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Control y evitación del control en una relación

In document Entrevista y Sugestiones Indirectas (página 99-103)

Nivel de comodidad adecuado.

Nivel 5: Las intervenciones de este nivel poseen todas las características del

B) Ensayo Conductual

6.1. Control y evitación del control en una relación

El concepto de control en las relaciones personales no se refiere al poder férreo de una persona sobre otra, sino a las continuas negociaciones, y en ocasiones lucha, que se establecen entre dos individuos, con objeto de determinar la clase de conductas que tendrán lugar entre ellos, siendo tales categorías conductuales las que definen la relación.

Como afirma Haley (1977, 189)... nadie puede no verse involucrado en la lucha que se establece por definir la relación que establece con otro ser. Porque cuando alguien transmite un mensaje, está realizando una maniobra para definir la relación, ya que al margen de su contenido informativo, en el plano de la relación, dicho mensaje significa éste es el tipo de relación en el que se dicen cosas como las de este mensaje. Si alguien desea abstenerse de definir su relación con otro hablando de banalidades, en realidad está diciendo que la relación entre ambos debe mantenerse neutral y anodina.

En contrapartida, el receptor de un mensaje tiene tres tipos de opciones básicas. La primera, aceptar la propuesta de relación tal como es presentada por el emisor; la segunda, contradecir dicha propuesta presentando una alternativa más o menos similar y, por último, la tercera opción consiste en aceptar la definición de la relación propuesta por el emisor, a través de un mensaje que indica que permite la maniobra de control pese a que tiene capacidad para impedirla.

Siempre que una persona propone una definición de una relación está tratando de controlarla y, por este motivo, la otra parte, que puede aceptar o rechazar la propuesta en cuestión, se hace depositaria del control. En otras palabras, es imposible que alguien conceda a otra persona toda la iniciativa en la definición de una relación, puesto que su inhibición indica que es el otro quien debe determinar la clase de conductas que regirán esa relación.

En esto consiste la más importante de las paradojas de la relación de dos seres humanos, paradoja que se hace especialmente evidente cuando el desamparo es incluso más efectivo que el autoritarismo en el control de una relación. Porque quien se muestra desamparado no sólo permite que defina la relación quien se hace cargo de él, sino que, simultáneamente, está definiendo la relación entre ambos como una

relación tal que, en ella, alguien se ocupa de protegerle. Por ejemplo, cuando un paciente dice al terapeuta Estoy tan confuso que no puedo decidir. Dígame usted lo que debo hacer y yo lo haré, el paciente está ofreciendo al terapeuta el control de la relación, pero también le está indicando el tipo de conducta que debe adoptar.

En resumen, cuando una persona evita ejercer el control de una relación en un nivel, en otro nivel está definiendo la relación como una clase de interacción que no controla. Esto es así porque en base a la articulación digital y analógica de la comunicación humana, cualquier mensaje se produce en dos niveles: a) Informo de...; b) Obedezca mi orden en el sentido de...

Pero existe una forma de escapar a la paradoja de la relación con otro ser humano, evitando con ello la definición de esa relación. Este recurso consiste en definir la relación a través de un mensaje que se descalifica a sí mismo. Es decir, cuando un mensaje es incongruente, la definición de la relación propuesta por ese mensaje queda invalidada.

Formalmente, cualquier mensaje puede descomponerse en los siguientes elementos (Haley, 1977):

1) Yo 2) digo algo 3) a usted

4) en esta situación.

Mediante la descalificación de cualquiera de estos cuatro elementos o de los cuatro a la vez, el emisor del mensaje invalida su propia definición de la relación que ha propuesto, por medio de ese mismo mensaje.

Quien desea descalificar su identidad como emisor puede lograrlo transmitiendo su mensaje amparado en un seudónimo, explicitando que no habla a título personal, sino en nombre de una institución o un grupo, indicando que tan sólo es un mensajero (de Dios o de otra persona), afirmando que su mensaje es emitido bajo el influjo de una fuerza que escapa a su control (como las drogas o el alcohol), manifestando que el tono de su mensaje proviene de procesos involuntarios (es el caso de la irritación hacia alguien camuflada como fatiga), etc.

La descalificación del contenido de un mensaje puede realizarse a través de indicios de amnesia (No me acuerdo...), afirmando que el mensaje ha sido mal interpretado ya que, aunque las palabras fueran en un sentido, la intención al pronunciarlas era otra, emitiendo un mensaje y acto seguido otro que contradice al primero, restando importancia o seriedad a un enunciado afirmando que es una broma, transmitiendo la información en un idioma que el interlocutor no comprende, negando el valor comunicativo de un mensaje al afirmar que las palabras que lo componen no son elementos significantes sino objetos materiales, etc.

En cambio, el emisor puede negar que su mensaje está dirigido a su interlocutor haciendo patente que habla para sí mismo en un aparte, dirigiéndose al otro en función de su estatus o poder de representación y no como persona, afirmando que en realidad su interlocutor tiene otra identidad distinta de la que manifiesta (por ejemplo, que no se trata de un amigo sino de un policía), etc.

Por último, para negar que la definición de un mensaje se refiera a la situación en que éste se emite basta con especificar el contexto como no actual en el tiempo o en el espacio (ejemplo: Tú antes me caías mal y puede que en adelante me caigas mal, llamando cárcel al consultorio psiquiátrico, etc.).

En resumen, la evitación de la definición de una relación puede lograrse mediante la descalificación de la identidad del emisor, del contenido del mensaje, de la identidad del receptor o del espacio y el momento en que se produce la comunicación. La incongruencia de los mensajes que se descalifican a sí mismos puede tener lugar en el nivel digital, mediante dos enunciados consecutivos o mediante la dislocación de los planos digital y analógico de la comunicación.

6.1.1. Control del contenido de la comunicación verbal

Ni los estudios experimentales, ni los seguimientos clínicos, han podido establecer cuál es el método más efectivo para controlar el contenido de la comunicación verbal durante una entrevista terapéutica. Sin embargo, existe un amplio acuerdo en que instrucciones, modelado y condicionamiento verbal constituyen recursos particularmente idóneos.

6.1.1.1. Instrucciones

Las instrucciones son una técnica de intervención terapéutica de uso frecuente durante una entrevista inicial o durante una serie de entrevistas terapéuticas (véase epígrafe 4.1.5)

Cuando se emplea al principio de la entrevista, esta técnica se convierte en un excelente medio de control de la comunicación verbal, ya que permite motivar al cliente para que hable de ciertos temas con el talante adecuado. Unas instrucciones efectivas ajustan las expectativas de los interlocutores, reduciendo al mínimo la desorientación y la incertidumbre del paciente. Más concretamente, las instrucciones inducen a la adopción por parte del cliente del rol complementario al rol de terapeuta. Este hecho tiene como consecuencia inmediata una mejora de la fluidez y profundidad de la comunicación que se establece entre ambos.

6.1.1.2. Modelado

La técnica del modelado se halla próxima a las instrucciones y, con frecuencia, se convierte en uno de sus complementos. El modelado consiste en ofrecer al cliente una demostración del tipo de cosas que se espera que haga.

En la entrevista terapéutica el modelado puede tener lugar a través de una cinta magnetofónica en la que se haya grabado una entrevista, ofreciendo al paciente el guión de una entrevista, favoreciendo la observación o realizando una demostración mediante un role-playing.

Cuando se utiliza durante los primeros momentos de una entrevista, el modelado ofrece resultados positivos en el ajuste y la mejora de la comunicación terapéutica, ya que promueve en el paciente la clase de conductas exhibidas por el modelo. Especialmente cuando en la secuencia demostrativa se incluye el reforzamiento vicario, esta estrategia aumenta la autorrevelación del paciente, potencia la libertad con que este se expresa e inhibe sus resistencias a la hora de abordar temas conflictivos. Sin embargo, el modelado es un método de control del flujo de la entrevista terapéutica más disruptivo que las instrucciones.

6.1.1.3. Condicionamiento verbal

El método más conocido, más investigado y más controvertido en el control del contenido verbal de una entrevista es, sin duda alguna, el condicionamiento verbal. Esta técnica consiste en la emisión voluntaria o involuntaria, por parte del terapeuta, de conductas que promueven en el paciente un cierto tipo de respuestas.

Los estudios sobre los efectos del condicionamiento verbal durante la entrevista terapéutica se iniciaron con investigaciones en principio muy alejadas del ámbito clínico; trabajos que, progresivamente, fueron extendiéndose al campo de la práctica psicoterapéutica. Los resultados de estas investigaciones demostraron que entre las conductas verbales del paciente más susceptibles al condicionamiento se encuentran las manifestaciones de afecto, las autorreferencias positivas y negativas, las expresiones de hostilidad y el recuerdo de los acontecimientos de la infancia.

Sin embargo, para la formación de un entrevistador tienen más importancia los resultados relativos a la clase de conductas que actúan como reforzadores. Dichos datos pueden agruparse en dos grandes categorías:

a) Indicios lingüísticos y paralingüísticos mínimos, como pueden ser los términos sí, ya, bien o mm-hmm y conductas no verbales reguladoras de la interacción, como son la sonrisa o los ligeros movimientos de la cabeza que indican asentimiento. El tipo de interacción y de resultados que promueve el empleo de ésta clase de reforzadores es conocido en el campo de la psicoterapia como efecto Greespoon

b) Intervenciones verbales complejas y estructuradas de acuerdo con objetos específicos. A este grupo pertenecen las intervenciones terapéuticas no directivas, como son la clarificación, la paráfrasis, el reflejo, el resumen y la autorrevelación del terapeuta (véase Capítulo 4).

El condicionamiento verbal se hace más efectivo cuando el curso de la entrevista se desarrolla en la ambigüedad, con abundantes silencios o notoria pasividad por parte del entrevistador, ya que, bajo éstas condiciones, el impacto de los reforzadores se hace más intenso. En consecuencia, el éxito en la selección de los reforzadores de uno y otro tipo está en función del contexto, así como de la conciencia del entrevistador respecto al hecho de que la conducta que emite es un reforzador, cuyos efectos se harán sentir, y no una actividad inocua, como en ocasiones han defendido algunos entrevistadores de orientación no directiva.

En definitiva, el entrevistador ampliará su pericia profesional según vaya siendo capaz de controlar indirectamente el curso de una entrevista, mediante la selección de aquellos reforzadores que, siendo especialmente atractivos para el paciente, facilitan el logro de los objetivos terapéuticos.

Por último, el entrevistador, sobre todo si es novato, debe estar alerta respecto a la influencia que ejercen en muchas de las respuestas del terapeuta, las sutiles manipulaciones de cierta clase de pacientes que, bien por el carácter de sus dificultades (fuerte necesidad de aprobación, sociopatía, etc.) o por su larga experiencia en entrevistas terapéuticas, han llegado a ser especialistas del condicionamiento verbal.

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