CAPÍTULO II. BENITO ESPINOSA Y SU PENSAMIENTO ÉTICO
2.7 Servidumbre humana ante los afectos (Parte IV)
2.7.3 El tránsito hacia la potencia comunitaria
C. En las proposiciones 29 a 37 se transita de la potencia o virtud individual a la social, comunitaria.
“En la medida en que una cosa concuerda con nuestra naturaleza, es… buena” (IV: 31). No obstante, “En la medida en que los hombres están sujetos a las pasiones, no… concuerdan en naturaleza” (IV: 32), dado que “… las cosas concuerdan en naturaleza…, pero no en impotencia o negación”, “… pues las cosas que concuerdan sólo en algo negativo, o sea, en algo que no tienen, no concuerdan realmente en nada” (Ibíd., Esc.). Por otro lado, “La naturaleza o esencia de los afectos… debe definirse por la potencia, es decir por la
73He aquí una coincidencia implícita con Aristóteles acerca de la superioridad de lo que este llama virtud intelectual.
naturaleza de las causas exteriores comparada con la nuestra; de donde deriva que de cada afecto haya tantas clases cuantas clases hay de objetos que nos afectan, y que los hombres sean afectados de maneras distintas por un solo y, mismo objeto, y, en esa medida, difieran en naturaleza…”74 (IV: 33 Dem.). En consecuencia, “Los hombres solo concuerdan… en naturaleza en la medida en que viven bajo la guía de la razón” (IV: 35) y, por eso, “No hay cosa… más útil al hombre que un hombre que vive bajo… la razón” (Ibíd., C-1). Dado que “… nada es más útil al hombre que el hombre;… nada pueden desear los hombres que sea mejor para la conservación de su ser que el concordar todos en todas las cosas, de suerte que las almas de todos formen como una sola alma, y sus cuerpos como un solo cuerpo,... buscando, todos a una, la común utilidad… bajo la guía de la razón…” (IV: 18 E [c]) y “Cuanto más busca cada hombre su propia utilidad tanto más útiles son los hombres mutuamente. Pues cuanto más… cada cual… se esfuerza por conservarse, tanto más dotado está de virtud o… potencia… para actuar según… las leyes de su naturaleza, esto es, para vivir según… la razón.” (Ibíd., C-2).
Sin duda, esta serie de ideas constituye la base de la realización del bien común y del sistema político que lleva a este: la democracia basada en leyes justas que se cumplen. Y, al parecer, el último aserto, es decir, la búsqueda racional de la utilidad común, sería el fundamento del utilitarismo de Bentham y de J. S. Mill, pero a condición de que se enfatice que, según Spinoza, cada quien se realiza únicamente si concuerda con Dios, es decir, con las leyes generales de la composición de potencias del género humano y de la naturaleza entera. Por desgracia, “Raramente viven los hombres según la razón, pues la mayoría son envidiosos y se ocasionan daño mutuo. Con todo, de la sociedad nacen más beneficios que daños: mediante la ayuda mutua, los hombres con mayor facilidad se procuran lo que necesitan y evitan los peligros que los amenazan” (Ibíd., Esc.). Aquí Espinosa expresa con profundidad una postura de optimismo social moderado.
“El bien que apetece para sí todo el que sigue la virtud, lo deseará también para los demás… tanto más cuanto mayor conocimiento tenga de Dios” (IV:
37). Este es el modelo, la vía ética correcta; mas, en realidad, “Los hombres… son volubles (pues son raros los que viven según los preceptos de la razón)…, en su mayoría son envidiosos, y más inclinados a la venganza que a la misericordia. Por tanto, es necesaria una singular potencia de ánimo para admitirlos a todos ellos según su propia índole, y no dejarse llevar por la imitación de sus afectos” (IV: Apénd. 13). Es más, “Quien se esfuerza… en virtud del solo afecto, en que los demás amen lo que él ama, y… acomoden su vida a la índole de él… se hace odioso… a quienes agradan otras cosas, y…, por ello, se empeñan…, también por impulso, en que los demás acomoden sus vidas a la índole de ellos” (IV: 37 E-1). A continuación, Espinosa define varios términos importantes desde el punto de vista de cómo los vive una mente humana:
Todo cuanto deseamos y hacemos, siendo nosotros causa de ello en cuanto… conocemos a Dios, lo refiero a la religión. Al deseo de hacer bien que nace de la vida según… la razón, lo llamo moralidad. Al deseo por el cual se siente obligado el hombre que vive según… la razón a unirse por amistad a los demás, lo llamo
honradez,... honroso a lo que alaban los hombres que viven según… la razón, y
deshonroso… a lo que se opone al establecimiento de la amistad (Ibíd.).
Sentados los parámetros de las relaciones interpersonales, nuestro pensador pasa a justificar la existencia de la sociedad civil. Los individuos,
… como están sujetos a afectos que superan… la potencia… humana, son… arrastrados a menudo en… sentidos… contrarios entre sí, aun cuando precisan de la ayuda mutua. Así pues, para que… puedan vivir concordes y prestarse ayuda, es necesario que renuncien a su derecho natural y se presten recíprocas garantías de que no harán nada que pueda dar lugar a un daño ajeno… puede suceder esto… por… que ningún afecto puede ser reprimido a no ser por un afecto más fuerte que el que se desea reprimir, y… cada cual se abstiene de inferir un daño a otro, por temor a un daño mayor. Así pues, de acuerdo con esa ley podrá establecerse una sociedad, a condición de que esta reivindique para sí el derecho, que cada uno detenta, de tomar venganza, y de juzgar acerca del bien y el mal, teniendo así la potestad de prescribir una norma común de vida, de dictar leyes y de garantizar su cumplimiento, no por medio de la razón, que no puede reprimir los afectos, sino por medio de la coacción. Esta sociedad… se llama Estado. Y los que son protegidos por su derecho… ciudadanos. (Ibíd., E-2)
Esta idea es tomada en parte del cap. XIV del Leviatán de Hobbes y es precursora de las tesis de J.J. Rousseau. En las siguientes líneas nuestro autor sigue precisando la tesis de Hobbes:
en el estado civil,... el bien y el mal son decretados por común consenso… El
y… la obediencia… un mérito del ciudadano, pues en virtud de ella se le juzga digno de gozar de las ventajas del Estado… en el estado natural… todo es de todos, y, por ende, no puede concebirse… voluntad alguna de dar a cada uno lo suyo, ni de quitarle a uno lo que es suyo; es decir… no ocurre nada que pueda llamarse «justo» o «injusto»; y… en el estado civil,... por común consenso se decreta lo que es de uno y… de otro. Por lo que es evidente que lo justo y lo injusto, el delito y el mérito son nociones extrínsecas, y no atributos que sirvan para explicar la naturaleza del alma. (Ibíd.)
Según las últimas frases, queda claro que, para construir su ética, Espinosa pone su foco de atención en la dinámica del alma humana, aunque también considere con hondura la perspectiva social, dentro de la que actúa el alma individual.
Pasemos, enseguida, a revisar el contenido de la 2ª mitad de la IV Parte de la Ética, en la que el filósofo indica elementos del camino por el cual el alma humana puede transitar desde la situación mayoritaria de servidumbre de los afectos hacia un estadio éticamente deseable de mayor libertad. También esta parte puede ser dividida en otras tres secciones: A, B y C. A es la más larga (P-38 a P58) y en ella hace un escrutinio racional de los afectos, de acuerdo al nivel de alegría y de tristeza que encierran. En B (P-59 a P66) analiza cuál es el papel de la razón en la evolución de la vida afectiva. En C (P-67 a P73) describe que rasgos son propios de la vida en los hombres libres.