1. LA PERSPECTIVA DE LA INVESTIGACIÓN PARA LA PAZ
1.4. TRANSFORMACIÓN DE CONFLICTOS
1.4.2. La transformación elicitiva de los conflictos
1.4.2.2. El enfoque elicitivo
El término elicitivo-elicitiva es una traducción literal para adaptar al castellano el término elicitive propuesto por Lederach (1995) quien articula esta palabra a partir del verbo inglés to elicit. Según el diccionario online de inglés Merriam-Webster (Merriam-Webster, s. f.), to elicit
significa «1: to draw forth or bring out (something latent or potential); 2: to call forth or draw out (as information or a response)», es decir, quiere decir algo como evocar, obtener o sacar de dentro, con el matiz que observamos en la misma definición de que este algo puede estar latente, o ser un potencial. Ese espíritu de hacer aflorar los recursos, las potencialidades que permea en este vocablo concuerda con el espíritu de la propuesta de Lederach: «The elicitive approach starts from the vantage point that training is an opportunity aimed primarily at discovery, creation, and solidification of models that emerge from the resources present in a particular setting and respond to needs in that context» (1995:55). Así, según Dietrich (Dietrich, Hindley, y Sützl, 2013; Dietrich, 2014) el término elicitive sugiere que es la energía relacional entre las partes de un conflicto lo que va a facilitar el método y la dirección de su transformación. Este autor señala la perspectiva elicitiva hace que los saberes comunales sean rebelados, manifestados y catalizados para transformar los conflictos entre individuos, grupos y comunidades, mientras que los enfoques prescriptivos optan por los modelos prefabricados.
En castellano se ha utilizado también el término reconstructivo (2005) para denominar la propuesta de Lederach. Sonia París Albert (2009) señala que el concepto de «reconstrucción» hace referencia a que ponemos el énfasis recuperar los poderes que son nuestros, en rescatar y hacer aflorar nuestras capacidades para abordar los conflictos pacíficamente, frente a la construcción que supone crear o adoptar habilidades de las cuales carecemos. En realidad, afirma
la autora «se trata de alcanzar el empoderamiento en los medios pacíficos para afrontar nuestras situaciones conflictivas por nosotros y nosotras mismas» (2009: 45).
Lederach (1995) describe las características de los dos enfoques mencionados con los que se puede enfocar la regulación de los conflictos, el prescriptivo y el elicitivo o reconstructivo, las cuales se resumen en el siguiente cuadro elaborado por Sonia París Albert (2005, 2009):
MODELO PRESCRIPTIVO MODELO ELICITIVO / RECONSTRUCTIVO
La tercera parte es considerada una experta. La tercera parte es considerada una o «facilitadora», no una experta.
Importancia del conocimiento explícito. Importancia del conocimiento implícito. El experto o la experta impone un modelo
prediseñado, sigue una agenda prediseñada.
El «facilitador» o la «facilitadora» sólo ayuda a buscar las soluciones más favorables a cada conflicto.
El experto o la experta conoce de antemano aquello que las personas implicadas necesitan.
El «facilitador» o la «facilitadora» necesita entrar en contacto con las personas afectadas para tener más información e identificar el conflicto según el contexto.
Quienes participan únicamente deben aprender el modelo que les es impuesto.
Quienes participan deciden cuáles son sus necesidades, el modelo que desean seguir y los demás aspectos relacionados con el proceso.
Quienes participan tienen dificultad en identificarse con el modelo que les es impuesto. Tienen pocas cosas en común con él.
Quienes participan tienen facilidad para identificarse con el modelo, ya que han sido ellos y ellas quienes lo han diseñado.
El modelo prescriptivo (Lederach, 1995; París Albert, 2005, 2009) entiende que quien realiza la función de trabajador o trabajadora por la paz en un conflicto es un experto o una experta, por lo que posee los conocimientos teóricos y prácticos y la experiencia necesaria y suficiente regular el conflicto. El contexto, las normas culturales, los saberes locales no tienen relevancia alguna. El «experto» o la «experta» impone un modelo estándar a seguir que las personas intervinientes en el conflicto deben aprender y adoptar, sin otorgarles un papel activo, pues es el experto o experta quien conoce sus necesidades: «the explicit and expert knowledge of the trainer is assumed to be and is valued more trustworthy and relevant than that of the participants […], the participants´ knowledge is assumed […] to be less relevant and credible in the context and content of training» (Lederach, 1995: 50).
El modelo impuesto por el experto y la experta sigue un protocolo de actuación, una receta, que los participantes deben aprender y aplicar. A modo ilustrativo, Lederach (1995) nos muestra en orden cronológico las actividades que se realizarían en un abordaje prescriptivo de un conflicto:
1. This is what we do: el experto o la experta describe cognitivamente el modelo presentado a través de charlas, lecturas y material gráfico.
2. This is how we do it: el experto o la experta demuestra mediante ejemplos cuál es
la estrategia y técnica que se va a utilizar.
3. Here, try the model out for yourself in this situation: las y los participantes realizan ejercicios para practicar el enfoque.
4. This is the model. This is where you went awry. This is what I might have tried: el experto o la experta recopila la información y evalúa el ejercicio, dando feedback
5. What if? Here´s how: por último hay un turno para preguntar dudas durante el cual los participantes hacen preguntas del tipo «¿qué pasaría si …?» y el experto o la experta elabora respuestas tipo «hubiese pasado esto» o «esto funciona así». Como observamos, el modelo prescriptivo se basa en las recetas, universales y transferibles. Este enfoque no tiene en cuenta los rasgos culturales, personales propios de los participantes en el conflicto, por lo que los participantes pueden no sentirse identificados con el proceso, sino que lo viven como algo impuesto. Básicamente, este modelo se centra en los aspectos técnicos y estratégicos, sin darle voz ni voto a los realmente afectados por el proceso.
El modelo reconstructivo o elicitivo (Dietrich y otros, 2013; Lederach, 1995) presenta un enfoque muy distinto respecto al prescriptivo que acabamos de ver. Este cambio de prisma nos lleva a una reconceptualización de los roles de los trabajadores y las trabajadoras para la paz, entendiendo su función más como catalizador o catalizadora y facilitador o facilitadora que como experto o experta en la aplicación de un determinado modelo de resolución de conflictos. El facilitador o la facilitadora ya no impone ninguna receta, modelo o agenda preestablecida, para «resolver un conflicto» sino que se dedica a ayudar a las partes involucradas a descubrir sus capacidades y potencialidades, facilitando que sean ellas y ellos quienes definan y establezcan los objetivos y las alternativas para su consecución. Por ello, no se impone ningún modelo apriorístico, sino que se confía en las capacidades de los participantes, «[…] it is a trusting that participants have the capacity and creativity to identify, name, critique, create, and recreate models that correspond to needs they experience and identify» (Lederach, 1995: 57). Pese a que el trabajador o trabajadora para la paz puede tener experiencias previas en transformación de conflictos por el método reconstructivo, la actitud es en esencia «I do not have the answer, but I can work together with others on a process that may help us find it» (Lederach, 1995: 58). Las
necesidades de las y los participantes son el foco de atención, no las técnicas y estrategias a emplear.
En este modelo, el contexto cobra mucha relevancia: el facilitador o facilitadora es consciente de que son las y los participantes quienes más conocimiento tienen sobre su contexto, son quienes saben cómo emergen y regulan los conflictos en su entorno particular. Son quienes saben cómo se construyen lenguaje, percepción, interpretación y significado sobre los actos e interacciones que tienen lugar en su contexto social.
Al igual que en el modelo prescriptivo, Lederach (1995) identifica 5 elementos secuenciales en la regulación elicitiva de conflictos:
1. Discovery: las primeras actividades se dirigen a conocer cómo las y los
participantes entienden y responden al conflicto en su contexto. Estas actividades catalizan el conocimiento implícito como recurso.
2. Naming and Categorizing: esta parte del proceso se centra en convertir el conocimiento implícito en explícito, facilitando que sean las y los participantes quienes definan claramente sus concepciones sobre sus roles, necesidades, enfoques y herramientas para regular su conflicto en su contexto.
3. Evaluation: se anima a las y los participantes no sólo a descubrir y describir las características de su contexto, sino también a evaluar lo que contribuye a su regulación pacífica y lo que no, según sus propios estándares y criterios, sin juzgar sus enfoques según parámetros externos.
4. Adapt / Recreate: esta fase permite adaptar y recrear lo que existe en la actualidad a lo que las y los participantes consideran que debería existir. Se pueden valorar nuevas formas de regulación, o adaptar formas ya existentes, con el fin de ir
extrayendo lo que será su propio modelo o enfoque de regulación para esta situación concreta.
5. Practical application: por último, se brindan una serie de ejercicios y
oportunidades para experimentar y ajustar las ideas, enfoques y modelos que han emergido, entrando en un ciclo de acción-reflexión.
Como hemos visto hasta ahora, el enfoque reconstructivo o elicitivo para la transformación pacífica de conflictos no se basa en la transferencia y la universalidad - principios subyacentes en el enfoque prescriptivo- sino en la construcción y reconstrucción, en la creación y recreación de modelos a partir de la interacción de los participantes con el facilitador o la facilitadora. Dietrich (Dietrich y otros, 2013; Dietrich, 2014) señala que el método elicitivo no facilita manuales, recetas o soluciones prefabricadas, sino que confía en la energía transformadora que surge entre las y los participantes en un conflicto y sus relaciones, y es la labor del trabajador y de la trabajadora para la paz percibir esta energía y proporcionar el marco adecuado para la transformación pacífica del conflicto, sin liderar el proceso ni imponer sus conceptos ni sus criterios. Así, el autor afirma que «Elicitive conflict transformation is a method, an art and a science» (2014: 53) y define lo que él llama el «ABC» de los prerrequisitos del trabajador o la trabajadora elicitiva para la paz:
Awareness of their own physical, emotional, mental and spiritual limits
Balance between compassion and self-protection; and
Congruent communication
Este autor (Dietrich y otros, 2013; Dietrich, 2014) considera que la personalidad del trabajador o trabajadora para la paz es un elemento crucial en la transformación elicitiva de conflictos, pues entiende su figura como un factor equilibrante en la situación, pero ante todo
como otro participante más en el proceso. En el momento que el trabajador elicitivo o la trabajadora elicitiva entra en el contexto del conflicto, pasa a formar parte del mismo. De hecho, el autor afirma que el trabajador o la trabajadora para la paz no puede ser nunca neutral o no tomar parte, más bien debe tomar «todas las partes». Por ello debe tener un alto grado de conciencia, de sí mismo y de su entorno, y ser consciente de lo que lleva en su «mochila», sus preconceptos, prejuicios y valores para integrarlos y así poder comprender las afirmaciones, comportamientos, sentimientos, necesidades, y demandas de todas las partes.
Dietrich (2014) ubica la raíz de la transformación elicitiva de conflictos en la psicología humanista postulada por Abraham Maslow entre otros. Toma el concepto de autorrealización de Maslow como una meta a seguir, como la forma de alcanzar el pleno potencial de cada uno o una. Así, toma las 15 características de las personas autorrealizadas que Maslow identificó y las amplia con algunas de aspecto intercultural para completar las 20 virtudes centrales de los trabajadores elicitivos y las trabajadoras elicitivas para la paz (2014: 54):
1. perciben la realidad con eficiencia y toleran la incertidumbre y el estrés;
2. se aceptan a sí mismas y mismos, a las otras y a los otros y a la naturaleza humana por lo que son;
3. son espontáneos, naturales y genuinos en pensamiento y acción; 4. se centran en los problemas y necesitan pocos elogios o popularidad;
5. son capaces de concentrarse intensamente y tienen un sentido del humor constructivo;
6. son benevolentes, empáticos, pacientes y se preocupan por el bienestar de los demás;
8. son capaces de aceptar o romper con las convenciones, pero no son expresamente anticonvencionales;
9. son independientes, autosuficientes y autónomos; 10. aprecian las experiencias simples y corrientes;
11. establecen relaciones interpersonales satisfactorias, y relaciones de amistad y amor con unas pocas personas;
12. tienen una cierta necesidad de privacidad y soledad; 13. son democráticos y no tienen prejuicios;
14. tienen fuertes valores éticos aunque no necesariamente en un sentido convencional;
15. son capaces de desapegarse de su propia cultura;
16. pueden aceptar o romper con las convenciones culturales; 17. son capaces de comparar culturas sin juicio o culpa; 18. refinan sus energías y cualidades constantemente;
19. tratan los conflictos como construcciones mentales y no como hechos objetivos que se podrían solucionar con las medidas apropiadas; saben que los conflictos (sólo) se pueden deconstruir en la mente de las partes (seres humanos);
20. conocen experiencias cumbre: sentimientos de éxtasis, asombro, sobrecogimiento, de desubicación temporal y espacial.
A partir de estas características Dietrich (2014) concluye, y yo personalmente lo comparto, que la transformación elicitiva de conflictos tiene mucho que ver con el valor y el coraje: encontrar el desafío en los retos y abordarlos con nuevos métodos sin miedo a fracasar; expresar los propios pensamientos y sentimientos, sin miedo a ser impopular; utilizar el lenguaje
y darle la vuelta a las circunstancias de forma inesperada o anticonvencional, resolviendo con humor; y aceptar la intuición como parte legítima de la personalidad aunque que no tenga el mismo patrón de comunicación que la razón. Las situaciones caóticas, los problemas inusuales se convierten así en desafíos para encontrar medios y formas para su transformación pacífica, creando nuevas conexiones y formas de relación, desafiando premisas tradicionales, equilibrando las nuevas ideas con su aplicación y evaluación, ampliando los límites de las competencias. La motivación la lleva el reto en sí mismo, la experiencia y el aprendizaje, no las recompensas externas como puedan ser dinero, calificaciones o reconocimiento.