En mi libro La subversión freudiana y sus
INTRODUCCIÓN AL MASOQUISMO
*Masoquismo erògeno ^ Masoquismo femenino ft
Masoquismo moral
(...) el psicoanálisis sería el único enfoque posible, y sin coartada, de todas las traducciones virtuales entre las crueldades del sufrir “por el placer", del hacer
La procedencia de lo que estamos trabajando se ubica también en otro filósofo, uno de los grandes filósofos que ha incidido en la obra de Freud, Friedrich Wilhelm Nietzsche. Leo unos pequeños pasajes, antecedentes centrales de lo que están trabajando y van a trabajar. El primero es del texto Así habló
Zaratustra. Dice Nietzsche en el capítulo “De los
desprcciadores del cuerpo”:
Quiero decir mi palabra a los despreciadores del cuerpo. Deben tan solo saludar a su cuerpo y luego enmudecer.
“Yo soy cuerpo y alma”, afirma el niño. ¿Por qué razón no hemos de hablar como los niños? Más ya despierto, el sabio dice: "todo mi yo es cuerpo; y el alma no es sino el nombre de algo propio del cuerpo”.
El cuerpo es una gran razón, una enorme multiplicidad dotada de un sentido propio; guerra y paz, rebaño y pastor.
Tu pusilánime razón, hermano mío, es también un instrumento de tu cuerpo, la razón, y a eso llamas espíritu, un Instrumentito, un juguetito a disposición de tu gran razón.
No obstante, lo más urgente, algo en lo que no quieres creer, es que tu cuerpo y tu gran razón, la cual no dice ciertamente yo, pero es lo que hace yo.
Lo que los sentidos sienten, lo que el espíritu conoce, nunca tienen su finalidad en sí mismo. Pero los sentidos y el espíritu intentan convencerse de que son en absoluto la finalidad de todas las cosas: tan vanidosos son. Los sentidos o el espíritu son instrumentos o juguetes: tras ellos se oculta el sí-mismo (...) (pp. 50-51).
tomado dcl sí-mismo nietzscheano. Continúa:
Ese sí-mismo mira también con los ojos de ios sentidos y oye con oídos del espíritu; el sí-mismo siempre inquiere y escucha, contesta, reprime, conquista y destruye. Él domina también sobre el yo. Hermano mío, detrás de tus sentimientos se ocuita un poderoso señor, un sabio desconocido. Se llama sí- mismo, reside en tu cuerpo, es tu cuerpo.
Tu sí-mismo se mofa de tu yo y de sus vanidosas piruetas."¿Qué son para mí esos saltos y esos vuelos de pensar?, llega a preguntarse. No son sino rodeos hacia algún fin, pues yo soy ei sí-mismo, las andaderas del yo y el apuntador de sus mensajes”. El sí-mismo le inculca al yo; “iSiente dolor!". Y entonces el yo sufre y medita en torno a io que hará para no sufrir Precisamente para eso debe actuar su pensamiento.
El sí-mismo dice otras veces “¡Regocíjate!”, Y el yo se alegra, fuente en sí-mis- mo quien creó tanto la estima y el menosprecio, como ia alegría y el dolor El creador se creó así el espíritu sí-mismo, como una mano de su voluntad (p. 51 ).
Yahora, una cita de La genealogía de la moral, también
de Nietzsche, antecedente del masoquismo moral y del superyó;
Ver sufrir sienta bien, hacer sufrir todavía mejor; esta es una afirmación dura, un viejo y poderoso principio fundamental humano demasiado humano, que por io demás, puede que también los monos suscribirían; no en vano se cuenta que en la ideación de rebuscadas crueldades ya anuncian profusamente ai hombre y, por así decir, lo "preludian". Sin crueldad no hay
Y en el capítulo XIV:
Esta iista no es completa, ciertamente resulta patente que ei castigo ocaso dei aiiado, con utilidades de todo tipo [se está refiriendo al castigo a aquel que cometió aigún pecado].
Tanto más iícito será, por tanto, negarle una utilidad supuesta, pero que en la conciencia popular pasa por ser la más esencial de todas; la fe en el castigo, que actualmente se tambalea por diferentes razones, sigue
encontrando precisamente en esa utilidad su más
fuerte apoyo. El castigo, se dice, tiene el valor de despertar en el culpable el sentimiento de culpa; se busca en él el auténtico instrumentum de la reacción anímica que recibe el nombre de mala conciencia, remordimiento de conciencia.
Caracterizado por una seriedad sombría y seca. Pero si pensamos en los milenios transcurridos antes de la historia del hombre, podemos juzgar sin reparo alguno, que precisamente el castigo es lo que más fuertemente ha detenido el desarrollo del sentimiento de culpa. La mala conciencia, que es la más inquietante e interesante planta de nuestra vegetación terrestre, no ha crecido en este suelo; realmente, en la conciencia
de juzgadores, de los castigadores mismos, no se expresó durante el más largo período de tiempo nada de que se estuviese ante un culpable. Sino ante causante de daños.
(...) con todo ello el castigo amansa al hombre, pero no lo hace ser mejor, y con más derecho sería lícito afirmar lo contrario [de los palos también se aprende], dice el pueblo, pero en la medida en que enseñan algo, hacen también malo al que aprende. Afortunadamente, con mucha
Se trata de la satisfacción cruel, de la conciencia moral misma.
Ahora tengo que dejar de lado mi pasión por Nietzsche. Tendremos, en lo que venimos trabajando, dos referencias cruciales en dos textos de Freud, uno es “Más allá del principio de placer”, en el que ubica que existen unas enigmáticas tendencias masoquistas en el yo. Debemos suponer -dice ahí- que en el núcleo del yo habría unas tendencias masoquistas. Lo otro que sitúa es que, también en el núcleo del yo, hay un inconsciente no reprimido. Su nombre es el ello -el sí-mismo nietzscheano- en el núcleo del yo, de donde parte la tendencia masoquista y en el que se sostiene la dimensión compulsiva del síntoma. Es un in- consciente no reprimido, por lo tanto no interpretable, no es un texto a ser descifrado. Para ser preciso, no es una retórica, es una gramática.
El otro texto que hay que tener en cuenta es ‘‘El problema económico del masoquismo”. De este último vamos a extraer dos cuestiones para dar el marco a la temática que nos ocupa. Una es la satisfacción en el dolor como masoquismo erogeno. Ese masoquismo erògeno es constitutivo del aparato psíquico, es más, no habría aparato psíquico si no existiera esa ligadura primordial pulsión de vida-pulsión de muerte. Lo que Freud dice es que la pulsión de muerte, 'Ihánaíos, tiende al retorno a lo inanimado lo más rápido posible. En cambio, Eros, la pulsión de vida, lo que hace es molestar ese decurso inmediato de retorno a lo inanimado. La pulsión de vida perturba, encarrila y posterga el retorno a lo inanimado. Pero recuerden que no hay aparato psíquico sin esa primera ligadura. Ese masoquismo
femenino. Acuérdense también, que es en voz pasiva; esa es la expresión en el sujeto humano. Por supuesto que estamos hablando de neurosis, porque para hablar de la psicosis hay que revertir todo esto.
Resumiendo, una expresión de ese masoquismo erògeno, de ese masoquismo de base que es la ligadura pulsión de vida- pulsión de muerte -constitutiva del aparato psíquico-, es el masoquismo femenino. Su ejemplo paradigmático es “Pegan a un niño”, lugar de inercia, de fijeza en el sujeto, trama que da cuenta de una fijación a un objeto parcial.
Recuerdan las dos series de objetos: el objeto parcial en la pulsión parcial y el objeto total del narcisismo. Incluso cuando trabajamos la represión primaria, dijimos que era una relación compleja que tiene dos referencias: un representante psíquico imposible de recuperar y una fijación a un objeto parcial. Gracias a la trama edípica, esa fijación de la pulsión parcial encuentra una trama, ese argumento de cada uno, la versión de cada uno de un niño es pegado. Cada uno está fijado a un objeto parcial y se satisface con relación a ese objeto; se satisface a través de un argumento, una pequeña historia, que en su núcleo tiene el objeto parcial al cual cada uno está fijado. Es el circuito pulsional con el argumento.
Cuando hablamos de represión primaria, tenemos, en la constitución del sujeto, el circuito de la pulsión parcial, el circuito autoerótico: el Drang, que parte de la fiiente, circunda al objeto, y la meta, que es la satisfacción en la misma fiiente, esa es la fijación pulsional. Un objeto se fija y alrededor de él se produce el efecto de la satisfacción autoerótica, porque da la vuelta; es una de las dos referencias de la represión primaria. Luego, con la trama edípica, esta fijación encuentra un argumento. Cada uno tiene un argumento del soy pegado por
el padre mediante el cual obtiene la satisfacción alrededor de
un objeto parcial. Esta expresión es una de las resistencias más fuertes a la conclusión de un análisis, es un punto de inercia, un punto difícil de atravesar y conmover. Ahora bien, ¿cuándo se presenta en un análisis? En un momento preciso; es lo que trabajaron en seminarios acerca de la transferencia articulada a la resistencia, el punto de transferencia como resistencia, la
la fantasía “Pegan a un niño”, la segunda fantasía, soy
pegado por dpadre, resumía dos cosas: por un lado, la
culpa por el deseo y la satisfacción en que el padre le pegue al niño odiado por mí pero, a la vez, el ser
pegado por el padre no solo era por sentimiento de
culpa sino, también, una modalidad regresiva del amor, de la satisfacción. Entonces, en el ser pegado conviven la culpa por el deseo hostil y un modo de satisfacción.
El masoquismo moral se expresa, así, mediante la conciencia de culpa, el sentimiento inconsciente de culpa —dice Freud-, y su instancia es el superyó. El sujeto, al ser culpable de sus deseos incestuosos respecto a la madre y parricidas respecto al padre, es castigado por su propio superyó. Pero el sujeto se siente enfermo -y no culpable-, cuando en verdad se trata de la culpabilidad por los deseos incestuosos y parricidas; se trata de la necesidad de castigo: el sujeto se castiga para obtener su satisfacción. En el núcleo del síntoma lo que hay es la necesidad de castigo; el sufrimiento del síntoma le aporta al sujeto una satisfacción.
Por lo tanto, los sujetos se resisten a concluir el análisis, no quieren desembarazarse de ese sufrimiento; es más, defienden ese sufrimiento como el tesoro más preciado, y es uno de los impedimentos fundamentales para la conclusión de los análisis. Es el modo en que se presenta la resistencia del ello, el masoquismo erògeno, el “Pegan a un niño”. El punto en el que se presenta en un análisis es en el de la conexión transferencia- resistencia, o sea, transferencia como obstáculo. El punto donde se expresa la satisfacción superyoica, la resistencia del superyó, se Uama reacción terapéutica
negativa,
I Resistencia del ello ► Masoquismo femenino: “Pegan a
un niño”.
—* Se presenta en la cura en la
transferencia como obstáculo, en la conexión transferencia-resistencia.
Segunda época, cuando cae la teoría del trauma, ¿dónde ubicamos la causa de los síntomas? En la fantasía; ya no eran experiencias acontecidas, sino fantasías inconscientes que se expresan en el síntoma.
Tercera época, ¿dónde ubicamos la causa de los síntomas? En la castración, en la castración de la madre. En términos lacanianos, en la castración del Otro materno.
Primero, la causa era el trauma, luego, la fantasía inconsciente y, finalmente, la causa del síntoma la ubicamos en la castración de la madre.
Siempre en el campo de la neurosis, de un lado tenemos el lugar de la causa y del otro, las respuestas del sujeto al encuentro con la castración en el Otro materno.
El fetichismo —una de las manifestaciones clínicas de la perversión- es el ejemplo paradigmático de respuesta al encuentro con la castración de la madre: al elegir un objeto, se erige el falo, pero no cualquiera; algo que venga al lugar del falo materno, del falo que la madre no tiene. Y el horror que el sujeto tiene a la castración requiere poner un objeto fetiche que es, asimismo, un monumento de la misma.