• No se han encontrado resultados

CAPITULO 2. NUEVOS DESARROLLOS SOBRE EL MALTRATO INFANTIL Y SU

2.2. TRAUMA Y SEXUALIDAD

2.2.3. TEORÍA DE LA SEDUCCIÓN Y FANTASIA

Ahora, al examinar el concepto Freudiano de trauma desde la teoría de la seducción planteada tempranamente por este autor, destacamos el que la vida sexual no sólo importa por ser contraria a la moral de un individuo, pues sobre todo aquí se trata de

un tipo especial de actividad sexual que se refiere a la naturaleza particular del

recuerdo inconsciente263 de la seducción de un adulto264 sobre un niño. Esta teoría

implica considerar dos factores importantísimos, a saber: que la seducción se produce en una época precoz de inmadurez sexual e implica irritación efectiva de los genitales265.

Esta importancia se explica al considerar que el recuerdo de la seducción temprana se da en el periodo de madurez sexual, anterior a la pubertad, y con ello se establece la posibilidad de que ejerza un efecto excitador mayor del que pudo tener en la infancia, pues la capacidad de respuesta del aparato sexual es también mayor. Ahora, ese desfasaje temporal entre vivencia real y recuerdo, basado en el desfasaje entre la precocidad de las funciones psíquicas respecto del retardo de la madurez puberal, permite a Freud explicar el proceso de represión y el mecanismo del a

posteriori266. Se entiende entonces que las escenas sexuales son traumáticas no

sólo por ser contrarias a la moral, sino también y sobre todo debido a que generan excesivos niveles de excitación en el niño que no pueden ser tramitados en dicho momento, produciendo alteraciones en la economía psíquica267. Esta nueva explicación, eminentemente económica, amplia la anterior concepción centrada en los fenómenos de retención268.

263 Freud,1896a: 151; Freud,1896c: 210.

264 Sin embargo Freud también indica que puede tratarse de otro niño y que tal seducción pudiera no

ser tan brusca en todos los casos (Freud,1896a: 152; véase también Laplanche, 1989: 111-112).

265 Freud,1896a: 151.

266 Freud,1896b: 168; Laplanche, 1989: 93-151. 267 Freud,1896c: 201; Laplanche, 1989: 93-151. 268 Freud,1895a: 222.

Ahora bien, como posteriormente Freud descubre que a menudo los recuerdos de las

escenas de seducción corresponden a fantasías269 y no a hechos reales270, esto le

permite considerar que la sexualidad no sólo es traumática por ser contraria a la moral o por ser convocada tempranamente a partir de la intervención de un evento

externo, como la seducción de un adulto271, sino que además esta es traumática por

si misma. Esto debido a que en la infancia las pulsiones (sobre todo las parciales) que pueden ser activadas por procesos internos272 igualmente no encuentran

posibilidad de una descarga satisfactoria273 constituyendo la fuente energética

constante de las neurosis274.

269 Freud,1887a: 301-02; Freud,1905d: 263-271. 270 Freud,1905c: 173.

271 Al respecto Freud habla de que las fantasías referidas al complejo de Edipo son universales y se

forman independientemente del vivenciar individual, pues corresponden a escenas reales de la filogénesis. Freud habla de la fantasía del coito parental, de la seducción temprana, de la amenaza de castración, del regreso al vientre materno, y finalmente la «novela familiar» en la cual se fantasea con la posibilidad de ser hijo de otros progenitores (Freud,1905c: 206; Laplanche, 1987: 38-45, 120-121). Pero en resumen, para Freud se trata de la elección de objeto incestuosa, propia del complejo de Edipo del que nadie escapa (por cuanto los vínculos humanos se dan en la forma de la vida en familia), y que en los neuróticos constituye el complejo nuclear de sus afecciones (Freud,1905c: 206- 7). Aquí las fantasías originarias del coito paterno actúan a la manera de una seducción originaria (Laplanche, 1989: 129). En síntesis Freud dice que: “dada esta importancia de los vínculos infantiles con los padres (…) es fácil comprender que cualquier perturbación de ellos haga madurar las más serias consecuencias para la vida sexual adulta (…) desavenencias entre los padres, su vida conyugal desdichada, condicionan la más grave predisposición a un desarrollo sexual perturbado o a la contracción de una neurosis por parte de los hijos” (Freud,1905c: 208).

272 Al respecto Freud comenta que: “causas internas y ocasiones externas son decisivas para la

reaparición de la actividad sexual; en casos de neurosis, ambas pueden colegirse a partir de la conformación de los síntomas y descubrirse con certeza mediante la exploración psicoanalítica. De las causas internas hablaremos más adelante; las ocasiones externas contingentes cobran en esa época una importancia grande y duradera. En primer término se sitúa la influencia de la seducción, que trata prematuramente al niño como objeto sexual y, en circunstancias que no pueden menos que provocarle fuerte impresión, le enseña a conocer la satisfacción de las zonas genitales; secuela de ello es casi siempre la compulsión a renovarla por vía onanista. Semejante influencia puede provenir de adultos o de otros niños; no puedo conceder que en mi ensayo sobre «la etiología de la histeria» (1896c) yo haya sobrestimado su frecuencia o su importancia, si bien es cierto que a la sazón todavía no sabia que individuos que siguieron siendo normales podían haber tenido en su niñez esas mismas vivencias, por lo cual otorgue mayor valor a la seducción que a los factores dados en la constitución y el desarrollo sexuales (véase nota) resulta evidente que no se requiere de la seducción para despertar la vida sexual del niño, y que ese despertar puede producirse también en forma espontánea a partir de causas internas” (Freud,1905c:173).

273 Esto debido a que: “serian, por una parte inaplicables, pues las funciones de la reproducción están

diferidas, lo cual constituye el carácter principal del periodo de latencia, por otra parte, serían en si perversas, esto es, partirían de zonas erógenas y se sustentarían en pulsiones que dada la dirección del desarrollo del individuo solo provocarían sensaciones de displacer. Por eso suscitan fuerzas anímicas contrarias (mociones reactivas) que construyen, para la eficaz sofocación de ese displacer, los mencionados diques psíquicos: asco, vergüenza y moral” (Freud,1905c:162).

Con ello nuevamente se destaca el punto de vista observado inicialmente que enfatiza el estado infantil de las funciones psíquicas y somáticas275. Pero además,

este nuevo punto de vista que lleva a Freud a descubrir las particularidades de la sexualidad infantil y posteriormente (vía su autoanálisis) al famoso complejo de

Edipo276, nuevamente pone en primer plano el conflicto entre los aspectos morales y

la sexualidad del niño, es decir, el veto que el yo opone a la sexualidad277. Esto

quiere decir que el esquema elaborado por Freud para el campo de las afrentas, según el cual se omite la reacción ante estímulos psíquicos, también aplica en el campo de la sexualidad, o más bien, se trata del mismo esquema.

En ese orden de ideas, Freud reelabora el encadenamiento etiológico en la teoría del

trauma278, ya que ahora debía considerar no sólo hechos reales (lo cual no quiere

decir que estos son desatendidos279) sino también las fantasías edipicas de la

275 Freud,1896c: 211; Laplanche, 1987: 96-105.

276 La referencia explicita aparece en las cartas 70 y 71 que dirige a Fliess (Freud,1887a: 303-308;

Freud,1896b:161. Véase también Fernández, 2005d: 3).

277 Freud,1901a: 49; Freud,1914e: 90-8.

278 Veamos una cita donde Freud da a conocer públicamente este asunto, destacando que se trata de

una enmienda, o retoque a la teoría de la seducción: “yo no sabia distinguir con certeza entre los espejismos mnémicos de los histéricos acerca de su infancia y las huellas de los hechos reales (…) entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalaban las fantasías (…) tras esta enmienda, los «traumas sexuales» fueron sustituidos en cierto modo por el «infantilismo de la sexualidad». No estaba lejos un segundo retoque de la teoría originaria. Al caer por tierra la supuesta frecuencia de la seducción en la niñez, corrió la misma suerte la exagerada insistencia en los influjos accidentales que afectaban la sexualidad” (Freud,1905d: 266-7).

279 Al respecto anotamos que, además de Freud mismo (Freud,1914k: 87), otros autores también

consideran que este no abandona por completo la teoría de la seducción. Veamos una cita de Freud donde se observa que de esta teoría se conserva el interés de la intervención del otro, de los familiares, en el establecimiento del trauma: “debemos prestar tanta atención a las condiciones puramente humana y sociales de los enfermos como a los datos somáticos y los síntomas patológicos. Por sobre todo, nuestro interés se dirigiría a las relaciones familiares de los enfermos. Y ello no sólo en razón de los antecedentes hereditarios que es preciso investigar, sino de otros vínculos" (Freud,1901a: 18). Ahora, la importancia de los vínculos familiares no se refiere a la seducción del adulto, tal como pensaba anteriormente, sino al complejo de Edipo de la infancia (Freud,1901a: 62), formulado brevemente en el libro de los sueños. Con ello el lugar del otro en el trauma ya no es pensado en una relación diádica de un otro adulto que ejecuta su deseo perverso sobre un niño inocente, sino en una relación triangular, en donde lo traumático será no poder satisfacer los perversos de infancia con un otro prohibido, la madre, que los refuerza, dado la barrera del incesto impuesta por el padre. Al respecto queremos indicar otra forma de la seducción, referida también a la influencia del otro, ya no bajo la forma de la seducción directa de un adulto sobre un niño, sino bajo una forma más matizada. Veamos: “el trato del niño con la persona que lo cuida es para el una fuente continua de excitación y de satisfacción sexuales a partir de las zonas erógenas, y tanto más por el hecho de que esa persona –por regla general, la madre- dirige sobre el niño sentimientos

realidad psíquica, que no son pura actividad imaginaria dado que estas tienen su origen en la pulsión que tiene un amarre en lo real biológico del cuerpo (Laplanche, 1989: 120-121).

Pero, entre tanto, la teoría del trauma ya no se apoyara en la teoría de la seducción (donde se destacaba la sexualidad, y en cambio la agresividad y el peligro pasaban a un segundo plano) al tiempo que su interés se relativiza. Sin embargo, la teoría del trauma conservara de esta teoría de la seducción el esquema del a posteriori que permite entender el desfasaje entre el evento y sus efectos posteriores, esto es, lo que Freud llamo la acción póstuma del trauma280. Por ello la teoría del trauma implica

considerar el problema de las fallas en la trascripción o traducción de las escenas281

en los diversos sistemas del aparato psíquico, en diversos momentos de la vida de un sujeto, tal como lo dice Freud en la famosa carta 52 que dirige a Fliess282.

En ese orden de ideas, la teoría del trauma reaparecerá más tarde en los desarrollos de Freud referidos a las neurosis traumáticas y de guerra, que nuevamente dan

que brotan de su vida sexual, lo acaricia, lo besa y lo mece, y claramente lo toma como sustituto de un objeto sexual de pleno derecho (véase nota)” (Freud,1905c: 203). Es decir, con sus cuidados y ternura la madre despierta las pulsiones sexuales del niño al estimular las zonas erógenas, y más específicamente las genitales, lo cual es diferente de la teoría de la seducción, pero sin embargo comparte el mismo esquema de un otro que despierta la pulsión sexual (Freud,1932b: 112; Laplanche, 1989: 122-123). Y aun Freud dice que mimar excesivamente al niño, malcriarlo, en el sentido de promover una insaciable demanda de amor, contribuye “en grado notable con sus mimos a despertar la disposición del niño para contraer la neurosis” (Freud,1905c: 204). Vemos pues, que la seducción indirecta de la madre desemboca, al igual que la del adulto perverso, en la disposición para la neurosis. Esto se entiende al considerar que el apego del niño hacia la madre, de quien teme despegarse, obedece a un amor que no puede satisfacerse (dada la barrera del incesto y la inmadurez sexual) razón por la que la libido inaplicada se muda en angustia, sentando las bases de la neurosis infantil (Freud,1905c: 204) y de la de edad adulta, pues de este apego quedan fantasías incestuosas reprimidas, en las cuales los componentes libidinales reprimidos posteriormente hallan satisfacción, siendo el estadio previo de los síntomas posteriores, de las fantasías diurnas y de los sueños (Freud,1905c: 206). Así mismo, algunos autores también señalan que a partir del descubrimiento de las fantasías de seducción apareció la tendencia a desvalorizar la importancia de los hechos reales, dando primacía absoluta a la fantasía, mientras que en Freud ambos niveles entraban dentro de la mencionada serie etiológica (Véase Fernández, 2003: 3; Fernández, 2005d: 1-5; García: 2004: 59). Al respecto Laplanche comenta que comúnmente se considera que “la eficacia de los acontecimientos externos proviene de los fantasmas que activan, y del aflujo de excitación pulsional que desencadenan” (Laplanche-&-Pontalis, 1968: 470). Así la radical oposición entre realidad y fantasía no es propia del psicoanálisis Freudiano (García, 2004: 7, 59). Véase también Laplanche, 1989: 115-124; Fernández, 2003: 1-6; Fernández, 2005a: 6-8; Fernández, 2005d: 1-5.

280 Véase Freud,1896a: 153; Laplanche, 1989: 115-116, 120-123. 281 Véase Laplanche, 1989: 143-44, 151.

importancia a las situaciones de peligro283, pero también con relación al

comportamiento del niño en el juego y a ciertos fenómenos clínicos que implican la

compulsión de repetición284 de vivencias displacenteras entre las cuales nuevamente

destacan las afrentas y mortificaciones.

Estos nuevos desarrollos nos permitirán entonces complementar la articulación y las correspondencias que venimos haciendo entre el concepto de trauma como mortificación y los fenómenos clínicos de repetición que observamos en los niños maltratados, así como con la tesis de los estudios psicoanalíticos sobre estos abusos referida a la tendencia a repetir estas situaciones de maltrato en la realidad y la fantasía.

Recapitulando, enfatizamos que la génesis traumática de los síntomas histéricos

implica considerar diversos factores que entran en relación con lo sexual285, es decir,

implica una sobredeterminación286, pues un solo trauma autobiográfico no puede

determinar los síntomas neuróticos287, lo cual es una característica propia de los

modelos etiológicos del trauma en psicoanálisis. En esta serie, o ecuación etiológica, la sexualidad tendría el valor de causa específica, mientras que los afectos como el horror, la ira, la cólera, etc. asociados a situaciones de peligro y de afrentas o

ultrajes, tendrían el valor de causas concurrentes288. Sin embargo, dada la relación

que se establece entre estas causas, vía los falsos enlaces que hemos destacado, ambas pueden ser reprimidas quedando inscritas en el inconsciente289.

Profundicemos un poco más sobre la relación de la sexualidad, las afrentas y el campo del peligro para entender mejor por que el concepto de trauma implica la articulación de estos tres campos fenomenológicos.

283 García: 2004: 59. Fernández, 2003: 3. 284 Freud,1919g: 14. 285 Freud,1895a: 223, 256. 286 Freud,1895d: 131, 134, Freud,1896c: 214. 287 Freud,1901a: 25. 288 Freud,1896a: 149. 289 Freud,1896a: 154.

2.3. AFRENTAS, SEXUALIDAD Y SITUACIONES DE PELIGRO