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Los dos afectos derivados principales: amor y odio

CAPÍTULO II. BENITO ESPINOSA Y SU PENSAMIENTO ÉTICO

2.5 Marco epistemológico: los 3 géneros de conocimiento (Parte II)

2.6.2 Los dos afectos derivados principales: amor y odio

Entre los afectos derivados, en cuya definición consta una de las dos emociones primarias, se hallan, en primera línea, el amor, el afecto de alegría – o de aumento de potencia– por excelencia, que va unido en el alma a la idea de algún objeto tomado como causa; y el odio, que es el afecto principal de tristeza y se asocia en el alma con la idea de un cuerpo externo considerado como causa (III: 13, Esc.). En consecuencia, como la alegría equivale a aumento de potencia, de ser, y va asociada de manera privilegiada a la razón y al amor, la ética de Espinosa es una ética de la alegría; y su filosofía de la vida humana, una filosofía de la razón y del amor.

De los textos previos a la Ética que enjuician estos dos afectos, uno del Breve Tratado define el odio y sus variantes, y lo contrapone al amor:

… el odio es una turbación del alma contra alguien que nos ha hecho mal voluntaria y conscientemente. La aversión, en cambio, es la perturbación que surge en nosotros contra una cosa a causa de la molestia o el dolor que… opinamos pertenecerle por naturaleza. (BT. II: 6, 4)

… el amor… produce siempre mejora, fortalecimiento y crecimiento, que es la perfección… el odio, al revés, siempre tiende a la destrucción, al debilitamiento y la aniquilación, que es la imperfección (Ibíd, 8).

Al pasar a ocuparnos del resto de afectos derivados, vamos a revisar varios de los procesos anímicos más usuales que Baruch Espinosa analiza con una finura psicológica sin igual, pues incluyen tanto la constitución de los complejos anímicos objetuales como la formación y flujo de los complejos mentales que gobiernan las relaciones interpersonales. En la Ética hace alusión a la variedad       

56La práctica contraria a esta tarea tan propia del instinto de conservación humano no es más que masoquismo enfermizo. Esa práctica natural o espontánea es lo que hoy se vende, refinada por técnicas planificadas de mejora de la personalidad, bajo el nombre de “Programación neuro-lingüística”.

de los afectos derivados: “Hay tantas clases de alegría, tristeza y deseo y, con- siguientemente, hay tantas clases de cada afecto compuesto… o derivado de ellos… como clases de objetos que nos afectan” (III: 56). La razón de ello es que padecemos “en cuanto que y solo en la medida en que tenemos ideas inadecuadas… [o] forjamos imaginaciones… Así pues,... cada pasión debe ser explicada… de tal modo que resulte expresada la naturaleza del objeto por el que somos afectados.” (Ibíd. Dem.)

Dentro de la Parte II del Breve Tratado, en el punto 2.º del cap. 20, alude a detalles significativos, a la vez que curiosos, de cómo se da la alegría y la tristeza en la relación cuerpo-alma, los cuales son correlacionables con procesos que hoy conocemos por la fisiología neuronal. Allí, para responder a la objeción de que “si el movimiento no es la causa de las pasiones, cómo puede ser… que la tristeza sea expulsada mediante algunos medios, como… el vino” dice Espinosa:

[2]… hay que distinguir entre la percepción del alma, en el mismo momento de percibir el cuerpo, y el juicio que, inmediatamente después, llega a hacer ella acerca de si eso le es bueno o malo… el alma tiene poder de mover los espíritus hacia donde ella quiera; pero… ese poder le puede ser quitado… por otras causas del cuerpo en general… Al tomar conciencia de ello, surge en el alma una tristeza correlativa al cambio que sufren entonces los espíritus… (*) causada por el amor y la unión que ella tiene con el cuerpo.

(*) La tristeza es causada… por un concepto llamado opinión [que, en la Ética, es una idea inadecuada de la imaginación], por el cual le sobreviene algo malo: es decir, por la pérdida de algún bien… dicho concepto hace que los espíritus [los cuales serían hoy hormonas que producen miedo o angustia, como la adrenalina] se junten en torno al corazón y que… lo compriman… al contrario de lo que sucede en la alegría. Al percibir el alma reiteradamente esta presión, siente dolor.

¿Y qué es lo que hacen las medicinas o el vino?... con su acción alejan del corazón a los espíritus y dejan de nuevo espacio libre. El alma, al percibirlo, recibe un consuelo, consistente en que la opinión del mal es desviada [relajan la tensión], gracias a la nueva proporción de movimiento y reposo [cambio relajador] producida por el vino, y recae sobre cualquier otra cosa en la que el alma halla más satisfacción. Ahora bien, esto no puede significar una acción inmediata del vino sobre el alma, sino tan solo del vino sobre los espíritus.

Que esto es así, se puede deducir fácilmente de que dicha tristeza puede ser aliviada de estos dos modos: o mediante la reposición de los espíritus en su disposición primera, es decir, liberando al cuerpo del dolor; o convenciéndose

mediante buenas razones de no preocuparse por este cuerpo57. El 1.º es pasajero y, por tanto, puede volver; en cambio, el 2.º es eterno, permanente e invariable.

Aquí tenemos una muestra palpable de la inseparabilidad práctica de las ideas y emociones del alma, que se suceden en una dinámica de mutua interdependencia. Los afectos de amor y de odio están sujetos a los procesos de asociación mental. Esta asociación puede ser no solo entre idea e idea o entre afecto y afecto, sino también mixta: entre afecto e idea. En las proposiciones P14 a P20 de la Parte III de la Ética, Espinosa profundiza en este tema al indicar cómo se configuran los complejos objetuales de la mente humana: “Si el alma ha sido afectada una vez por dos afectos al mismo tiempo, cuando más tarde sea afectada por uno de ellos, también será afectada por el otro. [Pues] las imaginaciones del alma revelan los afectos de nuestro cuerpo más que la naturaleza de los cuerpos exteriores” (III: 14 y Dem.).58 En consecuencia,

Cualquier cosa puede ser, por accidente [en forma indirecta], causa de alegría, tristeza o deseo. Dem.: Supongamos que el alma es afectada a la vez por dos afectos, uno de los cuales no aumenta ni disminuye su potencia de obrar, y el otro sí… cuando el alma, más tarde, sea afectada por el 1°… será también afectada por el otro, que aumenta o disminuye su potencia de obrar… Cor.: En virtud del solo hecho de haber considerado una cosa con alegría o tristeza de las que esa cosa no es causa eficiente, podemos amarla u odiarla… Esc.: Por ello… puede ocurrir que amemos u odiemos ciertas cosas sin que conozcamos la causa de ello, sino solo (como dicen) por «simpatía» o «antipatía».59 (III: 15)

Pero el amor y el odio se presentan muchas veces bajo la forma de una asociación mental inseparable. Y es que hay objetos frente a los cuales el sujeto experimenta una mezcla de ambos. Tal estado de indecisión afectiva que Espinosa denomina «fluctuación» es una de las disposiciones más incómodas de la mente, pues quien está poseído por ella no actúa por estar inmerso en un desasosiego ajeno a la paz espiritual buscada prácticamente por las éticas de toda especie y, muy en particular, por la ética estoica de Espinosa.

      

57Esta actitud de prescindir del cuerpo y sensaciones suyas, como las de dolor se puede realizar con técnicas tradicionales, como las de los faquires o contemporáneas como la PNL (Programación Neuro-Lingüística).

58Aquí se hace alusión a fenómenos mentales enlazados con el inconsciente.

59El rol de la imaginación en el conocimiento será desarrollado sistemáticamente por Kant en la Parte I de su Crítica de la razón pura.

He aquí cómo explica nuestro autor la fluctuación:

Si imaginamos que una cosa que suele afectarnos de tristeza se asemeja en algo a otra que suele afectarnos, con igual intensidad, de alegría, la odiaremos y amaremos a la vez… Esc.: Esa disposición del alma que brota de dos afectos contrarios se llama fluctuación del ánimo; y es…, respecto de la afección, lo que es la duda respecto de la imaginación… las fluctuaciones del ánimo brotan, por lo regular, de un objeto que es causa eficiente de uno y otro afecto. Pues el cuerpo humano está compuesto de muchísimos individuos de diversa naturaleza…, puede ser afectado de muchas y distintas maneras por un solo y mismo cuerpo; y, al contrario, como una… misma cosa puede ser afectada de muchas maneras, también podrá afectar de… distintas maneras… a una sola… parte del cuerpo. Por ello,... un… mismo objeto puede ser causa de muchos y contrarios afectos. (III: 17)

La fluctuación, como veremos, va asociada a multitud de afectos.

La economía afectiva tiene una estrecha relación con la sensación anímica del tiempo –lo que llamamos el tiempo psicológico– y, como resultado, origina toda una gama de posibilidades en el ámbito emocional, que poseen una mayor o menor potencia anímica, según las circunstancias:

El hombre es afectado por la imagen de una cosa pretérita o futura con el mismo afecto de alegría o tristeza que por la imagen de una cosa presente. [Puesto que]… la imagen… es la misma, ya se refiera a un tiempo futuro, pretérito o presente: la disposición del cuerpo -o sea, su afección- es la misma…

Esc.-1: Llamo aquí pretérita o futura a una cosa según hayamos sido o vayamos a ser afectados por ella… / como… los que han experimentado muchas cosas, al considerar una… como futura o pretérita… dudan muy seriamente acerca de su efectividad… los afectos surgidos a partir de tales imágenes no son muy constantes, sino que, por lo general, están perturbados por las imágenes de otras cosas… (III: 18).

Una aplicación de esta división del tiempo espinosiana es que “Quien se acuerda de una cosa por la que fue deleitado…, desea poseerla con las mismas circunstancias que se dieron cuando fue deleitado por ella… Cor.: … si advierte que falta una sola de esas circunstancias, el amante se entristecerá. Esc.- Esa tristeza, en cuanto que se produce respecto de la ausencia de lo que amamos, se llama frustración” (III: 36). Este mecanismo sicológico obedece al deseo de buscar una continuidad segura, que es tan natural en los seres humanos. Lamentablemente, dado que las circunstancias suelen cambiar, numerosas personas se ven frustradas en sus expectativas; un ej. cotidiano de ello se da hoy en la mente de la mayoría de drogadictos; y, con el paso del tiempo, en la relación mutua de muchas parejas de enamorados.

La constatación de nuestro filósofo, en la Ética, de que una imagen mental, sin importar si es pasada, presente o futura, en principio, tiene un mismo impacto afectivo en el alma, constituye un paso adelante en la comprensión del funcionamiento complejo que posee la psiquis humana, la cual trabaja en base a patrones coherentes de almacenamiento experiencial. El pensamiento clásico separa típicamente el pasado del futuro como dos conceptos muy distintos. El mismo Espinosa ordena los afectos siguiendo a Descartes en esta clasificación clásica, tal como consta en el cap. 9 de la Parte II del Breve Tratado.

En los límites del análisis en que nos hallamos, nuestro pensador describe una serie de recursos mentales para el manejo habitual de las emociones que algunos autores identifican como una especie de «mecánica de los afectos»60. Así, en los casos en los cuales uno se imagina que algo o alguien destruye o entristece a quien ama, o que algo o alguien alegra a la persona a quien odia, uno se entristecerá y odiará a la cosa o persona que se imagina es causa de ello; pero uno se alegrará cuando imagine situaciones opuestas a estas y amara a la cosa o persona que se imagina que las ocasiona (III: 19-23). De esta manera surgen relaciones de amor y de odio que constituyen intrincadas redes de afectos entre los integrantes de un grupo humano. Por ellas todas las personas tendemos, en forma natural, a amar lo que aman nuestros seres queridos y odiar lo que ellos odian, de modo que se constituyen cadenas de amor y de odio que posicionan a grupos enteros de seres humanos frente a otros grupos. Y estas redes de amor/odio dirigen y configuran todas las demás relaciones interpersonales y grupales: de familia, económicas, políticas, religiosas, recreativas, etc.

En el Breve Tratado refiere Espinosa cómo el amor y el odio se transmiten entre los seres humanos por testimonio o imitación, basadas en la empatía, cuando el niño, el correligionario o simplemente el conciudadano o el colega creen lo que cuentan aquellas personas en quienes confían. Por esta vía de la confianza se van extendiendo las redes de amor y odio.

… del amor que surge del simple testimonio. [7] Lo vislumbramos en los niños… por el solo hecho de que el padre [o madre] dice que esto o aquello es bueno…, se sienten inclinados hacia ello. Este mismo es el que vemos en quienes

      

pierden la vida por el amor a la patria, y en aquellos que, con solo oír algo, llegan a enamorarse de ello (BT. II: 3, 6-7).

el odio surge también del simple testimonio, como lo vemos en los turcos contra los judíos y cristianos… ¡Cuán ignorante es, en efecto, la gran masa de todos estos acerca de la religión y las costumbres de los otros (Ibíd., 8).

Dentro de este análisis espinosiano acerca de la constitución y flujo de los complejos mentales que gobiernan las relaciones interpersonales, se halla el mimetismo de los afectos: lo que ahora denominamos empatía afectiva que, según hoy sabemos, hemos heredado de nuestros antepasados mamíferos pero que Espinosa, agudo analista del espíritu humano, descubrió por la vía de observar sus variadísimos comportamientos. En los escolios de las proposiciones P21 a P30 define él varios afectos en que se concretiza ese mimetismo constructor de afectos socializados. Así, “Quien imagina lo que ama afectado de alegría o tristeza, también [lo] será…, y ambos afectos serán mayores o menores en el amante, según lo sean en la cosa amada” (III: 21) y “Quien imagina lo que odia afectado de tristeza, se alegrará; si… de alegría, se entristecerá…” (III: 22). Estos y otros mecanismos de la imaginación impulsan a cada quien a tejer o destejer la parte que le corresponde en las redes de amor y odio en que participa.