4. Marco interpretativo
4.5 La comprensión de la convivencia: las proyecciones intersubjetivas en la vida cotidiana
4.5.1 El concepto de la “actitud natural” y la actitud fenomenológica
La reflexión sobre lo expuesto por Husserl (1949) ha de iniciar con un concepto central, la denominada “actitud natural”. Esto es el ser humano representándose, juzgándose y sintiéndose en la realidad. La actitud natural se encuentra en todo momento de la vigilia consciente con el uno y el mundo mismo, sin poder evitarlo, es un impulso, un reflejo de un estado de conciencia (de reducción eidética).76 Lo expuesto se liga con la intencionalidad del individuo como elemento clave
para entender la acción que viene acompañada de la conciencia misma de la realidad, conciencia pura.77 Siguiendo esta línea reflexiva, señalan Berger y Lukmann (2001) que:
76 Lo que se señala es que grandes rasgos toda conciencia es siempre “ser consciente de algo”, la
captación de objetos, la reflexión o conceptualización.
77 Mediante la vista, el tacto, el oído, etc., en los diversos modos de percepción sensible, están las cosas
corpóreas, en una u otra distribución espacial, para mí simplemente ahí, “ahí adelante” […] también están seres animados, digamos hombres, inmediatamente para mí ahí; los miro y los veo, los oigo acercarse, estrecho su mano al hablar con ellos, comprendo inmediatamente lo que se representan y
La conciencia es siempre intencional, siempre apunta o se dirige a objetos. Nunca podemos aprehender tal o cual substrato supuesto de conciencia en cuanto tal sino solo la conciencia de esto o aquello (p.38).
Esta “actitud natural”, aprende los objetos del mundo con la mediación de nuestro aparato o sistema de sentidos que nos ayudan a percibir el mundo conscientemente en su infinitud, temporal y espacial, en “su inmediatamente vivo y su no vivo pasado y futuro”. Es por ello que el ser humano está en una “actitud natural”, debido a que no está fuera del mundo circundante (“ahí adelante”), el mundo está inmediatamente delante de él: lo rodea; pero también, el hombre mismo es parte de este mundo de cosas, cosas que tienen un valor y un uso: “[…] este mundo es más
que mundo de cosas es sentido estricto un mundo de valores y bienes, un mundo práctico”
(Husserl, 1949, p.66).
El mundo de “ahí adelante”, es, entonces, una realidad dispuesta en la práctica; este mundo se presenta mediado, a su vez, por un saber compartido o de sentido común que orienta la actuación práctica del mundo, la producción de esta realidad es un hecho o fenómeno intersubjetivo, es decir: “…nos entendemos con los prójimos, poniendo en común una realidad espacial y temporal objetiva como el mundo circundante de todos nosotros, que está ahí y al que pertenecemos nosotros mismos”(Husserl, 1949, p.68).78
La realidad sería común en tanto es una experiencia intersubjetiva y cotidiana, y se condesa en la tesis de la existencia de una “actitud general o natural”, que es por definición para Husserl: las opiniones preconcebidas de toda naturaleza de lo que se percibe clara u oscuramente, es experiencia ingenua, conocimiento empírico del mundo de “ahí adelante.”79
Asumida esa conceptualización de la realidad como mundo práctico e intersubjetivo, Husserl (1949) construye un enfoque que busca asumir una “actitud fenomenológica”, planteando que el fenomenólogo no ha de permanecer más en la actitud natural, y para ello es necesario realizar una ruptura con la “tesis general de la actitud natural”, la cual ya se ha señalado.
La ruptura con la “actitud natural” en el mundo de la práctica, se emprende por medio de la actitud fenomenológica, que supone asumirse en el intento de la duda universal. Para Husserl, asumir esta actitud de duda universal significa suspender el juicio, esto es, que nuestras tesis comunes sobre el mundo práctico deben desconectarse y ser puestas “entre paréntesis”. Ahora bien, adoptar la “έπоχή o la suspensión del juicio”80, como actitud, tiene como finalidad la interpretación
piensan, que sentimos se mueven en ellos, que desean o quieren […] están ahí en mi campo de intuición… no es necesario que ni ellos, ni los demás objetos, se encuentren justamente en mi campo de percepción (Husserl, 1949, p.64).
78 La conciencia del yo (sí mismo), en el mundo circundante, es dinámica y múltiple en suma cambiante,
considera e investiga, explica y traduce, pero también está ligada a los actos y a los estados del sentimientos: el querer, el odiar, alegrarse, entristecerse, todos actos de un yo que tiene conciencia del mundo y que desea aprehenderlo como algo que inmediatamente delante.
79 «Mundo del sentido común», «mundo de la vida diaria», «mundo cotidiano», son diversas expresiones
que indican el mundo intersubjetivo experimentado por el hombre dentro de lo que Husserl denomina la «actitud natural». Creemos que este mundo existía ya antes de nacer nosotros, que tiene su historia y que nos es dado de manera organizada (Schutz, 2003, p.16).
80 En la actitud natural llevamos a cabo pura y simplemente todos los actos mediante los cuales está ahí
para nosotros el mundo. Vivimos ingenuamente en el percibir y experimentar, en estos actos téticos en que se nos aparece unidades de cosas, y no sólo aparecen, sino que se dan con el carácter de lo “ahí adelante”, de lo “real”[…] En la actitud fenomenológica sofrenamos, con universalidad de principio, la ejecución de todas esas tesis cogitativas, es decir, “colocamos entre paréntesis” las llevadas a cabo; “no
teórico-analítica del mundo práctico, es decir, es una disposición epistémica, una hermenéutica que desea alcanzar la esencia pura de las vivencias (Husserl, 1949, p.131). Al suspender el juicio, esto no supone que la realidad desaparece, el mundo de ahí adelante existe fuera de la actitud fenomenológica, sin la existencia del mundo práctico la fenomenología pierde su objeto de estudio y su sentido.
Para la fenomenología la discusión sobre la forma en que se vive el mundo inicia a través del proceso de formación de la “actitud natural”, que es central en cuanto al dilema de la “supuesta objetividad” en el estudio del mundo social. Se podría fundamentar que el ser humano, así como el fenomenólogo es parte del mundo que lo rodea, un mundo que es anónimo (es compartido aunque no se lo exprese) y que es objetivo (está y estará). El ser humano está intrínsecamente ligado a esa facticidad del mundo, por lo que no hay división entre el objeto y el observador81, que
también se refleja a través de las significaciones compartidas, de sentido común, de lenguaje común y de interpretación subjetiva, desde las cuales se comprende y actúa en el mundo social. Lo anterior es reafirmado por Acevedo (2010, p.284) cuando plantea como el carácter intersubjetivo del pensamiento del sentido común es un saber que tenemos del mundo y que aparece como un conocimiento compartido o socializado.
Dicho carácter socializado del conocimiento es estudiado por Schutz a partir de la tesis de reciprocidad de perspectivas –que supone la idealización de la intercambiabilidad de los puntos de vista y la idealización de la congruencia del sistema de significatividades-, del origen social del conocimiento –a partir del cual se considera que la mayor parte del conocimiento que se tiene del mundo es un conocimiento heredado, social, transmitido por otros con los que se comparte el mundo, siendo el lenguaje el medio tipificador por excelencia y a partir del cual se transmite el conocimiento- y la distribución social del conocimiento –que permite pensar que, teniendo el conocimiento distintos grados de claridad y nitidez, cada persona es "experta" en un campo y "lego" en otros- (Acevedo, 2010, p.284).
La fenomenología sería una postura de incredulidad ante el “mundo natural”, ante el mundo social, y buscaría entender la intención de la acción humana, a través de una forma de interpretación subjetiva donde el fenomenólogo suspende la realidad (actitud fenomenológica: “epoje”) la pone en duda, se abstiene intencional y sistemáticamente de todo juicio para poner entre paréntesis o reducir las relaciones sociales hacia fenómenos comprensibles (racionales), última situación a la que Schutz dedicará su trabajo conceptual y metodológico.