CAPITULO 2. NUEVOS DESARROLLOS SOBRE EL MALTRATO INFANTIL Y SU
2.1. DEL MALTRATO COMO MORTIFICACION, AL MALTRATO COMO
2.1.3. CONDICIONES QUE IMPIDEN LA REACCION FRENTE AL TRAUMA
Para examinar este fenómeno según el cual no se puede reaccionar frente a ciertas
vivencias, Freud plantea un “esquema para el proceso que sobreviene cuando se omiten
reflejos psíquicos”172. Según este esquema una serie de condiciones -que pueden ser
reunidas en tres grandes grupos- impedirían que los sujetos reaccionen173. Estas son:
1) Puede ser que la naturaleza misma del evento traumático excluya la posibilidad de
reacción o que las circunstancias sociales lo impidan174.
2) Que las condiciones psicológicas en que se experimenta el trauma impidan la reacción, como los denominados estados hipnoides (según afirmaba Breuer en contraste con Freud175) o estados afectivos como el terror176 o la angustia que paralizan los procesos asociativos. Esto último se debe a que según Freud:
“todos los afectos intensos dañan la asociación, el decurso de la representación. La cólera o el terror hacen «perder el sentido de las cosas» (…) a los afectos «asténicos» del terror y de la angustia les falta este aligeramiento reactivo. El terror directamente paraliza tanto la motilidad como la asociación, y lo mismo hace la angustia cuando la causa del afecto de angustia y las circunstancias excluyen la única reacción acorde al
172 Freud,1896c: 218. Esta imposibilidad de reacción, puede resumirse en su famosa sentencia “el
histérico padece la mayor parte de reminiscencias” (Freud,1895a: 33), o en la tesis según la cual se trata de “unos traumas psíquicos que no fueron abreaccionados por completo, no fueron por completo tramitados” (Freud,1893a: 39). Estas observaciones ponen de manifiesto que la situación traumática no puede ser definida simplemente a partir de los eventos o hechos, pues implica considerar la incapacidad para tramitar los estímulos psíquicos que generan estas situaciones (Freud,1896c: 216).
173 Freud,1895a: 35. 174
Freud,1895a: 35-6. 175 Freud,1896c: 194-5. 176 Freud,1893a: 40.
fin, a saber, el escapar. La excitación del terror sólo desaparece mediante una nivelación paulatina (…) cuando al afecto le es absolutamente denegada una tal descarga de la excitación, la situación es en la cólera idéntica a la del terror y la angustia: la excitación intracerebral se acrecienta con violencia, pero no es consumida en actividad asociativa ni motriz”177.
A partir de la cita anterior señalamos que la relación entre el trauma y la angustia es doble, pues por un lado la situación traumática puede generar el afecto de angustia, pero a su vez la presencia de este afecto es condición para que una situación sea traumática, pues al paralizar la motilidad y la asociación la angustia impide reaccionar frente a la situación, creándose así la tendencia a repetir la situación traumática178.
3) Que la persona intentó olvidar la situación, reprimiéndola, dado que la reacción le resultaría penosa e inconciliable con sus preceptos morales179.
En ese orden de ideas, Freud no vacila en afirmar que a menudo un evento traumático comporta estas tres condiciones que se conjugan explicando el por qué de la imposibilidad de la reacción180. Así pues, si un evento comporta estas
condiciones la reacción se ve estorbada y con ello se da la posibilidad de que el recuerdo de la situación al estar cargado de afecto derive en traumas psíquicos. Este argumento nos permite plantear entonces que las situaciones de maltrato infantil -que implican una afrenta o ultraje de obra o palabra- a menudo comportan estos tres tipos de condiciones que dificultan la reacción de los sujetos, explicando porqué en estos casos de maltrato infantil dichas situaciones deben ser toleradas calladamente y entonces devienen mortificaciones. En ese sentido, señalamos que cuando estas afrentas devienen en una mortificación ante la cual tampoco se reacción por el pensamiento, se dan las condiciones para que la mortificación
177 Freud,1895a: 212-4. 178
Sobre la relación de la angustia y la repetición véase: Freud,1894a: 40; Freud,1894c: 88;
Freud,1895a: 34-5, 179, 212-4, 216-19, 224-5, 244; Freud,1915k: 251-2; Freud,1919g: 4-5, 16-23, 29, 35-6; Freud,1919h: 245-51; Freud,1921d: 178; Freud,1923a: 16-7; Freud,1925j: 80, 89, 126, 142, 151; Freud,1932b: 76, 86-7; Freud,1934a: 72-3.
179 Freud,1894a: 48-9, Freud,1895a: 36; Freud,1896b: 163; Freud,1896c: 209. 180 Freud,1895a: 37.
(derivada del maltrato) devenga en un trauma psíquico181. Así mismo, señalamos que para indicar si el maltrato tiene o no efectos traumáticos, se requiere de un examen de las formas en que los sujetos reaccionaron frente a estas vivencias para ver si la reacción estuvo totalmente interceptada o si encontró alguna forma de tramitación. Por otra parte, afirmamos que en los casos de maltrato en que puede demostrarse que las tres formas de reacción fueron interceptadas, deviniendo entonces traumático, sin embargo queda la posibilidad de que a posteriori el maltrato pueda ser tramitado en la cura por medio de actos, palabras o pensamientos.
Analicemos ahora entonces por cuáles razones la situación de maltrato infantil puede llegar a reunir las mismas condiciones que impiden reaccionar frente a situaciones traumáticas.
Respecto de la primera condición, observamos que en la situación de maltrato infantil la posibilidad de reacción en actos y palabras del lado del niño, que posibilitaría la descarga del afecto de ira y de la «pulsión de venganza», en principio resulta impedida por dos razones. La primera se refiere a la naturaleza misma de la situación182, según la cual, la asimetría física entre el niño y el adulto impide que el primero se enfrente al segundo en una lucha de acto o de palabra, pues aun para el
181 Anotamos desde ahora que teóricamente la sumisión al maltratante no permitiría la tramitación de
los recuerdos del maltrato, y en cambio dicha pasividad daría cuenta de la imposibilidad de reaccionar. Sin embargo, hemos visto que aunque en la conducta observable la posición del niño sea sumisa, pasiva, este tiene aun otras posibilidades para reaccionar frente a estas vivencias, las cuales no son tan evidentes, siendo necesario develarlas por otros medios. Estas posibilidades son precisamente los procesos de simbolización, de pensamiento, que sólo pueden conocerse a posteriori, una vez se han exteriorizado en algún fenómeno mental. De esta manera, se comprende que ante la imposibilidad de reaccionar frente a la situación maltrato en actos o palabras, queda la posibilidad de reaccionar según el procesamiento asociativo de ideas, y de ese modo el maltrato no deviene traumático.
182
Para comprender mejor por que las condiciones de la realidad exterior estorban la descarga de la
agresividad y por que de los efectos nocivos de esta imposibilidad de reaccionar veamos una cita de Freud: “En este punto se nos impone el valor de la posibilidad de que la agresión no pueda hallar satisfacción en el mundo exterior por chocar con impedimentos reales. Si tal sucede, acaso vuelva atrás y multiplique la escala de la autodestrucción que reina en lo interior. Averiguaremos que efectivamente es lo que acontece, y que ese proceso reviste suma importancia. Una agresión impedida parece implicar grave daño; las cosas se presentan de hecho como si debiéramos destruir a otras personas o cosas para no destruirnos a nosotros mismos, para ponernos a salvo de la tendencia a la autodestrucción. ¡Triste revelación, sin duda, para el moralista!”(Freud,1932b: 97-8)
propio niño es evidente que está en condición de desventaja. Pero además, esta posibilidad también se ve obstaculizada por las condiciones sociales en que se presenta la situación de maltrato infantil, ya que la reacción vengativa del niño hacia sus padres maltratantes entra en contradicción con los preceptos sociales de la vida en familia transmitidos en la educación.
En cuanto al segundo grupo de condiciones, señalamos que el maltrato producido en la relación del niño y los adultos íntimos puede convocar los mencionados afectos penosos de la angustia, el horror, el terror, etc. que no sólo paralizan la motilidad sino también la asociación y con ello la posibilidad de reacción por procesos de pensamiento. Esto debido a que en estas relaciones de maltrato entre el niño y los adultos -de los que depende física y afectivamente- esos otros muestran su lado feroz, agresivo, y de ese modo al ponerse en juego la integridad del niño estamos en el campo del peligro donde se generan los afectos mencionados que paralizan y obstaculizan la reacción.
En el maltrato infantil, estos dos grupos de condiciones a su vez implican la tercera serie de condiciones que determina la imposibilidad de reaccionar, pues estas situaciones al actualizar la ira y la pulsión de venganza, así como los afectos penosos (angustia, terror, horror), resultan inconciliables con los preceptos morales que el niño ha introyectado, y en ese sentido es viable suponer que el niño pretenda olvidar tales situaciones que le resultan intolerables, reprimiéndolas. Aquí la inconciabilidad podría entenderse de esta forma: Las representaciones conscientes del niño sobre los vínculos parentales serían esencialmente de naturaleza amorosa, de suerte que la situación de maltrato, entendida como una afrenta, como una destitución del amor, produce mociones vengativas cuya representación entra en contradicción con las primeras y produce culpa. De forma análoga, el hecho de que el otro muestre su lado feroz actualiza los aspectos reprimidos de las imagos paternas y la angustia ominosa generada por la amenaza a la condición de seguridad, entra entonces en contradicción con la representación de los padres como
protectores. Ya veremos como pueden ser tramitados estos afectos ominosos que en principio paralizan los procesos asociativos.
Tenemos pues, una sobredeterminación para explicar la imposibilidad de reacción del niño en la situación de maltrato según las tres vías descritas (acto, palabra, pensamiento), de forma semejante a lo que sucede en el trauma. Estas nuevas correspondencias, sumadas a las anteriormente establecidas nos permiten decir entonces que la situación de maltrato a menudo comporta las principales características que definen las situaciones traumáticas y por lo tanto consideramos que teóricamente su homologación resulta parcialmente justificada.
Sin embargo, para realizar una homologación más completa vamos a establecer nuevas correspondencias entre algunos fenómenos que se observan asociados a las situaciones de maltrato infantil y el trauma, pero a través de una profundización de los aspectos que tienen que ver con la angustia y la simbolización. Para ello, de las tres formas de reacción ya mencionadas (acto, palabra y pensamiento) vamos a ocuparnos a continuación de aquella referida al pensamiento.
2.1.4. LA SIMBOLIZACION COMO REACCION FRENTE AL TRAUMA.
Tenemos pues que las posibilidades de reacción ante las afrentas183 no sólo
consisten en la acción (venganza en acto), o en su defecto, la abreación mediante una reacción afectiva (como el llanto), o de una reacción sustitutiva por medio de la palabra (venganza en insultos). Según Freud, estas posibilidades de reacción también se refieren al trabajo de pensamiento, según el cual, aunque se deniegue la
183 Respecto de estas posibilidades de reaccionar frente a los traumas referidos a afrentas dice Freud
que “Entendemos aquí toda la serie de reflejos voluntarios o involuntarios en que (…) se descargan los afectos: desde el llanto hasta la venganza” (Freud,1895a: 34).
reacción motriz o de palabra, de todas formas el individuo puede aminorar la suma de excitación o descargar el afecto de ira, asociando unas representaciones con otras, de modo que la representación de la situación de afrenta entre en el gran complejo de la asociación del yo, y de ese modo “se inserta junto a otras vivencias que acaso lo contradicen, (…) es rectificado por otras representaciones”184.
Se trata pues de una modalidad de reacción que consiste en el “procesamiento asociativo, la tramitación por medio de representaciones contrastantes. Si el ofendido no devuelve la bofetada ni insulta, puede sin embargo aminorar el afecto de la ofensa evocando en su interior unas representaciones contrastantes sobre su propia dignidad y la nula valía del ofensor, etc.“ 185. Dicho de otra manera, esta forma de reacción implica una serie de operaciones asociativas por medio de las cuales “el recuerdo de una afrenta es rectificado poniendo en su sitio los hechos, ponderando la propia dignidad, etc.”186. De esta forma la representación de la situación de afrenta que ha devenido patógena, puede desgastarse187.
Sobre la base de esta tercera forma de reacción (trabajo de pensamiento asociativo) Freud elabora el modelo del procedimiento terapéutico y de indagación, es decir, la asociación libre de pensamientos188. En esa lógica, Freud planteaba que en la cura
era necesario reproducir las situaciones traumáticas, pues cuando el recuerdo patógeno de la situación traumática es traído a la conciencia, este deja de producir
efectos189. En ese sentido, Freud observa que al indagar por la etiología traumática
del síntoma al tiempo está realizando un procedimiento curativo, pues “el intento de
184 Freud,1895a: 34.
185 Freud,1893a: 38. 186 Freud,1895a: 34-5.
187 Este mismo modelo es utilizado por Freud en
Proyecto de psicología (1895) en donde habla de
recuerdo «no domeñado» y recuerdo «domeñado» (Freud,1895e: 429-31). De igual forma encontramos referencias de este modelo en Psicopatología de la vida cotidiana (1901) en una nota agregada en 1907 (Freud,1900c: 266).
188 Laplanche, 1981: 108. 189 Freud,1895a: 36.
averiguar el ocasionamiento de un síntoma es al mismo tiempo una maniobra terapéutica”190.
Entonces, inicialmente la terapia consistía en hacer operar el deseo de hacer algo por segunda vez, de completar la reacción interceptada, vía la rememoración del evento ocasionador, que permite expresar en palabras el afecto que éste convocó, y que por estar estrangulado, devino en el síntoma, el cual entonces ahora se aminora gracias al trabajo de pensamiento asociativo y de palabra y finalmente se cancela el efecto de la representación patógena191. Esto quiere decir que el síntoma se cancela “estableciendo, a raíz de la reproducción de la escena traumática, una rectificación de efecto retardado (nachträglich) del decurso psíquico de entonces”192. Esto se lograría ligando la
excitación a su representación original, a lo anímico reprimido, para ser descargada en palabras y para luego resolver la contradicción mediante un trabajo de
pensamiento consciente193 que implica la retraducción de los sustitutos a la
representación original194.
En este orden de ideas, esta tercera forma de reacción nos permite articular la noción de simbolización con el concepto de trauma, pues la simbolización puede definirse precisamente como el trabajo de pensamiento por medio del cual se asocian ideas y se sustituyen las representaciones de las situaciones traumáticas (referidas a mortificaciones) por otras, permitiendo que los afectos convocados por
las afrentas se asocien a las nuevas representaciones y así se desgasten195.
Ahora, esta articulación del concepto de trauma y la noción de simbolización nos permite comprender el fenómeno que observamos en el trabajo clínico con los niños maltratados según el cual al dibujar fantasías donde satisfacen las tendencias de
190 Freud,1895a: 36. Dicho de otra manera, cuando el cuerpo extraño es removido desaparecen los
síntomas. De allí la famosa frase «cuando cesa la causa cesa el efecto».
191 Freud,1895a: 36, 40; Laplanche, 1981: 108. 192 Freud,1896c: 193.
193 Freud,1894a: 51; Freud,1896c: 193.
194 Freud,1894a: 55; Freud,1896c: 193; Laplanche, 1981: 108.
195 Laplanche, 1973-75: 267-80; Laplanche, 1981: 108-46; Bleichmar, 1984: 17-39, 58-74; Forrester,
agresión vengativa desaparecen los síntomas que se asociaban a las vivencias de maltrato. Desde este punto de vista pensamos que las fantasías vengativas de estos chicos pueden ser consideradas entonces como rectificaciones de las escenas de maltrato ante las que no se pudo reaccionar en actos ni palabras.
Así pues, siguiendo a Freud consideramos que la simbolización no se reduce a la función de representación de la realidad196y remite más bien a procesos intra-
psíquicos de desplazamientos sustitutivos, de naturaleza esencialmente no defensiva, mediante los cuales se conectan representaciones entre sí197, dando lugar
a diferentes tipos de simbolizaciones, según las representaciones que conjuga, los sistemas e instancias psíquicos en donde se producen (estableciendo sistemas de intercambios entre el Inc.-prec-conciente y entre el yo, ello y superyo) y los diversos modos de enlaces entre las representaciones198. En síntesis, al considerar que por medio de la simbolización una representación es sustituida por otra, o un objeto es sustituido por una representación, gracias a ciertas conexiones, podemos comprender que los dibujos referidos a la agresión vengativa son una representación que sustituye a las representaciones originales de las escenas de maltrato, siendo entonces su rectificación.
Pero como la simbolización también indica el proceso por el que se ligan afectos a representaciones199, aunque su naturaleza no sea propiamente defensiva, las funciones de sustitución y ligazón del trabajo de simbolización tienen un papel en el
196 Al respecto Jean-Michel Porret comenta que “la relación entre la representación de palabra y la
representación de objeto es por excelencia la que merece el nombre de “simbólica” y no la que vincula al objeto real y la representación de objeto” (Porret, 1994: 206; véase también Fernández, 2005d: 5) lo cual quiere decir que la simbolización comporta otras funciones además de las representativas.
197 Sobre estos aspectos de la simbolización véase: Freud,1887a: 266; Freud,1894a: 51, 55;
Freud,1894d: 34-5, 212-16; Freud,1895a: 36-8, 40; Freud,1895e: 429-31; Freud,1896c: 193; Freud,1900c: 266; Freud,1901a: 44; Freud,1905c: 143, 145, 149, 207-8; Freud,1914c: 148, 157; Freud,1925j: 133, 149-50; Freud,1932b: 70, 84; Porret,1994: 206-9; Fernández, 2005a: 6-12; Fernández, 2005c: 1-4; Fernández, 2005d: 5.
198 Sobre esta perspectiva de la simbolización véase: Freud,1894d: 12, 17, 21; Freud,1895e: 327-8,
370-2, 378-86, 388, 397-400, 405-8, 430, 442-3; Freud,1897a: 273; Freud,1898b: 9, 164, 247, 269, 314, 588-99; Freud,1900c: 7; Freud,1910k: 224; Freud,1915d: 183-6, 196, 198; Freud,1915h: 218, 227-8; Freud,1919g: 9-10, 34-6; Freud,1923a: 46, Freud,1925b: 140; Freud,1927b: 149; Freud,1932b: 74; Freud,1937b: 228; Freud,1938d: 162, 166, 199-200; Porret,1994: 206-9; Fernández, 2005a: 6-12; Fernández, 2005c: 1-4; Fernández, 2005d: 5.
establecimiento de las formaciones de compromiso (síntoma, sueño, etc.) actuando sobre el decurso de las representaciones de objeto y/o palabra al instaurar otras regímenes de circulación de la energía, del libre al ligado, del proceso primario al secundario200. Sin embargo, este trabajo de simbolización también permite cancelar
los síntomas al favorecer la liberación de los afectos que se encontraban ligados a las representaciones sustitutivas permitiendo ligarlos nuevamente a las representaciones originarias, así como a otras que las rectifican permitiendo así que las primeras se desgasten.
Siguiendo estas ilaciones de pensamiento señalamos que esta modalidad de reacción por simbolización puede ser articulada con los planteamientos de los estudios psicoanalíticos sobre la clínica del maltrato, referidos a la construcción del fantasma. Esto debido a que la construcción del fantasma esta soportada en este trabajo de pensamiento asociativo o de simbolización y no sólo del uso de palabra, tal como hemos venido señalando201.
En el capitulo 3 retomaremos esta idea para mostrar que en el trabajo de construcción del fantasma pueden utilizarse otros medios simbólicos -como el
dibujo202- pues estos también hacen operar los procesos de pensamiento, de
200 Sobre la relación de la simbolización y la formación de síntomas véase: Freud,1887a: 249-52, 256,
264-7, 281; Freud,1892a: 184; Freud,1893a: 35-9; Freud,1893b: 13; Freud,1894a: 50, 53-6, 60; Freud,1894d: 13, 26, 30-3, 50, 58, 109-11, 114, 124-5, 148, 159, 167, 185-94, 227, 290-1, 300-2; Freud,1895e: 340, 396, 401, 403, 405; Freud,1896a: 154; Freud,1896b: 161, 170-72, 182-4; Freud,1896c: 193, 209, 216; Freud,1897a: 237, 246; Freud,1901a: 36; Freud,1906c: 40-5, 49, 50-56, 66, 71, 74; Freud,1907a: 107-9; Freud,1908a: 144-6; Freud,1909d: 13-4; Freud,1911h: 212-3; Freud,1912d: 241; Freud,1914k: 77-8; Freud,1915d: 196-7; Freud,1915k: 231, 334, 355, 362, 367-8, 373; Freud,1920g: 101; Freud,1922f: 238, 242; Freud,1923i: 211; Freud,1924c: 196-7; Freud,1924i: 29; Freud,1925j: 89, 94, 99, 106-7, 117-9, 126, 137; Freud,1927b: 148-9; Freud,1927g: 181-2, 185; Freud,1929d: 100-1; Freud,1934a: 73-6, 91-4, 122; Freud,1935a: 44; Freud,1938d: 158-69, 173-75, 179-80, 186; Porret, 1994: 206-9; Bleichmar, 1984: 21; Forrester, 1989: 91; Fernández, 2005a: 6-14; Fernández, 2005b: 1-4; Fernández, 2005c: 1-4; Fernández, 2005d: 1-5.
201 Laplanche, 1981: 108-46; Bleichmar, 1984: 17-39, 40-56, 58-74. Por ahora, simplemente
anotaremos que para poner en marcha el trabajo de pensamiento asociativo no se requiere del uso de la palabra, pues según vimos, Freud establece que aunque las tres modalidades de reacción (acto, palabra y pensamiento) se sustituyen, estas son diversas, y cuando no se puede hacer uso de las dos primeras, queda el recurso al pensamiento que no depende de ellas. De allí que nosotros pensamos que la construcción del fantasma no está soportada necesariamente en la palabra sino en el pensamiento, y que estos procesos de pensamiento operan al dibujar y no sólo al hablar.
202 En esa lógica, señalamos que Freud plantea que cuando el recurso a la palabra esta alterado, este
simbolización, por medio de los cuales se construye el fantasma203 o más bien las fantasías, que en los casos de los niños maltratados que estudiamos básicamente remiten a la satisfacción de tendencias vengativas.
De otro lado, al recordar que los estudios psicoanalíticos del maltrato plantean que en estos casos se presenta una tendencia a repetir estas situaciones, señalamos otra correspondencia con los fenómenos clínicos observados por nosotros y la noción de simbolización en Freud. Esto se debe a que –como hemos visto- cuando