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Mecanismos anímicos de quien es siervo de sus pasiones

CAPÍTULO II. BENITO ESPINOSA Y SU PENSAMIENTO ÉTICO

2.7 Servidumbre humana ante los afectos (Parte IV)

2.7.1 Mecanismos anímicos de quien es siervo de sus pasiones

A. Revisemos el meollo de las proposiciones 1 a 18, en las que Espinosa analiza cómo funciona la servidumbre humana del interior del alma, debida a las pasiones de quien viven de acuerdo al género 1.º de conocimiento. Veamos las siguientes constataciones.

1. Si a la afirmación del axioma de la Parte IV añadimos que “… una imaginación es una idea que revela más bien la constitución presente del cuerpo humano que la naturaleza del cuerpo exterior… de un modo… confuso… [que las] imaginaciones que engañan al alma… no son contrarias a lo verdadero, y no se desvanecen ante su presencia”72 (IV: 1. Esc.) y que “un afecto no puede ser reprimido ni suprimido sino por medio de otro afecto contrario y más fuerte…” (IV: 7); es fácil concluir que “el conocimiento       

72Espinosa aduce aquí un claro ejemplo: por mucho que conozcamos que el Sol está tremendamente lejos de nosotros, no desaparece la imaginación que nos lo presenta a unos 200 pies, dependiente de los rasgos de nuestra sensación visual. Esta limitación humana se muestra con mucha mayor fuerza cuando se trata de patologías mentales, como es el caso que aparece en el film del siglo XXI: Una mente brillante.

verdadero del bien y el mal no puede reprimir ningún afecto en la medida en que ese conocimiento es verdadero, sino solo en la medida en que él mismo es considerado como un afecto” (IV: 14), con tal que sea más fuerte que el afecto que ha de ser reprimido. Una consecuencia obvia de esta ley mental humana es que los sabios consejos basados en análisis científicos de la realidad, dados a quienes están dominados por una pasión, casi siempre suelen caer en saco roto, y que la persona bien intencionada que los ha formulado esperimenta que, al bien aconsejado, la frustrada ayuda sicológica le entró por una oreja y le salió por la otra.

2. “El deseo que surge del conocimiento verdadero del bien y el mal puede ser extinguido o reprimido por otros muchos deseos que brotan de los afectos que nos asaltan” (IV: 15), pues la fuerza de multitud de “deseos que surgen de los afectos que nos asaltan… debe definirse por… causas exteriores, cuya potencia, si se la compara con la nuestra, la supera indefinidamente (por la P3/IV)” (Ibíd. Dem.). De aquí, por ej., la enorme fuerza seductora que tiene la propaganda bien elaborada en la mente del ciudadano común y corriente.

3. “El deseo que brota del conocimiento del bien y el mal, en cuanto que este conocimiento se refiere al futuro, puede ser reprimido o extinguido con especial facilidad por el deseo de las cosas que están presentes y son agradables” (IV: 16); ya que la imaginación “no es igualmente afectada por la imagen de una cosa presente que por la de una futura. De ahí deriva que el conocimiento verdadero que tenemos del bien y del mal no sea sino abstracto y universal, y que el juicio [de] qué es malo o bueno en el presente… sea más bien imaginario que real” (IV: 62. Esc.). Este mecanismo mental explica por qué con tanta frecuencia nos desviamos de los proyectos de vida positivos, por obra de la atracción que ejercen sobre nosotros los tentadores placeres del presente. Una acción que muchas personas suelen excusar falsamente con el adagio: más vale pájaro en mano que cien volando. Ese desvío de los proyectos bien intencionados es casi inevitable cuando con ellos pretendemos objetivos fútiles o poco motivados. En efecto, “el deseo que brota del conocimiento verdadero del bien y el mal, en cuanto que versa sobre cosas contingentes, puede ser reprimido con mucha mayor facilidad aún por el deseo de las cosas que están presentes” (IV: 17); pues los seres humanos son

movidos más por la opinión que por la verdadera razón, y el verdadero conocimiento del bien y el mal cede frecuentemente a la concupiscencia (Ibíd. Esc.).

4. Frente a las características de la mente recién aludidas, tan favorables a que sigamos dominados por los afectos, hay una última que abre una puerta grande a la esperanza de poder someterlos: “El deseo que surge de la alegría, en igualdad de circunstancias, es más fuerte que el deseo que brota de la tristeza” (IV: 18); pues “la fuerza del deseo que surge de la alegría debe definirse a la vez por la potencia humana y por la potencia de la causa exterior, y, en cambio, la del que surge de la tristeza debe ser definida solo por la potencia humana” (Ibíd. Dem.). Como se ve, este mecanismo positivo de la mente, que hace que afectos alegres como el amor posean mayor potencia que los tristes como el odio, se debe a la composición de potencias entre el alma humana y una cierta realidad a la que esta se asocia por obra de un deseo que va unido al afecto alegre de que se trate.

En el escolio de P18, Espinosa señala varias ideas cruciales por las que se orienta la razón humana, las cuales van a ser objeto de análisis en las proposiciones 19 y ss.: … la felicidad consiste en el hecho de que el hombre puede conservar su ser… la virtud debe ser apetecida por sí misma, y… no… por… otra causa [pretendidamente] más excelente o útil para nosotros que la virtud misma… este principio… de que cada cual está obligado a buscar su utilidad es el fundamento… de la moralidad y la virtud.