CAPITULO 1. INSUFICIENCIAS, RESTRICCIONES Y POSIBILIDADES QUE
1.2. POSIBILIDADES Y RESTRICCIONES EN LOS ENFOQUES
1.2.2. ALGUNAS PERSPECTIVAS LACANIANAS
1.2.2.4. RECTIFICACION SUBJETIVA Y CONSTRUCCION DEL FANTASMA.
En cuanto al abordaje clínico, nuevamente la noción de sujeto de Lacan resulta fundamental en los enfoques postlacanianos, pues al pensar que el sujeto se caracteriza por la necesidad de justificar su existencia a partir de quejas referidas al otro, la clínica con sujetos maltratados es pensada a partir de las quejas que ellos desplegarían acerca de ese maltrato venido de otros, pues dicha queja es considerada una forma de justificación de la existencia99. Entonces, desde esta
óptica se piensa que es necesario conducir a estos sujetos maltratados, mediante una tramitación simbólica, a lograr una «rectificación subjetiva»100
.
96 Dicho de otra forma, con la relación a la ley, referenciada por lo simbólico, hay que reconocer
formas singulares de relación que están mediadas por lo imaginario, pues lo imaginario da significaciones singulares a la ley, de modo que puede hacerse un uso sádico y narcisista (por ejemplo, del lado del maltratante) o masoquista (por ejemplo, del lado del maltratado) de la ley desde lo imaginario. 97Gallo, 1999: 52-4, 83, 85. 98Gallo, 1999: 100, 135-45, 146-57, 160-75. 99 Gallo, 1999: 140-45. 100Gallo, 1999: 140-45.
Esto quiere decir básicamente que el sujeto deje de quejarse de los maltratadores, para implicarse subjetivamente en las vivencias de las cuales se queja101. De ese
modo, desde esta propuesta clínica se busca que el sujeto pueda asumir la responsabilidad de haber consentido ponerse en posición de sometido, de víctima, para que deje de considerarse como tal, al separarse de sus propios dichos que lo
identifican a la posición de victima102. Esto debido a que piensan que el sujeto
maltratado goza del sufrimiento que le genera identificar su ser con la posición de
víctima103. Se trata pues de intervenir sobre el sujeto ético104.
Para lograr tal rectificación subjetiva, el autor al que nos venimos refiriendo indica que más que una medida de protección que separa físicamente al maltratado del maltratante, es necesaria una separación afectiva que implica una “rectificación de los vínculos imaginarios entre los personajes que han intervenido en estas situaciones”105, lo cual indica –lo recordamos-, la importancia de examinar el registro imaginario106,
puesto que éste es el terreno en el que en primera instancia los sujetos afectados por el maltrato significan estas vivencias de forma singular.
Según esta propuesta clínica, al abordar este registro se busca que el sujeto pueda
historizar tales vivencias e imaginarizaciones107 y significaciones imaginarias108, para
101Gallo, 1999: 140-45. 102Gallo, 1998: 10, 133, 136, 145. 103Gallo, 1999: 140. 104Gallo, 1998: 126-8. 105Gallo, 1999: 19. 106
Sin embargo hay que señalar que aun cuando Lacan piensa que no debemos desconocer lo
imaginario que es privilegiado en los enfoques postfreudianos centrados en los estadios del desarrollo libidinal (Lacan, 1953b: 64, 81) y que se diferencia de su enfoque centrado en los acontecimientos particulares de la historia del sujeto (lacan, 1953b: 80-1) también dice que no se trata sólo “de lo imaginario cuya importancia no dejamos de subrayar aquí” (lacan, 1953/4: 409. Véase también Lacan, 1956/7: 289)
107 Gallo, 1999: 26. Es que según Lacan el trabajo clínico debe apuntar a la reconstrucción, rescritura,
restitución, reintegración, por medio de la palabra, de la rememoración hablada, de la historia singular del sujeto, que adquiere la forma de restitución del pasado (Véase Lacan, 1953b: 71, 77-81, 86, 99, 106,117, 119, 128, 130-1; Lacan, 1953/4: 26-9, 39-44, 61-4, 67-8, 70, 72-3, 76, 84-5, 99-100, 170, 178, 238, 240, 292; Lacan, 1958a: 244, 260, 272; Brouse, 1989: 43-56; Gallo, 1989: 15-34; Ramírez, 2003: 3-9, 132) Desde la perspectiva de Lacan se piensa que en la clínica no se trata de articular solamente hechos reales sino también los elementos imaginarios -propios de la formación del yo en el estadio del espejo- con relación a lo simbólico, por medio del lenguaje que permite inscribir el pasado
que pueda acceder a su saber inconsciente109. De ese modo, este autor espera que
estos sujetos puedan asumir la responsabilidad subjetiva por la posición de goce adoptada y por la agresividad imaginaria actualizada que se articula con las
pulsiones de muerte110. Es decir, reconocer a través del habla elementos imaginarios
y reales no sabidos que se resisten a ser integrados en el conjunto más vasto de la vida anímica consciente y que le hacen entrar en contradicción consigo mismo111. Y
es que al considerar que la noción de víctima remite a una posición imaginaria en donde resalta la queja, es lógico que estos autores piensen que si estos sujetos se presentan como víctimas, allí intervienen tales posiciones imaginarias112.
En ese sentido, estos trabajos consideran que la aparición del sentimiento de culpa es considerada como un indicador de que el sujeto está asumiendo algo de su
responsabilidad subjetiva frente al maltrato del que se queja113. Por ello, plantean
que en la clínica debe evitarse desculpabilizar o darle la condición de víctima a los sujetos maltratados, y en cambio se debe apuntar a dividirlos, esto es, a producir una contradicción e inconformidad consigo mismos para que se interroguen acerca de su
responsabilidad subjetiva y reformulen su queja114.
en la historia del sujeto llevando a este a que se reconozca en ella (Lacan, 1953b: 79, 81, 86, 106; Lacan, 1953/4: 178, 230, 237-8, 240, 292, 324, 411; Lacan, 1954/5: 371-385; Lacan, 1960a: 323)
108 Gallo, 1989: 27. Vease también Lacan, 1954/5: 248. Es que el propio lacan reconoce que en la
praxis psicoanalítica también se ocupa de lo imaginario (Lacan, 1963/4: 18)
109 Gallo, 1999: 135. Vease Lacan, 1953/4: 412. 110Gallo, 1998: 128, 136.
111 Gallo, 1999: 35. De ese modo para Lacan el inconsciente (que en parte estaría constituido por lo
que el sujeto desconoce de su imagen estructurante de su yo, es decir, de las capturas por las fijaciones imaginarias no asimiladas en el desarrollo simbólico de su historia, o dicho de otro modo, el inconsciente constituido por lo traumático que se ubica en lo imaginario de forma "cerrada") sólo puede ser conocido por la verbalización y por la mediación del otro-analista, pues en la asunción hablada de su historia el sujeto se compromete en la vía de realización de su imaginario truncado, y así se produce el completamiento de lo imaginario que se realiza en el otro, pues se lo hace oír al otro, al tiempo que oye el sujeto (Lacan, 1953/4: 412) Ya veremos que también se puede realizar lo imaginario truncado en dibujos que el sujeto y el analista pueden ver (Lacan, 1956/7: 113-132, 248-68, 269-84, 285-302, 303-318, 319-236, 237-354, 355-372)
112
Gallo, 1999: 97-8. 113
Gallo, 1999: 99.
114 Gallo, 1999: 100. Con esto se busca separar al sujeto de su queja y de los beneficios secundarios
que obtiene al asumirse en la posición de víctima (Gallo, 1999: 102-3). Pero además también se trata de separar la pulsión de su fijación al goce masoquista, mortífero (Gallo, 1999: 138-9). Por otra parte, según estos trabajos, la culpa aparece aquí no sólo como producto de algo que el sujeto hizo o deseó, sino más bien como derivada del hecho de haber consentido dejarse maltratar sin defenderse (Gallo,
1.2.2.4.1. LA CONSTRUCCION DEL FANTASMA
En cuanto a las posiciones subjetivas, este autor indica que tales posiciones se refieren a un circuito pulsional en el que los sujetos adoptan una posición pasiva o
activa115. Según él, las posiciones subjetivas del niño maltratado no podrían ser
develadas a partir del comportamiento observable, o con base en reportes de los padres y educadores de estos pequeños, sino que sería necesario abordarlas en un proceso clínico, pues estas posiciones son singulares116 y se van develando a medida que se produce la construcción del fantasma, en un proceso largo que resulta tormentoso para los sujetos, dado que implica el reconocimiento de aspectos de los que no se quiere saber117. De allí que nosotros planteemos la necesidad de
las experiencias clínicas que den cuenta de la construcción del fantasma en sujetos que efectivamente hayan sido maltratados, las cuales no han sido presentadas hasta ahora, al menos en nuestro medio.
En ese orden de ideas, este autor plantea que la construcción del fantasma implica que el niño ponga en operación procesos de simbolización que le permitan reconocer los deseos incestuosos y egoístas, las posiciones pasivas o activas que se asumen frente a los padres en el complejo de Edipo118. Por ello, nosotros destacamos el
1999: 132) Ahora, según Lacan, al producir esta división del sujeto no debe olvidarse que “de ningún modo se debe abordar frontalmente la culpabilidad, salvo transformándola en diversas formas metabólicas” (Lacan, 1956/7: 281)
115
Vease Gallo, 1999: 143, 148.
116 Lacan, 1969: 55-7; Ramírez: 2003, 130-34. Por ello, en la perspectiva de Lacan habría que
considerar la singularidad de cada caso, pues por ejemplo “el síntoma del niño se encuentra en el lugar desde el que puede responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar” (Lacan, 1969: 55) de suerte que, como se piensa que “el síntoma, y este es el hecho fundamental de la experiencia analítica, se define en este contexto como representante de la verdad” (Lacan,1969: 55) es lógico entonces que se plantee que “el síntoma puede representar la verdad de lo que es la pareja en la familia. Este es el caso más complejo, pero también el más abierto a nuestras intervenciones” (Lacan,1969: 55)
117 Por lo general se trata de una fantasía perversa, de manera que generalmente se lo encubre con
múltiples rodeos (Gallo, 1999: 158-60)
118 Gallo, 1999: 154, 158. Desde esta perspectiva en la clínica con niños se trata de ayudarles a
construir el fantasma, lo cual implica abordar la relación del deseo inconsciente del niño con el deseo inconsciente de sus padres, (Lacan, 1954/5: 56-8, 127-9, 248; Lacan, 1966c: 240; Lacan, 1966d: 371; Lacan, 1969: 55-7; Ramírez: 2003, 7, 131-32, 131-2. Gallo, 1989. 15-34. Brousse,1989: 55-56) Sin embargo, recientemente algunos Psicoanalistas han puesto en cuestión la tesis de ayudarle a
hecho de que el fantasma es una construcción que no sólo es del orden simbólico119,
sino también del orden imaginario, esto es, se trata de una fantasía120. Por ello, al
hablar de la construcción del fantasma este autor hace referencia a las tres fases de la famosa fantasía de flagelación “pegan a un niño” descrita por Freud121.
Ahora bien, según este enfoque, los elementos imaginarios del fantasma, esto es, la
rivalidad y los celos inherentes a los intereses egoístas del yo, aparecerían ya en la
primer fase de su construcción122. Así, en primer lugar, el fantasma se expresa en
una situación dramática, en donde el otro aparece como un rival frente al objeto
deseado (en el caso de la fantasía descrita por Freud se trataba del padre), y por ello, se lo representa como siendo humillado, vejado, etc. por parte de dicho objeto deseado123. En esta fase el golpe que el objeto (padre) dirige hacia el otro, significa la destitución del amor hacia éste y una confirmación del amor que el sujeto que
construye el fantasma espera del objeto124. Aquí el sujeto que construye el fantasma
se reduce a ser un observador y está indeterminado125. En el capitulo tercero
veremos la importancia de esta observación.
construir el fantasma al niño, pues piensan que esto introduce un problema ético, ya que la construcción del fantasma implicaría “conectarle un dispositivo de goce, que no podría ser otro que el de aquel que hace de analista” (Ramírez: 2003: 9) Por ello desde esta perspectiva más bien se considera que en la clínica con niños se trata de consolidar la neurosis infantil (Ramírez, 2003: 4) así como la neurosis de transferencia (Ramírez, 2003: 115) Sin embargo, la consolidación de la neurosis infantil y de transferencia, también implica hablar de los propios complejos para que emerja la angustia correlativa a los mismos, de modo que a fin de cuentas el analista pueda localizar el sufrimiento derivado de la división subjetiva y de ese modo lograr puntualizar la posición y la responsabilidad del propio sujeto frente a aquello de lo que se queja (Ramírez, 2003: 120) tal como sucede con relación a la construcción del fantasma.
119 Sobre ello este autor comenta que “la conformación del fantasma es inseparable de los procesos
de simbolización propios del Edipo” (Gallo, 1999: 154) Vease Lacan, 1953/4: 25; Lacan, 1954/5: 67- 85, 248, 309-30, 435-54; Lacan, 1962/3: 51; Lacan, 1966c: 240; Lacan, 1969: 13.
120 Al respecto Lacan comenta que: “si el deseo tiende a la satisfacción alucinatoria es entonces que
hay allí otro registro, es la fuente, la introducción fundamental del fantasma como tal. Hay allí un orden, que no va a ninguna objetividad, sino que define por sí mismo el registro de lo imaginario” (Lacan, 1954/5: 248) Vease también Lacan, 1953/4: 25; Lacan, 1954/5: 67-85, 248, 309-30, 435-54; Lacan, 1962/3: 51; Lacan, 1966c: 240; Lacan, 1969: 13.
121 Gallo, 1999: 149-52. 122 Gallo, 1999: 153.
123 Según el autor “en el fondo, todo sujeto neurótico espera que el ser amado ultraje al rival como una
demostración de amor, por que en este mundo imaginario todo elemento tercero es un estorbo que merece ser borrado” (Gallo, 1999: 155)
124 Gallo, 1999: 155. 125 Gallo, 1999: 155-6.
En la segunda fase, que no es recordada ni hablada sino reconstruida secundariamente, sólo hay dos personajes y desaparece la indeterminación, pues quien miraba ahora es pegado126
. Según este enfoque postlacaniano, el hecho de que el observador ahora sea quien es castigado, devela ya un goce masoquista del sujeto, que induce el castigo del otro (del padre en la versión Freudiana). Ahora bien, según este enfoque, si en la primera fase no se puede localizar el sujeto que goza, mientras que en la segunda sí, ello implica que el fantasma se constituye cuando permite un goce masoquista vivido imaginariamente127
.
En el tercer tiempo, de nuevo el sujeto es un observador y por ello la escena tiene una forma sádica, pero el goce es masoquista, puesto que ya no se trata de un niño odiado que es golpeado, sino que se trata de muchos niños que no son más que sustitutos del yo128
.
Ahora bien, según este enfoque, como la estructura del fantasma de flagelación está soportada sobre un circuito pulsional, enmarcado en variaciones gramaticales de la frase “pegan a un niño”, se plantea que en la clínica se trata de promover tales
variaciones gramaticales del fantasma129. En ese sentido, piensa que en la clínica lo
importante es pasar de un uso imaginario del fantasma a una formulación hablada del mismo, de modo que por medio de las palabras pueda inscribirse en el registro
simbólico, donde opera el conflicto edípico130. A partir de la construcción lingüística
del fantasma131 se busca entonces construir la fórmula de goce de cada sujeto -que
126 Gallo, 1999: 156. 127 Gallo, 1999: 156. 128 Gallo, 1999: 156-7. 129 Gallo, 1999: 152. 130 Gallo, 1999: 153, 164.
131 En ese sentido, este autor dice que “no es lo mismo hacer un uso imaginario del fantasma, que
realizar una formulación hablada. En el primer caso no hay complicación, es un juego de la imaginación que incluso puede aportar placer estético; en el segundo hay aversión repugnancia, culpabilidad, consternación y perplejidad, hecho que da cuenta de la afectación del sujeto por la pulsión” (Gallo, 1999: 153) Ya veremos que dibujar fantasías no es lo mismo que hacer un uso imaginario de las mismas, como pudiera pensarse a partir de la tesis que establece la equivalencia entre la palabra y lo simbólico. Así pues, nuestro trabajo mostrara que en los dibujos es posible realizar una construcción del fantasma en imágenes que muestra elementos constantes de la historia del sujeto, en donde se articulan lo imaginario y lo simbólico (Lacan, 1956/7: 113-132, 248-68, 269-84, 285-302, 303-318, 319-236, 237-354, 355-372)
implica la aparición de la culpa, la repugnancia y otros afectos displacenteros- como paso preliminar para que el sujeto introduzca una modificación en la forma de goce a que la pulsión se ha fijado132.
Según este enfoque, en la clínica con sujetos maltratados se trataría de realizar una actualización regresiva de los significantes que aparecen en el fantasma a través del
discurso del sujeto y que dan cuenta de la actitud femenina, pasiva frente a los
maltratadores. Este trabajo significante apuntaría a develar retroactivamente la
significación que el sujeto dio al maltrato133. Ello se lograría mediante puntuaciones
discursivas que conduzcan a que el sujeto se detenga en los significantes del goce
fijado a la posición pasiva134. En ese orden de ideas, dice que se trata de orientar el
sujeto hacia una interrogación sobre su ser de goce, poniendo en juego la falta de ser135. Señala entonces la necesidad de diferenciar el enunciado de la enunciación en la construcción del fantasma, puesto que ello permitiría que el sujeto se implique en la queja transformándola, esto es, rectificando su posición de alineación al otro136.
Así se desplazaría la responsabilidad desde el victimario hacia la víctima137. Por ello
dice que “en lugar de la reeducación como presupuesto de principio, el psicoanálisis propone la rectificación subjetiva, que no es la finalidad clínica del análisis, pero si una condición para que el sujeto se comprometa en un cambio”138.
Como puede verse, a partir de la tesis que otorga primacía a la palabra, desde este enfoque se restringe el trabajo clínico de construcción del fantasma y de rectificación subjetiva al uso de la palabra, y de ese modo estas perspectivas nos plantean un problema a la hora de explicar por qué en los dibujos los niños pueden construir fantasmas y hacer tales rectificaciones subjetivas. Por ello, en el capítulo 3 nos 132 Gallo, 1999: 153. 133 Gallo, 1999: 165-8. 134 Gallo, 1999: 168. 135 Gallo, 1999: 171. 136 Gallo, 1999: 171. 137 Gallo, 1999: 173.
138Gallo, 1999: 175. Al respecto recordamos que, según Lacan, al abordar el asunto de la rectificación
subjetiva que lleva a asumir la culpa y la responsabilidad en aquello de que el sujeto se queja, hay que considerar que este proceder implica que: “de ningún modo se debe abordar frontalmente la culpabilidad, salvo transformándola en diversas formas metabólicas” (Lacan, 1956/7: 281)
ocuparemos de despejar este asunto. Ahora bien, como en la literatura psicoanalítica no se presentan casos de niños maltratados en donde haya sido posible abordar la construcción del fantasma, los casos que presentaremos en el capitulo 4 nos permitirán examinar la construcción del fantasma en estos sujetos, demostrando además la función simbólica que comportan los dibujos. Por ahora, simplemente recordamos que las fantasías elaboradas por estos niños en sus dibujos y relatos muestran fases o secuencias en las cuales varían las posiciones activas y pasivas frente al otro, dentro de un circuito sadomasoquista, lo cual, como puede colegirse, se refiere a la construcción del fantasma.
En ese sentido, vamos a articular las posibilidades explicativas que nos ofrecen los estudios psicoanalíticos del maltrato -que hemos expuesto brevemente en este capitulo- con los conceptos de angustia, trauma y simbolización, como paso previo para abordar el asunto de la construcción del fantasma en los niños maltratados por medio del dibujo, pues como se ha dicho, la construcción del fantasma no se reduce al uso de la palabra implicando procesos de simbolización que utilizan otros sistemas de significación.
Empezaremos entonces mostrando que es posible articular los conceptos Freudianos de trauma, angustia y simbolización con la definición del maltrato psicológico como mortificación ya que en los trabajos revisados esta esbozada incipientemente a partir de los usos lingüísticos y no de conceptos psicoanalíticos. Ya veremos que las teorías freudianas sobre el trauma, la angustia y las formas de su elaboración se refieren explícitamente a las mortificaciones producidas en los vínculos humanos. Esta perspectiva además nos llevara a retomar las tesis sobre la agresividad y la angustia, pues al ocuparnos de las formas de elaboración del trauma tendremos que abordar las tesis sobre las vías de tramitación de estos afectos que – según el caso por caso- dificulta o promueve la operación de los procesos asociativos.
CAPITULO 2. NUEVOS DESARROLLOS SOBRE EL MALTRATO INFANTIL Y SU