciente mente lo que se hace con su hijo».
Para saber más:
Artículos:
«El método canguro de tener al bebé.» Nils Bergman. Sextas Jornadas Internacionales sobre Lactancia, París, marzo 2005. www.kangaroomothercare. com. En Español: www.partonatural.net
«El derecho de la madre a amamantar al niño pre- maturo.» Josefa Aguayo, neonatóloga. Ponencia. II Simposio Internacional de Lactancia Materna organizado por la Liga de la Leche de Euskadi. Bilbao, noviembre 2005.
«El vínculo en prematuros.» Ibone Olza, psiquiatra infantil. www.elpartoesnuestro.org/elparto/pre- maturos/prematuros.html
«UCI neonatal, su primer hogar.» Ibone Olza, psiquia- tra infantil.www.elpartoesnuestro.org/elparto/ prematuros/prematuros.html
«Método madre canguro. Guía práctica.» OMS. www. who.int/reproductive-health/publications/es/ kmc/text_es.pdf
«El Programa “Madre Canguro”: una técnica colom- biana de cuidado ambulatorio del niño pre- maturo y/o de bajo peso al nacer (< 2.000g).» Nathalie Charpak, pediatra, directora de la Fundación Canguro; Zita Figueroa, neonatólo- ga, coordinadora del programa Madre Canguro Integral. Red Internacional de Cuidados Madre Canguro. www.kangaroo.javeriana.edu.co/can- gesp1.htm
«Primera hora tras el nacimiento.» Michel Odent. Primal Health Research Centre. www.partona- tural.net
«El nacimiento y los orígenes de la violencia.» Michel Odent. Primal Health Research Centre. www. partonatural.net
Libros:
Bebés canguro. Natalie Charpak. Gedisa. 2006.
Antes de tiempo, nacer muy pequeño. Carmen R. Pallás, Javier de la Cruz. www.exlibrisediciones. com
La santé primale. Michel Odent. Payot. París, 1986.
El apego, la separación, la pérdida. (3 tomos) John Bowly. Paridós.
Webs:
Campaña ¡Que no os Separen! www.quenoossepa ren.info
Red Internacional de Cuidados Madre Canguro. www.kanga roo.javeriana.edu.co/cangesp1.htm Kangoroo mother care. www.kangaroomothercare.
com.
Mother baby behavioural sleep laboratory. James J. McKenna.www.nd.edu/~jmckenn1/lab/
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Parto hospitalario, parto en casa
En esta era tecnológica en la que hasta los triciclos tienen motor, es una creencia extendida que para parir hay que hacer muchas cosas y tener a mano muchos «adelantos técnicos». Como si la naturaleza no hubiera previsto que después de concebir y gestar un bebé, hay que parirlo. Según este para- digma, la idea de dar a luz en casa parece retrógrada y peli- grosa, mientras que parir en el hospital se presenta como el súmmum de la seguridad. Efectivamente, el hospital es el sitio más seguro para ese escaso porcentaje (no más del 10 por ciento, según la OMS) de partos que se complican y pueden requerir alguna intervención técnica. Para el resto, las cosas no están tan claras. Incluso la OMS incluye entre las prácticas «que deberían ser abandonadas» el «insistir en el confinamien- to institucional universal».
Después de una primera experiencia hospitalaria, cada vez más parejas son conscientes de que dar a luz en un hospi- tal, tal y como están las cosas actualmente, lejos de ser la op- ción más segura, supone asumir ciertos riesgos y exponerse a intervenciones sobre las que no se tiene ningún control. En el hospital, todos los medios están a mano —¡qué duda cabe!— pero también la perspectiva de ser sometida a prácticas de rutinas capaces de crear más riesgos de los que se supone que previenen o resuelven.
Así las cosas, es una creencia extendida que las mujeres que dan a luz en casa lo hacen porque son hippies, progres, naturistas o seres pertenecientes a las más variadas tribus no precisamente urbanas. Pero no. Entre las que dan a luz en casa, se pueden encontrar apasionadas de lo «alternativo» y lo «natural», pero también mujeres absolutamente normales:
abogadas, profesoras de universidad, administrativas, catedrá- ticas de instituto, comerciantes, arquitectas, funcionarias, en suma, mujeres de todo tipo y origen social, que simplemente se han informado bien, han reflexionado y toman decisiones conscientes y maduras.
Hay incluso profesionales sanitarias que deciden parir en casa, precisamente porque conocen el funcionamiento de los hospitales. Roser Gallardo, comadrona mallorquina, decidió tener a su tercer bebé en casa, viviendo una experiencia que cambió para siempre su forma de trabajar y de enseñar.
Máster en trece horas de atención al parto y nacimiento (o el día en que profesionalmente aprendí más)
A mis cuarenta años y con toda la sabiduría que nos da la vida, decidí parir a mi tercer hijo en casa. Respetaba los partos en casa pero nunca me había parecido la opción que yo elegiría, supon- go que influida por mi formación (comadrona).
No recuerdo cómo surgió la idea, pero si cómo se fue incre- mentando. Diez años antes, se me había extirpado la glándula tiroidea por un carcinoma papilar; de propina se llevaron la pa- ratiroidea. Esto significa que debo tomar tratamiento hormonal sustitutorio. Empecé a pensar en las pruebas a las que, sin nece- sitarlas, sería sometido mi hijo.
Al cabo de unos meses, se me diagnosticó una diabetes gesta- cional por dos controles ligeramente alterados; aquí sí que lo tuve clarísimo. Conocía los protocolos hospitalarios de atención al re- cién nacido de madre diabética y, sumándole lo dicho anterior- mente, no podía soportar la idea de que mi bebé fuese acribillado a pinchazos sin ninguna necesidad, únicamente por el protocolo del «si acaso». Ahora bien, todos mis controles eran normales; por tanto, no podía influirle en nada. Tengo que agradecer al endocri- no que me visitaba su respeto y apoyo a mi decisión.
Esta decisión, en un principio, no fue aceptada por mi pareja. Estaba convencido (como la mayoría de la gente) de que el lugar adecuado para parir era el hospital y, por supuesto, asistida por un médico, ¡que son los que más saben! Conseguir que mi pareja
comprendiera que me quedaba en casa para proteger a mi bebé resultó un trabajo duro y todavía más el que comprendiera que la experta en partos normales era yo misma. Primero, porque cuando nací, ya sabía parir. Segundo, porque ya había parido dos veces y tercero, porque además soy comadrona. Como toda per- sona inteligente, acabó por entenderlo y una vez nacido mi hijo, reconoció que la experiencia era la más gratificante y espectacu- lar que había vivido.
Alucinaba con la posibilidad de poder estar rodeada de mis hijos, mis padres y mi pareja.
El parto duró trece horas, una más que los dos partos anterio- res, y seguramente hubiese podido ser más rápido. No tenía prisa, me gustaba y me recreaba en ello, ¡era el último!
Profesionalmente me acompañó un comadrón, que era el único que asistía partos en aquel momento, y una compañera que me había pedido asistir. Con dicha compañera, poco más tarde fundamos Deu Llunes (diez lunas), es decir, comadronas que asistimos partos a domicilio.
Estas maravillosas horas me enseñaron:
s ,A IMPORTANCIA DEL ESPACIO FÓSICO -I DORMITORIO SE
convirtió en mi nido, la puerta estaba cerrada, sola- mente entraban las personas que yo quería y cuando yo quería. La ventana estaba abierta, me gustaba ver la luz del día y a mis perros, que no se separaron de ella en ningún momento. Las sonatas para piano (K. 283, 331, 332 y 333) de Mozart no dejaron de sonar en ocho horas, el volumen era alto, me encanta sentir vibrar las teclas del piano. Recuerdo que una persona me insinuó que la música estaba muy alta y le pedí que dejase la habitación si le molestaba.
s 1UE HAY QUE TENER PREPARADO TODO LO QUE DESEEMOS
aunque no quiere decir que vayamos a utilizarlo. Duran- te el embarazo, siempre pensé que pariría en el agua, me apasiona el agua. Al final, solamente una ducha con finalidad higiénica, no soportaba estar mojada.
s 1UE NO HAY QUE TENER PRISA .O SABÓA QUE SE PODÓA PA-
lo importante es la intensidad y la duración de las con- tracciones más que su frecuencia. En el hospital, si no se conseguía «una buena dinámica» (tres contracciones en diez minutos), se estimulaba con oxitocina porque «con esta dinámica no vamos a ningún sitio».
s 1UE EL PERINÏ NECESITA SU TIEMPO PARA DISTENDERSESI EL
bebé no salía en «dos contracciones», se practicaba una episiotomía (tengo dos de mis partos anteriores).
s 1UE SE DEBE ADOPTAR LA POSICIØN QUE SE DESEE #AM-
biando espontáneamente de posición descubría de qué manera me resultaba todo más agradable. La posi- ción en cuclillas casi rozando el suelo con los glúteos y agarrada con las manos a una barra de la cama fue un gran descubrimiento. En el momento del nacimiento, estaba sentada en una banqueta de partos y mi pareja me sujetaba la espalda.
s 1UE NO PASA NADA SI EL BEBÏ SE TOMA UN TIEMPO PARA
empezar a llorar (a algunos no les apetece). Yo misma corté el cordón umbilical cuando acabó de latir. Desde entonces me encanta observar cómo los bebes son ca- paces de expulsar las secreciones, cómo van cambian- do de color, empiezan a llorar, etc.
s 1UE LA PLACENTA PUEDE TARDAR UN POCO MÈS DE MEDIA
hora en desprenderse. Tardó cuarenta minutos; en el hospital, a los treinta minutos, se hace una extracción manual con anestesia.
s 1UE EN SOLAMENTE DIEZ MINUTOS EL BEBÏ YA ESTABA CO-
gido a la teta; los dos anteriores fueron llevados a ni- dos unas seis horas. Afortunadamente, hoy en día, en todos nuestros hospitales públicos, es posible poner al bebé en la teta desde el primer momento. No así en los privados, ya que siguen separando a los bebés de las madres durante unas horas.
s %XPERIMENTÏ LA IMPORTANCIA DEL COLECHO %L PRIMER DÓA
durmió en nuestra cama toda la noche y así lo hicimos siempre que quiso. Nunca tuvimos problemas por falta de sueño, descansábamos muy bien y supo «independi- zarse» e irse a su cama sin ningún problema.
Conocía bastante bibliografía sobre parto natural y sobre otro tipo de atención al parto y nacimiento, pero nunca lo había experimentado, simplemente porque nunca había dejado que ocurriese. La experiencia vivida es tan explosiva que solamente las mujeres que han parido en hospital y en casa pueden enten- der la importancia de ello.
El parto y el nacimiento fueron filmados a petición mía, con la intención de que pudiera ser útil a los grupos de preparación al parto. No sabía que se convertiría en mi gran enciclopedia de aten- ción al parto y nacimiento; casi ocho años después, todavía sigo descubriendo y aprendiendo algo nuevo cada vez que lo veo.
Nunca había escrito nada sobre el nacimiento de Pere Arnau (mi tercer hijo). Siempre he sido consciente de la transformación profesional, pero nunca hasta ahora había realizado una lectu- ra tan profunda y emocionante. No pensaba tener más hijos, no busqué este embarazo (al menos conscientemente), pero sí fue muy bien recibido y fui muy feliz, como en los dos anteriores. Me parece un estado ideal que acaba demasiado pronto.
Tengo que agradecer a Pere Arnau el haber decidido venir a este mundo. De no haber sido así, probablemente no existirían, entre otros:
s $EU ,LUNES GRUPO DE COMADRONAS QUE ASISTIMOS PARTOS
y nacimientos en casa). Fue creado al poco tiempo de su nacimiento, tenía que contribuir de alguna manera, no podía consentir que las mujeres y los bebés se perdiesen semejante oportunidad por falta de atención profesional.
s .AIXENÎAASOCIACIØN QUE DElENDE EL DERECHO A UN PAR-
to y nacimiento natural y más respetuoso. La fundamos, dos años más tarde, una madre indignada por la aten- ción recibida en sus partos (Coloma) y otra con mucho que contar y reivindicar (yo misma).
s i2ECOMENDACIONES DE LA /RGANIZACIØN -UNDIAL DE LA
Salud» incluidas en la Ley de Salud Balear. Gracias a las gestiones realizadas en el ámbito político por la asocia- CIØN .AIXENÎA Y AL APOYO CONSEGUIDO POR LA !SSOCIACIØ Néixer i Créixer (desarrollo integral de la infancia) y por ABAM (Associació Balear Lactància Materna).
s -I ESPECIAL CONVENCIMIENTO QUE HACE POSIBLE ENTRE
otras cosas, que ahora esté trabajando el tema desde mi tesis doctoral.
Por todo ello y por mucho más, gracias, Pere Arnau.
ROSER GALLARDO, comadrona
Parir en casa es un fenómeno sociológico en aumento. Al- gunas mujeres lo tienen claro desde el principio y deciden parir en casa a su pri mer bebé; otras optan por esta posibili- dad tras sufrir una primera experiencia en el hospital que no desean repetir. Pero en todos los ca sos, parir en casa supone cambiar la idea del nacimiento como acto médico y recupe- rarlo como lo que es: un acontecimiento familiar, un acto de amor, natural e íntimo.
Dar a luz en casa permite, entre otras cosas, dar rienda suelta al instinto de nidificación. Es sabido que las hem bras mamíferas necesitan poner a punto su nido antes de traer al mundo a su prole. De todas las opciones posibles, parir en casa es la que más se adecua a la necesidad de intimidad de la parturienta, de encontrarse en un entorno acoge dor rodea- da de personas elegidas, en total libertad y desinhibición. Es también un modo de asegurarse de que el bebé tendrá un parto suave y la bienvenida que se merece. Otras mujeres, sin embargo, únicamente se en cuentran seguras para dar a luz si lo hacen en un hospital, cerca de todos los recursos tecnoló- gicos pa ra hacer frente a imprevistos. En ese caso, la seguri dad que ofrece el hospital se hace inestimable para ella. Para las mujeres con embarazos de alto riesgo, o en los que se prevé al- guna complicación, no se plantea más opción que el hospital.