Nivel de comodidad adecuado.
Nivel 5: Las intervenciones de este nivel poseen todas las características del
B) Ensayo Conductual
6.2. Concepto de estructura en la entrevista terapéutica
La entrevista terapéutica es una situación interactiva en la que los participantes ajustan sus repertorios conductuales en función de la meta que, implícita o explícitamente, se han propuesto alcanzar. Por ello, la principal consecuencia de orden práctico que se deriva del objetivo o finalidad de una entrevista concreta es la estructura que adopta el proceso.
Así, por ejemplo, una entrevista de orientación probablemente requerirá, por su misma naturaleza, más estructuración que las entrevistas o fragmentos de una entrevista dedicada a la identificación del problema. De igual manera, al margen de otros factores, una entrevista que se realiza en una situación de crisis suele requerir más estructuración que una entrevista que forma parte del período intermedio de un largo tratamiento.
Por estructura de una entrevista se entiende el grado en que el entrevistador determina el contenido y el curso de la comunicación que establece con su interlocutor. Esto significa que la estructura de una entrevista particular puede variar a lo largo de su desarrollo temporal, según sus características se aproximen o se alejen
de un continuo, que se extiende desde un grado máximo de estructuración o directividad a un grado mínimo de estructuración o no directividad.
La noción de estructura alcanza a aspectos muy variados de la entrevista, entre los que destacan las intervenciones del entrevistador, las respuestas ofrecidas por el cliente, la táctica general o estilo de la entrevista o la recogida y formalización de la información obtenida. Este hecho ha tenido como consecuencia que las nociones de directividad y de no directividad hayan adquirido matices muy distintos en las consideraciones teóricas y en las constataciones empíricas de los diversos autores que han tratado el tema. Por ello, a la hora de analizar la estructura de una entrevista, junto con su grado de directividad/no directividad, siempre es necesario tener en cuenta, las otras dos variables moduladoras de la estructura de la comunicación terapéutica; esto es, el grado de actividad del terapeuta y el hecho de que sus intervenciones sean más o menos ambiguas.
6.2.1. Directividad versus no directividad
Cuando el objetivo prioritario de una entrevista consiste en recopilar la mayor cantidad de información específica, el proceso tiende a organizarse de manera altamente estructurada, es decir, adquiere un alto grado de directividad. Y ello, porque el entrevistador obtiene una mayor cantidad de datos fiables y válidos si mantiene un formato rígido, que se asemeja al de una encuesta, en lugar de permitir que el paciente se explaye libremente, o se calle, en relación con los temas que se consideran relevantes en esa situación. Por el contrario, cuando el objetivo fundamental de una entrevista terapéutica consiste en potenciar la comodidad y disponibilidad del paciente, el terapeuta se esfuerza por interferir lo menos posible en la secuencia comunicativa propuesta por su cliente. En estos casos la entrevista terapéutica es un proceso que, por su carencia relativa de estructuración, se acerca al extremo no directivo.
El gran peligro de una entrevista terapéutica altamente directiva consiste en que, por un lado, puede convertirse en una situación que el paciente llega a vivenciar como un interrogatorio y, por otro, en que el entrevistador puede incurrir en sesgos a la hora de elegir los temas a tratar o de ofrecer alternativas. En el primero de los casos, el rapport tiende a disminuir de forma considerable; en el segundo, si la hipótesis que sustenta la actividad del terapeuta no ha sido suficientemente confirmada en entrevistas anteriores, el tratamiento entero puede resultar inefectivo por su falta inicial de relevancia. Contrariamente, el mayor peligro al que se enfrentan las entrevistas claramente no directivas estriba, por una parte, en que la comunicación puede derivar en una conversación trivial, sin más objeto que el desahogo de uno de sus participantes y, por otra, en que los encuentros terapéuticos se tornen inefectivos al diluirse la información pertinente y la responsabilidad ante el cambio. En estos casos, el terapeuta corre el riesgo de no poder llegar a establecer ninguna hipótesis sobre cuál es el problema que acucia al paciente y cómo podría elaborarlo con éxito.
Las entrevistas terapéuticas de corte directivo se caracterizan porque en ellas el entrevistador tiende a llevar buena parte de la conversación, realizando preguntas específicas sobre temas que con frecuencia son elegidos por él, al tiempo que ofrece frecuentes informaciones o explicaciones del problema planteado por el cliente. Es decir, el terapeuta directivo se comporta de manera claramente activa, dando oportunidad al paciente de expresar sus actitudes hacia asuntos concretos, pero indicándole aquellos aspectos de las mismas que a su juicio son más relevantes. Igualmente, intenta favorecer los cambios en la conducta del paciente proponiendo acciones concretas que éste debería realizar. Para lograr sus objetivos terapéuticos, el entrevistador directivo recurre tanto a técnicas que explicitan el contenido de las verbalizaciones del paciente, como a datos de observación o a la influencia que su prestigio personal pueda ejercer sobre su interlocutor.
En cambio, las entrevistas realizadas por terapeutas que prefieren un estilo netamente no directivo se caracterizan por el hecho de que las verbalizaciones del paciente son más extensas y numerosas que las del terapeuta. Este último tiende a intervenir fundamentalmente cuando desea mostrar a su interlocutor que le acepta como persona y que comprende sus sentimientos, actitudes y conductas explícitas, al tiempo que refuerza las verbalizaciones del cliente que tocan estos temas.
Aunque los resultados de investigación son bastante controvertidos, en general tienden a afirmar que las técnicas no directivas facilitan el insight y la autoexploración en mayor grado que las técnicas directivas. Sin embargo, los resultados más importantes son aquellos que demuestran que el grado de directividad/no directividad adoptado por un terapeuta afecta de manera diferente a diferentes pacientes. Así, los clientes que antes de la entrevista se mostraron reacios a la misma aumentan sus resistencias ante un terapeuta directivo, mientras que tienden a disminuirlas ante un terapeuta no directivo. Igualmente, los clientes con lugar de control externo responden mejor a un terapeuta directivo, mientras que para los clientes con lugar de control interno resulta más efectivo un terapeuta no directivo. En definitiva, la adecuación de las intervenciones terapéuticas directivas y no directivas depende en gran medida de la capacidad del entrevistador, para adecuarse a las características personales de sus pacientes. De hecho, algunas investigaciones han demostrado que, con independencia de sus preferencias teóricas, los entrevistadores tienden a ser directivos con clientes dependientes, mientras que tienden a ser no directivos con clientes dominantes.
Con todo, existe cierta evidencia empírica respecto a que las pautas comunicativas más frecuentemente empleadas por los terapeutas directivos son:
1. Definir la situación de acuerdo con los métodos de diagnóstico y