CAPÍTULO I. LA ÉTICA DE ARISTÓTELES
1.4 Análisis en detalle de la ética
1.4.7 Condiciones de la acción ética: libertad versus coacción y
Aún nos falta considerar un ingrediente fundamental para poder definir los tipos morales aristotélicos. Se trata del papel que, en la acción moral, tiene la libertad o libre albedrío, papel que depende de en qué medida esa acción es
voluntaria. Según sea la acción más querida que forzada, o lo contrario, así será el grado de libertad que posea su autor y, consecuentemente, la responsabilidad que le atribuyamos. Este tema ya lo toca el Estagirita en su Gran Moral a Eudemo, cap. 13 del Libro I, poniendo un marco amplio que relaciona la libertad con la violencia externa a la conciencia del agente moral: “… siempre que fuera de los seres existe una causa que los obliga a ejecutar lo que contraría su naturaleza o su voluntad,… hacen por fuerza lo que hacen… hay violencia siempre que la causa que obliga… es exterior a ellos; y no hay violencia [si] la causa es interior y… está en los seres mismos que obran”. Si no se aclara con buen fundamento esta autoría del acto moral, se brinda la oportunidad a las excusas que pretenden quitarse de encima la responsabilidad: “… el hombre desarreglado que no se domina reclamará y sostendrá que no es responsable de su vicio, porque pretenderá que si comete la falta es porque se ve forzado a ello por la pasión y el deseo (Ibíd.).
El mismo tópico se convierte en nuclear, al interior del Libro III de la Ética. En la parte inicial de su capítulo 1.º define que una acción es forzosa cuando a uno le obligan físicamente a realizarla o cuando uno la realiza sin saber que es dañina: “Parecen… ser forzosas aquellas cosas que por violencia se hacen o por ignorancia… (III, 1; y V, 8). Y ya pasada la mitad del capítulo precisa: “[Respecto a] la ignorancia… que acontece en una cosa particular… el que lo hace más es digno de misericordia y de perdón, pues el que tal cosa ignora, la hace contra su voluntad y [por tanto] forzosamente” (Ibíd.).
Y, un poco antes en el mismo capítulo, alude a los casos en los cuales lo que se decide es mixto, o sea, a la vez semi voluntario y semi forzoso:
… las cosas que se hacen por temor de… males mayores… en las cuales acontece lo mismo que en las tormentas… de la mar,... Porque… ninguno de su voluntad echa al hondo su hacienda, pero hácenlo todos los que buen seso tienen, por salvar su vida… Son… hechos semejantes mezclados, aunque más parecen voluntarios,... pues… están en el mismo que lo hace… el hacerlo o [el] dejarlo de hacer… [mas también]… son forzosas, pues ninguno por sí mismo aceptaría el hacer ninguna cosa como aquellas (Ibíd.)
Ya en la 2ª mitad del capítulo se distinguen varios grados de ignorancia de acuerdo a la reacción ante la maldad del hecho una vez que se lo ha realizado. Si le da pena al agente el haberlo llevado a efecto, se trata de un acto forzoso,
mas cuando no se siente mal por ello, el acto ya no es forzoso sino simplemente no-voluntario: “Pero de las cosas que por ignorancia se hacen… aquellas en que el haberlas hecho da tristeza y causa arrepentimiento, son forzosas… mas el que no se arrepintió… es no-voluntario… Porque el borracho o el colérico no parece que por ignorancia hacen lo que hacen… pero tampoco lo hacen a sabiendas, sino “ignorantemente” (Ibíd.)
En el libro V, al hablar sobre la justicia en las contrataciones entre los ciudadanos, Aristóteles alude a tres tipos de daños in-voluntarios o semi- voluntarios:
Cuando el daño… es fuera de razón [= sin querer], dícese desgracia, pero cuando es no fuera de razón, pero sin malicia, dícese hierro…; mas cuando lo entiende y no lo hace sobre consulta dícese injuria o agravio, como lo que por enojo se hace, o por otras alteraciones que o la necesidad o la naturaleza a los hombres acarrea. Porque los que en semejantes cosas perjudican y hierran no son aún del todo injustos ni perversos, porque aquel tal daño no procede de maldad… Porque no comienza el hecho el que hace algo con enojo, sino el que le hace que se enoje…Porque las cosas que los hombres hierran… por ignorancia, dignas cierto son de misericordia. Pero las que se hacen… ignorantemente por alguna alteración ni natural ni humana, no son dignas de misericordia (V, 8).
Aquí se alude de nuevo a la gran diferencia en responsabilidad que existe entre quien hace un daño a otros por algún estado de alteración natural, por ej. una ira furibunda que se apodera de la persona de manera que prácticamente no puede contenerse –y por lo tanto constituye un agravio involuntario–, y quien podía haber evitado una semi inconsciencia voluntariamente provocada, como es el caso de la ingesta excesiva de drogas similares al alcohol.
Nuestro pensador precisa este punto en el Libro III, al dejar en claro que un análisis complejo de la responsabilidad no se limita a la acción viciosa, sino que observa todo el proceso personal que la ha desencadenado, y solo en ese marco amplio se puede hacer un juicio moral más justo y adecuado. En efecto, tal vez el acto que ahora alguien realiza sea casi inconsciente y, por lo tanto, el mal se haga por ignorancia. No obstante, si su autor ha ido cayendo en un vicio que ahonda paulatinamente un cierto estado de inconsciencia, entonces es lícito imputarle la culpabilidad de todo el proceso, incluyendo la misma acción inconsciente. Adicionalmente, todo ciudadano está obligado a conocer la ley. Si
la incumple y alega que es por ignorancia de ella, esa ignorancia es culpable y deberá ser sancionado. Veamos el pasaje al que nos estamos refiriendo:
Está en nuestra mano la virtud y también el vicio. Porque en las cosas donde en nuestra mano está el hacerlas, está también el dejarlas de hacer… también estará en nuestra mano ser buenos o malos… los legisladores… castigan… a los que hacen las cosas ruines, si… no las hacen por fuerza o por ignorancia…; y a los que se ejercitan en buenas obras, hónranlos…
… Y aun la misma ignorancia es castigada, si el… ignorante es causa della; como en los borrachos… Porque el principio dello está en su mano, pues [en el tiempo en el que están adquiriendo el vicio] pueden abstenerse del vino y borrachez, la cual les es causa de su ignorancia. Castigan asimismo a los que, de las leyes que están obligados a saber, ignoran algo, si ya no es muy dificultoso de saber, y lo mismo es en todas las otras cosas que parece que por descuido y negligencia se dejan de saber, pues está en su mano no ignorarlas… y poner en saberlo diligencia… [/] el que una vez ya es injusto, aunque quiera, no se podrá abstener de hacer agravio [= daño] y ser justo; de la misma manera que el que ha caído enfermo, aunque quiera, no puede estar sano, aunque sea verdad que de su voluntad haya caído enfermo viviendo disolutamente y no dejándose regir por el consejo de los médicos. Porque al principio estuvo en su mano el no enfermar, mas después que fue negligente en conservar su salud, ya no está en su mano… de las obras, dende el principio hasta el fin, somos señores…; mas de los hábitos no, sino al principio (III, 5).
En el capítulo inicial del mismo Libro III se hace referencia a las personas que son totalmente reprochables: “Los malos… “ignoran” lo que hacer deben y de lo que les conviene guardarse, y por semejante error se hacen injustos y perversos. No se debe, pues, decir forzoso, si uno no entiende lo que le conviene, porque [en ese caso] la ignorancia en la elección o aceptación no es causa de lo que es forzoso, sino de la perversidad…”.