En mi libro La subversión freudiana y sus
INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA TÓPICA
s Masoquismo primario » Masoquismo moral ^
Sentimiento inconsciente de culpa Necesidad de castigo s
Retomaré dos textos: “El problema económico del masoquismo” y “El yo y el ello”, para ampliar sus desarrollos, dos textos imbricados el uno con el otro. El primero se apoya necesariamente en la segunda tópica, es decir, en el desarrollo que hace Freud respecto al ordenamiento dcl aparato psíquico. A su vez, no se podría entender “El yo y el ello” si no tuviéramos la referencia de “El problema económico dcl masoquismo”; así es que son dos textos que se necesitan, son textos de un mismo ordenamiento conceptual, pertenecen a una misma área de interrogación, a un mismo problema u obstáculos en la clínica. Ya no portan la pregunta por cómo se desarrolla un psicoanálisis, sino por cuáles son los obstáculos para la conclusión de un tratamiento anah'tico, aportan la pregunta respecto del final de análisis.
Ambos textos enlazados provienen de un lecho común: “Más allá dcl principio de placer”, donde se encuentra la introducción del concepto de pulsión de muerte y la tercera formulación del modelo pulsional. Con lo cual tenemos el aparato psíquico regulado por el más allá del principio de placer, las pulsiones de autoconservación y sexuales re- unidas en pulsiones de vida (Eros) y, por otro lado, la necesidad clínica y teórica de la introducción del concepto de pulsión de muerte.
¿De qué nos habla cada uno de estos textos en su estrecha copertenencia? “El problema económico del masoquismo” ubica las modalidades de satisfacción de la pulsión; opera sobre “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915). La tesis freudiana acerca de que el sadismo era lo primario, como intencionaÜdad o voluntad pulsional -sostenida en aquel texto-, aquí sucumbe. El sadismo es segundo. Podíamos anticiparlo en el texto cuando trabaja
Lo primario es el masoquismo, lo primario es el placer en el dolor contra sí mismo. El ser humano tiene una satisfacción en el dolor contra sí mismo. Estoy uniendo satisfacción con dolor y, en el mismo acto, estoy ligando la pulsión de vida con la pulsión de muerte. El masoquismo habla de la ligadura, de la fusión, o de la mezcla -de acuerdo a las traducciones- entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte; pulsión de muerte que hemos visto en la clase sobre “Más allá del principio de placer” con los tres referentes freudianos; el juego del carretel, los sueños traumáticos y la compulsión de repetición en la transferencia.
Freud sostiene que tenemos que suponer en el origen, en la constitución del sujeto, una expulsión de grandes cantidades de pulsión de muerte -lo trabajó en la relación yo placer-yo realidad en “Pulsiones y destinos de la pulsión”- Sostiene que lo que produce placer es el yo, y lo que produce displacer es el no-yo, lo otro, lo extraño, lo extranjero.’ Podemos decir que el masoquismo es la ligadura de la pulsión de muerte que resta -no expulsada- con la pulsión de vida. Esa primera ligadura forma lo que Freud llama el masoquismo
erògeno. Por lo tanto, el masoquismo erògeno habla de
la primera ligadura del resto de pulsión de muerte que quedó a partir de esa primera expulsión, el resto de pulsión de muerte que quedó con la pulsión de vida.
Esto parece una construcción metafísica, pero lo voy a poner a raya de la clínica, de lo observable. Para que un sujeto se pueda constituir como tal, en su origen tuvo que haber perdido algo que jamás volverá a recuperar; podemos decir, un estado de goce absoluto, completo. Por otro lado, no perderlo, quedarse en ese estado de 1Este tema está trabajado, fundamentalmente, en el texto “La negación” (1925), en S. Freud. Obras
completas, tomo XIX. Buenos Aires, Amorrortu
violar, hacerse golpear, torturar; tal como es la fórmula del fantasma “Pegan a un niño”. Entonces, la referencia conceptual del masoquismo femenino no son los textos sobre la feminidad, sino el texto “Pegan a un niño”, en el que ubica la segunda fase -la que nunca existió, la que es construida: soy pegado por el padre- como identificación del sujeto con esa posición de objeto: hacerse pegar,
pegado. La voz segunda del esquema de la construcción
del fantasma, el segundo momento, el más importante, es en voz reflexiva que, en términos gramaticales de la construcción del fantasma, se coagula como participio pasivo o pretérito, no es pegar ni ser pegado, violado, amordazado, etcétera: es “hacerse” pegar. Es una actividad al servicio de una meta pasiva. En el campo de la neurosis, todos portan masoquismo femenino como universal, en todos está el “hacerse” pegar, pero para cada uno es a su manera, en sus variaciones personales. Es a la carta.
Entonces, el masoquismo femenino entra en correspondencia conceptual y lógica con “Pegan a un niño”, y entra en conexión lógica y conceptual con la resistencia del ello —como una de las resistencias estructurales-. Por ahora, lo dejo ahí hasta que tome el ordenamiento de la segunda tópica. Ese “hacerse” pegar se pone en juego en el análisis, y el analista debe saber maniobrar para rechazar esa satisfacción. No tiene que ver con la feminidad, ni tampoco con la perversión masoquista. El neurótico se toma de los materiales de los perversos para la construcción de sus fantasías, pero no es del campo de la estructura perversa.^
Freud se encuentra con algo que ya había trabajado en 2El fantasma Implica la perversión en la medida en que se trata de un modo privilegiado de obturar la castración del Otro. Esa perversión no tiene que ver con la psicopatologia perversa; es lo mismo que la resistencia del ello al final del análisis, cuando este último se convierte en un peligro para el sujeto.
maria-reproche-conciencia moral. ¿Y el autorreproche? Era un modo de satisfacción. El autorreproche mismo se transformaba en una satisfacción al servicio de la hipótesis auxiliar: íiiente independiente de desprendimiento de displacer, fórmula con la que contaba cuando todavía no tenía todo el ordenamiento.
Tenemos, entonces, una satisfacción en la conciencia crítica. ¿Recuerdan Crimen y castigo^ de Dostoievski? Allí, el personaje central, Rodión “Rodia” Raskólnikov, vivía absolutamente torturado por un profundo sentimiento de culpa. Para poder aliviar ese sentimiento tiene que reahzar un asesinato, y mata a una anciana. Freud lo trabaja res- pecto de los que delinquen por sentimiento de culpa. Como un modo de calmar el martirio, esa satisfacción que es mortificante, la resuelven cometiendo un delito para ser sancionados, dado que esa sanción los alivia. Alivia porque lo localiza un Otro ^1 juez, la cárcel- que da una sanción. Esa es la paradoja. La cuestión no es primero el crimen y después el castigo; es, primero, la necesidad de castigo y, luego el crimen para obtener una sanción del Otro, en este caso de la justicia. En el caso de la economía psíquica, es exactamente lo mismo. Primero, la necesidad de castigo del yo y, luego, lógicamente, el sentimiento inconsciente de culpabilidad a partir del superyó. Es un modo de satisfacción paradójica cuya zona erogena es la conciencia, la mortificación del superyó y la necesidad de castigo del yo.
Según Freud, hallamos en los sujetos un masoquismo moral —esto es una atrocidad en la cultura occidental judeocristiana-, la moral como un modo de satisfacción. El superyó, en cuanto instancia heredera del complejo de Edipo, heredera de la supuesta referencia normativa de la prohibición paterna, en su hipermoral se satisface; y no solo lo conocen claramente los obsesivos, sino que también se produce en el campo de lo social. Un dictador puede decir: vamos a eliminar a los subversivos, después a los que los apoyan, a los que hacen la logística; despuésÍÍ4
don Esto es lo paradójico del superyó. Freud dice que así como el ello es “amoral”, el superyó es hipermoral, sin comillas, ya vamos a ver por qué. Entonces, la conciencia moral, como masoquismo moral, es una satisfacción en el dolor a partir de la moral misma; la moral como un modo de satisfacción en el dolor.
Pero una aclaración importante —que no hubiese sido necesaria hace qxiince o veinte años-: ¿nos lanzamos todos a procurarnos nuestros modos de satisfacción sin miramiento por nada ni por nadie, ya que no le vamos a dar el gusto a la moral que está todo el tiempo diciéndonos “este pecado no, este pecado no”? ¿El psicoanálisis es una práctica que lleva hacia un modo de vida que impÜcaría lanzarse a los modos de satisfacciones pulsionales de cada uno? No. El psicoanálisis produce sujetos responsables, sujetos que respetan la diferencia y al otro; no con una hipermoral, pero sí sujetos con principios, que tienen que ver con la responsabilidad.
Una cosa es el poder hipermoral del superyó, el masoquismo moral, y otra cosa es el efecto del psicoanálisis al operar para hacer caer eso, porque esa satisfacción paradójica del superyó se presenta en la clíni- ca. ¿De qué modo? Freud lo llama reacción terapéutica negativa. La reacción terapéutica negativa es la resistencia del superyó jugándose en el tratamiento mismo. Es la expresión, el modo de presentación del masoquismo moral, de la satisfacción del superyó en transferencia. Entonces, la referencia del masoquismo moral, el autorreproche obsesivo —de los primeros textos-, es el superyó.
Aquí se abre otra articulación con “Inhibición síntoma y angustia”. Freud se encuentra con que los síntomas no solo querían decir algo, sino que eran un modo de satisfacción; llega a decir -en uno de los primeros textos que han trabajada- que son la práctica sexual de los neuróticos. Más adelante, se presentan ciertos obstáculos
sentirse culpable por sus deseos incestuosos y parricidas -deseo de acostarse con su madre y matar al padre-, es paradójico porque no se siente culpable, sino enfermo, Pero ahí donde se siente enfermo, sabemos que en verdad se siente culpable por sus deseos incestuosos y parricidas. La fórmula del Edipo es deseo incestuoso hacia la madre- deseo parricida hacia el padre-sentimiento inconsciente de culpa-busco ser castigado por mis deseos prohibidos.
Hasta aquí la explicación cierra, pero para eso no se necesita el masoquismo primario; ¿para qué se necesita esto si hay primero una satisfacción en procurarse dolor? Freud dice que a esos deseos incestuosos, la prohibición dice no, por lo tanto aparece la culpa por tener esos deseos. Por eso el neurótico padece la conciencia crítica, la culpa- bilidad y el superyó que lo critica. Paga con el padecimiento porque es culpable de estos deseos. El sujeto, en vez de sentirse culpable, se siente enfermo. Ese sentirse enfermo es una metáfora de sentirse culpable por los deseos incestuosos. Pero, como decíamos, para eso no se necesita el masoquismo primario, alcanzará con la explicación edípica. Sin embargo, primero está el masoquismo, está la enigmática satisfacción en el dolor contra sí mismo. Todo lo demás es una construcción neurótica para darle un texto, una autointerpretación de esa enigmática tendencia a satisfacerse en el sufrir.
Freud explica que el yo es masoquista y el superyó es sádico, aunque en realidad sabemos que no hay complementariedad entre sadismo y masoquismo, pero descriptivamente el yo necesita, para satisfacerse, castigarse, y tiene a partenaire, el superyó, que le dice “Sos culpable”. En la actualidad, el superyó no es prohibidor, exige gozar más, siempre le resulta poco; es uno de los problemas clínicos fundamentales.
En el “El yo y el ello” afirma que no alcanza con el conflicto de instancias consciente-preconsciente-
no es el yo completo del narcisismo, tampoco es el yo = conciencia. En su núcleo hay algo diferenciado, desgarrado estructuralmente, que se llama ello, sede de las pulsiones, sede de los restos visuales y auditivos. Es el punto freudiano en el que la gramática del ello se articula con la construcción del fantasma, y es el nombre de una de las resistencias estructurales, la resistencia del ello.
Se trata entonces, ahora, de saber qué hacer ya no con lo que es reprimido, porque lo reprimido lo interpretamos, sino con ese inconsciente no reprimido. Ya no alcanza la interpretación, porque interpretamos lo reprimido. Con lo cual, si ya no se trata de representantes psíquicos reprimidos que retornan desfiguradamente, ¿cómo operar?
Freud sostiene que la resistencia del cUo —como sede de las mociones pulsionales- es también la sede de donde toma fiicrza económica el superyó. El superyó abreva su energía, en términos de economía libidinal, en las mociones pulsionales del ello. Así como tenemos un lugar diferenciado -una desgarradura dentro del yo que es el ello-, tenemos otro desgarramiento, otro lugar diferenciado que es el superyó, la conciencia moral, la instancia crítica que se abastece de las mociones pulsionales del ello. Y también -aunque de un modo ab- solutamente diferente-, se abastece de restos auditivos, de lo oído; de dichos de la trama infantil, de la trama del Edipo; dichos formulados que fijncionan como imperativo moral pero, recuerden, son dichos como frases que funcionan como imperativo moral. La frase en el famoso ejemplo freudiano de obsesión del Hombre de las Ratas: “Serás un gran hombre o un gran criminal” es tremenda, porque la alternativa, si no es un gran hombre, es ser un gran criminal; es insensato ya que no es tan fácil ser un gran hombre. Pero así como está el dicho, insensato, que no reconoce la debilidad del sujeto, que lo aplasta con sus exigencias y sus críticas, también aparece en esos dichos resto auditivo, la voz. Está lo que se dice, pero