6. Proyecciones, expectativas y representaciones de la convivencia urbana en barrios
6.3 El gobierno del tiempo y el tiempo perpetuo del trabajo
6.3.2 El tiempo cotidiano en el caso de barrio Cristo Rey
Ahora nos referiremos al intercambio y uso del tiempo en barrio Cristo Rey, lugar que se
nos presenta en antagonismo con el panorama de vida de las personas que habitan en
barrio Escalante. Imaginemos, entonces que un día cualquiera, entre semana, se nos
ocurriera detenernos a las 6:00 de la mañana, en la parada de buses ubicada al costado
oeste del Salón Comunal, podríamos observar a Dennis, junto con otras personas,
caminar de prisa hacia su trabajo en la Purdy Motors. Él entra a las 7 de la mañana.
A esa misma hora es posible que contemplemos a Ana, abriendo las puertas de su peluquería y a Federico levantando las cortinas metálicas del Bazar que se encuentra ubicado en la esquina frente al costado sur del Salón Comunal por el que recién caminó Dennis, veríamos también a Juliana con rumbo a la Iglesia de Cristo Rey para trabajar en las Obras del Espíritu Santo. A las 6:15 o 6:20 de la mañana Rebeca caminaría quizás acompañada de algunas amigas o amigos rumbo al Liceo del Sur que se encuentra contiguo a la iglesia Católica de barrio Cristo Rey. En la otra acera caminaría el esposo de Ana, con los hijos de ambos, rumbo hacia la Escuela Nicaragua, ubicada a 200 metros al este del bazar de Federico. Ariana se levantó antes de las 6 am, alistó las meriendas y el desayuno para toda la familia, sus hijos caminarían junto a otros niños y niñas, algunos de ellos visitaran el bazar para comprar alguna lámina para un trabajo dejado por la maestra o el maestro, también es muy posible que a esa hora ya este Don Chalo, suegro de Federico, sentando tomándose un café sobre el mostrador a la espera que alguien se le acerque para conversar sobre las luchas comunistas de la década de los 40 o simplemente quejarse y criticar al gobierno liberacionista y burgués de turno, o simplemente esperar a un vecino para jugar fichas, junto a él, yacería la mascota de la casa-bazar, un perro labrador negro. La vida en el barrio Cristo Rey inicia desde buena mañana, una persona enterada del ciclo temporal del mundo del trabajo de Cristo Rey comprendería que, una parte importante de sus habitantes habría trabajado el día que antecede al lunes, es decir, el domingo. Las jornadas semanales de trabajo de las personas que habitan en Cristo Rey inician un lunes y terminan un sábado otras van de domingo a domingo estas últimas no conocen término de descanso, representan ritmos de trabajo sempiternos.
Cuadro 22. Caso cualitativo 2: “Yo miraba como agarraban a la mujer y le pegaban, quizás alguna muchacha era prostituta”
Para Juliana la vida no ha sido muy diferente esta mujer, llegó a “Las Gradas de Cristo Rey” hace 39 años; es decir, en 1973; su pareja la abandona a ella y su hijo lo cual la forzó a dejar a su hijo, de un año de edad, solo en su casa y bajo la promesa de cuidado de sus vecinos, para poder salir a trabajar.
“era terrible porque cuando eso, el IMAS existía, pero quizá no tomaba mucha importancia a la gente, verdad” (Juliana).
Salía a trabajar “a limpiar casas, iba planchar ajeno (sic) […] para poder ayudarle a (su) mamá también”. (Juliana); pero también trabaja en una pastelería por Barrio Carit; eso le significaba una entrada de 150 colones con lo que “tenía que sobrevivir […] a veces comía, […] cuando pagaba no podía comprarle nada
a mi chiquito” (Juliana).
Luego de su jornada como de trabajadora doméstica y empleada de la pastelería regresaba a su casa, en Las Gradas, donde “ponía unas colchas en el piso y ahí me (se) acomodaba con mi (su) hijo. El hijo mayor de Juliana hoy tiene 39 años de edad (continúa en la pág. siguiente)….
Ella describe su paso de cinco años por las Gradas como experiencia desconsoladora y terrible “abandono
infantil” conflictos entre los vecinos y violencia contra la mujer: “yo miraba como agarraban a la mujer y le pegaban, quizás alguna muchacha era prostituta y no le llevaba su plata, la golpeaba el hombre […] al otro día a la muchacha donde salía con su ojo morado, la trompa inflamada y todo eso” (Juliana, 2012).
Juliana ilustra las condiciones de empobrecimiento, inestabilidad laboral y abandono, que sufren miles o cientos de miles de mujeres en el país. Su caso muestra con crudeza como las mujeres enfrenta un complejo sistema de violencia socio-económica, cultural y psicológica; que se expresa en ser víctima de violencia estructural, en cuanto es mujer empobrecida víctima de las estructuras de desigualdad en la distribución de la riqueza nacional; víctima de violencia institucional; en cuanto es abandona incluso por las estructuras asistencialistas del Estado, como el IMAS, y es víctima de la violencia patriarcal; al ser ella y su hijo abandonadas por su pareja. Es importante el cómo se vive el tiempo cotidiano, como un hecho desconsolado en la pobreza.
Hoy, Juliana, trabaja en las obras del espíritu Santo el carácter de su a trabajo es de apoyo espiritual y religioso a las personas que viven en el barrio. Además gestiona con instituciones públicas colaboraciones para familias de bajos ingresos que no tienen recursos económicos para poder sepultar a sus familiares fallecidos.
La interrogante que emerge es: ¿qué clase de trabajos realizan los(as) habitantes de este barrio histórico de San José? Algunos ya han sido enunciados: dueño de un bazar, estilista o peluquera de salón de belleza pero también amas de casas, obrero de enderezado y pintura, mecánicos, laica voluntaria en organizaciones religiosas, asistente de enfermería, profesoras, maestras, panaderos, dueños de pulperías, constructores, etc. Los(as) habitantes del barrio en su mayoría son trabajadores artesanales, de servicios y actividades en industrias, oficios que no se concentran directamente en gasto el de energía “intelectual”, pero que exige en suma, un gran desgaste de fuerza física, intelectual y personal.
El trabajo es muy pesado y exigente, los clientes lo quieren rápido […] le piden mucho, mucho, mucho a uno, más de que usted ha trabajado y es cansado es cansado y usted entra a las 7 de la mañana y sale a las 5 y media, ya viene a las 6 de la tarde y ya (Dennis, 2012).
Dennis trabaja desde que tiene 9 años, es así como aprendió su oficio, de enderezado y pintura en el taller de su padre, ubicado también en barrio Cristo Rey, hoy es trabajador de la Purdy Motors, representante de la transnacional japonesa de automóviles Toyota. Observando los adjetivos calificativos que contienen el discurso acerca de su trabajo, son más que claros: pesado, exigente y cansado, cansancio que se prolonga de 7 a 5 y media de la tarde. Es necesario recordar lo que se apuntó de entrada en este apartado, Dennis se desplaza caminando tanto a la entrada como a la salida de su trabajo.
¡Ajá! Igual a la venida, es como un poco más rápido sinceramente es más rápido porque usted va agarra el bus y Dios guarde para llegar ahí el único que lo deja más cerca para llegar ahí es León XIII, el de la León XIII pasa por ahí o en el centro de San José, dan una vuelta que sinceramente, vea agarro el bus y que yo me voy caminando y llego yo más primero, y entonces sinceramente llega usted más rápido hasta más cansado es para uno y todo, y
uno no puede llegar tarde Dios guarde, es muy importante no lo dejan a uno (Dennis, 2012).
Caminar es un medio de desplazamiento por la ciudad más efectivo que tomar un bus, y señala de nuevo, “menos cansado”, San José es un trampa vehicular, es un espacio de caos vial que termina por generar más fatiga al trabajador que tienen frente a sí una jornada laboral frenética y sobre la cual es muy importante no llegar a destiempo, y es justo acá cuando se comprende el sentido de la acción cotidiana de caminar hacia el trabajo, más allá de librar el colapso vial del centro de San José a las 6 o 7 de la mañana, simplemente Dennis: “no puede llegar tarde…”, pues 54 horas de su vida, por semana, son gobernadas por la empresa y sus exigencias. Su llegada es marcada por una máquina-reloj, un objeto impersonal, dispuesto en la entrada de la empresa, y vela por el cumplimiento del horario de 7:00 am a 5:30 pm, en este caso el reloj emerge como una tecnología de control que vigila la entrada y salida del mundo de la productividad, dispositivo que vigila que Dennis no incumpla con su horario.
La máquina del tiempo marca el ritmo de la rutina cotidiana de Dennis, ello implica: levantarse, alimentarse, salir del hogar, caminar deprisa, llegar a tiempo para vencer el castigo, vencer a la máquina reguladora de su tiempo, marcar la tarjeta, realizar un trabajo pesado hasta al cansancio físico, hasta la hora de salida, una marca de salida, para volver a caminar, para llegar a su hogar, comer y dormir para volver a levantarse al día siguiente. Si llegara a fallar y llegará tarde le espera un castigo y hasta un despido por parte de la empresa y eso representa el impedimento de acceder a la satisfacción de necesidades logradas mediante el salario que recibe por la compra de su tiempo de trabajo y por lo tanto la imposibilidad de tratar de sustentar a su esposa e hijos. El sentido o la racionalidad de la acción ahora es comprensible, sus motivos son pragmáticos: sobrevivir en el reino de la necesidad.
La rutina cotidiana que expresa el caso de Dennis difiere de la de Federico y Ana, ambos son “propietarios” de negocios. Cuando Dennis está caminando hacia la ciudad, Federico y Ariana están abriendo sus pequeños negocios. La “naturaleza” del trabajo de Federico es la de brindar un servicio, así las actividades no giran en torno a un trabajo obrero.
¿Entonces empiezo que se yo?... esto es lo básico de referencia de este negocio (señala las láminas educativas) […] Es el internet del barrio […]… es más que todo esto siempre ha sido un bazar… con venta de artículos de librería, hasta ahora es que hemos tratado de incursionar en la cuestión de frescos. [….] Para ver si algo mueve un poco más, para recoger un cinco más… que se yo las tarjetas telefónicas, que se yo algo más cosas nuevas (Federico, 2012).
Se denota que el negocio depende de las necesidades informacionales del barrio, pero al parecer estas no son suficientes y el bazar ahora extiende sus rango de venta a frescos, tarjetas telefónicas y otros productos, poco a poco el bazar empieza a semejarse cada vez más a una pulpería de barrio, ¿el motivo de esta metamorfosis? Lo expresa con claridad el dueño del negocio y esta es: la necesidad de recoger algo más de dinero.
En realidad este es un negocio que se le dedica mucho tiempo mucho trabajo… se abre de lunes a sábado y el domingo se abre igual y cierra un poquito más temprano (Federico, 2012).
Pero a pesar de que su actividad laboral no “demanda” en apariencia un gasto excesivo
de fuerza física, está claro que el bazar-pulpería absorbe mucho tiempo, éste no cesa, se
trabaja de lunes a sábado: “Aquí se abre de 6 de la mañana a 7 de la noche” (Federico,
2012) y los domingos “de 6 de la mañana a 3 de la tarde” (Federico, 2012). Son 78 horas
de trabajo de lunes a domingo y 8 horas del domingo suman 86 horas de trabajo a la
semana, el día “libre” de descanso es una ausencia.
Se trabaja de domingo a domingo, sin descanso, donde se trabajan por encima de las 10
horas diarias, habría que agregarle la monotonía de la repetición de la misma labor día a
día, semana a semana, mes a mes, año tras años. Federico se sabe su oficio de
memoria: “…es una situación que tiene mucho, ya tenemos 30 años, ya hasta que esta
cuadrado uno, ya hasta me siento cuadrado” (Federico, 2012).
Es una rutina que se presenta como agobiante: despertarse a las cinco de la mañana,
desayuno, abrir las puertas del bazar a las seis de la mañana, vender laminillas,
refrescos, tarjetas de teléfono u otros productos, en los interines conversar con algún
cliente, vecina o amiga, o bien hablar con don Chalo, y al aproximarse la noche cerrar las
puerta del bazar-pulpería, comer algo y acostarse dormir. En la mañana se levantará de
nuevo para repetir una rutina que ensaya desde aproximadamente 1983. Su trabajo
imposibilita el despliegue de otras habilidades, capacidades y potencialidades. Lo aliena
como ser humano, lo aprisiona en una suerte de metáfora que lo encierra en suerte de
estructura cuadrada que imposibilita la creatividad, la imaginación o la posibilidad de
salida. Federico desearía “romper el naipe”
134, sin embargo, don Chalo (2012) alza la voz
súbitamente, y un ejercicio puro de principio de realidad, arremete y afirma, contra el
deseo de Federico, que él ya “no tiene otro camino”.
La ruptura con el tedio de su trabajo sucede “…cuando viene un niño con un papel, como
el tuyo,
135y te dice tiene de esto y le da vuelta a la hoja y lo que te enseña es la tarea…”
(Federico, 2012), ese momento es cuando el oficio retribuye gratificación al poder
ayudarle a un niño o niña del barrio con información para un tarea escolar.
Hasta acá la vida cotidiana de Dennis y Federico no expresan en ningún momento sentirse dueños de su tiempo en sus narrativas cotidianas, no reconocen con facilidad un tiempo de ocio entre sus días laborales, debido a que el mundo cotidiano del trabajo inunda casi como una totalidad la posibilidad de la existencia de tiempos de ocio. El caso de Ariana no tendrá motivos para desmontar esta lógica de agobio que impone el mundo cotidiano del trabajo, sin embargo, Ariana a diferencia de Federico y Dennis, es mujer, y el género irrumpe como factor que particulariza radicalmente el ritmo de la vida cotidiana que rige sobre la existencia de Ariana.
Entre semana mi horario era hasta las 11 de la noche y dependiendo del trabajo, si tenías citas a las 5 o 6 de la mañana estaba trabajando, eso dependía de los clientes que tenía más para la época de graduaciones verdad pero los domingos entraba a las 8 de la mañana y salía a las 4 de la tarde (Ariana, 2012).
El ritmo cotidiano de Ariana es igual o más demandante que el de sus vecinos hombres, trabajaba de lunes a domingo, a veces con horarios hilarantes de cinco o seis de la mañana a 11:00 de la noche; lo que significaba días de 17-18 horas de trabajo, y a esta rutina habría que sumarle
134 De esta forma este hombre definió lo que para el simboliza metafóricamente el tiempo libre. 135 En referencia a la hoja con las preguntas que se elaboraron para realizar la entrevista
jornadas de trabajo de hasta 8 horas más los días domingos. Pero las actividades de Ariana no acababan el corte de cabello: “…aparte que yo espacio, espacio mucho no lo tenía, porque yo
tenía la peluquería y aparte, daba clases en un colegio los fines de semana” (Ariana, 2012).
De lunes a viernes atendía su peluquería y los fines de semana abría un espacio adicional en su tiempo para dar clases en un colegio; el relato transfiere una sensación de ahogo, el tiempo deja de existir, el tiempo de vida de Ariana es absorbido, succionado, en parte, por la demanda que impone el mundo del trabajo.
A pesar de que la venta de sus servicios como peluquera y la compra de su tiempo de trabajo para utilizar su conocimiento intelectual, por parte de una institución educativa, actividades que absorben ya una gran cantidad del tiempo cotidiano de Ana, ella encarna los roles de madre de tres hijos y el de esposa: me levantaba muy temprano dejaba las cosas listas y mis hijos nada
más se servían…para regresar a mi casa y tener los quehaceres y después en ese momento la sala hasta ahí (Ariana, 2012).
Es necesario revisar varias distinciones: la primera es, que en ninguno de los relatos descritos y analizados de los hombres se retratan labores relacionadas con el mundo cotidiano de la vida doméstica, que no se representa o percibe como un horizonte exterior que implique una extensión del mundo cotidiano del trabajo. En cambio, y acá se presenta la segunda distinción, el mundo de la vida doméstica si se percibe en el caso de Ariana pero también en el de Juliana, como un horizonte exterior o halo del mundo cotidiano del trabajo que asigna un sistema nuevo de labores que implica el estar: “limpiando, barriendo, cocinando, atendiendo, llevando al nieto a la escuela y
llevarlos a la plaza” (Juliana, 2012), y acá es cuando se transita a la tercera distinción, las mujeres
de barrio Cristo Rey son trabajadoras, pero en el marco de un artificio de la cultura patriarcal hegemónica masculina, al casarse con un hombre, en su “destino social” se les impone a priori un proceso de naturalización social: ser amas de casa y madres, lo que significa implicarse en la responsabilidad de la reproducción del mundo de la vida doméstica. La mujer en esta situación está sujetada temporalmente, su tiempo vital es arrancado por el mundo de la vida doméstica y el mundo del trabajo y no puede escapar de ellos, el mundo de trabajo se impone como necesidad económica y social, así el mundo de la vida doméstica se le impone bajo imperativo cultural (patriarcal) que le exige cumplir con las labores de cuido136 y servicio hacia los nietos, hijos y
esposos.137
Del estudio del intercambio y uso del tiempo cotidiano de las mujeres se desprende una tercera
rutina en la división social del tiempo de trabajo, determinado por la condición de género, la mujer
condensa la reproducción y producción en el tiempo de la arquitectura del mundo de la vida cotidiana. El fin del trabajo productivo cede el paso al inicio de la labor reproductiva y el fin de la labor marca el inicio del trabajo, la resultante de este ritmo implacable es: la existencia cotidiana de la mujer explotada y reprimida en el proceso de reproducción del mundo de la vida cotidiana capitalista y patriarcal. La rutina cotidiana inicia muy temprano en la mañana: se despierta, se baña, alista el desayuno, la merienda y almuerzos de sus hijos (as) y esposo, asiste a su trabajo o abre su negocio; trabaja, sale de su trabajo, va hacia su hogar, hace la cena y el almuerzo de su
136 Su servicio y cuido es por la reproducción de las fuerzas intelectuales, laborales y libidinales y esta
dinámica de sobre explotación económica y sobre represión cultural deben, las mujeres, lograr la auto reproducción de sus fuerzas vitales.
137 Se advierte que se habla de nietos, hijos y esposos por que las mujeres entrevistadas, en barrio Cristo
Rey nunca señalaron el cuido y el servicio a nietas, hijas u otras mujeres, lo cual dice mucho acerca de la lógica y la racionalidad patriarcal que orienta los roles de género en las la labores de cuido y servicio. Esta misma lógica patriarcal es más sutil para el caso de barrio Escalante, solo se capta sin ambages en el caso de la adulta mayor Laura.
esposo del día siguiente, quizás barre, lava, plancha o limpia un poco la cocina, en suma: hace los quehaceres y deja todo listo, tal vez mire la televisión y al final de día duerme… mañana vendrán unas nuevas 24 horas que iniciaran de forma semejante.
La suma del trabajo y la labor doméstica emerge como dolor, pesadez, agotamiento y exigencia, una rutina que se repite en los ciclos de vida de las generaciones, con jornadas de trabajo que se disponen largas, extenuantes y casi interminables para los hombres y mujeres. El tiempo de trabajo transita con un halo extractivo, pero para el caso particular de la mujer su jornada de