a todas las
consecuencias
de la pandemia
del VIH/SIDA
en los sistemas
educativos.
general. Según el Informe, tener en cuenta todo esto exigiría una financiación externa suplementa- ria de 3.100 millones de dólares anuales, con lo cual la suma anual total ascendería a
6.800 millones de dólares.
En las estimaciones iniciales se tomó el año 2000 como referencia (Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido, 2005). Entre 2001 y 2004, los compromisos suplementa- rios de la AOD en favor de la educación básica de los países de ingresos bajos se situaban muy por debajo del nivel exigido. Para colmar este déficit, el nivel anual de financiación externa debería progresar a partir de 2005 hasta alcanzar de aquí a 2015 la suma de 9.000 millones de dólares (a precios de 2003). Además, conseguir que todos los varones y niñas cursen estudios primarios de calidad decente y los terminen no es el único de los objetivos de la EPT. Asignar 1.000 millones de dólares a cada uno de los objetivos relativos a la alfabetización y la atención y educación de la primera infancia haría que las necesidades anuales de financiación externa, por término
medio, se cifrasen en 11.000 millones de dólares.9
¿Hasta qué punto son realistas estas estimacio- nes? Los planes de educación sectoriales prepara- dos y validados por la IFA permiten verificarlas (Secretaría de la IFA, 2005). De aquí a 2008, el total del gasto necesario para la enseñanza primaria en los 20 planes actualmente validados se estima en 4.900 millones de dólares. Por término medio, los gobiernos nacionales esperan financiar un 76% de esa suma a nivel nacional (este porcentaje varía entre un 37% y un 83%). En total, la ayuda externa necesaria se estima en 1.200 millones de dólares anuales. No obstante, hay que señalar que entre esos 20 países hay solamente tres que cuentan con una población superior a 20 millones de habitantes. La IFA espera que otros 25 países más presenten sus planes y que éstos sean validados de aquí a finales de 2008. Las necesidades externas anuales de esos países se estiman en 2.700 millones de dólares.
De los 27 países restantes de la categoría de ingresos bajos establecida en la lista del CAD- OCDE, hay varios que cuentan con una población muy considerable (Bangladesh, India, Indonesia, Nigeria, Pakistán, República Unida de Tanzania, Uganda y Zambia). Otros países –por ejemplo, la Côte d’Ivoire, Haití, Somalia y Sudán– se hallan en situaciones de conflicto o se consideran Estados “frágiles” por diversos conceptos. Si varios países muy poblados y de ingresos bajos vienen a unirse a muchos países con infraestructuras educativas en estado deficiente, las necesidades en materia de gasto serán muy considerables. Por consiguiente, parecen prudentes las estimaciones “revisadas”:
un mínimo de 9.000 millones de dólares anuales para acercarse al objetivo de la universalización de la enseñanza primaria en todos los países, de aquí a 2015, y un mínimo de 11.000 millones de dólares anuales si se integran los demás objetivos de la EPT.
La proporción de la educación básica en el total de la AOD suministrada a los países de ingresos bajos tendría que duplicarse si se quiere progresar más rápidamente hacia los objetivos establecidos. Ese aumento no se producirá automáticamente. Tal como se ha mostrado en el Gráfico 4.6, la proporción de la educación en el total de la AOD asignada al sector ha aumentado, pasando del 10,6% al 13,6% entre 2000 y 2004. En ese mismo periodo, la proporción de la educación básica en el total de los fondos asignados al sector de la educación pasó de menos de un tercio a cerca de dos quintos. En consecuencia, las sumas asignadas a la educación básica en los países de ingresos bajos en 2004 han experimentado un aumento importante con relación a los años anteriores, pero sólo han alcanzado la cifra de 2.700 millones de dólares, esto es, unos 3.400 millones si se integran la mitad del conjunto de los flujos destinados al sector educativo en concepto de “educación, nivel no especificado” y una parte del apoyo presupues- tario. Si –tal como indican los recientes compromi- sos internacionales– el importe total de la ayuda aumenta en un 60% de aquí a 2010 con respecto al nivel registrado en 2004 y si la proporción de la educación básica permanece constante, el total de los fondos asignados a la educación básica ascen- dería a 5.400 millones de dólares, es decir, menos de la mitad de la suma de 11.000 millones de dólares que se estima necesaria.
Aunque las perspectivas de un incremento del nivel de la AOD sean favorables en su conjunto, sobre todo en lo que respecta a la proporción dedicada a apoyar las actividades sectoriales, la rivalidad por obtener la ayuda se hace cada vez más aguda y reviste diferentes formas. En primer lugar, el examen de los programas gubernamenta- les de reducción de la pobreza pone de manifiesto que, paralelamente a la importancia concedida a la educación, la salud, el agua y otros gastos sociales, se suele dar cada vez mayor prioridad a las infraes- tructuras y otras actividades que se supone que contribuyen más directamente al crecimiento económico. Además, se hace cada vez más hincapié en la enseñanza secundaria y superior. Aunque se está prestando atención, a nivel interna- cional, a la realización de los objetivos de la EPT, varios países con tasas bajas de terminación de estudios primarios prevén desarrollar considera- blemente sus subsectores de la enseñanza secun- daria y superior. Casi la mitad de la ayuda bilateral
La proporción
de la educación
básica en el total
de la AOD
suministrada a
los países de
ingresos bajos
tendría que
duplicarse.
9. En el Informe de Segui- miento de la EPT en el Mundo 2006se estimó que en todo el planeta había como mínimo 771 millones de adultos analfabetos y que la reali- zación de programas que permitiesen alfabetizar, de aquí a 2015, a 550 millones de esos iletrados necesitaría unos 2.000 millones de dólares anuales. Aquí partimos de la base de que la mitad de esa suma sería financiada por la ayuda internacio- nal.a la educación se asigna ya a la enseñanza superior, pero una parte importante de esa ayuda consiste en la concesión de becas para cursar estudios en centros docentes de los países donantes.
La amplitud del déficit de financiación y la competición cada vez mayor no constituyen los únicos problemas. Mientras que los bancos multi- laterales de desarrollo, los organismos de las Naciones Unidas y, en menor medida, la Unión Europea cooperan casi exclusivamente con países de ingresos bajos, los donantes bilaterales –cuyos programas representan las tres cuartas partes del total de la AOD– reparten sus recursos de forma muy desigual. Aunque algunos países cuentan con 10 donantes activos, o más, en el sector de la educación, son mucho más numerosos los países que tienen dos donantes o menos (Cuadro 4.5) y, además, los donantes bilaterales tienden a reducir el número de países en los que financian
programas. Ocho de los 20 primeros países cuyos planes han sido validados por la IFA cuentan con un máximo de dos donantes. Si los donantes bilate- rales siguen reduciendo el número de países a los que apoyan, sería necesario asignar recursos más considerables al Fondo Catalítico de la IFA, a un nuevo mecanismo de envergadura mundial o a las instituciones multilaterales, a fin de que la ayuda disponible para la educación se utilice en los países que más la necesitan.
La volatilidad y las perspectivas a corto plazo de la ayuda internacional se han examinado prece- dentemente. A este respecto, hay que señalar que es especialmente importante que los gobiernos puedan contar con recursos duraderos para respaldar sus iniciativas en favor del sector de la educación. Los países necesitan ayuda para incrementar rápidamente la escolarización y crear, al mismo tiempo, las condiciones propicias para disminuir las tasas de deserción y mejorar los
resultados escolares. Es ahoracuando hay que
construir escuelas y otras infraestructuras; es
ahoracuando hay que crear centros de formación
de docentes y hacerlos funcionar; y es ahora
cuando hay que emprender una reforma de los programas escolares y preparar material didáctico. Es muy alentador el reciente compromiso del Reino Unido de dedicar a la educación 15.000 millones de dólares en el transcurso del próximo decenio. Este gesto ha inspirado a los ministros de hacienda y educación de 20 países africanos, reunidos en Abuja (Nigeria) en junio de 2006, la idea de preparar programas decenales de educación para septiem- bre de 2006. Algunos de esos programas ya se han preparado con vistas a la IFA y, en general, quizás sea mejor seguir utilizando la IFA que crear nuevos procedimientos y mecanismos.
Además del aumento del importe de la ayuda y de una gestión más eficaz de sus mecanismos, es necesario hacer más hincapié en la evaluación de las actividades y los programas de educación financiados por los donantes. Los gobiernos, por su propio interés, tienen que comprender más sistemáticamente la índole, la amplitud y las causas de los cambios que se derivan del gasto. En lo que respecta a los países donantes, no se puede descartar que, ante las propuestas de aumento de los presupuestos de ayuda inter- nacional, sus ciudadanos exijan cada vez más pruebas de los resultados conseguidos.
Conclusión
El costo del programa de la EPT asciende a 11.000 millones de dólares anuales, esto es, a una suma más elevada de la que se previó en un principio. Aunque se cumplan las promesas de ayuda, los recursos asignados a la educación básica no serán suficientes si la proporción actual de la educación en la ayuda total y su distribución entre los diferentes niveles y grupos de ingresos permanecen inalteradas y si la armonización no progresa. La proporción de la ayuda total dedicada a la educación básica tiene que duplicarse por lo menos y concentrarse sobre todo en los países de ingresos bajos, y no tanto en los países de ingresos medios. Se debe proseguir con la racionalización de las modalidades de la ayuda y se tiene que resolver el problema de la competición con el conjunto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y con el grupo de presión de las infraestructuras. Los países en desarrollo tienen que demostrar que sus sectores de educación son capaces de absorber la ayuda pedida.
Para reducir los riesgos generados por una dependencia cada vez mayor de la ayuda, es necesario conseguir un alineamiento más estrecho de las actividades de los donantes con los
programas nacionales y efectuar otros cambios en las modalidades de asistencia. La IFA sigue elaborando marcos para que se dé una conver- gencia entre los planes sectoriales de educación fiables y los recursos externos suplementarios. Será necesario realizar mayores esfuerzos a nivel internacional para persuadir a los donantes de que deben aumentar el volumen y la previsibilidad de la ayuda a la educación básica. También se tiene que convencer a los gobiernos de los países de ingresos bajos de que, en sus discusiones con los donantes, deben otorgar una mayor prioridad a la educación y asignarle una mayor parte de las economías realizadas gracias a la reducción de la deuda.
El costo
del programa
de la EPT asciende
a 11.000 millones
de dólares
anuales.
© EPA/KIM LUDBROOK/SIPA PRESS