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CAPITULO 2. NUEVOS DESARROLLOS SOBRE EL MALTRATO INFANTIL Y SU

2.1. DEL MALTRATO COMO MORTIFICACION, AL MALTRATO COMO

2.1.6. REPRESION, ANGUSTIA Y SIMBOLIZACIÓN SINTOMATICA.

De las tres condiciones anteriormente mencionadas que imposibilitan la reacción ante situaciones traumáticas, Freud destacó la tercera, referida a la represión, pues por esa vía no sólo pudo formular una concepción económica del trauma y de los diversos síntomas neuróticos, sino también un modelo de su elaboración terapéutica.

209 Por ahora simplemente señalamos que si los deseos de agresión vengativa del niño están

dirigidos hacia los padres maltratantes, es lógico considerar que estos hacen operar la angustia frente al posible castigo venido de los padres, sentando las bases para que opere el mecanismo de la represión, y que en ese sentido, las particulares condiciones del dispositivo terapéutico promuevan la emergencia de procesos de simbolización elaborativa que permiten sortear los obstáculos que impone la angustia a la satisfacción de la agresión vengativa.

210 Freud,1914e: 92. Veamos lo que dice Freud: “la formación de un ideal aumenta las exigencias del

yo y es el más fuerte favorecedor de la represión” (Freud,1914e: 92) o también que “La formación de un ideal seria, de parte del yo, la condición de la represión” (Freud,1914e: 90)

211 Freud,1914e: 90. Al respecto Freud comenta que “La represión, hemos dicho, parte del yo;

podríamos prescisar: del respeto del yo por si mismo” (Freud,1914e: 90) Y es que para Freud la formación de un ideal con el cual se mide el yo actual implica que sobre este ideal “reacae ahora el amor de si mismo de que en la infancia gozo el yo real. El narcisismo aparece desplazado a este nuevo yo ideal que, como el infantil, se encuentra en posesión de todas las perfecciones valiosas (…) lo que el proyecta frente a si como su ideal es el sustituto (véase nota) del narcisismo perdido de su infancia, en la que el fue su propio ideal” (Freud,1914e: 90-1) De allí que Freud plantee la existencia de “una instancia psíquica particular cuyo cometido fuese velar por el aseguramiento de la satisfacción narcisista proveniente del ideal del yo, y con ese propósito observase de manera continua al yo actual midiéndolo con el ideal” (Freud,1914e: 92) Como se sabe dicha instancia es conceptualizada posteriormente por Freud como el superyó (Freud,1920g: 122; Freud,1923a: 21)

Esta concepción económica, se fundamenta en un supuesto energético212, según el

cual:

“en las funciones psíquicas cabe distinguir algo (monto de afecto, suma de excitación) que tiene todas las propiedades de una cantidad –aunque no poseamos medio alguno para medirla-; algo que es susceptible de aumento, disminución, desplazamiento y descarga, y se difunde por las huellas mnémicas de las representaciones como lo haría una carga eléctrica por la superficie de los cuerpos (véase nota).

Es posible utilizar esta hipótesis, que por lo demás ya está en la base de nuestra teoría de la «abreación», (véase nota) en el mismo sentido en que el físico emplea el supuesto del fluido eléctrico que corre. Provisionalmente está justificada por su utilidad para resumir y explicar múltiples estados psíquicos”213.

En ese sentido la represión consiste sobre todo en que el Yo intenta fallidamente la defensa frente a la representación inconciliable de la situación traumática tratando de “convertir esta representación intensa en una débil, arrancarle el afecto, la suma de excitación que sobre ella gravita. Entonces esa representación débil dejara de plantear totalmente exigencias al trabajo asociativo; empero, la suma de excitación divorciada de ella tiene que ser aplicada a otro empleo”214. En otras palabras, la represión es un intento de reacción que fracasa por cuanto no logra tramitar efectivamente la energía.

Así pues, a partir de este supuesto energético Freud plantea que una vez que la suma de excitación se ha separado de la representación inconciliable (de la situación

212 Se trata de la teoría de las investiduras psíquicas y su desplazamiento, cuyo modelo se basa en

una comparación entre el sistema nervioso y un dispositivo eléctrico por el que fluyen corrientes eléctricas, de lo que resulta la idea de un acrecentamiento energético que no se descarga exigiendo una forma de tramitar tal exceso (Freud,1894a: 45, 48-9, 61; Freud,1895a: 205-14). Este supuesto fundamental de la investidura también sería la base del llamado principio de constancia que formulara posteriormente en términos psicológicos tanto en Pulsiones y destinos de pulsión (Freud,1915b: 114- 7) como en Más allá del principio del placer (1920) donde lo nombra como «principio de nirvana» (Freud,1919g: 9, 26, 54) y que en su origen estaba formulado en términos fisiológicos en el Proyecto (Freud,1895e: 340) por lo que hablaba de “una cantidad sometida a la ley general del movimiento” (Freud,1895e: 339). Sin embargo desde el capítulo VII de La interpretación de los sueños Freud le da un tratamiento ya no físico sino psicológico al concepto de investidura y además, según informa J. Strachey, introduciría “desarrollos de vital importancia, en especial la noción de que la energía de investidura se presentaba en dos formas: ligada y libre” (Freud,1894a: 64-5). Estos desarrollos a su vez implicaban la distinción entre procesos psíquicos primario y secundario, que ya había sido esbozada por Breuer en los Estudios (Freud,1895a: 206) y por Freud mismo en el Proyecto (Freud,1895e: 416-8) pero que sólo fue dada cabalmente en La interpretación (Freud,1898b: 588).

213 Freud,1894a: 61. 214 Freud,1894a: 50.

traumática) por obra de la represión, esta suma de excitación experimentará diversos

destinos que explican la formación de múltiples síntomas neuróticos215.

En la histeria el exceso de excitación es transpuesto a lo corporal por medio del

mecanismo de conversión216 y la contradicción de representaciones se resuelve con

la creación de un símbolo mnémico que sustituye la representación inconciliable217.

En la neurosis obsesiva y en cierto tipo de fobias, el exceso de excitación o el afecto liberado, se liga a otras representaciones no inconciliables -por medio de un «falso enlace» que permite el transporte del afecto- las cuales entonces devienen representaciones obsesivas o fóbicas sustituyendo a la representación inconciliable, pero a diferencia de la histeria en estos casos el afecto permanece como tal218. En cuanto a la psicosis, la defensa por represión no separa el afecto de la representación sino que trata a esta última como si no hubiera acontecido, pero en dicho proceso el yo cae en un estado de «confusión alucinatoria» -o «refugio en la psicosis»- en el que se arranca del fragmento de la realidad asociado a tal representación, y paradójicamente, se termina realzando la representación inconciliable219.

Con base en este mecanismo de la represión –que se sirve de procesos de simbolización por medio de los cuales se desplazan montos de afecto de una

representación a otras220, Freud establece la diferencia entre las psiconeurosis

(donde participa el mecanismo psíquico de la represión) y las afecciones denominadas neurosis actuales (que se fundamentan en procesos somáticos). Pero además, dicho punto de vista energético permite entender el cambio de posición de

215

Sobre estos aspectos de la angustia como suma de excitación véase: Freud,1894a: 45, 48-50, 53-

56, 58, 61, 64-5, 125-6, 163, 209; Freud,1895a: 35-6, 49-50, 205-214, 290-91; Freud,1895e: 416-18; Freud,1898b: 572, 588; Freud,1906c: 51; Freud,1907a 107; Freud,1908c 181; Freud,1915c: 148-52; Freud,1915d: 175, 179-81; Freud,1915k: 362, 365-8, 372-4, 386; Freud,1925j: 74-5, 88-9, 97, 103-4, 106, 117, 122-3, 132-4, 136-40; Freud,1929d: 131; Freud,1932b: 77-87.

216 Freud,1894a: 50; Forrester, 1989: 91-95. 217 Freud,1894a: 50; Freud,1896c: 209. 218 Freud,1894a: 53-6; Freud,1896a: 154. 219 Freud,1894a: 60.

220 Freud,1894a: 58; Laplanche, 1988: 267-80; Laplanche, 1981: 108-46; Bleichmar, 1984: 17-39, 58-

Freud con relación a la teoría de la angustia, pues el estudio de las neurosis actuales inicialmente había llevado a Freud a considerar que la angustia surgía de la

transformación de la libido insatisfecha por obra de procesos somáticos221. En

cambio, al examinar las psiconeurosis desde esta perspectiva energética, Freud planteará que la razón para tal acumulación de excitación que no se descarga y se transforma en angustia, no obedecía a fenómenos somáticos sino a procesos

psíquicos defensivos (que involucran afectos como el terror222), particularmente a la

represión223.

Así pues, en los primeros desarrollos sobre el trauma Freud piensa que la angustia surge del proceso de represión, por el cual se separa una representación de su carga

afectiva quedando esta última en estado libre224, desligado, apto para mudarse en

angustia225. Posteriormente Freud dirá que la angustia también surge como reacción

frente al peligro en la forma de una señal del yo que permite iniciar la defensa226por

represión, la cual a su vez genera un tipo de angustia diverso, pero sólo será en el texto Inhibición, síntoma y angustia de 1925, que Freud explicitará la nueva teoría del surgimiento de angustia, articulándola con la primera teoría psicológica sobre la

221 Freud,1894b: 83; Freud,1895a: 105-107, 202, 222; Freud,1895d: 124-5; Freud,1896a: 150;

Freud,1898b: 342; Freud,1905c: 205; Freud,1906c: 51; Freud,1915c: 150; Freud,1915k: 366-8; Freud,1932b: 76, 78.

222 Freud,1895a: 35, 49; Freud,1895d: 125-6.

223 Freud,1895a: 290-1; Freud,1915k: 368, 373; Freud,1932b: 77-8. 224 Freud,1895a: 50; Freud,1915k: 362.

225 Freud,1895a: 290-1; Freud,1915k: 362, 367-68, 373; Freud,1932b: 77-8.

226 Freud,1895e: 371; Freud,1914e: 98; Freud,1915k: 359, 369; Freud,1923a: 57; Freud,1925j: 77-9,

88, 90, 119, 123, 127, 130-3, 136, 152, 156; Freud,1926d: 189; Freud,1932b: 16, 76, 78-9, 84, 86-8; Freud,1938d: 144, 146, 201. Al respecto Freud comenta que “mientras más pueda limitarse el desarrollo de angustia a una mera señal, tanto más recurrirá el yo a las acciones de defensa equivalentes a una ligazón psíquica de lo reprimido, y tanto más se aproximara el proceso a un procesamiento normal, desde luego que sin alcanzarlo” (Freud,1932b: 84, 79; véase también Freud,1915k: 359, 360). Desde un punto de vista tópico, introducido en El yo y el ello, Freud dice que “con la tesis de que el yo es el único almácigo de angustia, sólo él puede producirla y sentirla, nos hemos situado en una nueva y sólida posición desde la cual muchas constelaciones cobran un aspecto diferente. Y de hecho no sabríamos qué sentido tendría hablar de una «angustia del ello» o adscribir al superyó la facultad del estado de angustia. En cambio, hemos saludado como una deseada correspondencia el hecho de que las tres principales variedades de angustia –la realista, la neurótica y la de la conciencia moral- puedan ser referidas tan espontáneamente a los tres vasallajes del yo: respecto el mundo exterior, del ello y del superyó. Con esta nueva concepción ha pasado también al primer plano la función de la angustia como señal para indicar una situación de peligro” (Freud,1932b: 79).

represión227. Allí planteara que la angustia misma pone en marcha la represión. Más

adelante retomaremos esta última teoría de Freud que nuevamente vincula la angustia con el peligro, para ampliar este punto de vista.

Ahora bien, el hecho de que el proceso de represión genere angustia, y que esta angustia sea tramitada mediante procesos de formación de síntoma, (según los cuales se asocian estos afectos a nuevas representaciones que sustituyen a las representaciones a las que originalmente estaban adheridas) permite entender la relación entre los síntomas y el evento traumático. En ese sentido, los síntomas son una forma de tramitación del trauma, es decir, constituyen una simbolización

sintomática del mismo, al permitir ligar la angustia228. Como puede verse, estas

consideraciones ponen de manifiesto no sólo la relación entre los conceptos de angustia y trauma, sino también su articulación con la noción de simbolización.

En ese orden de ideas quisiéramos despejar ciertas dudas que pueden surgir a partir del enfoque del trauma centrado en el campo de las afrentas. Estas dudas se refieren al hecho de que en la teoría psicoanalítica los conceptos de trauma y angustia básicamente son concebidos -lo recordamos- a partir del campo de la sexualidad, de suerte que al abordar dichos conceptos centrándonos en el campo de las afrentas puede pensarse que dejamos de lado la sexualidad y con ello estaríamos fuera del campo del psicoanálisis. En ese sentido, vamos a profundizar en la teoría de la represión para mostrar la relación de este mecanismo psíquico – condición del trauma- y la sexualidad, y para mostrar que la represión no se reduce a operar en el terreno de lo sexual. Esto nos permitirá mostrar como y por que el concepto de trauma en Freud necesariamente implica articular el campo de las

227 Al respecto Lacan comenta que: “la angustia, tomémosla en su definición a mínima, como señal.

Como Freud la produjo al término del progreso de su pensamiento, esta definición no es lo que se suele creer. No resulta ni de un abandono de sus primeras posiciones, que hacían de ella el fruto de un metabolismo energético, ni de una nueva conquista, pues en el momento en que Freud hacia de la angustia la transformación de la libido, se encuentra ya la indicación de que podía funcionar como señal” (Lacan, 1962/3: 57. Véase también Laplanche, 1971: 419).

228

Sobre esta concepción de la angustia véase: Freud,1915d: 175; Freud,1915k: 251-2, 358-61, 360,

363-65, 368-74; Freud,1919b: 206-08; Freud,1919g: 29-32; Freud,1923a: 57; Freud,1925j: 75, 77-9, 88, 90, 104-5, 119-23, 127-46, 151-2, 154-9; Freud,1926d: 189; Freud,1932b: 75-9, 83, 86-8.

afrentas con el de la sexualidad, lo cual no quiere decir que no podamos centrar nuestro análisis en el primero.

En esa vía, demostraremos que el intento de restringir el concepto de trauma al campo de lo sexual es una reducción que no está en Freud, siendo posible afirmar que el campo del peligro y de las afrentas –en el que principalmente se inscribe la fenomenología del maltrato infantil- es también el campo del concepto de trauma en psicoanálisis.