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4. EL ESTUDIO DE CASO

4.2.4. Conclusiones de las entrevistas grupales

La experiencia de las entrevistas grupales ha sido muy enriquecedora, pues además de recoger la información sobre las preguntas que planteaba a las niñas y niños, también me han permitido observar sus dinámicas de relación en una situación tan social como una conversación en grupo. Me gustaría hacer una serie de reflexiones sobre estas dinámicas: en todos los grupos, independientemente de la edad, lo que más me ha llamado la atención es el respeto por la opinión de cada persona, cómo se escucha activamente cada propuesta, cada expresión y cada reflexión, y cómo las propuestas no se contradicen automáticamente, sino que todas se respetan por igual, y se enriquecen y complementan con las aportaciones de otras personas. También me ha llamado la atención la capacidad de expresión y de reflexión de todas las personas, independientemente de la edad, niñas y niños de 4 años expresando airadamente sus opiniones, reflexionando sobre las de los demás, y buscando un consenso que en ningún momento se les ha pedido. La capacidad de expresión, como he dicho, y la riqueza en su lenguaje, me ha sorprendido, igual que la profundidad de algunos de sus razonamientos y expresiones. El grado de interpelación mutua, la capacidad de demandar y ofrecer respeto cuando alguien interfiere en la conversación, alguien hace algo que molesta a otra u otras personas, o se expresa una opinión con la que no necesariamente las demás personas están de acuerdo, es también sorprendente, sobre todo cuando en ninguno de los casos el resultado ha sido de violencia, o de comportamiento destructivo. En todos los casos de distracciones, molestias o interferencias, ha sido algún miembro -o varios- del grupo quien ha exigido el respeto, y se ha dado, sin necesidad en ningún momento de intervención adulta de ningún tipo. Nadie se ha enfadado, ni aún cuando se le llevaba la contraria, aunque en un principio en algún caso no le ha gustado lo que estaba escuchando, el diálogo se ha mantenido y se ha llegado a un entente común. Nadie se ha

levantado abruptamente y se ha ido de la sala, todas las personas se han quedado hasta que han querido, cuando han querido marcharse lo han expresado, y cuando se ha acordado que se podían ir, se han ido. Me ha sorprendido mucho la capacidad de contacto consigo mismos, cuando han sentido que se aburrían, o que no querían contestar alguna pregunta, o participar en absoluto, así lo han expresado, y se les ha respetado. A este respecto, me gustaría comentar que hay personas que han permanecido sentadas toda la entrevista sin realizar aportación alguna, pero en ningún caso he observado un gesto de pasotismo, desinterés o superioridad, sino todo lo contrario, han estado escuchando y observando todo lo que ocurría con respeto y atención. Por último reflexionar que en todos los grupos han sido las personas participantes quienes se han auto- gestionado y establecido los mecanismos para respetar el orden: en un caso el orden se ha dado de manera espontánea, mientras que en otro han sido ellos quienes han propuesto responder por turnos y en otro responder siguiendo el orden del círculo en el que estábamos sentados. En ningún momento he intervenido para establecer un orden, ha sido el grupo el que lo ha alcanzado a su ritmo y a su manera. Respecto a las preguntas planteadas, a continuación resumo en grandes líneas sus respuestas:

¿Qué os gusta de Donyets?

En el primer grupo, de más de 10 años, las respuestas más comunes se han centrado en la libertad de elección, en el respeto a los ritmos, en la no obligatoriedad de las actividades, en la ausencia de exámenes y en el trato de las educadoras y educadores, que consideran como amigos. En el segundo grupo, de 7 a 10 años la respuesta con la que más personas han estado de acuerdo ha sido que «aprendemos jugando y no nos obligan a que hagamos clases», de nuevo sale la libertad, la no obligatoriedad y la ausencia de deberes. Aunque en este grupo han matizado que sí que existe el compromiso personal y cuando alguien se apunta a un taller debe

participar. En este grupo también me ha llamado la atención la conciencia que tienen de su entorno natural, pues les gusta que esté en el campo y en la tierra con árboles, y que tienen de su cuerpo, expresando su necesidad de movimiento al manifestar que les gusta saltar en la colchoneta y escalar árboles. En el tercer grupo, de 3 a 7 años las respuestas se centran en las actividades que les gusta realizar: jugar, pintar, hacer naves, los cumpleaños, el barco pirata, el arenero, la colchoneta.

¿Qué no os gusta de Donyets?

En este caso, en todos los grupos la respuesta ha sido muy similar: en un principio, el silencio y la reflexión, contestando muchos que no hay nada que no les guste. Cuando buscan alguna respuesta para darme, no encuentran valores ni ningún tipo de comentario respecto al funcionamiento u organización del espacio, sino que contestan con aspectos tales como las garrapatas por la plaga que hubo hace un tiempo, los piojos o las cacas de los animales que viven en Donyets, sólo algunos de los pequeños expresan que no les gusta recoger -aunque a otros sí-.

¿Qué hacéis cuando os enfadáis con alguien en Donyets?

El primer grupo responde de manera unánime: expresar cómo me siento, pedir a la otra persona que pare, o que escuche, expresar el «no quiero» que me hagas esto, y sólo cuando esto no es posible, avisan a una educadora para que les ayude. Al preguntarles sobre la forma de expresar, expresan que lo intentan hacer con calma en un principio, seriamente, pero que depende del nivel de enfado y de si no te hacen caso, reconociendo que a veces gritan. Eso sí, mirando a la otra persona a los ojos. Este grupo reflexiona sobre la evolución de las discusiones y de los enfados, reconociendo que ahora -de mayores- ya no se enfadan tanto y que las discusiones normalmente se «arreglan rápido», y sin intervención de las educadoras. El segundo

grupo refleja esta reflexión de los mayores, pues observan que se enfadan a menudo y que aunque en teoría deben hablarlo y avisar a una educadora si no lo pueden solucionar solos, en realidad a veces optan por la violencia, verbal o física. Son conscientes de que la violencia no funciona y así lo expresan, y que lo que deben hacer es «hablarlo y si no para pues decírselo a una educadora o también puedes convocar un círculo mágico». En este grupo surge el tema de la rabia, pues son conscientes de que a veces necesitan descargarla, y me explican los mecanismos que tienen para ello, lo que de nuevo me hace reflexionar sobre la capacidad de contacto de estos niños y niñas, que son capaces de identificar su rabia y actuar para descargarla sin dañar a otras personas. En el tercer grupo las respuestas siguen la misma línea que en los anteriores: expresar a la otra persona que no quiero que me hagas esto, hablar, defenderme, y si no hacen caso, llamar a una educadora. Sobre el tema de la defensa, surge una acalorada discusión, que se concluye con un consenso: es necesario defenderse si otra persona les va a hacer daño, y aunque se pueda hacer protegiéndose con las manos, también se puede una defender con las palabras.

¿Qué hacéis cuando os enfadáis con alguien fuera de Donyets?

Cuando les pregunto sobre los conflictos fuera de Donyets, se pone de relevancia que las habilidades adquiridas en Donyets son aplicables en otros entornos. En el primer grupo la respuesta es unánime: si alguien molesta, «lo más normal es decirle que pare, igual que aquí», acudiendo en caso de necesidad a los padres u otros adultos para la mediación. En este grupo surge la reflexión de que a veces los adultos pueden no ser capaces de ofrecer esa mediación, exigiendo que se pare la discusión sin facilitar el diálogo y la expresión de las emociones. También son conscientes de que en otros espacios las normas sociales son distintas, exigiendo, por ejemplo que compartan los juguetes, pero ellos mantienen que aún así respetan sus propios deseos antes que la norma exterior, mostrando de nuevo un contacto y un profundo respeto a sus

propias necesidades y deseos. El segundo grupo no acaba de responder esta pregunta, quizás por que los conflictos más relevantes surgen con sus familiares, que comento en la siguiente pregunta. El tercer grupo responde que actúan igual que dentro de Donyets: defendiéndose, expresando que no quieren que les hagan eso y avisando a un adulto.

¿Qué hacéis cuando os enfadáis con alguien de vuestra familia: mamá, papá o una hermana o hermano?

Las respuestas a esta pregunta realmente me han sorprendido, pues en todos los grupos el factor común es que la expresión de los sentimientos y la búsqueda de diálogo pasa a un segundo plano, siendo la reacción inmediata más comentada la de encerrarse en la habitación o no hacer caso en un rato a las personas con las que ha surgido el conflicto. Al preguntar si estas opciones funcionan, en el primer y segundo grupo surge la reflexión de que no, realmente no funcionan, pero que a la vez, estos espacios les permiten tranquilizarse para luego salir y poder establecer el diálogo. En el tercer grupo esta reflexión no se da, quizás por el cansancio ya, pues algunas personas expresan que se aburren y que quieren acabar.

¿Qué habéis aprendido en Donyets que se pueda aplicar fuera de Donyets para regular los conflictos?

Esta pregunta la introduje improvisadamente a modo de conclusión en las entrevistas. Las respuestas obtenidas fueron tan expresivas que he optado por citar algunas literalmente:

«Es mejor hablarlo que pasar a la fuerza bruta» (Neus, 11 años)

«Y plantar cara y decirle a alguien que por ejemplo te quita un juguete y te dice que hay que compartir: dámelo porque lo tenía yo, y yo ahora no quiero compartir, aún no lo he dejado, dámelo. Hay que plantar cara y defenderte» (Aitana, 10 años)

«Donyets pues me ha enseñado desde el principio que los conflictos se pueden solucionar de otras maneras, no enfadándome y ya está, sino que podía hablarlo con la otra persona, qué podíamos avisar a alguien para que nos ayude a hablarlo o cosas por el estilo» (Noelia, 10 años)

«Pues a hablar con la persona y decirle lo que no quiero, y hablándolo» (Irene, 6 años)