En mi libro La subversión freudiana y sus
INTRODUCCIÓN AL SUPERYÓ
« Origen del superyó »
Conciencia moral/masoquismo moral » Superyó en
Hemos trabajado “Fetichismo”, “Pegan a un niño”; hemos nombrado “Más allá del principio de placer” y “El problema económico del masoquismo”. Veremos ahora los capítulos IV y V de “El yo y el ello”.
¿Qué ubica Freud fundamentalmente en el capítulo IV y que Uama “las dos clases de pulsiones”? Lo central: problema de la mezcla y desmezcla de pulsiones, pulsión de vida y pulsión de muerte. Allí dice que así como la mezcla pulsional, la flisión, la ligadura pulsional, es constitutiva, hay fenómenos de desmezcla pulsional no absoluta. Si bien lo va a desarrollar recién en el capítulo siguiente, anticipa la diferencia respecto a la presentación dentro de la pulsión en la neurosis obsesiva, en la histeria y en la melancolía, estableciendo un contrapunto. El efecto de la desmezcla pulsional en la neurosis obsesiva significa que el obsesivo destina su hostilidad hacia un objeto exterior, preservándose de ese modo.
Freud aborda la relación de las dos clases de pulsiones y la segunda tópica. En relación con esta conexión de la articulación pulsión de vida y pulsión de muerte en el ello y en el superyó, leo un párrafo: “Ahora bien, el yo está sometido a la acción eficaz de las pulsiones, lo mismo el ello, del que no es más que un sector particularmente modificado” (p. 41). Y al final de la página:
Nuestro interés apuntará, casi naturalmente, a estas preguntas: ¿No podrán descubrirse vínculos instructivos entre las formaciones del yo, el superyó y el ello que supusinnos, por un lado, y las dos clases de pulsiones, por otro? ¿No podremos asignar al principio de placer, que gobierna los procesos anímicos, una posición fija respecto de las diferenciaciones del alma? (...) (p. 43).
Para darles la clave de la cuestión, la ligadura pulsional es la sede de las pulsiones, especialmente de las silenciosas y mudas pulsiones de muerte. Efectivamente, es desde el ello de donde abreva el superyó. Freud dice que el superyó proviene de lo oído, de restos auditivos, pero que su energía de investidura proviene de las mociones mudas del ello.
Entonces, el ello —sede de las pulsiones—, que se expresa en forma directa como compulsión en el síntoma, es un ejemplo de expresión directa; la compulsión del síntoma, lo que en el síntoma no es una articulación de representantes psíquicos, se expresa en forma indirecta a través del superyó.
En la página 45, en una nota al pie donde se refiere a la energía desplazable, Freud remite a “Introducción del narcisismo”, texto en el que habla de esta energía psíquica
indiferente que únicamente al enlazarse al objeto se
convierte en libido, porque como respuesta de ese resto pulsional queda un más en los objetos; es un modo, en Freud, de un goce autístico-acústico del sujeto, que muchos años después lo retomará Lacan en su última enseñanza.
¿Qué dice en el capítulo V? Freud argumenta el doble origen del superyó, algo que habíamos anticipado. Primero, ubicamos una identificación primaria -que ya trabajamos con el capítulo VII de “Psicología de las masas y análisis del yo”, cuyo título es “La identificación — anterior a toda carga de objeto que no es un vínculo amoroso, que no es “como el padre quiero tener”, sino “como el padre quiero ser”.
Para formar el superyó se requiere por un lado, una identificación primaria y, por el otro, la resolución del
testimoniar de cómo esa voz mantiene diálogos en su cabeza, y cómo esa voz Ies reprocha algo, cómo siempre los está acusando de algo: “es poco”, “está mal”, “es defectuoso”, “debe estar en un lugar distinto del que está en cada momento”, “debe estar haciendo otra cosa que lo que hizo”, etcétera. Y escuchan esa voz en forma permanente, por eso Freud lo llama, en relación con Kant, el imperativo categórico. Es una voz crítica que está siempre, que es acusatoria de los mismos deseos del sujeto.
La paradoja del superyó es que cuanto mejor uno se porta, más se incrementa. No se trata de que si no comete un pecado se alivia el superyó. Al contrario, cuanto mejor se porta el obsesivo, el superyó es más feroz, voraz, más crítico, y más atormenta. ¿Por qué? Porque, nacido de la introyección de la instancia paternal, de la ley edípica, nacido de la desexualización que implica su internalización cruel, como masoquismo moral se resexualiza. Esa prohibición, ese reproche, ese castigo permanente, es una satisfacción de lo más poderosa. La paradoja del superyó, la gran paradoja de la ley está trabajada eficazmente por Freud en “El malestar en la cultura”. Allí nos enseña que, en la ley moral, lo que hay es una satisfacción despiadada. Quiere decir, que el sujeto siempre quiere ser mejor de lo que en realidad puede ser, y exigirles a los hombres que sean mejores de lo que su naturaleza les permite conduce a lo peor. Es por eso que tiene un valor sádico, y su modo de ley imperativa es una satisfacción de lo más poderosa. Van a encontrar la diferencia crucial entre la conciencia moral y el masoquismo moral, en la página 175 de “El problema económico del masoquismo”, dife- rencia muy importante para trabajar con “El malestar en la cultura”.
Freud dice que el yo es un siervo sometido a tres presiones: las tres servidumbres del yo. En primer lugar, tironeado desde el mundo exterior para adaptarse a las exigencias de este; segundo, tironeado por las
Respecto al superyó y al sentimiento inconsciente de culpa, Freud se pregunta —en otra nota a pie de página del mismo texto-, cuándo podemos tener alguna chance de influir sobre él, ya que la expresión mayor de la instancia superyoica la encontramos ya no en la neurosis sino en la psicosis, particularmente en la psicosis melancólica. En ella, el sujeto, además de la depresión total en la que vive, padece lo que se llama núcleo de indignidad: se la pasa diciendo “soy una basura”, “soy una porquería”, “usted (el analista o psiquiatra) pierde su valioso tiempo ocupándose de algo tan despreciable como yo”. Es casi imposible hacer algo con esa psicosis, ya que su superyó le dice todo el tiempo que es una basura. No es que se siente mal y que por momentos sea una basura, como en la neurosis. La neurosis obsesiva se define hostigando al objeto, mientras que en la melancolía el sujeto incorpora al objeto en el yo, y la hostilidad recae sobre el propio yo. En la histeria, la crítica es reprimida. Y ahí se abre una polémica con “El malestar en la cultura” que diferencia a los varones y las mujeres en relación con el superyó. Mientras que en las mujeres el superyó es más externo, en los varones es interno. Para las mujeres significaría que algo está mal, que hacen