En mi libro La subversión freudiana y sus
COMPLEJOS DE EDIPO Y DE CASIRACIÓN
Annafreud'tsmo-kleiniimo \ Lacanismo ^ Teorías Je
El mismo planteo del tema indica que el cuestionamicnto no es del mismo Freud, aunque bien podría ser posible. Por otra parte, el la concepción freudiana...” en el título de la clase, define el modo de abordaje y, como toda elección, es excluyente. Esta elección, a su vez, implica una reducción para centrar el punto de investigación. Las consideraciones críticas de estos complejos definen tanto corrientes del posfreudismo como cuestionamientos por fuera del psicoanálisis. Ejemplo de ello son las llamadas “teorías de género”. Las consideraciones críticas son posibles por la pertenencia propia de la construcción doctrinaria misma. Según Paul Bercherie, en su obra
Génesis de los con-
ceptosfreudianos'.
(...) la idea de una síntesis que extraiga de la obra de Freud un sistema completo, capaz de cubrir el conjunto del campo de sus objetos, por ello mismo parece tanto más inverosímil. La práctica freudiana de la teoría condensa anticipadamente el encarnizamiento estéril, de quienes querrían hacer decir a Freud más de lo que él puede; y paradójicamente retoman de ese modo una concepción empirista del saber analítico (p. 43).
A su vez, la misma construcción del saber en psicoanálisis implica una operación sobre la represión de quien lo elabora. Por otra parte, las consideraciones críticas abren el campo de las ortodoxias y las herejías. Pareciera que son las segundas las que fundan a las primeras, según J.-A. Miller, en su curso “El desencanto del psicoanálisis”.
La protesta viril de Adler, la libido desexualizada de Jung, el trauma de nacimiento de Rank, llevan a Freud a tener que afirmar
qué es
yqué no es
psicoanálisis, Pero dentro de laortodoxia.,
en la institución fundada por Freud, se abren dosgrandes corrientes; el
annafreudismo y
elkleinismo.
El primero, afirmado en la segunda tópica, pero velando el desgarramiento interno del yo; y el segundo, en el cual ocupa un lugar de gran importancia el estatuto del cuerpo materno como imaginario, y sus objetos internos malos como fundamentales en las primeras identificaciones del sujeto. Este último punto es central para el desarrollo del superyó precoz en la escuela inglesa. Luego de estas dos expresiones, en el seno de la institución se produce la tercera gran orientación que culminó con la expulsión de su agente: Jacques Lacan. El llamó a un retorno a Freud “reabriendo” el inconsciente freudiano —al que consideraba cerrado, fundamentalmente en el annafreudismo-.La alta estima narcisista por ei pene puede basarse en que la posesión de ese órgano contiene ia garantía para una reunión con la nnadre -con el sustituto de la madre- en el acto del coito.
(...) un individuo que en el regreso al seno materno querría hacerse subrogar por su órgano genital, sustituye ahora -en esta fantasía- regresivamente ese órgano por su persona toda [cuerpo = falo] (S. Freud,
Esta articulación anticipa la lógica del ser y del tener que figura en el escrito de Lacan, “La significación del falo”. Si bien es cierto que el complejo de castración implica la fase fálica, esta no será posible sin la anterioridad lógica de la castración en la madre. En cuanto hijo de una madre, el niño es un objeto de intercambio producido por una mujer. Como dice Oscar Masotta: “La castración, para decirlo con una frase, es el lugar de la inserción del sujeto en el sexo, el pasaje a los objetos múltiples de toda socialización del deseo” (p. 52). Esto es posible a partir de que el término que llamaremos
padre
sea introducido por el deseo de una mujer clivada deltodo madre,
donde ahogaría todo su deseo en un hijo.Freud, en una nota a pie de página en el caso Juanito, menciona que cuando se habla de castración, se trata del peligro imaginario de la pérdida del pene y de ningún otro tipo de pérdida. Así, destete, pérdida de excrementos y trauma de nacimiento no son sino aportaciones al complejo, pero no lo determinan. No se trata de desarrollo sino de estructura. A su vez, en “La organización genital infantil”, afirma:
En relación al primer punto de las consideraciones críticas, ubicamos, con sus diferencias, al annafreudismo y al kleinismo. Respecto al segundo, al lacanismo, y en relación al tercero, a las teorías de género.
Para el annafreudismo, la concepción del yo como agente y guardián de la realidad, sostenida en una lectura parcial del último Freud, da asiento al lugar privilegiado de los llamados
mecanismos de defensa.
En realidad, estos implican un modo desatisfacción y resguardan del encuentro con el peligro de la castración. Son respuestas estereotipadas, por fijación en el núcleo del yo —el ello—, que pueden tomar a la cura analítica misma como un peligro. Para Anna Freud, el niño es absolutamente incapaz de transferencia, ya que está ligado a los objetos primarios (los padres) y aún no ha internalizado lo formativo superyoico. Esto va a implicar una inmadurez del lenguaje que inhabilita el habla.
Por su parte, para Melanie Klein, a los tres años el niño ya ha superado el Edipo, y los objetos son imagos de los primarios. Klein lee las ausencias de asociaciones verbales no por inmadurez, sino por represión. Los objetos primarios no indican
La envidia del pene y la amenaza de castración velan la castración estructural que es efecto de la operación simbólica. El complejo nombra como impotencia lo que en verdad es imposible. El falo es soporte de un universal en el que se inscriben tanto machos como hembras. Lo propiamente femenino no hace conjunto y ubica la cuestión más allá del falo. Lacan, en el Seminario 17, ubicará al Edipo como un sueño de Freud, como contenido manifiesto. Esta cuestión lo va a llevar a poner en tensión el mito de Edipo con “Tótem y tabú”:
{...) en el enunciado del mito de "Tótem y tabú", el mito freudiano es la equivalencia del padre muerto y el goce. Esto es lo que podemos calificar con el
término de operador estructural (pp. 130-131). Si el Edipo es un sueño, la castración no lo es. Edipo, en la elaboración lacaniana, va a venir al lugar del discurso como tratamiento de la castración y el goce y, más tarde, al lugar de la realidad psíquica para, finalmente, en su última enseñanza, ser el punto de basta propio de la neurosis. Esto va a permitir tres lugares posibles del padre:
a) El padre muerto, impotente. b) El padre terrible, gozador.
c) El padre como modelo de la fiinción, en la medida en
que su deseo lo lleve a tomar a una mujer como causa de deseo y a la cual hace madre.
La tercera consideración crítica se va a referir a las teorías de género. El blanco de la polémica aquí, es precisamente a partir de la confusión falo-pene. Esto va a implicar una crítica al supuesto falocentrismo
misógino de Freud. Al falo se lo toma como una
Parte
3
Clase 1
FETICHISMO
’^Fetichismo como paradigma de la perversión ^Las tres estructuras clínicas y sus
Vamos a comenzar con un tema muy importante. En general, para hacer un contrapunto, hemos trabajado las estructuras clínicas de la neurosis y la psicosis. ¿Por qué? Si tomamos los primeros textos, vemos que la neurosis -cualquiera esta fiiera- implicaba que la operación de la defensa separaba la representación del monto de afecto. En cambio, en la psicosis paranoica no había tal separación. Desde ahí hemos hecho el contrapunto entre neurosis y psicosis. Con el complejo de Edipo, la relación respecto al padre, la cuestión del cuerpo, la organización fálica, etcétera, también diferenciaba neurosis y psicosis.
Si tomamos “Tres ensayos de teoría sexual” (1905) -que es el texto para hacer la referencia a la sexualidad infantil- tenemos la dimensión de las desviaciones respecto al objeto y a la meta, y toda la serie que Freud sitúa en relación con la dimensión que llamaba perversa polimorfa, para dar cuenta de la sexualidad infantil. Ubicábamos también la cuestión del amor como desvío respecto a la meta. Recuerden que desvío siempre es en relación con lo que sería un ideal que funciona como tal, o sea que, como referencia, son desvíos respecto a un ideal del encuentro genital.
el nombre de un tipo clínico dentro de una estructura clínica y, a la vez, es el paradigma de esa estructura. Dentro de esa estructura clínica, que no se llama ni neurosis ni psicosis, sino perversión, hay varias formas, y el fetichismo es una de ellas. Hay otras como exhibicionismo, voyerismo, sadismo, masoquismo, “travestismo” entre comillas, etcétera. Si bien el fetichismo es parte de ese conjunto, a la vez es el paradigma que da el ordenamiento teórico para entender qué es la perversión. Entonces, en el marco de esta estructura clínica que se llama perversión, el paradigma es el fetichismo. Ahora van a ver por qué ocupa este lugar. Primera cuestión.
Segunda cuestión. En el mismo texto, “Tres ensayos de teoría sexual” (pp. 139-140), Freud diferencia ya fetichismo de fetichización. Son dos conceptos diferentes y nombran dos estructuras clínicas distintas: fetichismo habla de
fetichización habla de neurosis.
Entonces, a partir de lo que aprendimos hoy, tenemos las tres estructuras clínicas ubicadas por Freud y sistematizadas por Lacan: neurosis, psicosis y perversión.
Cada una de estas tres grandes estructuras clínicas que tenemos en psicoanálisis, se diferencian por cómo responde un sujeto al encuentro con la castración. Lo han trabajado con la sexualidad femenina, con el eje Edipo- castración y, en “Inhibición, síntoma y angustia”, lo harán con la castración materna. Recuerdan que cuando decíamos que el sujeto adviene como falo para esa mujer que es la madre, para que esa mujer, en cuanto madre, haga la ecuación simbólica pene = niño, es necesario ocupar el lugar del falo, que es aquello que le falta a la madre. De ese modo se realiza ese narcisismo primario, o sea, la libidinización que constituye el narcisismo. A la vez, ubicarse como falo de la madre es el modo de tapar, encubrir, que la madre está castrada. Incluso hemos dicho
En la neurosis, el mecanismo es la represión', se reprime el encuentro con esa verdad de la castración, y como saben, cada vez que se reprime hay retorno de lo reprimido. Entonces, la represión de ese no querer saber nada de la castración, como es reprimido, retorna produ- ciendo síntomas.
En las psicosis, es más radical ese no querer saber. Recuerdan que Freud, en los primeros textos cuando habla de psicosis, decía que no se separaba el representante del monto de afecto, por lo tanto, había un retorno de lo que era expulsado del nexo asociativo. No se trata de un representante que queda reprimido -produciendo el grupo psíquico separado, antecedente del concepto de lo inconsciente—, sino que queda por fuera de todo nexo asociativo; tiene que retornar alucinatoriamen- te y en la construcción de un delirio. Hay un término, un concepto que aparece en Freud cuando trabaja el caso del Hombre de los Lobos -y que retoma y formaliza Lacan-, que es el concepto de forclusión. Es una expulsión fuera de la articulación de los representantes psíquicos, no es un representante psíquico que queda reprimido, sino que es expulsado de la cadena de representantes psíquicos. ¿Cuál representante psíquico? Aquel que nombraría esa castración.
Hay un tercer modo de respuesta ante el no querer saber nada de la castración, que se llama renegación o
desmentida, y que será propia de la perversión. Veremos
cómo responde a esto el fetiche.
Antes de ir específicamente a esto, recuerden que cada estructura clínica tiene, dentro de ella, diferentes tipos clínicos. Por ejemplo, la estructura clínica neurosis tiene la neurosis obsesiva, neurosis histérica, neurosis fòbica; la estructura clínica psicosis, la esquizofrenia, paranoia, psicosis maníaco-depresiva o bipolar, la psicosis melancólica, parafre- nia; la perversión, el fetichismo, sadismo, masoquismo, exhibicionismo, voyerismo y
perversión, como rasgo, lo podemos encontrar también en las neurosis y en las psicosis. Podemos encontrar neuróticos (obsesivos, histéricos o fóbicos) con un rasgo o una conducta a nivel del goce sexual perversa, sin por eso ser perverso. También tenemos rasgos de perversión en la psicosis que, en general, son funcionales, en el sentido de que estabilizan al sujeto, con lo cual es algo que no es conveniente conmover. Un ejemplo de esto último podría ser un modo de lazo sexual homosexual con carácter perverso -no porque homosexualidad y perversión sean sinónimos-, en el sentido de que una conducta de goce sexual perversa hace que un psicòtico no se desencadene y pueda sostenerse en la vida. La psicosis se puede mantener con cierta estabilidad en la vida y no producir el quiebre de la alucinación y el delirio.
Repasemos. Primera cuestión: fetichismo es el paradigma que da cuenta de qué es esa estructura clínica que llamamos perversión y, a la vez, fetichismo es una modalidad de perversión junto con otras. Segunda cuestión: diferenciamos fetichismo (perversión) de la fetichización que encontramos en la neurosis. Luego, diferenciamos la perversión del rasgo de perversión. La perversión como una estructura clínica, y los rasgos de conducta respecto al goce sexual en las neurosis y en las psicosis; en la psicosis puede tener un carácter funcional porque estabiliza la posición del sujeto.
En las estructuras clínicas (neurosis, psicosis, perversión) identificamos tres respuestas diferentes al encuentro con la castración, con el no querer saber de la castración en el Otro materno:
a)la represión para la neurosis; b) la forclusión para la psicosis;
c)la desmentida o renegación para la perversión.
A su vez, cada estructura clínica tiene varios tipos clínicos:
sádico como un perverso y otra cosa es, por ejemplo, para un neurótico, que su rasgo de perversión sea sádico, pero no es un perverso sádico. Cualquiera de estas formas las podemos encontrar como rasgo de per- versión en las neurosis y en las psicosis.
Veamos la diferencia entre fetiche y fetichización. Cuando Freud escribe “Tres ensayos de teoría sexual”, no dispone aún de la lógica Edipo- castración, con lo cual, todavía no tiene formulado a qué lugar viene exactamente el fetiche. Lo anticipo para que se vayan orientando: el fetiche es elevar un objeto, en principio cualquier objeto, al lugar del falo. Freud dirá que, en general, los objetos fetiches son aquellos objetos ante- riores al encuentro con la castración de la mujer. Entonces, podemos encontrar que el objeto fetiche que reniega de la castración es aquel objeto anterior al encuentro con los genitales femeninos: el ruedo de una pollera, una braga, para tonnar algunos ejemplos que da Freud mismo. Antes del encuentro con lo que no hay debajo de la braga, está la visión de la braga.
Les puede parecer un poco gracioso en esta época, pero recuerden que Freud toma este ejemplo para explicar una lógica: antes de encontrarse con los genitales femeninos -o sea, con la castración en términos de la lógica falo-castración-, ante el horror que le provoca ese encuentro, el sujeto produce el objeto anterior al encuentro -la braga, el ruedo de una pollera, una bata, lo que puedan imaginar-. Eso que tapa es el momento anterior al encuentro de la visión del genital femenino. Lo fija como falo simbólico. Para entenderlo, háganse la representación en lo imaginario: a aquello que el sujeto vio antes de ver el horror de la castración, se le da la dignidad del falo. El falo, en cuanto fetiche, desmiente la castración pero, al mismo tiempo, es un monumento a ella. Para Freud hay un momento de detención de la historia, como una película detenida en una escena. Es una detención y una fijación.
físicos. Si bien es una condición erótica, no se desprende ese rasgo de la persona, no se tiene una relación sexual con ese rasgo separado de quien lo porta.
Una aclaración fundamental que no hice: estoy hablando de los varones, porque perversión encontramos en varones, no en mujeres, que solo las hay neuróticas o psicóticas. La perversión es propia de la sexualidad masculina; en la sexualidad femenina no hay perversas. En una mujer, la única modalidad, la única figura del fetiche que hay es el hijo o hija, el hijo viniendo al lugar del fetiche. Que no hay mujeres perversas -por la cuestión del fetiche que ahora vamos a ver- no quiere decir que no haya histéricas que tengan unos cuantos rasgos perversos, pero no estamos hablando de estructura perversa. Puede haber una mujer que tenga fantasmas, fantasías masoquistas, pero una verdadera perversa masoquista no existe. Hay mujeres que alcanzan un modo de satisfacción sexual con una fantasía masoquista, y por eso los varones creen que las mujeres son masoquistas, pero es una fantasía masculina. No hay masoquistas femeninas, porque no hay perversas. Ya vamos a ver que el fantasma como tal, siempre es masoquista. Esto me permite hacer una aclaración. La perversión implica gozar con la angustia del partenaire. Un sádico no toma como partenaire a un masoquista, porque si lo castiga, no se angustia sino que goza, entonces no le sirve.
Les recomiendo que lean ha Venus de las pieles, una novela de Leopoid von Sacher-Masoch, de donde proviene el término masoquismo. El protagonista es un masoquista que se Uama Severino, y su pareja, Wanda, es una histérica. Al final de la novela el personaje está en una columna, amarrado con cadenas, para que su partenaire le pegue latigazos. Pero la joven Wanda está cansada, es histérica y se angustia todo el tiempo. Se retira, y aparece en escena otro personaje, el griego, un sádico, y no un histérico que se angustia cuando le pega. Como al sádico le gusta, entonces, lo castiga. Severino, a partir de ese encuentro, regresa a su pueblo, se hace cargo de la empresa familiar, se casa, tiene hijos y se cura. Es una novela, un perverso no se cura así, pero sirve como ejemplo. El exhibicionista goza con la angustia que produce, por eso hay
El problema es la instalación de la transferencia analítica, porque el perverso no le supone al analista un saber sobre su condición de goce, porque el que sabe absolutamente es él.
Retomemos. Decíamos que una cosa es la fetichización, que vale como condición erótica, y otra cosa es el fetiche. Dice Freud:
El caso patológico sobreviene solo cuando ía aspiración al fetiche se fija, excediéndose de la condición mencionada -)a condición erótica-, y reemplaza a la meta sexual normal; y además, cuando el fetiche se desprende de esa persona determinada y pasa a ser un objeto sexual en sí mismo. Estas son las condiciones generales para que meras variaciones de la pulsión sexual se conviertan en desviaciones patológicas (p.