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2. LA PERSPECTIVA DE LA ECOLOGÍA DE LOS SISTEMAS HUMANOS

2.2. LA ECOLOGÍA DE LOS SISTEMAS HUMANOS

2.2.1. La Ecología Profunda

Through deep experience, deep questioning and deep commitment emerges deep ecology (Stephan Harding, 2002) El biólogo Ernst Haeckel utilizó por primera vez el término “ecología” en 1866 para definir «la ciencia de las relaciones entre el organismo y el mundo exterior que le rodea.» Considerando su raíz etimológica, oikos -casa en griego-, la ecología es la ciencia que estudia las relaciones entre todos los miembros de nuestro hogar, la Tierra (Capra, 1996).

La ecología profunda surge en Escandinavia en la década de los 70. El filósofo noruego Arne Naess acuña este término al distinguir entre ecología “profunda” y ecología “superficial” (Brennan y Lo, 2011; Capra, 1996; Naess, 1973). Naess diferencia ambos movimientos al afirmar que la ecología superficial «lucha contra la polución y el agotamiento de los recursos» siendo su «objetivo central: la salud y la riqueza de la gente en los países desarrollados», mientras que el «movimiento de la ecología profunda» promueve la «igualdad biosférica» al considerar que todo tiene su valor intrínseco que no se puede vincular a su utilidad para los demás. Así mientras que la ecología superficial es antropocéntrica, situando al ser humano por encima de la naturaleza, la ecología profunda ve al ser humano «como una mera hebra de la trama de la vida» (Capra, 1996: 29).

Para Naess, la ecología es una ciencia limitada, basada en lógica y normas, incapaz de resolver la cuestión ética de cómo debemos vivir. Necesitamos desarrollar una «sabiduría ecológica» mediante cuestionamientos, experiencias y compromisos profundos. Por ello Naess propone la ecología profunda como una «ecosofía», una filosofía de estar, pensar y actuar en el mundo en armonía ecológica (Harding, 1998; Naess, 1973).

Las experiencias profundas vividas en contacto con la naturaleza cobran especial importancia para esta sabiduría ecológica. Según Aldo Leopold (1949), son éstas las que pueden generar el insight que lleva a un cuestionamiento y un planteamiento profundo que llevan a una «consciencia ecológica», a una comprensión profunda de la naturaleza, de sus relaciones y de nuestra relación con ella, en definitiva a una responsabilidad personal para con la salud de la Tierra. Reflexionando sobre este punto, he reconocido como tal una experiencia propia, que cambió mi percepción de la naturaleza y me hizo sentir una profunda conexión con ella, apreciar que es parte de mí y yo de ella. Me gustaría compartirla, con el fin de intentar arrojar algo de luz sobre este tipo de procesos y el cambio de “prisma” que puede generar.

Hace unos cuantos años tuve el privilegio de poder pasar algo más de un mes en las montañas de Chiapas, México, conviviendo con unos indígenas productores de café de comercio justo. Pasamos los días plantando plantones de café en las escarpadas laderas de las montañas de la Sierra de Motozintla, entre la vegetación agreste a la sombra de altos árboles -«el café quiere sombra» decía Delfina, mi anfitriona-. Una mañana debí rozar unas ortigas sin darme cuenta, y un agudo sarpullido inundó mi brazo. Cuando se lo mostré a Delfina, me sonrió y me dijo «has tocado el chiquicastle1, la planta que quema. ¿Sabes? Con ella se hace una riquísima sopa». Asombrada, le pregunté cómo se podía hacer una sopa de una planta que pica, cómo iba a cogerla, y me respondió tranquilamente «si le hablas con dulzura, le pides permiso y le dices suavecito que con ella vas a hacer una sopa riquísima para alimentar a tu familia, ella no te quemará». La verdad es que al principio, pensé «¡anda ya!», pero cuando miré a sus ojos y vi la seguridad y la sabiduría que emanaban, le creí. El resto del mes que anduve por los bosques chiapanecos entendí esa afirmación y la integré, viviendo la naturaleza como algo vivo, igual a

1 Urtica dioica L., conocida popularmente como ortiga ancha, ortiga de la buena o chiquicastle [http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/monografia.php?l=3&t=ortiga&id=7898]

mí, algo que formaba parte de mi ser, algo a lo que yo pertenecía. Desde entonces, he intentado mantener ese canal abierto, vivo y bien presente en todo momento.

La percepción de los gestalts, de los patrones de organización, de la red de relaciones es parte de este proceso de comprensión profunda. Gracias a ello pasas a verte no como un ser independiente sino como un nodo integrado de la vasta red biosférica (Brennan y Lo, 2011; Capra, 1996; Harding, 1998; Van Boeckel y ReRun Producties, 1995). Te sientes identificada con la naturaleza, incluso dependiente de la misma, e instintivamente inclinada a protegerla. «La identidad de un ser vivo se constituye en esencia por sus relaciones con el resto de objetos en el mundo, especialmente por sus relaciones ecológicas con otros seres vivos» (Brennan y Lo, 2011). Esta sensación de identidad te lleva hacia una mayor empatía y una necesidad de comprensión y protección de todas las formas de vida.

Naess denominó a este proceso Self-realization, auto-realización. Al identificarme con la naturaleza, puedo ampliar los limites del Self, más allá de la piel, mi límite, de mi ego. Comprender y respetar mi Self ecológico supone respetar y cuidar el medio ambiente, con el cual me identifico y del cual formo parte (Brennan y Lo, 2011; Harding, 1998; Van Boeckel y ReRun Producties, 1995). «Self-realization, en otras palabras, es la reconexión del individuo humano marchitado con el entorno natural más amplio» (Brennan y Lo, 2011).

El sentimiento de pertenencia que se manifiesta al vivir la reconexión con la natura conduce a la persona a cuestionar profundamente el sistema social en el cual se halla inmersa. Una se cuestiona sus «deeper premises», premisas profundas (Van Boeckel y ReRun Producties, 1995). Una se cuestiona -con un prisma ecológico- el paradigma actual e intenta comprender los orígenes psicológicos de la crisis social, medioambiental y de paz. Una también mira en la historia occidental y ve las raíces del dañino antropocentrismo, y cómo ha condicionado nuestras

ciencias, nuestros saberes, nuestras relaciones y nuestras culturas. Una observa cómo el fenómeno de la globalización de la cultura occidental y las ansias de libre comercio han llevado a la devastación de las culturas y de la naturaleza (Harding, 1998). Y llega a la conclusión que tan claramente expresa Capra:

El poder del pensamiento abstracto nos ha conducido a tratar el entorno natural -la trama de la vida- como si estuviese formado por partes separadas, para ser explotadas por diferentes grupos de interés. Más aún, hemos extendido esta visión fragmentaria a nuestra sociedad humana, dividiéndola en distintas naciones, razas, religiones y grupos políticos. El convencimiento de que todos estos fragmentos -en nosotros mismos, en nuestro entorno y en nuestra sociedad- están realmente separados, nos ha alienado de la naturaleza y de nuestros semejantes, disminuyéndonos lamentablemente. Para recuperar nuestra plena humanidad, debemos reconquistar nuestra experiencia de conectividad con la trama entera de la vida. Esta reconexión -religio en latín- es la esencia misma de la base espiritual de la ecología profunda. (1996: 304-305)

Con el fin de orientar el proceso de cuestionamiento profundo, Arne Naess y George Sessions desarrollaron en 1984 la «Plataforma de la Ecología Profunda». Su intención es concretar los objetivos y anhelos de aquellos que se puedan identificar con la propuesta ecológica profunda. Más que una serie de premisas prescriptivas, o de afirmaciones doctrinales, los 8 puntos de la plataforma vienen a ser temas de discusión, un punto de partida común sobre el cual aquellos que comparten las mismas metas pueden debatir y profundizar. La plataforma constituye por lo tanto un documento abierto y plural. Los 3 puntos primeros tienen relación con el sentimiento de identificación que antes he comentado, con la norma esencial de valor intrínseco, fundamental en este movimiento. Los puntos 4, 5, 6 y 7 pueden ser considerados puentes entre la norma fundamental y las elecciones en el estilo de vida personal. El punto 8 se refiere a la realización de acciones concretas en el mundo (Harding, 1998).

1. El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no humana sobre la Tierra tienen valor en sí mismos (sinónimos: valor intrínseco, valor inherente). Estos valores son independientes de la utilidad del mundo no humano para fines humanos.

2. La riqueza y diversidad de formas de vida contribuyen a la realización de estos valores y son, a la vez, valores en sí mismos.

3. Los humanos no tienen ningún derecho a reducir esta riqueza y diversidad, excepto para satisfacer necesidades vitales.

4. La actual interferencia humana sobre el mundo no humano es excesiva y la situación empeora rápidamente.

5. El florecimiento de la vida y de las culturas humanas es compatible con un descenso sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana requiere tal reducción.

6. Por lo tanto, las políticas actuales deben ser modificadas. Los cambios en las políticas deben afectar a las estructuras básicas económicas, tecnológicas e ideológicas. La situación resultante será profundamente diferente de la actual.

7. El cambio ideológico radica principalmente en apreciar la calidad de vida (vivir en situaciones de valor inherente), en lugar de adherirse a un nivel de vida cada vez más elevado. Habrá una profunda conciencia de la diferencia entre grande y lo grandioso. 8. Quienes suscriben los puntos anteriores tienen la obligación directa o indirecta de tratar de implementar los cambios necesarios. («The deep ecology platform», s. f.)

La propuesta del movimiento de la ecología profunda no es cerrada, definitiva o perfecta. Es una invitación a recobrar nuestra conexión con la trama de la vida. Ampliar mi sentido de identidad y pertenencia me induce a cuestionar mi estilo de vida, mis hábitos relacionales en lugar de seguir la inercia establecida. Cuestionando las premisas que guían mi actuar y mi sentir me hace indagar en el sistema de valores establecidos, y reflexionar sobre mis hábitos de

consumo, de relación con el entorno, y cómo estos repercuten en él. O como Ted Perry2,

inspirado en el Jefe Seattle, expresó, Esto sabemos.

Todo está conectado como la sangre que une a una familia... Lo que le acaece a la tierra, acaece a los hijos e hijas de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida es una mera hebra de la misma. Lo que le haga a la trama, se lo hace a sí mismo. (Capra, 1996)